Roma, la Historia hecha ciudad

Hoy estrenamos un nuevo formato en La Historia Heredada. Con esta nueva entrada vamos a dejar un poco aparcado los hechos históricos, y los sustituiremos, de manera puntual, por una publicación viajera. Para ello, aprovechando la reciente visita que hicimos a Roma, vamos a hablar de la Historia vista desde el punto de vista del turista. Porque sí amigos, la Historia y la cultura se pueden vivir de muchas formas, y el turismo, como no, es una de las más gratificantes.

Pero no obstante, aunque hablemos de Roma desde el lado turístico, no pretendemos con ello convertirnos en una página de viajes. Simplemente, os queremos transmitir las sensaciones que hemos vivido visitando una de las ciudades con más solera en el plano histórico-cultural. Por eso, no pretendáis encontrar en estas líneas la guía definitiva de Roma, ni esperes un detalle pormenorizado de cada monumento. Solamente os vamos a hablar de aquellos que visitamos, porque por tiempo, hay que priorizar unas visitas sobre otras. Por este motivo observarás que muchos sitios destacables no se encuentran en esta entrada. Habrá que solucionarlo con un segundo viaje  😆

Roma, mucho más que Historia

Pensar en Roma, es pensar en el Coliseo, imaginarse el Vaticano, o desear tirar una moneda en la Fontana di Trevi. Y aunque como es lógico, estas ideas sobre Roma son las que probablemente nos vengan primero a la cabeza, no es ni mucho menos lo único característico de la ciudad italiana. Cuando das tus primeros paseos por la ciudad, ya vas percatándote de que Roma te va a impresionar más de lo esperado. Mientras paseas, vas descubriendo paso a paso esa «ciudad desconocida», esa Roma alejada de las postales ideales, que sin embargo, cuando las vas recorriendo, enriquecen sobremanera tu percepción sobre la ciudad.

El Coliseo de Roma, sin duda, una de las imágenes más representativas de la ciudad.

Experiencias tales como pasear a la caída del sol, por las incontables calles estrechas y empedradas, esas que unen las enormes plazas romanas. Moverte entre el bullicio de turistas que buscan la mejor foto de este o aquel monumento. Irte sorprendiendo con la magnitud y belleza de los iconos romanos. O simplemente escuchar a un artista en una plaza llena de colores, hacen que Roma sea mucho más que esa imagen arquetipo que todos hemos tenido en la cabeza. Y si ya mientras paseas, lo haces degustando uno de sus famosos helados, la experiencia ya es…

La Roma alejada «de los focos»

Si vas a conocer Roma, lo primero que deber saber, a menos que tengas todo el tiempo del mundo -cosa poco probable a la par que envidiable- es que vas a dejarte por ver innumerables sitios. Es imposible, siempre que se visite con detenimiento, obviamente, no dejarte nada en el tintero. La antigua línea del tiempo de la ciudad ha legado al mundo un riquísimo patrimonio. Lo bueno de no poder visitarlo todo, ¡que tienes que volver! Y como nosotros no íbamos a ser menos, también nos hemos perdido muchos sitios, pero hemos disfrutado de muchos otros.

Ahora pasaremos a dividir el contenido en dos entradas, debido a que una vez finalizado, el mismo ocupó una gran extensión, pudiendo llegar a cansar al lector. Por eso, vamos a separarlas con el siguiente criterio: por un lado, los grandes monumentos de Roma, los más «destacables» desde el punto de vista arqueológico e histórico. Coinciden también, en que son sitios en los que hay que abonar una entrada. Por otro lado, los monumentos y lugares que se pueden incluir en un mismo recorrido. Aquellos con los que te vas topando mientras paseas por la antigua Caput mundi.

¿Nos acompañas en el recorrido por la capital del Imperio?

Coliseo, Foro y Palatino

La primera visita que programamos, fue la de este conjunto arqueológico, formado por el Coliseo -Anfiteatro Flavio-, Foro Romano y el Monte Palatino. Que realmente no conforman un mismo yacimiento, sino que estos tres lugares se pueden visitar con una entrada conjunta.

Foro Romano

Nosotros empezamos la visita por el Foro Romano, a través del cual se accede al Monte Palatino, y del cual hay que salir para entrar en el Coliseo. El Foro Romano pervive como memoria de lo que fue la vida social de Roma desde la República. Sede de la Curia Julia, hogar de las Vestales, o paso de procesión de los emperadores, el Foro Romano fue el epicentro de la vida política, religiosa y social. En este yacimiento, podéis observar desde numerosos templos, a diversos arcos del triunfo erigidos por los emperadores para conmemorar sus victorias militares.

Roma
El Foro Romano visto desde un mirador del Museo Palatino.

De una considerable extensión, el Foro Romano te permite disfrutar de un paseo ameno mientras vas descubriendo, paso a paso, como fue el epicentro de la vida política y religiosa de la antigua Roma. Conocerlo en detalle te llevará bastante tiempo, puesto que cuenta con cantidad de lugares de vital relevancia. Entre estos, encontrarás los arcos de Septimio Severo y Tito, el templo de Antonino y Faustina, el templo de Venus y Roma, o el Tabularium.

