La Roma imperial: la dinastía Severa

Tras la muerte de Cómodo a manos de la guardia pretoriana, comenzó en el Imperio una pugna militar por imponer un sucesor del último de la dinastía de los antoninos. De esta manera llegará al poder la dinastía Severa, que desde Septimio Severo, hasta Alejandro Severo regiría el destino de Roma.

El año de los cinco emperadores

Los mismos conjurados que planearon contra Cómodo, intermediaron entre la guardia pretoriana para que se designase a Pertinax como nuevo emperador. Con un gobierno extremadamente corto, unos escasos tres meses, el nuevo emperador solo pudo llevar a cabo una serie de reformas. Entre ellas, devolver al Senado las atribuciones perdidas con Cómodo, rehabilitar a los magistrados desplazados por el antonino, o aplicar un reajuste de la economía.

Este breve mandato se debió al descontento que generó Pertinax entre los pretorianos. La élite militar, que esperaba una recompensa por haberle encumbrado al poder, se sintió decepcionada al no recibir ninguna compensación ante semejante favor. Hastiados, el nuevo emperador fue derrotado por los mismos que fue encumbrado.

dinastía Severa
Grabado de Didio Juliano, sucesor de Pertinax y predecesor de Septimio Severo. Fuente

Con la muerte de Pertinax, comenzó un periodo de anarquía militar, en el que las legiones pugnaban por imponer a su candidato. Sin ningún día de luto por Pertinax, fue proclamado emperador Didio Juliano. Respetado senador, alcanzó el poder tras ganar la puja por el trono imperial. El otro candidato era Tito Flavio Sulpiciano, suegro de Pertinax.

Mientras tanto, otras provincias iban jugando a su propio «Juego de Tronos», sublevándose así contra el emperador. Las legiones de Oriente eligieron como candidato a Pescenio Niger, los de Britania a Clodio Albino, mientras que los de Germania y Panonia a proclamaron a Septimio Severo.

Septimio Severo, que contaba con el apoyo del Senado, se presentaba como vengador de Pertinax, entrando con sus tropas en Italia. A su llegada a Roma, el Senado depuso a Didio Juliano y le reconoció a él como nuevo emperador de Roma. Al igual que Pertinax, Juliano acabó pronto su mandato al ser asesinado por los pretorianos. Ya al mando del imperio, el primero de los Severo honró a Pertinax, dio garantías al Senado y se presentó como continuador de la obra de los antoninos.

El Senado, fue una institución que sufrió un grave retroceso en poderes con la dinastía Severa.

Pero aunque el Senado había reconocido a Severo, el resto de candidatos aún andaban rebelados. Así, la primera acción de Septimio fue neutralizar a sus contrincantes. Esto hizo con Pescenio, a quien derrotó en Asia Menor. Niger, que huyó al Eúfrates, encontró la muerte a manos de los partos.

Pero aún la amenaza de Clodio Albino. Este, secundado por Britania, Galia, y la Hispania Citerior, se enfrentó a Severo en Lugdunum. Derrotado Clodio, Severo tomó fuertes represalias contra el Senado que había secundado a Albino.

La dinastía Severa

El mandato de los Severo se caracterizó, frente a otras dinastías, por ser una monarquía militar. Era el paso más lógico para el poder, puesto que elevados al trono por las tropas, habían de ser estas en las que se apoyase el poder. El Senado, frente a los pretorianos, pasaba a un segundo plano.

La nueva dinastía también se caracterizó por otras medidas en el ámbito de la vida civil:

  • