Revisionismo histórico, ¿una mala praxis?

La Historia es una disciplina bastante susceptible de generar controversias. Muchas de estas controversias surgen en torno a ciertas hipótesis, que se construyen con unos fines muy delimitados y, normalmente, poco legítimos. Una de estas controversias ha ocupado últimamente un papel bastante destacado, siendo demasiado corriente leerlo o escucharlo asociado a unos determinados temas históricos. Como ya anuncia el título del artículo, nos referimos al revisionismo o revisionismo histórico.

Aunque el término venga de lejos, últimamente se está generando mucho ruido, porque se viene asociando en España, a ciertas cuestiones sobre la Segunda República, la Guerra CIvil, o del Franquismo. No obstante, aunque el término revisionismo se esté asociando a estos acontecimientos, cualquier etapa histórica o suceso es susceptible de encontrarse salpicado por la «sombra revisionista». Y si decimos que la etapa contemporánea es la que más se ve involucrada en este debate, es porque ciertos historiadores (o más bien pseudohistoriadores) y divulgadores están generando una serie de obras relacionadas con esta etapa, la cual se «presta» con demasiada facilidad a la hora de tergiversar la Historia, para obedecer a unas cuestiones políticas, o de cualquier otra índole.

Por tanto, vemos como un término, el de revisionismo, se viene asociando a una mala praxis por parte de un sector, con la Historia como eje vertebrador, que viene generando una serie de ideas totalmente contrarias al dogma histórico establecido. Con la bandera de recomponer la Historia, se genera un contenido a través de unas dudosas fuentes, con una visión marcadamente partidista y subjetiva, mediante los cuales se extienden unas ideas contrapuestas a las oficiales.

Pero, a la hora de hablar de revisionismo, ¿podemos decir que es un método totalmente válido, pero erróneamente asociado a una corriente no científica? o por el contrario ¿es verdaderamente una mala práctica que llevada asociada de manera inexorable una manipulación de la Historia? Intentemos arrojar un poco de luz al respecto…

Confusión en torno al término

Como punto de partida, vamos a recurrir a la definición de la RAE sobre el término revisionismo:

revisionismo
1. m. Tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con el propósito de actualizarlas y a veces de negarlas. Sometieron a revisionismo la teoría de la evolución. En Alemania es ilegal el revisionismo del Holocausto.

Como vemos, la RAE también recoge esta dicotomía existente en torno al término revisionismo, pues lo señala como una práctica que tanto sirve para interpretar de manera metódica (y por lo tanto, de manera científica, legítima y veraz), como para negar ciertas doctrinas establecidas (lo que no suele ir relacionado con nada científico…), como por ejemplo la corriente negacionista.

Pero, si el término, aparte de generar ambigüedad en el círculo académico, lleva implícito en su definición unas vertientes completamente contrarias, ¿cómo podemos analizar el término y discernir si es una metodología acertada o errónea?

Revisionismo, una visión «amable»

La Historia es una ciencia, que a través de múltiples fuentes, va estableciendo unos análisis coherentes y científicos en relación de los acontecimientos pasados. Pero, como es obvio, la interpretaciones del pasado ni pueden ni deben permanecer inmutables, pues siempre pueden ser objetos de revisión. Es algo inherente a la Historia, ir modificando visiones a medida que se van incorporando nuevos elementos de estudios.

De manera constante, la arqueología nos aporta nuevos datos sobre tal o cual cuestión, como la posible modificación de fecha de la erupción del Vesubio. Cuando se desclasifican documentos, se arroja una luz nueva sobre unos acontecimientos que se encuentran limitados en cuanto a la información que les rodea. También es posible que, en la labor de investigación, aparezcan datos relevantes, que hasta el momento habían permanecido ignorados por un motivo u otro.

Como vemos, de forma continua surge nueva información, que puede modificar la base de muchos sucesos. Ante el nuevo material que aparece, los expertos comienzan una labor de revisión, lo que conlleva una acción revisionista. Intentar arrojar nuevas ideas no debe ser pernicioso para la labor histórica, únicamente debemos velar porque el proceso se lleve de manera totalmente científica, y que siempre esté sustentado en pruebas verídicas y contrastables.

Sería por tanto legítimo hablar, según estas ideas, de un revisionismo válido, alejado de ideas dañinas, y que tiene como último fin mejorar el hasta entonces último conocimiento circundante en torno a un dogma establecido. Hablamos, por tanto, de una herramienta más, de la que ha de valerse la labor histórica en cualquiera de sus ramas.