Sin duda, el Foro Romano es una visita obligada para comprender la intrincada vida romana, donde lo religioso, civil y políticos, muchas veces se difuminaba en una fina línea. Y estas ruinas, son fieles testigos de ello.

Monte Palatino

A través de una gran escalinata, se accede al Monte Palatino, cuna de la civilización romana. Esta colina, donde la mitología sitúa a la Roma de la loba Capitolina, fue lugar de residencia de los emperadores hasta el siglo III, momento en el cual los emperadores prefirieron trasladar su residencia fuera del Palatino. También de una considerable extensión, en el Palatino podremos contemplar edificios tales como la Domus Flavia, la Casa de Augusto, o el Hipódromo de Domiciano. Además, desde este lugar tendremos una impresionante panorámica del Foro Romano.

Aunque no forme parte de lo estrictamente arqueológico, es agradable cobijarse en las zonas arboladas, mientras descansas, y rellenas tu botella en una de las innumerables fuentes públicas de Roma. Una vez que has descansado bajo la sombra de los árboles, puedes continuar tu visita con fuerzas renovadas.

Coliseo

Una vez contempladas la cuna de la civilización romana, y la plaza pública, es momento de dirigirse a lo que sin duda alguna es uno de los emblemas de Roma, el Anfiteatro Flavio, o como es más conocido, el Coliseo, una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno.

A pesar de ser un edifico de bastante simpleza constructiva, pues no deja de ser una superposición de círculos, no deja de maravillar a todo aquel que lo visita. Lugar donde los instintos más sádicos de los romanos cobraban vida, el Coliseo muestra, con su imponente tamaño, la importancia que la sociedad romana otorgaba a estos espectáculos. Bastante bien conservado, el Anfiteatro Flavio muestra a la sociedad contemporánea como se divertían nuestros antepasados imperiales.

Vista general del Coliseo, donde se puede apreciar tanto la arena y sus galerías subterráneas, como las arcadas que conformaban el graderío.

Es un lugar laberíntico, donde perderse e imaginar como fue el anfiteatro en pleno apogeo. Podemos ver como se dividía la sociedad romana observando las gradas. Si pisas la tabla arena, puede, por un instante, sentirte en papel del pobre gladiador que en ese momento se jugaba la vida. Además, el Coliseo te permite disfrutar de diferentes esculturas y restos arqueológicos mientras vas recorriendo sus vomitorios.

No es de extrañar que este conjunto sea de lo más visitado en Roma, pues es un perfecto resumen de lo que fue Roma, desde sus orígenes, hasta su caída.

Museos Capitolinos

Nuestra siguiente parada fueron los Museos Capitolinos, situados en la Plaza del Campidoglio, una maravillosa plaza diseñada por Miguel Ángel. Estos edificios albergan una enorme y variada muestra de arte, que abarca desde escultura etrusca, hasta pinturas barrocas. Sin duda, un museo imprescindible en tu visita a Roma.

Marco Aurelio, la loba Luperca, Cómodo y su tocado de Hércules, o Urbano VIII tienen una cita contigo en los Museos Capitolinos, el principal museo cívico de Roma, el museo más antiguo del mundo. Clic para tuitear
Museo Capitolino, Roma
Réplica de la estatua ecuestre de Marco Aurelio, situada en pleno centro de la Plaza del Campidoglio.

El museo se compone de dos palacios, unidos por una galería subterránea, donde se ubica una exposición sobre el mundo funerario, el Palacio de los Conservadores, y el Palacio Nuevo. Este museo alberga obras muy destacas, tanto del arte romano, como medieval y moderno. Entre ellas, la estatua ecuestre de Marco Aurelio, la Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo, el busto de Cómodo representado como Hércules, o el cuadro barroco de Urbano VIII.

En el transcurso de la visita, mientras vamos recorriendo las distintas galerías, nos topamos con un magnifico mirador. Desde este lugar, se pueden apreciar de una de las mejores panorámicas del Foro Romano. Sin duda alguna, merece la pena hacer una parada en esta impresionante galería, que nos regala una estupenda estampa de las ruinas imperiales.

Lo dicho, sin duda alguna, uno de los mejores museos de Roma, donde disfrutar de una amplia gama de muestras de arte. Si quieres contemplar importantes esculturas, mosaicos, o una fantástica pinacoteca, los Museos Capitolinos son tu sitio.

Museos Vaticanos y Basílica de San Pedro

Como no, una de las paradas obligadas que hay que hacer en Roma, es sin duda la Ciudad del Vaticano. Este enorme complejo es una de las muestras más importantes del arte renacentista y barroco, además, posee unas colecciones de obras de arte únicas.

Museos vaticanos

Los Museos Vaticanos, por donde nosotros empezamos la visita, están conformados por una extensa red de edificios, palacios y galerías. Lo primero que hay que tener es paciencia para poder acceder a los museos, pues la cola suele ser de varias horas de espera. Nosotros, al ir con un bebé, pudimos saltárnosla, pero lo más normal es que tengas que esperar, así que paciencia, que merece realmente la pena.

