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Servidumbre en la Edad Media

A lo largo de la Edad Media, la configuración social conocida durante el Imperio romano fue cambiando de manera paulatina. La pérdidas de funciones de las ciudades condujo a que se ruralizase la vida. El cambio de la ciudad por el campo, conllevó a que se conformase un nuevo orden social. Con las fronteras del Imperio desguarnecidas, los pueblos germanos se instalaron dentro del mismo. Con estos pueblos se produjo un cambio progresivo de la esclavitud por la servidumbre.

De esta manera, el estatus jurídico del esclavo se fue cambiando poco a poco por el de siervo. Si bien es cierto que en zonas más romanizadas, la esclavitud perduró durante más tiempo. No obstante, la servidumbre se implantó en la mayor parte de Europa, relegando así la esclavitud.

Servidumbre, el hombre libre sin libertad

La esclavitud era un estatus jurídico en el que la persona carecía completamente de libertad. Considerados herramientas u objetos, los esclavos eran plena propiedad del señor. Por contra, en teoría, y solo en teoría, la servidumbre se caracterizaba por ser una condición libre. El siervo, como cualquier persona libre, podía tener propiedades, libertad de movimiento, no legar su condición a sus herederos, etc.

servidumbre
Siervos labrando la tierra bajo las órdenes del señor.

Decimos que en teoría, pues la servidumbre se caracterizó por la sumisión jurídica total hacía el señor. Tan difusa era la libertad del pueblo llano, que esclavos, siervos y colonos fueron una masa poco diferenciada de personas. Pues todas se encontraban sometidas siempre a una minoría gobernante. Sólo una cosa diferenciaba al esclavo del siervo, que el segundo si era considerado una persona, y no una herramienta como en el caso del esclavo.

Esta falta de definición jurídico-social se debía a que, al menos hasta el siglo X, Europa solo distinguía, a nivel jurídico, dos tipos de hombres. A un lado, los hombres libres (liberi, ingenui), al otro, los no libres (mancipia, servi, ancillae). De este modo, siempre que hubiese algún tipo de dependencia, la jurisdicción entraba en un planteamiento un tanto turbio.

El arraigo de la servidumbre

Que las ciudades, con la crisis del Imperio romano, perdieran muchas de sus funciones, brindó a los terratenientes una oportunidad única de hacerse con el poder jurídico-administrativo. La aristocracia, dueña de los nuevos grandes latifundios, fuer acumulando nuevas funciones sobre sus dependientes directos: esclavos, siervos y colonos. De esta manera, era ya competencia directa del señor del latifundio las funciones jurídicas, fiscales y militares.

El arraigo de la vida rural llevó a muchos habitantes de la ciudad a ponerse bajo la protección de grandes terratenientes. Esto, sumado a las nuevas funciones adquiridas por estos últimos, fue conformando la nueva estructura social que se generalizaría con el feudalismo. Surgió así una servidumbre campesina al servicio de la aristocracia terrateniente.

Campesinos durante la vendimia.

Pero la servidumbre no solo se alimentó de personas que de forma voluntaria, se ponían bajo la protección de un señor. Fue a través de diferentes vías como se fue ampliando la gran masa de siervos. Entre otras, la guerra, la procreación, el matrimonio entre libres y no libres, o las condenas judiciales. Diferentes vías que llevaban a un mismo fin, la servidumbre.

La Iglesia frente a la servidumbre

Hablar sobre la Edad Media, es hablar de una sociedad totalmente acomplejada por la religión católica. La Iglesia durante este periodo se erigió como la cabeza de la sociedad. La fe católica sentó doctrina sobre el paso del hombre por el tortuoso camino terrenal. A ojos de la Iglesia, el hombre llano nacía para servir. Tal fue el influjo católico, que el hombre del medievo se consideraba así mismo como un «homo viator». Es decir, un peregrino puesto por Dios, cuya función era única y exclusivamente cumplir un papel concreto, trabajar y servir.

