La prensa durante la República: los sucesos de Casas Viejas

En la última entrada, en un intento de analizar la prensa de la Segunda República, de una manera sintética, y a través de unos sucesos concretos, publicábamos esta entrada. Hoy, continuando con el intento analítico, trataremos el caso de Casas Viejas.

En el caso de Castilblanco, pudimos observar, como dependiendo de la ideología de cada diario, los culpables de los hechos se encontraban en distintos protagonistas. La prensa de izquierdas coincidía en que los huelguistas eran víctimas del sistema. Sin embargo, la prensa conservadora se centraba en victimizar a la Guardia Civil.

El caso se trató en la prensa de la Segunda República con una gran diferencia. La prensa, con los sucesos de Casas Viejas, tampoco perdió la oportunidad de librar su propia batalla ideológica. Los periódicos de nuevo actuaron como un fiel reflejo de la sociedad.

Los sucesos de Casas Viejas

Antes de analizar los sucesos en la prensa, hagamos un pequeño repaso de los hechos.

En la noche del 10 de enero de 1933, la historia de un pueblo enfrentado a la Guardia Civil se volvía a repetir. Los fantasmas del suceso de Castilblanco se volvían a materializar, esta vez en un pueblo gaditano. Casas Viejas volvía a poner a la República en el punto de mira.

En la madrugada del 10 al 11, un grupo de campesinos, todos ellos afiliados a la CNT, iniciaron un levantamiento. Por la mañana, el cuartel de la Guardia Civil, que en ese momento albergaba a 3 guardias y un sargento, fue rodeado por los vecinos. En este momento se produjo un intercambio de disparos. Este se saldo con el sargento y otro guardia heridos. Ambos acabarían falleciendo a causa de las heridas.

A lo largo del día 11 fueron llegando refuerzos a Casas Viejas. El pueblo fue ocupado por los guardia civiles llegados en auxilio a los guardias atacados, quienes fueron rescatados. Con el despliegue de los guardias por Casas Viejas, comenzaron las pesquisas para hallar a los culpables del asalto al cuartel. El vecino señalado como protagonista del ataque fue Francisco Cruz Gutiérrez, el «Seisdedos», quien se había atrincherado en su casa.

Casas Viejas
Vecinos fusilados tras los sucesos de Casas Viejas.

Con la orden de abrir fuego «sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas», comenzó el asalto a la casa de «Seisdedos». 8 de los ocupantes de la casa murieron en el asalto, dos acribillados por los fusiles, los otros 6 calcinados. Solamente logró salir con vida, la nieta de «Seidededos», María Silva Cruz «La Libertaria», quien, a través de una pequeña ventana, salió con un bebé en brazos.

Pero los sucesos no cesaron con la quema de la choza de «Seisdedos». El capitán Rojas, quien estuvo a cargo del operativo, junto a sus guardias, dieron forma a una dura represalia. Se desplegaron por Casas Viejas en busca del resto de los implicados en la revuelta. En esta búsqueda fueron detenidos doce supuestos culpables. Tras ser dirigidos hacia el cadaver del guardia de asalto, fueron fusilados. La venganza del capitán Rojas se había consumado.

La prensa ante los acontecimientos de Casas Viejas

Al contrario del debate que suscitó los sucesos de Castilblanco en la prensa, los hechos acaecidos en Casas Viejas lograron, al menos en parte, que la prensa adoptase una misma opinión. Para la prensa, tanto de izquierdas como conservadora, coincidía en el hecho de que los sucesos de Casas Viejas fueron un grave error del movimiento anarcosindicalista. Este negro episodio de la República, solo contribuyó a empeorar la ya de por si mala imagen que existía sobre sindicatos, comunistas y anarquistas.

Tanto prensa de derechas como de izquierdas coincidía en que los sucesos de Casas Viejas fueron un error del anarcosindicalismo. Clic para tuitear

Pese a, como ya hemos señalado, coincidir en que estos sucesos supusieron una equivocación del movimiento anarquista, cada ideología intentó buscar un trasfondo distinto. Veamos los argumentos que esgrimieron los diferentes diarios de la época.

