Revisionismo histórico, ¿una mala praxis?

La Historia es una disciplina bastante susceptible de generar controversias. Muchas de estas controversias surgen en torno a ciertas hipótesis, que se construyen con unos fines muy delimitados y, normalmente, poco legítimos. Una de estas controversias ha ocupado últimamente un papel bastante destacado, siendo demasiado corriente leerlo o escucharlo asociado a unos determinados temas históricos. Como ya anuncia el título del artículo, nos referimos al revisionismo o revisionismo histórico.

Aunque el término venga de lejos, últimamente se está generando mucho ruido, porque se viene asociando en España, a ciertas cuestiones sobre la Segunda República, la Guerra CIvil, o del Franquismo. No obstante, aunque el término revisionismo se esté asociando a estos acontecimientos, cualquier etapa histórica o suceso es susceptible de encontrarse salpicado por la «sombra revisionista». Y si decimos que la etapa contemporánea es la que más se ve involucrada en este debate, es porque ciertos historiadores (o más bien pseudohistoriadores) y divulgadores están generando una serie de obras relacionadas con esta etapa, la cual se «presta» con demasiada facilidad a la hora de tergiversar la Historia, para obedecer a unas cuestiones políticas, o de cualquier otra índole.

Por tanto, vemos como un término, el de revisionismo, se viene asociando a una mala praxis por parte de un sector, con la Historia como eje vertebrador, que viene generando una serie de ideas totalmente contrarias al dogma histórico establecido. Con la bandera de recomponer la Historia, se genera un contenido a través de unas dudosas fuentes, con una visión marcadamente partidista y subjetiva, mediante los cuales se extienden unas ideas contrapuestas a las oficiales.

Pero, a la hora de hablar de revisionismo, ¿podemos decir que es un método totalmente válido, pero erróneamente asociado a una corriente no científica? o por el contrario ¿es verdaderamente una mala práctica que llevada asociada de manera inexorable una manipulación de la Historia? Intentemos arrojar un poco de luz al respecto…

Confusión en torno al término

Como punto de partida, vamos a recurrir a la definición de la RAE sobre el término revisionismo:

revisionismo
1. m. Tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con el propósito de actualizarlas y a veces de negarlas. Sometieron a revisionismo la teoría de la evolución. En Alemania es ilegal el revisionismo del Holocausto.

Como vemos, la RAE también recoge esta dicotomía existente en torno al término revisionismo, pues lo señala como una práctica que tanto sirve para interpretar de manera metódica (y por lo tanto, de manera científica, legítima y veraz), como para negar ciertas doctrinas establecidas (lo que no suele ir relacionado con nada científico…), como por ejemplo la corriente negacionista.

Pero, si el término, aparte de generar ambigüedad en el círculo académico, lleva implícito en su definición unas vertientes completamente contrarias, ¿cómo podemos analizar el término y discernir si es una metodología acertada o errónea?

Revisionismo, una visión «amable»

La Historia es una ciencia, que a través de múltiples fuentes, va estableciendo unos análisis coherentes y científicos en relación de los acontecimientos pasados. Pero, como es obvio, la interpretaciones del pasado ni pueden ni deben permanecer inmutables, pues siempre pueden ser objetos de revisión. Es algo inherente a la Historia, ir modificando visiones a medida que se van incorporando nuevos elementos de estudios.

De manera constante, la arqueología nos aporta nuevos datos sobre tal o cual cuestión, como la posible modificación de fecha de la erupción del Vesubio. Cuando se desclasifican documentos, se arroja una luz nueva sobre unos acontecimientos que se encuentran limitados en cuanto a la información que les rodea. También es posible que, en la labor de investigación, aparezcan datos relevantes, que hasta el momento habían permanecido ignorados por un motivo u otro.

Como vemos, de forma continua surge nueva información, que puede modificar la base de muchos sucesos. Ante el nuevo material que aparece, los expertos comienzan una labor de revisión, lo que conlleva una acción revisionista. Intentar arrojar nuevas ideas no debe ser pernicioso para la labor histórica, únicamente debemos velar porque el proceso se lleve de manera totalmente científica, y que siempre esté sustentado en pruebas verídicas y contrastables.

Sería por tanto legítimo hablar, según estas ideas, de un revisionismo válido, alejado de ideas dañinas, y que tiene como último fin mejorar el hasta entonces último conocimiento circundante en torno a un dogma establecido. Hablamos, por tanto, de una herramienta más, de la que ha de valerse la labor histórica en cualquiera de sus ramas.

Como defensor de esta corriente encontramos, por ejemplo, a Enrique Moradiellos, quien dice que el historiador no debe juzgar, sino comprender, y para ello debe establecerse cualquier tipo de metodología que nos ayude en esta labor, y el revisionismo es una de ellas.

revisionismo franco

Franco presidiendo desde la tribuna el Desfile de la Victoria, organizado para conmemorar la victoria de las tropas nacionales sobre las republicanas en la Guerra Civil española.

Y es que según el catedrático, no es que el revisionismo sea una mala praxis, sino que los «divulgadores» a los que el círculo de la Historia viene denominando revisionistas, se les adscribe este término «con notoria injusticia y abuso del término». Ya que, y esta vez lo hace replicando la palabras de Enzo Traverso, el revisionismo «es una actitud más que honorable».

Por tanto, según Moradiellos, no es tanto que el revisionismo implique una perversión de la ciencia histórica, sino que autores como Pío Moa, César Vidal o Ángel David Martín Rubio, con un afán muy concreto, que no es otro que el de reescribir el pasado, se dedican a parafrasear de manera indiscriminada los mitos historicistas del Régimen[mfn]En este caso nos referimos al Régimen de Franco, porque lo autores previamente citados se dedican a divulgar sobre dicho periodo de la historia de España, aunque puede extenderse a cualquier etapa histórica sobre la que se pretende ejercer un falso acto de revisionismo.[/mfn]. Además de que siempre en sus obras reinciden en usar argumentos presentistas, tan alejados estos del rigor histórico.

El revisionismo como la antihistoria

Si bien hemos señalado una visión que acepta el revisionismo como una cualidad inherente a la Historia, y que señala que los autores revisionistas, son llamados así de manera errónea, no todos los investigadores reman en la misma dirección.

Para estos últimos, ser revisionista significa incurrir en una desacertada e incoherente revisión de la Historia, que más a la postre implica unas ideas totalmente partidistas. Por lo que para este segunda corriente de autores, hay una clara diferencia entre revisar y revisionismo. El historiador de rigor, se adscribe, como resulta obvio, al primer término, mientras que los que se dedican a utilizar la Historia como un frente de manipulación serían los que practicarían el revisionismo.

Para Javier Tusell, hay una gran brecha entre el historiador y el revisionista, pues mientras que el primero trata siempre de buscar un discurso basado en el análisis hecho con rigor, mientras que el revisionista siempre «parte de seguridades o presunciones. No acude a las fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad». Para Tusell, el revisionismo lleva implícito un carácter meramente mediático, por lo que no se busca ceñirse al rigor histórico, sino que única y exclusivamente se persiguen los argumentos populistas.

