Pío XII y el Tercer Reich (I): La crisis internacional

Introducción

La publicación que nos ocupa trata sobre el estudio de las relaciones de la Iglesia católica con el Tercer Reich, en particular como dirigió el líder de la Santa Sede, Pío XII, la política internacional entre el Vaticano y la Alemania de Adolf Hitler. De igual manera presentaremos, aunque de forma breve, la postura de Pío XI frente a este panorama, lo que nos ayudará a entender los cambios que va a sufrir la política de la Santa Sede, así como las críticas que recibió Pío XII al ser comparado con su predecesor.

Pío XII y el III Reich
Pío XII y el III Reich, obra de Saul Friedländer. Fuente

El análisis a estas relaciones entre el Vaticano de Pío XII y la Alemania nazi se va a realizar a través de una obra de Saul Friedländer1. Este historiador y ensayista francoisraelí es un reconocido especialista en las persecuciones sufridas por los judíos durante el régimen nazi. A su vez es un testigo directo, puesto que él mismo se tuvo que refugiar de los nazis cerca de Vichy, mientras que sus padres fallecieron en Auschwitz (de hecho, esta obra está dedicada a ellos: «A la memoria de mis padres, asesinado en Auschwitz»2).

La obra de Friedländer respecto al tema judío es amplia. Su primera publicación es la obra que nos ocupa, editada originalmente en francés en 1964, obra que ha sido de suma importancia para el conocimiento de las persecuciones de judíos, puesto que se basa en documentación exhumada por él mismo en los archivos del Vaticano. Saul Friedländer cuenta con un gran número de obras, entre la que podemos destacar, por su suma importancia, El Tercer Reich y los judíos3.

La historiografía sobre Pío XII y su labor con respecto al Holocausto se ha caracterizado por una gran polarización de opiniones, puesto que mientras unos autores se han centrado en defender la labor del Papa, justificando un papel activo en la protección de los judíos, otros autores, entre los que se encuentra el mismo Friedländer, se caracterizan por mantener una actitud crítica sobre Pío XII, argumentando que mantuvo un papel permisivo respecto al Tercer Reich.

Bien es cierto que desde la apertura de los archivos del Vaticano, la documentación de distintas embajadas, telegramas mandados entre diplomáticos, y demás fuentes desconocidas hasta la fecha de la publicación de ésta obra, se ha ido conformando una idea más extendida, la permisividad del Santo Padre con relación a las políticas alemanas.

Podemos señalar por último como esta obra, completada con textos procedentes de archivos norteamericanos e israelíes (puesto que se centra en los archivos vaticanos), aporta un nuevo conocimiento sobre la actitud de Pío XII respecto a la cuestión polaca, a la derrota de Francia, al ataque alemán contra la Unión Soviética, a la entrada en la guerra por parte de Estados Unidos, a los reveses del Reich, a la progresión de los ejércitos soviéticos, y, sobre todo, a los crímenes nazis, singularmente el exterminio masivo de judíos.

Como bien hemos comentado anteriormente, esta obra está basa en gran parte en documentos descubiertos por el mismo autor. La obra se desarrolla apoyada en estos textos, por lo que Saul Friedländer nos da a conocer de primera mano como se gestó la relación del Vaticano con el III Reich.

El precedente de Pío XII: Pío XI

El papado de Pío XI se caracterizó por la Iglesia reconociese el Estado italiano. Firmó con Mussolini y Víctor Manuel III el Tratado de Letrán, naciendo así el Estado soberano e independiente de la Ciudad del Vaticano, entrando de esta manera la Iglesia dentro del concierto de las naciones del mundo, obteniendo por tanto, la capacidad de establecer relaciones diplomáticas.

Pío XI animó a los italianos a votar al partido fascista de Mussolini en las elecciones de 1929, calificando a éste como «un hombre enviado a nosotros por la Providencia». En el mismo tono se firmó el Concordato del 20 de julio de 1933 entre el Vaticano y la Alemania nazi, implicando la imposición del Código de Derecho Canónico en Alemania.