Como defensor de esta corriente encontramos, por ejemplo, a Enrique Moradiellos, quien dice que el historiador no debe juzgar, sino comprender, y para ello debe establecerse cualquier tipo de metodología que nos ayude en esta labor, y el revisionismo es una de ellas.

revisionismo franco
Franco presidiendo desde la tribuna el Desfile de la Victoria, organizado para conmemorar la victoria de las tropas nacionales sobre las republicanas en la Guerra Civil española.

Y es que según el catedrático, no es que el revisionismo sea una mala praxis, sino que los «divulgadores» a los que el círculo de la Historia viene denominando revisionistas, se les adscribe este término «con notoria injusticia y abuso del término». Ya que, y esta vez lo hace replicando la palabras de Enzo Traverso, el revisionismo «es una actitud más que honorable».

Por tanto, según Moradiellos, no es tanto que el revisionismo implique una perversión de la ciencia histórica, sino que autores como Pío Moa, César Vidal o Ángel David Martín Rubio, con un afán muy concreto, que no es otro que el de reescribir el pasado, se dedican a parafrasear de manera indiscriminada los mitos historicistas del Régimen1En este caso nos referimos al Régimen de Franco, porque lo autores previamente citados se dedican a divulgar sobre dicho periodo de la historia de España, aunque puede extenderse a cualquier etapa histórica sobre la que se pretende ejercer un falso acto de revisionismo.. Además de que siempre en sus obras reinciden en usar argumentos presentistas, tan alejados estos del rigor histórico.

El revisionismo como la antihistoria

Si bien hemos señalado una visión que acepta el revisionismo como una cualidad inherente a la Historia, y que señala que los autores revisionistas, son llamados así de manera errónea, no todos los investigadores reman en la misma dirección.

Para estos últimos, ser revisionista significa incurrir en una desacertada e incoherente revisión de la Historia, que más a la postre implica unas ideas totalmente partidistas. Por lo que para este segunda corriente de autores, hay una clara diferencia entre revisar y revisionismo. El historiador de rigor, se adscribe, como resulta obvio, al primer término, mientras que los que se dedican a utilizar la Historia como un frente de manipulación serían los que practicarían el revisionismo.

Para Javier Tusell, hay una gran brecha entre el historiador y el revisionista, pues mientras que el primero trata siempre de buscar un discurso basado en el análisis hecho con rigor, mientras que el revisionista siempre «parte de seguridades o presunciones. No acude a las fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad». Para Tusell, el revisionismo lleva implícito un carácter meramente mediático, por lo que no se busca ceñirse al rigor histórico, sino que única y exclusivamente se persiguen los argumentos populistas.

Otros autores, como Antonio Bernat, van aún más lejos que Tusell, pues llegan a señalar al revisionismo como la «pedagogía de la confrontación y del odio». Además, señala Bernat, se sirven de estrategias tales como dar una información incompleta, no mostrar alternativas a las fuentes citadas, o incluso olvidar el citado de las mismas. Hacen gala de un amplio abanico mediante el cual ofrecer al lector lo que este anda buscando.2un lector, que lejos de buscar una información contrastada, persigue encontrar medios que respalden sus pensamientos e ideologías.

Es necesario remarcar, que ambos autores, Tusell y Bernat, presentan como legítimo el acto de revisar el pasado, pero marcando las distancias con las costumbres revisionistas. Al fin y al cabo, el revisionismo habría acabado teniendo este carácter peyorativo, no tanto por el término en sí, sino por quienes se mueven en torno al mismo.

Como hemos podido comprobar, el término revisionismo suscita muchos debates incluso dentro del ámbito profesional de la Historia. Mientras que unos defienden que no se trata del término, sino de las autores atribuidos al mismo, otros remarcan que el propio término ya lleva implícito una connotación claramente discriminatoria con la Historia.

Queremos terminar con una frase de Enzo Traverso:

«Revisionismo» es una palabra camaleónica que ha tomado en el transcurso del siglo XX significados diferentes y contradictorios, prestándose a múltiples usos y suscitando a veces malentendidos.3frase sacada del capítulo VI «Revisión y revisionismo» de su libro El pasado, instrucciones de uso

Y vosotros, ¿qué opináis con respecto al revisionismo?

Vía

  • Enrique Moradiellos, «Revisión histórica crítica y pseudorevisionismo político presentista: el caso de la Guerra Civil española», en Seminario de Historia del Dpto. de Hª del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos, UCM Fundación José Ortega y Gasset, 2009, p. 3.
  • Enzo Traverso, El pasado, instrucciones de uso, Marcial Pons, 2007.
  • Javier Tusell, «El revisionismo histórico español», derechoshumanos.org
  • Antonio Bernat Montesinos, «Estrategias de revisionismo histórico y pedagogía del odio», en Anuario de Pedagogía, n.º 9, 2007, pp. 47-102.

 

 

 

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