Territorio y poder en la Prehistoria (III): las tribus

En la anterior publicación vimos el estadio social de las bandas, la organización social más simple vinculadas a las sociedades paleolíticas y mesolíticas, caracterizadas por la nula transformación del paisaje.

Hoy vamos a ver el siguiente nivel en la organización social, las tribus, que generan los paisajes parcelados, aspecto que va marcando un aumento en la complejidad de la organización social y territorial.

Las tribus

Las tribus aparecen vinculadas con el periodo Neolítico. Suelen sustentarse en economías productoras y se organizan en pequeños núcleos estables que se reconocen como aldeas. No hay una jerarquización social ni económica, ni de beneficio del poder, ni tampoco gobierno acaparado por un individuo o grupo. La autoridad está repartida entre diferentes individuos o grupos de individuos. Son líderes, asociaciones, figuras, big men, jefes de grupo de filiación, consejos de poblados, asociaciones pantibrales, etc, que tienen poder limitado, a tiempo parcial y reconocido por los demás. El poder está limitado.

En estos estadios si encontramos ya una fuerte estratificación de género, es decir, los desequilibrios entre hombres y mujeres son grandes en temas como la libertad, acceso a recursos o al prestigio, trabajo, etc. Son sociedades en apariencia igualitarias, pero con una fuerte diferenciación sexual.

Organización social

tribus
Dolmen de corredor, estructura neolítica vinculada a grupos sociales muy definidos

La organización interna se fundamenta en la pertenencia a lo que se conoce como grupo de filiación, una unidad social de carácter permanente, asociada a un antepasado común, antepasado apical. La pertenencia a estos grupos viene asignada por nacimiento, está definida por los progenitores. Son grupos exógamos, es decir, buscan parejas en otros grupos de filiación, lo que permite una renovación sanguínea.

Dentro de este estadio social, podemos diferencias dos tipos de grupos: linaje o clan, y ambos comparten la creencia en el origen de un antepasado apical. La diferencia es la forma de exponer o de manifestar esa pertenencia al grupo. En un linaje se hace uso de la filiación demostrada, mientras que los clanes hacen uso de lo que se conoce como filiación estipulada. Un antepasado común de un clan no tiene que ser necesariamente un humano, sino que se puede dar el hecho de que sea un tótem o un animal protector. Éste simboliza la identidad social, es el elemento estructurante de los clanes.

Dentro del modelo de la tribu, podemos observar otro tipo de organización social, que no tiene por que ir

Skara Brae, pueblo neolítico escocés

vinculado al parentesco. Ejemplos son las asociaciones, las hermandades, que se basan en grupos de individuos, casi siempre varones -se muestra la desigualdad de género-, que comparten edad y sexo. Estas hermandades pueden sobrepasar la tribu y pueden ser lo que se conoce como asociaciones o hermandades pantribales -frecuente en casos de conflictos-.

Hasta aquí la tercera parte de «Territorio y poder en la Prehistoria». En la próxima publicación veremos las jefaturas simples y complejas, el siguiente eslabón dentro de la organización socio-política de las sociedades primitivas.

 

Publicado originalmente en | Qué Aprendemos Hoy

Vía |

  • Introducción al Reconocimiento y Análisis Arqueológico del Territorio. Ed. Ariel Prehistoria. Barcelona, 2005.
  • Service, E. R, Los Orígenes del Estado y de la Civilización. AU Textos. Madrid, 1984.

 

2 comentarios en “Territorio y poder en la Prehistoria (III): las tribus

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