Otros autores, como Antonio Bernat, van aún más lejos que Tusell, pues llegan a señalar al revisionismo como la «pedagogía de la confrontación y del odio». Además, señala Bernat, se sirven de estrategias tales como dar una información incompleta, no mostrar alternativas a las fuentes citadas, o incluso olvidar el citado de las mismas. Hacen gala de un amplio abanico mediante el cual ofrecer al lector lo que este anda buscando.[mfn]un lector, que lejos de buscar una información contrastada, persigue encontrar medios que respalden sus pensamientos e ideologías.[/mfn]

Es necesario remarcar, que ambos autores, Tusell y Bernat, presentan como legítimo el acto de revisar el pasado, pero marcando las distancias con las costumbres revisionistas. Al fin y al cabo, el revisionismo habría acabado teniendo este carácter peyorativo, no tanto por el término en sí, sino por quienes se mueven en torno al mismo.

Como hemos podido comprobar, el término revisionismo suscita muchos debates incluso dentro del ámbito profesional de la Historia. Mientras que unos defienden que no se trata del término, sino de las autores atribuidos al mismo, otros remarcan que el propio término ya lleva implícito una connotación claramente discriminatoria con la Historia.

Queremos terminar con una frase de Enzo Traverso:

«Revisionismo» es una palabra camaleónica que ha tomado en el transcurso del siglo XX significados diferentes y contradictorios, prestándose a múltiples usos y suscitando a veces malentendidos.[mfn]frase sacada del capítulo VI «Revisión y revisionismo» de su libro El pasado, instrucciones de uso[/mfn]

Y vosotros, ¿qué opináis con respecto al revisionismo?

Vía

  • Enrique Moradiellos, «Revisión histórica crítica y pseudorevisionismo político presentista: el caso de la Guerra Civil española», en Seminario de Historia del Dpto. de Hª del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos, UCM Fundación José Ortega y Gasset, 2009, p. 3.
  • Enzo Traverso, El pasado, instrucciones de uso, Marcial Pons, 2007.
  • Javier Tusell, «El revisionismo histórico español», derechoshumanos.org
  • Antonio Bernat Montesinos, «Estrategias de revisionismo histórico y pedagogía del odio», en Anuario de Pedagogía, n.º 9, 2007, pp. 47-102.

 

 

 

Agua, fuego y música: el culto a Isis.

Continuando con las entradas dedicadas a la diosa Isis, y adentrándonos en el universo que existe en torno a su culto, nos vamos a acercar a los lugares destinados a realizar los cultos de iniciación, y donde se rendía culto a esta diosa egipcia.

Iseum, el templo de Isis

Fuera de Egipto, el culto a la diosa Isis se empezó a hacer de manera privada, en las casas, que pronto se oficializó y se construyeron edificios para poder adorarla públicamente. Este edifico era el iseum, un templo dedicado a Isis. El prototipo de este templo, y el modelo a seguir para su construcción en todo el Imperio Romano, lo encontramos en Pompeya.                              

Pompeya

El iseum pompeyano está en el centro de un patio interior cerrado por un peribolo doble -espacio sagrado que rodea a un templo antiguo- con un pórtico cubierto, comunicado con la calle. Tras el templo, se abre al patio el ekklesiasterion, un salón usado para la presentación de los nuevos iniciados. Contiguo a este espacio, encontramos el sacrarium, de acceso más restringido, funcionando como lugar mistérico. Otras dependencias conocidas como pastophorium serían el lugar de residencia de los sacerdotes y donde se alojan, ocasionalmente, los huéspedes del retiro.                                

En uno de los ángulos del pórtico hay un edículo -pequeño edificio con templete- que oculta una escalera, que desciende a una cámara subterránea relacionada con el rito de la incubatio. Ahí se depositan las aguas sagradas. A parte del altar principal (al este de la escalera) hay otro dos sobre el podium frente a los nichos que albergaban a Anubis y a Harpócrates -divinidades relacionadas con Isis-.

iseum

Reconstrucción del iseum de Pompeya

En la parte trasera del iseum vemos una escalerilla que da acceso al clero a la cella, para así poder abrir las puertas del templo desde dentro. Esta cella es poco profunda y acogería las imágenes de Isis y Serapis, situadas sobre peanas en el podium. Las paredes muestran pinturas de carácter exótico, como a los sacerdotes en las procesiones anuales, la fauna sagrada y a dioses zoomorfos.

También en la Península encontramos estos templos dedicados a Isis. Desgraciadamente no se han conservado muchos y los que se conservan no están en muy buen estado. Los mejores ejemplos están en la ciudad romana de Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz) y en Itálica (Sevilla).

Baelo Claudia

El iseum de Baelo Claudia se sitúa en una zona preferente de la ciudad, en una terraza que domina el foro y junto a los templos dedicados a la Tríada Capitolina -Júpiter, Juno y Minerva-. Los materiales allí encontrados durante las sucesivas excavaciones -sobre todo cerámica- fechan la construcción y el inicio de su funcionamiento entre los años 60-70 del siglo I d.C. Además, se han identificado muros y suelos de un nivel de ocupación anterior -primeras décadas del siglo I- lo que plantea la existencia de un templo anterior.

Pero ¿por qué se erigió un iseum en Baelo Claudia? Puede que fuese favorecido por la situación geográfica de la zona, unión entre Europa y África, entre el Mediterráneo y el Atlántico, siendo lugar de paso de viajeros, comerciantes y servidores del estado. A esto se une el deseo de los baelonenses -habitantes de Baelo- de preservar la actividad marítima y portuaria, muy importante en la ciudad. Por ello, se decidieron a construir un santuario dedicado a la diosa protectora de los marinos y navegantes.

El iseum está perfectamente integrado en la ciudad, siguiendo las técnicas constructivas de los edificios de la época. El espacio sagrado se delimita por un muro perimetral rectangular, abierto a la ciudad en su fachada sur a través de una puerta, a la que se accede por una rampa escalonada, enmarcada por dos construcciones que se han interpretado como pilonos -obras macizas troncopiramidales que forman la entrada del templo egipcio- características de los templos egipcios. Por aquí se accede a un peristilo -patio abierto y porticado rodeado de columnas-, teniendo un papel primordial en el culto. En uno de los ángulos del patio hay un hogar, destinado a quemar las ofrendas para la diosa. En el lado contrario, una construcción similar a un nilómetro –estanque de agua del Nilo- con unas escaleras que conducen a un pozo. Frente a la entrada principal del templo está el altar principal, al que antecede un estanque rectangular. Dos pedestales flanquean el templo sobre los que habría algún tipo de estatua relacionada con la diosa. En el centro del patio se alza el templo sobre un podium. Por la escalera central se accede a una pronaos y, de ahí, a la cella, donde residía la imagen de Isis, de tamaño natural.

iseum Baelo Claudia

Estado actual del iseum. Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia

En la parte posterior del templo se conservan tres salas. La más oriental tiene un espacio delimitado por cuatro columnas, a cielo abierto, y contaría con un altar y una estructura cuadrada con un vaciado central -semejante al atrium romano-. Adosado al muro occidental, está la cripta. Una sala contigua sería usada como vivienda para el clero; y una tercera sala estaría destinada a la cocina, como indican los materiales que allí se han encontrado.