Pío XI, predecesor de Pío XII
Pío XI, predecesor de Pío XII. Fuente

Hacía 1937, cerca del final de su pontificado, publicó la encíclica Mit brennender Sorge sobre la situación de la Iglesia católica en el III Reich, reprochando la actitud del régimen nazi, que se puede reflejar en la siguiente frase: «en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios». Tal fue el impacto de la encíclica, que Hitler ordenó al jefe de la Gestapo que incautara y destruyera todos los ejemplares de la misma, empañándose así las relaciones entre el Vaticano y Alemania.

Para finales de 1938 preparaba un documento similar, en el que se disponía a denunciar el antisemitismo del régimen nazi, así como el racismo en general, pero nunca fue publicada por su enfermedad y muerte.

La crisis internacional

El 2 de marzo de 1939, el cardenal Eugenio Pacelli, secretario de Estado de Pío XI, es elegido Papa con el nombre de Pío XII. Este nuevo Papa es considerado como muy amigo de Alemania, de la misma forma, se mostrará favorable respecto al mantenimiento de buenas relaciones con Mussolini y la Italia fascista. Sin embargo con respecto a otros países, no parece existir más relación que la política universalista del Vaticano.

Siendo secretario de Estado inició el concordato entre la Santa Sede y el Tercer Reich, el cual contribuyó a la estabilización y reputación del nuevo régimen4, además presentó una actitud más flexible que la de Pío XI cuando se tensaron las relaciones entre la Iglesia y el régimen nacionalsocialista. Desde su elección como Pío XII hizo todo lo posible para establecer entre el Vaticano y el Tercer Reich, (incluso conociendo ya el camino marcado con respecto a los judíos, que se inició con la «Noche de los cristales rotos», suceso que «desembocó en la deportación y el exterminio»5), la aproximación que él había deseado cuando sólo era secretario de Estado.

Pío XII junto a Hitler
Pío XII junto a Hitler. Fuente

La actitud de Pío XII se puede juzgar favorable hacia la Alemania nazi, a vistas de sus cartas a Hitler, sus entrevistas con Bergen (embajador de Alemania ante la Santa Sede), o el nombramiento de Maglione como secretario de Estado, que había sido acusado por los franceses de tener sentimientos favorables hacia Alemania.

Si Pío XII muestra una actitud favorable hacia Alemania, todo lo contrario va mostrar hacia la Unión Soviética, puesto que su hostilidad hacia ésta, y hacia el bolchevismo, había determinado numerosas decisiones políticas incluso cuando aún era secretario de Estado, hostilidad que tendría una influencia decisiva en la política de Pío XII durante la guerra.

Los primeros meses del pontificado de Pío XII coincidieron con los últimos meses de paz en Europa. Desde un principio, el soberano pontífice se encontró ante un dilema dramático: ansioso por salvaguardar los intereses de la Iglesia en Alemania y deseoso de contribuir al mantenimiento de la paz, no vio otro camino que una política de extrema conciliación con el Reich.

Las victorias del Reich

En el contexto de la agresión a Polonia por parte de Alemania, Pío XII permaneció callado, incluso ante la presión de los embajadores de Francia y Gran Bretaña en el Vaticano. Este silencio puede ser explicado mediante un telegrama de Bergen, donde dice que el Papa le había dado a entender que si Alemania atacaba a Polonia, el Vaticano no se pronunciaría contra el Reich: «La negativa del Papa a tomar partido contra Alemania coincide por completo con las promesas que me ha transmitido sobre este punto.»6

El silencio del Vaticano sobre la actitud del Reich frente a Polonia, quizás se pueda explicar por el temor a un cisma eventual del catolicismo alemán, aparte del deseo de evitar represalias del régimen contra los fieles católicos, además de conseguir un restablecimiento de la paz.

Este enmudecimiento no se puede achacar al desconocimiento del pontífice ante estos sucesos, puesto que era plenamente consciente de los sufrimientos que los alemanes ocasionaron al pueblo y la Iglesia en Polonia7. Y no sólo enmudeció antes estos sucesos sino que «su profunda inclinación y su amor por Alemania permanecen invariables y ama a este país aún más en los difíciles tiempos actuales»8. Además el jesuita Angelo Martini añade que tampoco se puede achacar el silencio del Papa al aislamiento de la Santa Sede, porque reconoce que al Vaticano llegaron noticias con una importante exactitud que contaban lo que estaba sucediendo en el Este de Europa9. Por el contrario, los diplomáticos acreditados de la Santa Sede estaban sorprendidos por la mala red informativa del Vaticano, de lo poco que éste sabía10.