Prensa de izquierdas

Sobre la prensa de izquierdas, podemos señalar que muestra una gran diferencia, a la hora de representar los hechos, respecto a los sucesos de Castilblanco. En aquella ocasión se mostraba en gran parte afín a los ideales proclamados, y claramente enfrentada a la actuación de la Guardia Civil. En esta ocasión, su postura será la de
condenar los hechos, puesto que provenían de manos anarquistas Aunque bien es cierto que reconocía que la actuación de los poderes públicos fue demasiado dura, y que la población que participó en los sucesos era analfabeta, hecho que hacía que actuasen sin ser plenamente consciente de los ideales a defender.

Casas Viejas
Vecinos detenidos por la Guardia Civil.

Se quejaba la prensa republicana, que los sindicatos actuaban por el mero hecho de alterar el orden establecido, para así derribar la República. «Los recientes sucesos, que para nadie han podido constituir sorpresa, son una demostración dolorosa y evidente del absoluto envilecimiento de la Confederación Nacional del Trabajo […] Cruda es la verdad, pero, en siendo verdad, no hay que regatearle acatamiento. Y la verdad es -a mí me causa amargura proclamarlo- que toda la organización sindicalista está envilecida» (El Socialista, nº 7,469, 13 enero de 1933, pág. 1).

No obstante, no solo se culpó a los anarcosindicalistas, quienes, según la prensa, promovían la violencia a través de la masa de campesinos. Hubo también voces críticas hacia el régimen, debido a que, según estas voces discordantes, no supo actuar en consonancia a los ideales que representaba la República. «Veo la abortada rebelión como la consecuencia lamentable de que no se haya hecho desde el Poder la revolución democrática ni se haya tratado con la misma justicia a todos los trabajadores» (Juan Botella Asensio, Crónica, 22 enero de 1933, pág. 8).

Para los diarios de ideología de izquierdas, era de suma importancia resaltar la situación de pobreza que sufrían muchos habitantes de las zonas agrarias españolas. Las malas condiciones de vida producidas por el paro y pobreza conducían a los obreros, necesitados de un ideal al que sujetarse, a proclamar el comunismo libertario. Por lo que este movimiento comunista estaba más provocado por la necesidad, que por propia convicción. Era cuestión de tiempo, que una población azotada por el paro y las malas condiciones de vida explotase. Y en Casas Viejas explotó:

-¿Hay mucho campesino parado?
-To er que vea usté echado sobre la pared. ¡Mucho parao! ¡Mucho!
-Casi todos los vecinos de Casas Viejas son anarcosindicalistas.
-Allá cada uno. No es cosas de que por una conversación con usté me meta yo
en un laberinto.
-¿Conoce usted el motivo y el desarrollo de los sucesos?
-¿Yo? ¿Que si conozco yo?… Usted quiere que yo me la busque. Vaya. Con
Dió. (Entrevista a un habitante de Casas Viejas. Crónica, 22 enero de 1933, pág. 6).

Prensa conservadora

La prensa conservadora, a diferencia de la prensa de corte socialista, mantuvo la misma postura que con los hechos de Castilblanco. Una población comunista, embrutecida e irracional, ataca a una Guardia Civil que vela por el buen funcionamiento del Estado. De nuevo se nos presenta la dicotomía comunismo-fuerzas del Estado.

Los diarios opuestos al comunismo, abonan el terreno con información claramente perjudicial para los vecinos de Casas Viejas. Presentan a los huelguistas como personas conflictivas, poco dadas al diálogo, y fuertemente pertrechadas para dar un gran golpe. Esta era la imagen vertida sobre los campesinos: «Fueron detenidos numerosos vecinos, incluso unos que conducían un cajón de hoces nuevas, afiladísimas, que pensaban utilizar para agredir a los guardias» (ABC Madrid, 13 enero de 1933, pág. 16).