El emplazamiento del templo está relacionado con el aspecto marítimo de Isis. Al estar elevado, se puede ver el mar desde el templo y viceversa. La cercanía al Cardo Máximo facilitaría el acceso a los fieles y viajeros, además de favorecer las ceremonias de culto a la diosa, como el Navigium Isidis. Isis será la protectora de las actividades que traían fortuna a la ciudad. Protegía al  mar, donde se desarrollaban esas actividades, además de velar por quienes las realizaban. La devoción a la diosa se manifiesta en el templo a través de exvotos de agradecimiento, súplicas o con la participación en los rituales y festividades.

Hay que diferenciar entre rituales o ceremonias cotidianas de los santuarios y los festivales y misterios. El culto ordinario comenzaba con la purificación de los sacerdotes por medio de abluciones, además de purificar el santuario con agua. El agua es fundamental en el culto. Los nilómetros –cisternas- contendrían, según dicen, agua traída del Nilo, que tendría una especie de poder divino que impregnaba al fiel de la inmortalidad de los dioses.

También era muy importante el fuego, usado para los sacrificios a la diosa -ofrendas- además de para la purificación a través de la quema de incienso o sustancias aromáticas. La estatua donde residía la divinidad era algo vivo que despertaba con el sonido de los sistros y las flautas e incluso se vestía y enjoyaba.

En Baelo las ofrendas consistían en frutos y pollo, que sustituye a la oca, ofrenda original del culto egipcio, pero

iseum Baelo Claudia

Placa votiva dedicada a Isis. Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia

un animal muy poco habitual en la zona, de ahí que se sustituyese por pollo.

No se han encontrado piezas con representaciones claras de la diosa, pero sí numerosos objetos relacionados con la divinidad. Un ejemplo son las placas con relieves de pies de oferentes. Estarían en el suelo del primer escalón de acceso al podium. Siempre aparece uno de los dos pies adelantado. Los relieves se acompañaban de inscripciones alusivas a la diosa. Estas placas son elementos votivos, a cambio, los fieles esperaban recibir el favor de la diosa.

Uno de los objetos más curiosos es una placa votiva de bronce alusiva a Isis con inscripción muy peculiar: «Isis Murionima, te confío el robo del que soy víctima. Has por mí actos ejemplares conformes a tu divinidad inatacable y a tu majestad. [haz] de modo que quites la vida, a la vista de todos, a quien lo ha hecho, a quien [me] ha quitado o a su heredero, una manta de camisa blanca, un cobertor nuevo, dos colchas para mi propio uso; te ruego ¡Oh soberana mía! Que castigues este robo».

Itálica

El iseum de Itálica sigue el mismo modelo que el de Baelo, pero éste se sitúa en el patio trasero de la escena del teatro. En las excavaciones del lugar, en 1989, se encontraron cuatro placas votivas dedicadas a la diosa. Este iseum es un pequeño edificio de planta rectangular levantado en el centro de la galería norte. Su malo estado de conservación se puede deber al expolio de los visigodos arrianos que llegaron a la zona en el siglo V.

En Mérida, en la zona donde hoy se encuentra la plaza de toros, pudo haber habido un espacio de culto a Isis, ya que se sabe que en esa zona se rendía culto a deidades orientales. Teoría corroborada por los restos arqueológicos alusivos a la diosa encontrados en la zona.

Navigium Isidis

Una de las ceremonias más importantes dedicadas a la diosa era la conocida como Navigium Isidis. Se celebraba cada 5 de marzo. Gracias a una descripción exhaustiva que hace Robert Turcan en su libro Los cultos orientales en el mundo romano podemos conocer en qué consistía.

La ceremonia comenzaba con un cortejo de grupos disfrazados, con hombres vestidos como mujeres y enmascarados como soldados o gladiadores. Detrás, marchan las mujeres ataviadas con coronas de flores y vestidas de blanco, cubriendo el suelo con pétalos de flores e imitan, con sus peines de marfil, el arte de peinar a la diosa. A continuación, los fieles portan lámparas, antorchas y cirios. Al son de la siringa y la flauta, marcharía un coro de jóvenes cantores seguidos por los músicos de Serapis.

Tras ellos, los iniciados en los misterios divinos, vistiendo túnica blanca de lino. Las mujeres llevarían velos y los hombres tendrían la cabeza rasurada. Todos agitarían sus sistros de bronce, plata y oro. Todos los componentes de la procesión llevarían atributos simbólicos.

La marcha la abren los sacerdotes, portando el primero una lámpara con la forma de una barquilla, donde la llama simbolizaba luz de Serapis-Helios y la forma alude al poder de Isis sobre el mar. El segundo llevaría un altar que evocaría la providencia de Isis. Un tercero sería el astrólogo, que sujetaba la palma de oro y el caduceo. El cuarto sacerdote llevaba la mano de la justicia y un pequeño vaso de oro a modo de mama para verter libaciones de leche. El quinto procesionante portaba un harnero (canasta) lleno de ramos de oro, ya que se dice que Isis depositó los miembros de Osiris en una canasta similar.  El último sacerdote, llevaría un ánfora. Tras los sacerdotes, marcharían los dioses.

La procesión llegaría al puerto, donde le esperaría una nave nueva decorada con pinturas egipcias. El sumo sacerdote se encarga de realizar la plegaria para purificar el casco del barco, usando una antorcha, un huevo y azufre. La nave estaría repleta de aromas, libaciones y ofrendas. Tras esto, regresarían al templo para colocar a los ídolos en su lugar correspondiente.

navigium isidis

Fresco representando la Navigium Isidis

Tras visitar los lugares de culto a Isis –iseum- y participar en la celebración más importante en torno a ella –Navigium Isidis-, cerramos este breve recorrido con un fragmento de Apuleyo. En su obra El asno de oro nos cuenta cómo son los ritos de indicación al culto de Isis a través de los ojos de Lucio, un iniciado en los misterios isíacos «a continuación -el sacerdote- saca de un departamento secreto del santuario ciertos libros cuya escritura es desconocida: en uno hay dibujos de toda clase de animales y son símbolos de formulación litúrgicos abreviados; en otros hay trazos nudosos o circulares, ya sean en forma de rueda y caprichosas espirales para velar el texto a la curiosidad de los profanos. Leyendo aquel libro, me fue diciendo los requisitos indispensables que debía reunir para proceder a la iniciación».

Aún hoy es imposible descubrir que ocurría en el habitáculo donde se aparecía la diosa ante el iniciado, que había pasado un tiempo en ayuno y abstinencia que lo debilitaban física y mentalmente y, posiblemente, habría ingerido previamente alguna sustancia alucinógena que lo ayudase a alcanzar la visión. Además, es probable que en esa habitación hubiese una estatua de la diosa y estaría decorada con pinturas alusivas al cosmos y al inframundo lo que, potenciado con lo dicho anteriormente, contribuiría a la visión.

 

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Isis, la diosa de los mil nombres

“Porque soy la primera y la última.

Soy la honrada y la desdeñada.

Soy la ramera y la sagrada.

Soy la esposa y la virgen.

Soy la madre y la hija.