El círculo cercano de Anselmo de Laón, uno de los principales teólogos de la Edad Media, se expresaba así sobre la servidumbre:

La servidumbre está ordenada por Dios, bien a causa de los pecados de los que se convierten en siervos, o como prueba, a fin de que los así humillados se hagan mejores. Porque la servidumbre es de gran ayuda a la religión para proteger la humildad, que es el guardián de todas las virtudes; y parecería orgullo que cualquiera quisiera cambiar esta condición que le ha sido dada con buenos motivos por mandato divino.¹

Así, Dios mediante, quedaba legitimada la servidumbre a ojos de la sociedad medieval. Por un lado se legitimaba la condición servil, pues era mandato divino. Por otro, quedaba justificado que el hombre que había nacido siervo, muriese siervo. No era competencia del hombre decidir su propio destino.

La servidumbre en la realidad social del medievo

Más allá de la doctrina católica sobre la servidumbre, la visión terrenal de la sociedad medieval iba más allá de la simple subordinación divina.

Miniatura medieval representando la sociedad tripartita.

En principio, la libertad del hombre no era susceptible de ser usurpada. A la hora de la verdad, un simple acto de sumisión podía comprometer para siempre la libertad del implicado y su familia. Esta realidad se tradujo, en una infinidad de hombres arrojados a la servidumbre a lo largo de la Edad Media. Aunque ya a partir del siglo XIII solo eran siervos quienes descendían de siervos. No obstante, fue una condición social y jurídica bastante importante a los largo del periodo medieval.

Ya hemos mencionado que el hombre del medievo se consideraba a si mismo como un «homo viator». La realidad era que ser reducido a la condición de siervo, era un estado degradante para cualquier persona. Por mucho que el hombre soñase con expiar los pecados y llegar al reino de los cielos, el camino terrenal siendo siervo no era un camino de rosas. Por muy asentada y asumida que estuviese la sociedad jerárquica, toda persona aspiraba a no cruzar nunca la línea que separaba la libertad de la servidumbre.

Nada hay que conmueva tanto los corazones de los hombres y les incite a honrosas acciones como la alegría de la libertad, y nada que tanto les desaliente y deprima como la opresión de la servidumbre.²

Aparte de la degradación que suponía ser siervo, había que sumar otra circunstancia, que no hacía sino más que agravar la propia condición de la servidumbre. Los siervos vivía completamente a merced de la arbitrariedad del señor. Ser gobernado por la propia voluntad del señor, en vez de por la ley, recrudecía de manera significativa la vida de la servidumbre medieval. Era más temida y odiada la propia arbitrariedad que la subordinación.

Aunque más allá de la arbitrariedad, de la privación de libertades, y de la deshonra de ser siervo, la servidumbre, aportaba una relación beneficiosa en ambas direcciones. Por un lado, el señor se aseguraba, por tiempo indefinido, de mano de obra. Esto era así, porque tanto el propio siervo, como su familia, serían siempre siervos del señor. Por otro lado, la propia familia, se beneficiaba de un pago, de tierras que explotar, así como protección ante cualquier amenaza exterior.

Tras la pérdida de las tierras por parte de los colonos con la crisis del Imperio romano, y la recuperación de estas por parte de los grandes señores, se fue conformando una muy importante condición social y jurídica: la servidumbre. Transcendental en el desarrollo económico medieval, se vio bastamente favorecida, e incluso legitimada por la Iglesia. No obstante con el siglo XIII llegó su declive. En esta centuria, ya solo permanecerían en la servidumbre quienes eran descendientes de siervos.

 

Vía:

  • GARCÍA DE CORTÁZAR, J. A.; SESMA MUÑOZ, J. A. Manual de Historia Medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2014.
  • RODRÍGUEZ, G. (Dir.). Manual de Historia Medieval: siglos III al XV, Grupo de Investigación y Estudios Medievales: Universidad Nacional de Mar del Plata, 2015.
  • SOUTHERN, R. W. La formación de la Edad Media, Madrid, Alianza Editorial, 1981.

Citas:

  • 1: Fragmento teológico de la escuela de Anselmo de Laón, citado en SOUTHERN, R. W. Op. cit. pg. 111.
  • 2: Giraldus Cambrensis, De Principis Instructione, citado en SOUTHERN, R. W. Op. cit. pg. 114.

 

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