Vaticano, Roma
Bóveda de la Sala de los Mapas Cartográficos.

Aunque vengas a este museo solo con el deseo de contemplar la Capilla Sixtina, en tu visita te vas a llevar muchos más, pues este museo, ampliado siglos tras siglos por la Iglesia, contiene importantes restos arqueológicos, pictóricos y arquitectónicos. Es sin duda, un bello recorrido por la Historia, desde donde disfrutar del hermoso pasado artístico europeo.

Desde el inicio del recorrido empiezas a darte cuenta del interés de los papas del renacimiento y del barroco por hacerse con las mejores colecciones de arte. Todos los espacios del museo, desde los patios a las salas que unen las diferentes galerías, sirven como expositores de arte. Tan pronto puedes encontrar una piña romana de cobre en un patio, como el Laooconte y sus hijos en otro. Este museo está articulado de tal manera que no queda un solo espacio que no sirva de exposición.

Durante el recorrido que lleva a los famosos frescos de Miguel Ángel, puedes ir deleitándote con las diferentes salas papales decoradas con infinidad de obras y motivos. Entre estas, se encuentran la Sala de los Mapas Cartográficos, donde se representan cuarenta mapas de los territorios italianos, o las Estancias de Rafael, donde puedes observar, entre otras obras, La Escuela de Atenas.

Aunque vayas a los Museos Vaticanos únicamente por contemplar la Capilla Sixtina, durante la visita podrás ir descubriendo paso a paso, como el museo tiene una extensa muestra de arte mucho más allá de Miguel Ángel. Clic para tuitear

Pero sin duda alguna, la joya de la corona, donde todo visitante ansia llegar es la Capilla Sixtina, y la verdad que no defrauda. La capilla Sixtina, nombrada así en honor al papa Sixto IV, alberga una impresionante muestra de pintura renacentista. Toda la sala, desde las paredes hasta la bóveda, están decoradas con una técnica exquisita y precisa. La magia de los pintores del renacimiento te hacen ver cortinas donde solo hay paredes, o escenas en 3d, donde no hay más que una simple boveda.

En esta zona está totalmente prohibido hacer fotos, lo que es lógico tanto desde el punto de vista logístico -la sala siempre está repleta- como de la conservación de las pinturas. La parte buena de no poder hacer fotos, es que puedes contemplar, sin un objetivo de por medio, el famoso Juicio Final de Miguel Ángel. Pero no solo de Miguel Ángel «vive» la Capilla Sixtina, sino que también podrás contemplar pinturas de Pietro Perugino, o Sandro Boticelli entre otros.

Como puedes ver, llegas al museo por la Capilla Sixtina, pero este te recompensa con una exquisita y amplia exposición de arte. Disfruta de cada rincón de este museo, pues cada esquina del mismo está repleta de historias.

Basílica de San Pedro

Terminada la larga a la par que interesante visita de los Museos Vaticanos, toca el turno de dirigirse a la Basílica de San Pedro, icono catolicismo. Si accedes desde los museos, puedes evitar la larga cola de espera que se forma para acceder al interior de la basílica, sino, siempre puedes disfrutar de la Plaza de San Pedro mientras imploras que la fila llegue a su fin.

Piedad de Miguel Ángel, Vaticano, Roma
Piedad del Vaticano, obra de Miguel Ángel, situada en la Basílica de San Pedro.

Una vez en su interior, ya vislumbras el poder que transmite este templo. De una enorme dimensión, la Basílica de San Pedro también sirve como una imponente exposición de arte. En este lugar, si quieres hacer una visita de calidad, debes emplear bastante tiempo. Porque aparte de que ya hemos señalado que es enorme, tiene cientos de esculturas, tumbas y pinturas dignas de admiración. La basílica es el templo -valga la redundancia- del arte moderno. Renacimiento y Barroco se dan la mano de una manera sutil. Estos dos estilos conviven de manera armónica. Pues puede contemplar desde la serenidad de la Piedad del Vaticano, de Miguel Ángel, como vislumbrar las retorcidas columnas del Baldaquino de San Pedro, obra de Bernini.

La Basílica de San Pedro, aunque también es visitada por numerosos turistas, no da la sensación de agobio, que quizás si puedan trasmitir los museos. Por este motivo, la visita al templo resulta más sosegada, lo que te permite que puedas disfrutar sin prisas de todas las maravillas con las que cuenta la basílica. Su cúpula, sus grupos escultóricos, las pinturas, o las grutas vaticanas, te permiten ver como el arte ha ido siempre de la mano de la religión.

Y para finalizar en el Vaticano, al salir de la basílica, párate y disfruta de la panorámica que te ofrece la Plaza de San Pedro, la plaza barroca que ideó el genio Gian Lorenzo Bernini.

En la siguiente entrada veremos que nos reserva Roma mientras recorremos sus calles. Plazas, parques, fuentes y templos, hacen que andar por sus calles, sea una experiencia más de las que disfrutar en Roma.

Fontana de Trevi, Roma
¡Nos vemos aquí en la segunda parte!

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