Soy las extremidades de mi madre.

Soy la estéril y muchos son mis hijos.

Soy aquella cuya boda es grandiosa, pero no ha tomado marido.

Soy la comadrona y la que no da a luz.

Soy el solaz de los dolores de parto.

Soy la novia y el novio, y mi marido me engendró.

Soy la madre de mi padre y la hermana de mi marido, que es mi vástago…

Hacedme caso.

Soy la deshonrada y la grandiosa”

Con este texto recogido en los documentos de Nag Hammadi (siglos II-III), encontrados en Egipto, vamos a empezar nuestro recorrido por el fascinante mundo de la diosa Isis, deidad fundamental del panteón egipcio. Pero, ¿quién era Isis?

Para ello tenemos que remontarnos a la Cosmogonía egipcia. Cada ciudad tenía su propia cosmogonía, pero la más importante y que fue ganando terreno fue la Cosmogonía Heliopolitana (de la ciudad de Heliopolis, situada al nordeste de la actual ciudad de El Cairo). Según recoge esta cosmogonía, había nueve deidades principales relacionadas ente sí por lazos familiares, la mayoría por incesto divino.

Esquema de los dioses que componen la Cosmogonía Heliopolitana)

Isis era hija de Geb (la Tierra) y Nut (el Firmamento o el Cielo) y hermana de Osiris, que se convertiría en su esposo.

En origen, Isis era la divinidad protectora de una pequeña ciudad del Delta del Nilo, que poco a poco fue ganando importancia y absorbiendo a otras deidades. Pero el verdadero motivo del éxito de esta diosa será protagonizar uno de los mitos más importantes del antiguo Egipto: el mito de Osiris.

El mito de Osiris

Isis se casó son su hermano Osiris, dios de las regiones fértiles del Nilo. Osiris emprendió un largo viaje para llevar a los hombres la agricultura y, con ella, la civilización. Durante la ausencia del dios, Isis quedó como cabeza del reino, lo que enfureció a Seth (hermano de Isis y Osiris) dios de las montañas y los desiertos (las regiones menos fértiles).

Cuando regresó Osiris, su esposa y súbditos le agasajaron con una gran fiesta. Seth asistió con una serie de conspiradores contrarios a Osiris. El hermano conspirador llevaba consigo un sarcófago hecho de oro y piedras preciosas y propuso un juego a los asistentes: aquel que cupiese a la perfección en el sarcófago, se lo quedaría. Todos probaron suerte, incluido Osiris, pero ninguno de los invitados se adaptaba al interior del sarcófago. Cuando Osiris lo intentó, cupo a la perfección, cosa que no es de extrañar, ya que Seth lo hizo con las medidas exactas del dios. En ese momento, Seth y los conspiradores sellaron el sarcófago con Osiris dentro y lo lanzaron al Nilo.

Isis, desesperada, salió en su busca y logró recuperarlo. Pero Seth fue más rápido. Sacó a Osiris del interior, lo descuartizó y distribuyó sus restos por todo Egipto. Así, Isis inició un viaje en busca de los restos de su esposo con la esperanza de unirlos y darle sepultura. Tras una larga epopeya, nuestra diosa logró su objetivo. Momificó a Osiris ayudada por Anubis (dios de la momificación) y Osiris resucitó como dios de los muertos, pues en su viaje, Isis no logró encontrar el pene de su esposo. Pese a esto, concibieron a un hijo, Horus, que al crecer, vengaría a su padre al vencer a su tío Seth.

Isis

Anubis momificando a Osiris

Puede ser que este mito nos recuerde a otro mucho más cercano a nosotros y que comparte los mismos elementos: desaparición de un ser querido, largo viaje en su búsqueda y, finalmente, el momento feliz de su hallazgo, aunque no en las mismas condiciones. Estamos hablando del viaje de Demeter en busca de su hija Persefóne, raptada por el dios del Inframundo, Hades. Este paralelismo será mucho mas evidente cuando nuestra diosa irrumpa en el mundo grecolatino.

Isis, la diosa «de los mil nombres»

¿Por qué se suele llamar a Isis la diosa de los mil nombres? Ya Apuleyo en su obra, «El asno de oro», hace referencia a esto, y es que Isis acogerá bajo su manto a numerosas deidades egipcias, tomando de ella su simbología y su advocación. Entre las numerosas advocaciones de la diosa, podemos encontrar:

Señora del trono y Madre de los faraones

El símbolo jeroglífico de Isis es un trono y se la solía representar con él en la cabeza. Además, los faraones se autodenominaban hijos de Isis, pues consideraban su regazo como un trono y del pecho de la diosa manaba el néctar que daba poder para gobernar.

Diosa del mundo de ultratumba y la resurrección

A raíz del mito de Osiris, y al convertirse este en dios de los muertos, Isis también pasará a ser una deidad del Inframundo y cobrará fuerza como diosa que devuelve la vida tras la muerte (diosa de la resurrección). Quizá la promesa de una vida tras la muerte le hiciera conseguir gran cantidad de adeptos.

Diosa protectora de las aguas

Isis protegía tanto a las aguas como a quienes trabajaban en ellas, sobre todo a los comerciantes y pescadores. Bajo esta adoración se la conocerá como Isis Mirionima o Isis Pelagia y se le dedicaba un festival anual (Navigium Isidis) para lograr el favor y protección de la diosa.

Además será diosa de la magia, de la curación, de la música, de la sabiduría, del cielo, de la justicia…

Pero la advocación bajo la que será adorada en todo el territorio que logró conquistar será la de Gran Madre. Isis es la madre y esposa arquetipo. Es portadora de vida, de fecundidad y fertilidad. Y será bajo este título como más se le represente. La imagen más extendida de Isis es la de una mujer con cuernos de vaca en la cabeza (símbolo de maternidad, pues la vaca produce leche, principio dador de vida), que porta los símbolos reales propios del faraón. Además, como Gran Madre, aparecerá junto a su hijo Horus de niño, como trono del dios, siendo la misma iconografía que después escogerán los cristianos para representar a la Virgen María con el Niño.

Isis y el panteón egipcio

Siguiendo con el tema de las numerosas advocaciones bajo la que es adorada nuestra diosa, vamos a hacer un breve repaso por las deidades a las que absorbió.

Hathor

Representación de la diosa Isis

Es el principio femenino del cosmos, diosa del amor y la música y, sobre todo, Madre. Isis absorbe esta característica de Hathor y sus símbolos, como son los cuernos de vaca, el uraeus, el menat, el tallo de papiro y el sistrum (elemento que la identifica como diosa de la música).

Neith

Era la diosa de la guerra y de la caza, pero sobre todo diosa de la sabiduría. A veces se la solía representar con una lechuza en la mano (lo que nos remite a la Atenea griega). Nuestra diosa toma ese papel de deidad de la sabiduría.

Nun

Deidad que personifica el abismo del que surge la colina primigenia. Es símbolo de fertilidad y de vida. Isis también acogerá está advocación y tomará comos suya la hoja de palma, símbolo de esta deidad que simboliza la fertilidad.