La única referencia hacia el ataque a Polonia se encuentra en la encíclica Summi Pontificatus, del 20 de octubre de 1939, donde expresó su compasión por el país polaco, aunque evitando condenar la acción del Reich. Esta misma postura mostrará ante la invasión de Bélgica, Holanda y Luxemburgo, que si bien envió un mensaje a los soberanos de dichos países, será unos mensajes que «no contienen ni una palabra de protesta. El Papa sólo tenía la intención de expresar a los pueblos y jefes de Estado su tristeza por el hecho de que se vieran envueltos en la guerra contra su voluntad.»11

Pero si «el Papa, que supo expresar su dolor ante los sufrimientos de Polonia, expresa esta vez su emoción a los belgas, holandeses y luxemburgueses. ¿Por qué callará cuando se trate de los judíos?»12  Puede ser quizás que «¿el soberano pontífice sólo condenó abiertamente la violencia y la agresión cuando las víctimas son católicas?»13

Parece claro que, desde el inicio de la guerra hasta el comienzo del verano de 1940, el deseo de Pío XII fue evitar una separación de los católicos alemanes de Roma. A partir de finales de junio de 1940 será un nuevo elemento lo que condicionará al Papa: la amenaza soviética. 14

 

Vía |

  • BENZ, Wolfgang, El Tercer Reich. 101 preguntas fundamentales, Madrid, Alianza, 2009.
  • FRIEDLÄNDER, Saul, Pío XII y el III Reich, Barcelona, Ediciones Península, 2007.
  • KERSHAW, Ian, La dictadura nazi. Problemas y perspectivas de interpretación, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores S. A., 2004.
  • MORADIELLOS, Enrique, La historia contemporánea en sus documentos, Barcelona, RBA Libros, 2011.
  • MORO, Renato, La Iglesia y el exterminio de los judíos, Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer, S.A., 2004.

Citas |

  1. FRIEDLÄNDER, Saul, Pío XII y el III Reich, Barcelona, Ediciones Península, 2007.
  2. Ibid.
  3. FRIEDLÄNDER, Saul, El Tercer Reich y los judíos, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2009.
  4. BENZ, Wolfgang, El Tercer Reich. 101 preguntas fundamentales, Madrid, Alianza Editorial, S.A., 2009.
  5. Ibid., p. 175.
  6. FRIEDLÄNDER, Saul, Pío XII… op. cit., p. 54. Fuente original: Telegrama de Bergen a Woermann Núm. 83, 7-9-1939, StS: V, AA, Bonn (MS).
  7. Hay que decir, que es cierto que tanto la existencia como el funcionamiento de los campos de exterminio nazi ha supuesto uno de los mejores secretos guardados de la Segunda Guerra Mundial, MORO, Renato, La Iglesia y el exterminio de los judíos, Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer, S.A., 2004, p. 153; también se pensaba que los judíos iban destinados a realizar trabajos forzados para la causa bélica, ibid., p. 154; incluso en agosto de 1943, “el Vaticano comunicaba a la Secretaría de Estado norteamericana que no había suficiente evidencia como para justificar afirmaciones referentes a la ejecución de los judíos en cámaras de gas”, ibid., p. 172.
  8. FRIEDLÄNDER, Saul, op. cit., p. 56. Fuente original: Telegrama de Menshausen a Berlín Núm. 157, 31-12-1939, ibíd., (MS).
  9. MORO, Renato, op. cit., p. 152.
  10. Ibid., pp. 152-153.
  11. FRIEDLÄNDER, Saul, op. cit., p. 66. Fuente original: Telegrama de Bergen a Berlín Núm. 43, 11-5-1940, ibíd., (MS).
  12. Ibid., p. 68.
  13. Ibid., p. 69.
  14. Como se indica en BENZ, Wolfgang, op. cit., p. 26, el bolchevismo (y por extensión la Unión Soviética) se empezó a equiparar con el judaísmo, por lo tanto era una peligrosa amenaza, puesto que se trataba de una «conspiración mundial».

 

3 comentarios en “Pío XII y el Tercer Reich (I): La crisis internacional

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