A esta idea de una población abducida por los ideales comunistas, había que sumar un hipotético complot anarcosindicalista propagado a través de la prensa revolucionaria. Según los diarios conservadores, la prensa era el cauce ideal para transmitir las ideas de una revolución del campesinado. «Para que ésta revolución triunfe, la prensa revolucionaria alborota, habla de la crueldad del poder público y excita al pueblo a la rebelión. Los propagandistas recorren en España esos pobres pueblos de Toledo, Extremadura y de Andalucía sembrando odios y alentando
pasiones de codicia y de venganza en los corazones de los hombres sencillos […] Y el resultado es esa barbarie que arrasa los campos andaluces y extremeños, y que ofrece como ejemplo Castilblanco y Casas Viejas» (El Siglo Futuro, nº 7.803, 13 enero de 1933, pág. 1). Curioso cuanto menos, pues la población era, en su mayor medida, analfabeta…

Casas Viejas
Refuerzos de la Guardia Civil para intervenir en los sucesos de Casas Viejas

Barbarie de un pueblo analfabeto, empujado por unos ideales anarquistas y comunistas, que se difunden a través de una prensa revolucionaria, son los ingredientes de los sucesos de Casas Viejas. La visión de la prensa conservadora sobre los hechos era clara y firme. «No son, sin embargo, estas horas de Casas Viejas un hecho aislado, una vibración actual solamente, una expresión del apasionado momento social y político que vive hoy España. Son, en realidad, una continuación, un eslabón más en la cadena rebelde del anarquismo andaluz, planta roja que tiene raíces de sangre en los suelos meridionales de España» (Nuevo Mundo, 26 enero de 1933, pág. 20).

La polarización de la prensa republicana

Como hemos intentado señalar, la ruptura en la presa en torno a los sucesos de Casas Viejas, aunque si existió, lo hizo en menor medida que con los hechos de Castilblanco. Los diarios republicanos coincidieron en señalar que estos acontecimientos supusieron un grave error del movimiento anarquista. El ideal sindicalista se colapsaba ante sucesos de este tipo.

Izquierdas y derechas confluían en las formas, pero no en el fondo. Donde las dos prensas veían un fallo del movimiento libertario, lo traducían de manera distinta, aunque sin llegar a la dicotomía de Castilblanco. Mientras que los diarios de izquierdas utilizaban como atenuante una masa analfabeta y pobre, la prensa más conservadora trataba de mostrar el anarquismo como una ideología cruel y peligrosa, que extendía sus tentáculos aprovechándose de la falta de recursos de los jornaleros del sur peninsular.

Ya fuese con el análisis de los sucesos de Castilblanco o los de Casas Viejas, la prensa de la Segunda República actuó como una fiel manifestación de la sociedad. La apasionada lucha que enfrentaba a los partidarios y detractores de la República, se trasladó a todas las tiradas de los periódicos republicanos.

Los periódicos jugaron su particular lucha ideológica, aprovechando las miserias del pueblo español, que vivía entre el abandono de las autoridades y la miseria del campo.

Fuentes y bibliografía:

  • ABC Madrid, 13 enero de 1933, pág. 16,
  • Comín Colomer, E.: “DE CASTILBLANCO A CASAS VIEJAS”, Temas Españoles,
    nº 89. Publicaciones Españolas, 1959.
  • El Siglo Futuro, nº 7.803, 13 enero de 1933, pág. 1.
  • El Socialista, nº 7,469, 13 enero de 1933, pág. 1.
  • Entrevista a un habitante de Casas Viejas. Crónica, 22 enero de 1933, pág. 6.
  • García Ceballos, M.: “CASAS VIEJAS (Un proceso que pertenece a la Historia)”.
  • Juan Botella Asensio, Crónica, 22 enero de 1933, pág. 8.
  • Nuevo Mundo, 26 enero de 1933, pág. 20.

 

 

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