Nut

Es la madre de Isis (y de todos los dioses como hemos visto en la Cosmogonía Heliopolitana) y es la diosa encargada de acoger a los difuntos bajos sus alas extendidas. Isis la absorberá y tomara de ella las alas y las competencias como diosa de la muerte y como Madre Suprema.

Maat

Diosa de la justicia, la verdad y el orden universal. Su símbolo es la pluma de avestruz, que usará en el momento de pesar las almas para inclinar la balanza a un lado u otro. Isis se convertirá, al adoptar sus atributos, en diosa de la justicia.

Además de estas deidades que tomó bajo su figura, Isis suele aparecer, en las representaciones, asociada a otras deidades. Las más importantes son:

Osiris

Dios más importante del panteón egipcio. Hermano y esposo de Isis. Dios del Más allá y la resurrección a raíz del mito que protagoniza. Presidía el tribunal del Juicio del Alma y emitía el veredicto del difunto. Se le suele representar como un hombre momificado, de piel verdosa (debido a la putrefacción de la muerte) y con una corona blanca con dos plumas. Aparece junto a Isis al ser su paredro (pareja) que en época helenística será sustituido por una deidad nueva.

Horus

En origen, era un dios celeste en forma de halcón y está relacionado con la realza mas antigua. Junto a Isis y Osiris (sus padres) forman la tríada de los dioses egipcios más importantes. Horus es símbolo del Sol. Como Horus niño, simboliza el sol débil del amanecer o el sol del invierno, desnudo y desprotegido, que se va transformando en un sol poderoso. La forma más común de representarlo es como un hombre con cabeza de halcón o como un disco solar con alas de halcón desplegadas, aunque también puede aparecer como un ojo asociado a un halcón y a los símbolos de la realeza. El faraón será la manifestación de Horus en la tierra, que se convertirá en Osiris tras su muerte.

Además, este dios también tiene otras dos representaciones, que aluden a su niñez. Una de ellas es Harpócrates, considerado dios del silencio por aparecer representado con el dedo indicie en los labios, además de desnudo y con la trenza lateral propia de la realeza. Pero sería más correcto decir que es símbolo de aquel que rectifica sus errores. Otra representación de Horus niño es Harsomtus, que aparece como niño o serpiente surgiendo de una flor de loto.

Serapis

Esta es la deidad que sustituirá a Osiris como pareja de Isis cuando Egipto entre en contacto con la esfera helenística. Tras la conquista de Egipto por Alejandro Magno, su general, Ptolomeo I, fundará la dinastía Ptolemaica y creará esta deidad par unir al pueblo egipcio y al griego. Serapis es un dios del Inframundo. Aparece como un hombre mayor, de pelo largo, barbado y tocado por el calathos o modius, símbolo de su poder sobe el Inframundo.

Anubis

Era el dios de los muertos por excelencia y protector de los sacerdotes embalsamadores. Es muy importante puesto que fue él quien ayudó a Isis a momificar a Osiris. Anubis acompaña al difunto en el Juicio Final, y es el encargado de colocar las buena y malas acciones del difunto en la balanza. Se le representa como un hombre con cabeza de chacal y, en alguna rara ocasión, como un perro que acompaña a Isis.

Isis

Comparativa iconográfica de Isis y la Virgen María

Isis fuera de Egipto

Para terminar este recorrido por la figura de Isis, vamos a hacer un breve repaso a cómo nuestra diosa salió de Egipto, y que repercusión tuvo tanto en su figura como en los territorios en los que se asentó su culto.

Isis llegó a zonas alejadas de Egipto gracias, sobre todo, a los comerciantes, que llevaban consigo o bien figurillas de la diosa o esclavos que la adoraban. Al principio, el culto a Isis se implantó en las capas más bajas de la sociedad, siendo venerada por esclavos y mujeres hasta, que poco a poco, las clases sociales más elevadas empezaron a rendirle culto en el ámbito privado. Al poco tiempo formó parte del culto oficial, siendo aceptada por emperadores como Calígula. Incluso contó con un iseum (templo dedicado a la diosa) en el Campo de Marte en Roma.

Ya en el siglo III a.C. se fusionó con deidades de otras culturas. Se fusionó con la fenicia Astarté, dando lugar a Astargatis; con la babilónica Nanna nació Namais; y en Siria y Palestina se la adoraba como Asherah o Anat. Pese a estas uniones, Isis siempre conservará los aspectos principales de la feminidad: esposa, madre, amante y virgen casta. Aunque, cuando llegó al ámbito romano, Isis fue identificada con Venus y adorada por las mujeres que hacían del amor su profesión. Desde el origen, el ritual egipcio daba importancia a la pureza, relacionada sobre todo con el concepto de limpieza, de ahí la importancia del agua en los ritos, pero a partir del siglo II se comenzó a exigir más pureza de corazón que de cuerpo, dejando Isis de favorecer los amores ilícitos a favor de la castidad.

Por último, este contacto con el mundo grecolatino también afectó a su representación. Las primeras representaciones de la diosa eran muy hieráticas (característica propia del arte egipcio), pero ese hieratismo fue reemplazado por imágenes más seductoras y «realistas», como muestra la figura de Isis encontrada en la Villa Adriana en Tivoli.

Aquí vemos ya a una Isis totalmente helenizada, con rasgos más dulces, mayor movimiento en sus gestos y en sus ropas, que emulan un manto de lino anudado en el pecho.

 

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Hacerse nadie: la vida oculta de un religioso

La entrada que os traemos hoy no se ciñe al resto de artículos que solemos publicar en el blog. En esta ocasión vamos a tratar el libro Hacerse nadie. Sometimientos, sexo y silencio en la España de finales del s. XVI, de Ángel Rodríguez Sánchez que trata el curioso caso de Don Alonso Fernández de Herena, un deán que poco se ceñía al estilo de vida que se esperaba de un religioso. No queremos hacer una reseña bibliográfica, sino tratar el curioso tema que aborda el tomo de Rodríguez Sánchez.

En Hacerse nadie, a través de un proceso iniciado por el obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, conoceremos los más oscuros secretos de la sociedad cauriense, quienes, bajo el miedo de la excomunión, no dudarán en denunciarse entre vecinos, sacando a relucir las dobles vidas de los habitantes de Coria. Esta obra, a pesar de centrarse en un caso muy concreto, nos sirve de muestra general de lo que era la sociedad del siglo XVI. El libro es, por tanto, una obra «sociológica» sobre la población y la religión en la Edad Moderna.

¡Vamos allá con Hacerse nadie!

A modo de introducción

Como ya hemos mencionado, el libro trata sobre la sociedad de Coria durante  el siglo XVI, donde se mezclan motivos religiosos, económicos y sociales. La trama se desarrolla a partir de una orden del obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, por la cual instaba a los caurienses, bajo pena de excomunión, a confesar cualquier hecho que fuese en contra de los preceptos religiosos de la época, en los que la Contrarreforma tuvo un peso notorio.

Hacerse nadie

Portada de Hacerse nadie, libro que llegó a mis manos a raíz de un trabajo para la universidad.

De toda Coria, el vecino que peor saldría parado de esta red de denuncias sería, Don Alonso Fernández de Herena, deán de Coria, quien junto a otros religiosos de importancia, fueron acusados de varios hechos considerados poco morales. A Don Alonso se le acusó de mujeriego, jugador y amante del dinero. Mientras que la mayoría de la población hace referencia a los hechos perniciosos durante su cargo como deán, casi nadie resaltó las cualidades que llevaron a Don Alonso Fernández de Herena a ocupar un puesto de tanta importancia en la jerarquía eclesiástica.

 

La mayoría de los testimonios en contra del deán provenían de personas analfabetas, lo que era la tónica general de la sociedad de a pie. Además, muchos vecinos acusaron al religioso bajo testimonios basados en habladurías de otras personas. Los menos fueron los que denunciaron con plena conciencia de los actos de Don Alonso.

Aunque de forma escrita solo haya sesenta y tres testimonios, y el objetivo principal de las denuncias sea el deán, son muchas más las personas que se ven envueltas en esta trama. Por un lado, los principales cargos que siguen en jerarquía al deán también están implicados. Por otro, casi todos los habitantes de Coria los que con unos testimonios, acusando a unos y a otros, los que alimentan los testimonios dados ante el tribunal formado para tal efecto. Al final hubo un total de sesenta y tres ciudadanos de Coria a los que se le registró por escrito la confesión. De ellos, veintidós eran mujeres, casi todas ellas analfabetas, mientras que el resto, los cuarenta y uno restantes, eran hombres, sabiendo la mayoría de ellos leer y escribir.

Casi todas las denuncias estuvieron motivadas por el miedo a la excomunión. Este motivo contaba con una fuerza especial en una sociedad en la que la Iglesia dirigía los preceptos de los hombres.

Análisis

Hacerse nadie está construido en torno a unos legajos que se conservan en los archivos de la Catedral de Coria. Estos recogen el proceso abierto por el obispo Pedro García de Galarza en 1591, para aplicar los preceptos de la Contrarreforma, y así depurar la Iglesia de los malos hábitos que fue adquiriendo a lo largo de los siglos. Como protagonistas, encontramos los vecinos caurienses, quienes serán los que desaten toda esta trama dirigida contra el deán.

El libro refleja a través de los documentos preservados a través de los siglos, como centrándose en el caso de Coria, se podría extrapolar al resto de la sociedad castellana del siglo XVI. Una sociedad que está viviendo una época en que disminuyen, al menos temporalmente, las guerras, las crisis de subsistencia, las epidemias… lo que es señal de bienestar. Este bienestar se traduce en una disminución de la preocupación por parte de la sociedad al miedo a Dios, y por lo tanto una sociedad más mundana, donde los antiguos preceptos se sustituyen por otros que permiten una mayor libertad y disfrute de la vida terrenal.

Las denuncias y las relaciones que mantenían entre sí vecinos caurienses y religiosos, si bien la mayoría de las veces se corresponden con comportamientos fuera del precepto moralmente aceptable, algunos casos son el reflejo de unas relaciones de favores, como podría ser el caso del deán Don Alonso Fernández de Herena con las mujeres de la Casa de las Vandas. Otras veces, tales relaciones, dada la estabilidad y la asiduidad de estas, hacía que se viesen como relaciones normales,

La actuación del obispo de Coria, Pedro García de Galarza, respondía al nuevo movimiento contrarrefomista de la Iglesia Católica, que necesitaba, con urgencia, contrarrestar los efecto de la Reforma de Lutero. En este contexto, escribe una carta en 1591 dirigida a ser leída en todas las iglesias y también en la catedral, con la premisa de sentar el nuevo código establecido por la Contrarreforma. Mediante la misma, el obispo intentaría encauzar dentro de la moralidad católica a la sociedad cauriense.

El obispo de Coria instaba a la población a poner su conciencia en paz, haciendo las declaraciones pertinentes ante el tribunal que el obispo había formado por jueces, provisores y notarios, se manifestaba de la siguiente manera. García de Galarza, tenía una doble preocupación en mente: por una parte, juzgaba que el clero debía cumplir escrupulosamente con sus preceptos religiosos, por otra, no quería que estas personas sirviesen de ejemplo a seguir por los ciudadanos caurienses.

Está claro que el clero, por su oficio, debía ser el que rigiese la vida social y moral de la ciudadanía, pero sólo lo podían ser cumpliendo con su deber, para que el pueblo no se desvirtuase imitando unas conductas que no eran apropiadas de la mano de los que debían ser sus pastores, puesto que el clero debía ser «luz y espejo del pueblo cristiano».

Para que la aplicación de la Contrarreforma fuese total, no solo había que acabar con las malas conductas de los eclesiásticos, también había de parar los actos impuros de los laicos, pues estos eran los portadores de la fe católica. Por ello, aquellos laicos que no llevasen un vida de acuerdo a la fe cristiana debían ser denunciados, pues de lo contrario, la Contrarreforma no sería efectiva.

En este conjunto de denuncias, después de los religiosos, los vecinos de Coria que más denuncias recibieron fueron las mujeres. Este hecho no es de extrañar, cuando en esta época, las mujeres siempre han sido marcadas como las causantes de los problemas que achacaban a la sociedad, eran las brujas y las embaucadoras, mientras que los hombres contaban con una mayor impunidad.

Hacerse nadie

Catedral de Coria, población en la que tienen lugar los hechos del libro Hacerse nadie

 

En cuanto al proceso contra el deán, en las sesenta y tres denuncias puestas por los vecinos caurienses, es definido como un vicioso que dispone de una tablajería de juegos, que es negociante, que habla y frecuenta la compañía de mujeres de dudosa conducta, que sale por las noches en traje seglar con capa y espada, que es sospechoso de haber dado a algunas mujeres abortivos. Se le acusa además por servirse de alcahuetas, de organizar orgías y de vivir amancebado. Pero hay otros comportamientos que se conocen sobre el deán, pero que no se denuncian, como el incumplimiento de sus deberes como Presidente del Cabildo.

Como ya hemos hecho mención, las denuncias vienen dadas por miedo a la excomunión, puesto que antes del edicto del obispo, los motivos de las denuncias eran de sobra conocidas, pero sin embargo no fueron denunciados. Además se demuestra que sólo se denuncia los hechos expuestos por el obispo, dejando de lado otros motivos tan importantes como los morales. Esto viene a ser una explicación de que las denuncias sólo eran un mero método para limpiar las conciencias, ya que la mayoría de los denunciantes, son a su vez mencionados en otras denuncias por estar implicados en los asuntos que se denunciaban.

¿Por qué entonces no se denunciaron antes estas irregularidades? Pues porque esto funcionaba como una red clientelar, en la que todos los denunciantes eran participes de los hechos que denunciaban. De esta manera, una amplia parte de los vecinos caurienses se mantenía alejada de salvaguarda moral cristiana. Esto se traducía en que ninguno de los denunciantes se encontraban sin pecado en el momento de hacer las declaraciones, lo que pone de manifiesto la doble moral que reinaba en la sociedad moderna. En esta, se beneficiaba la amplia mayoría social de la permisividad de sus conciudadanos, pero que a la hora de «pulgar su mente», eran los primeros que denunciaban, con tal de ganarse la gracia de las autoridades eclesiásticas y civiles en general.

El libro cuando se va acercando a su final, nos muestra que este proceso de «reforma socio-moral» fue poco o nada efectivo, pues el principal acusado, el deán Don Alonso Fernández de Herena y los demás cargos eclesiásticos, no fueron ni castigados ni amonestados, simplemente reemplazados en sus cargos, situación que tampoco se llevó a cabo tras el procedimiento, sino con el paso de los años…

En el libro Hacerse Nadie, a través del proceso iniciado por Pedro García de Galazar el 1 de febrero de 1591, analizamos con que criterios se regía la sociedad moderna. Descubrimos, a través de un proceso real, en el que una amplia parte de la población estuvo implicada, como se movían los engranajes a través de las mercedes con que se favorecían quienes se movían a la sombra del ideal católico.

Vemos, como al fin y al cabo, la sociedad mantenía comportamientos tremendamente humanos, tales como jugar, tener amantes, tener una vida indecorosa… estilos de vida, que se siguen manteniendo impertérritos ante el paso del tiempo.

La Roma imperial: la Anarquía Militar

Con la muerte de Alejandro Severo, último emperador de la dinastía de los Severos, y hasta la llegada al poder de Diocleciano, se instauró un periodo que se caracterizó por una gran decadencia del Imperio Romano. Este periodo es conocido como la Anarquía Militar, caracterizado por una serie de cuestiones que pusieron al Imperio al borde del abismo.

Lo que ya fuese habitual en la dinastía anterior, el predominio de la clase militar, va a suponer el elemento central de la Anarquía Militar. Los emperadores, elevados al trono por las milicias, van a ser también derrotados por las mismas. El reinado de estos va a ser efímero, y su sucesión, violenta. A esta cuestión hay que sumarle las continuas incursiones bárbaras, el empuje del Imperio Persa, el enorme agujero en las finanzas, o la cada vez mayor autonomía de los distintos territorios del imperio. Una serie de circunstancias que alejaron a Roma de su antigua estabilidad política, económica y social.

Maximino el Tracio (235-238)

Al joven Alejandro Severo le sucederá Cayo Vero Maximino, apodado el Tracio. Maximino será el segundo emperador de Roma procedente de la clase ecuestre, y no del orden senatorial como era tradición. El Tracio, comandante de las tropas asentadas en Panonia en el momento del nombramiento, tenía especial antipatía por los ricos, era de carácter tosco, y escriben sobre él, que era más bárbaro que buen militar.

Anarquí militar

f=»https://lahistoriaheredada.com/wp-content/uploads/2018/09/Max_thrax.jpg»> Maximino el Tracio, emperador con el que se inicia el periodo de la Anarquía Militar. Fuente[/capt

Maximino, casi desde el momento del nombramiento como emperador, tuvo que hacer frente a una serie de dificultades. Entre ellas, la poca simpatía que procesaba el Senado hacía él, que le llevó a ser nombrado enemigo público de Roma. Al mismo tiempo, era nombrado otro emperador, Gordiano, aunque, junto a su hijo Gordiano II fueron muerto poco tiempo después. No obstante, no se despejaba el camino para el Tracio, pues el Senado volvió a nombrar otros emperadores. En este caso, nombró augustos a Balbino y Pupieno. El cuerpo senatorial pretendía hacer este nombramiento legítimo, frente al de los pretorianos, considerando ilegítimo a Maximino. Balbino y Pupieno recibieron la orden de acabar con el emperador de los pretorianos. Así, Balbino permanecería en Roma, mientras que Pupieno se enfrentaría, y finalmente vencería, a Maximino el Tracio.

En medio de este intrincado reinado, Maximino tuvo tiempo para acabar con los bárbaros con los que pactó Alejandro Severo. Derrotó a germanos, sármatas y dacios, ganándose así las simpatías del ejército. Maximiano fomentó las campañas militares, haciendo honor a su condición militar, pero esto repercutió gravemente en las finanzas imperiales. Para sufragas las operaciones militares, tuvo que subir los impuestos. Esta medida llevó a levantamientos como los del África proconsular, donde se nombró emperador a un nuevo Gordiano.

Gordiano III (238-244)

Los pretorianos, quienes elevaron al trono a Maximino, asesinaron a Balbino y Pupieno, pues los dos emperadores no contaban con el beneplácito de la élite militar. Una vez muertos, proclamaron emperador a Gordiano III, nieto e hijo de Gordiano y Gordiano II respectivamente. Este, a diferencia del Tracio, será rápidamente recocido por el Senado.

El reinado de Gordiano, aparte de lo breve (una característica común en el periodo de la Anarquía Militar), se puede destacar por la lucha que mantuvo con el Imperio Persa. Este, encarnado en el íder de turno, Sapor I, tenía las pretensiones de restaurar las antiguas fronteras persas. Aunque en un principio consiguió detener el empuje sasánida, las tropas romanas fueron derrotadas con una enorme contundencia cuando se encontraron en Asia Menor. En cuanto al contexto el europeo, Gordiano III derrotó a carpos, godos y yázigas, que se encontraban hostigando las fronteras del Imperio.

No gozó de mucho tiempo para su desarrollo como emperador, pues fue víctima de una conjura cerca de Duras Europos, tan solo seis años después de su investidura como cabeza del imperio.

Filipo el Árabe (244-249)

Marco Julio Filipo, apodado el Árabe por su vínculo familiar con la península arábiga, ascendió al asiento imperial tras el asesinato de Gordiano III. Buscó el apoyo en el Senado, en cuyo cuerpo político delegó cargos de suma importancia. También estableció en puestos vitales a varios de sus familiares. Su hermano Julio Prisco fue nombrado prefecto del pretorio y rector Orientis, Severiano, cuñado suyo, gobernador de Mesia, y por último, su hijo Filipo el Joven, en un primer momento fue nombrado César, y más tarde lo sería como Augusto.

Filipo el Árabe, emperador que permitió la libertad de culto. Fuente

Filipo, en cuanto al problema persa, debió recurrir a un pacto económico para poder lograr la paz. La tregua con los sasánidas llegó a cambio de medio millón de denarios. Con respecto a los pueblos germanos, se dedicó a asegurar la frontera del Danubio, límite que era constantemente traspasado por los bárbaros. Mientras tanto, las legiones establecidas en el Danubio, proclamaron emperador a Claudio Pacaciano, quien solamente duró unas semanas. Este conflicto político fue aprovechado por godos y vándalos, quienes lograron establecerse en las cercanías del río. De nuevo, las legiones proclamaron otro emperador, Mesio Decio, quien había llegado hasta el Danubio para hacer frente al problema bárbaro. Este suceso terminó por generar un conflicto entre los dos emperadores, concluyendo con la muerte del Árabe.

Una cuestión que también ha «perseguido» a Filipo el Árabe, ha sido el tema de la tolerancia religiosa. Filipo instauró la tolerancia hacia los cristianos, movimiento que algunos autores como Eusebio de Cesarea aprovecharon para colgar a Filipo el título de primer emperador cristiano. Este hecho parece no ser cierto, pues como señala Enrique Melchor Gil, 1 «celebró los actos conmemorativos del milenario de Roma investido como pontifex maximus».

Decio (249-251)

C. Mesio Decio fue un destacado militar que resaltó por que querer acabar con la anarquía militar que imperaba en Roma, Decio contaba con devolver al imperio sus antiguas tradiciones, para lo que buscó granjearse el favor del Senado. El nuevo emperador asoció al poder a sus dos hijos, Q. Herennio Etrusco y C. Valente Hostiliano, nombrándoles césares.

Decio terminó con la tolerancia hacia los cristianos y comenzó una nueva persecución contra estos. Dicho acto se debió a que el Decio quería obtener el favor divino, para lo cual debía fomentar la religión tradicional romana. Muchos cristianos se sometieron a los rituales romanos, pero muchos otros optaron por desobedecer, lo que desencadenó en una feroz persecución entre los año 250 y 251.

Decio debió enfrentarse también a los germanos, entre ellos, los godos, quienes más persistente y eficazmente se enfrentaban a los romanos. De hecho, aprovechando la situación política en Roma, los godos llegaron hasta Mecia y Tracia, en los Balcanes. Aunque Decio logró que se replegasen, finalmente acabó cayendo en combate junto a su ejército en Abrito. Su hijo Herennio también pereció en batalla contra los godos, mientras que Hostiliano fallecía a causa de la peste.

Ante esta situación, la sucesión imperial de nuevo cayó en manos del ejército. Esta vez los pretorianos investían con la púrpura a Treboniano Galo.

Galo (251-253)

Elegido emperador por los pretorianos, Treboniano pactó con los godos la retirada de estos al norte del Danubio. Pero a pesar de esta tregua, la situación del imperio no mejoró, pues una serie de catástrofes se cernieron contra Roma.

En primer lugar, una epidemia de peste asoló el imperio (en la que murió Hostiliano), que tuvo unas consecuencias nefastas, pues mermó notablemente la población. Por otro lado, el empuje persa no cesaba, llegando incluso a conquistar el reino de Armenia. Además, los pueblos del norte, alamanes, carpos, sármatas, godos y burgundios hostigaban constantemente el limes del Danubio. Ante los godos tuvo que actuar Marco Emilio Emiliano, quien logró frenarles.

Con esta victoria militar, los pretorianos decidieron investir a Emiliano, ante lo cual se formó una nueva lucha entre emperadores. Ambos se enfrentaron definitivamente en Italia, donde tanto Galo como su hijo perecieron en la batalla de Forum Flamun. Emiliano quedaba así como emperador único de Roma, pero por poco tiempo, pues los militares se conjuraron contra él, y acabaron asesinándole.

Diarquía de Valeriano y Galieno (253-268)

Publio Licinio Valeriano había luchado junto a Galo para combatir a Emiliano. Tras el asesinato de este, el ejército decidió investir a Valeriano como nuevo emperador de Roma. El nuevo dirigente del imperio, debido a su avanzada edad -contaba con 70 años cuando fue proclamado emperador-, asoció al poder a su hijo, Publio Licinio Galieno, nombrándole Augusto. Se formó así una diarquía que duraría hasta la muerte de Valeriano, en el año 260.

Los dos emperadores buscaron establecer una forma de gobierno más acorde con la tradición romana, procurando la cooperación con el Senado. También, para hacer más efectivo el control imperial, cada emperador se asoció a un territorio. Valeriano controlaría Oriente, mientras Galieno haría lo propio con Occidente.

Valeriano decretó una nueva persecución contra los cristianos, lo que se saldó en un primer momento con la prohibición de celebrar los ritos cristianos, además de que obispos, sacerdotes y diáconos venerasen a los dioses paganos. Con un segundo edicto, Valeriano condenaba a muerte a los dirigentes cristianos, también se confiscaron todos sus bienes. También sufrieron los efectos de esta persecución senadores y caballeros que profesasen la fe cristiana, quienes perdieron su posición social y todas sus posesiones. Finalmente, Galieno terminaría con la persecución hacia los cristianos, estableciendo la libertada de culto y devolviendo los bienes confiscados. 2

En cuanto a los enemigos de Roma, Galieno tuvo que hacer frente a alamanes y francos, mientras que Valeriano debía intentar frenar a godos y persas. Aunque consiguieron frenar momentáneamente las pretensiones de estos pueblos, la calma política no iba a ser muy duradera. Pues a nuevos intentos de estos pueblos por comer terreno a Roma, se sumaron varios intentos de usurpación del poder de Ingenuo y Regaliano. Francos, alamanes y godos comenzaron las incursiones más profundas hasta el momento, y los persas de Sapor I derrotaron finalmente a las tropas romanas, capturando a Valeriano, quien finalmente moriría en cautividad.

Ante la muerte de su padre, Galieno tuvo que hacer frente a soledad al control del imperio. Con la situación que

Relieve persa en el que se representa al emperador Valeriano arrodillado ante Sapor I. Fuente

reinaba en Oriente, con continuas sublevaciones y el peligro persa acechando, Galieno necesitó un aliado en el que apoyarse. Esta figura la encontró en Odenato, rey de Palmira, quien conseguiría la victoria sobre los sasánidas. A la muerte de este, sería su esposa, Zenobia, quien seguiría la seguridad en Oriente.

Si en Oriente la situación se logró estabilizar, no sería igual en Occidente, donde el emperador tuvo que hacer frente a otro levantamiento. Esta vez se trataba de Póstumo, quien se proclamó emperador, y estableció en las Galias un estado independiente el Imperium Galliarum, estableciendo instituciones, incluso acuñando moneda. Póstumo logró limpiar el territorio de invasores y reestableció el limes renano, por eso Galieno optó por permitir que Póstumo gobernase en las Galias.

Una nueva rebelión se estaba gestando, esta vez a manos de Aureolo, jefe de la caballería acantonada en Milán. Aureolo se proclamó emperador en el año 268, momento en que sus tropas aprovecharon para acabar con Galieno. No obstante este no perduraría en el trono, pues la púrpura la vestiría Claudio II el Gótico, quien dará inicio al mandato de los llamados emperadores ilirios.

Antes de ser asesinado, Galieno tuvo tiempo para mejorar el sistema de defensa de las fronteras, instalando campamentos en el interior del territorio, de manera que siempre quedaba opción de maniobra una vez los bárbaros traspasasen el limes. También sustituyó a los senadores por miembros del orden ecuestre, para que estos estuviesen a cargo de las tropas y las provincias, profesionalizando así la carrera militar.

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Bibliografía:

  • Gómez Pantoja, J., (Coord.), Historia Antigua, Grecia y Roma, Ariel ediciones (2003), Barcelona.
  • Sayalero, M., (Coord.), Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio, Ediciones Susaeta, Madrid.
  • Roma en el origen de Occidente, Ediciones Rueda (2002), Madrid.

Notas:

  1. Melchor Gil, E., «La anarquía militar (235-285)» en Gómez Pantoja, J., (Coord.), op. cit. p. 772.
  2. Como apunta Enrique Melchor Gil en La anarquía militar, op. cit., p. 774, se ha visto en esta persecución hacia la Iglesia un fin económico, con el que poder aliviar la crítica situación por la que estaba pasando el Imperio Romano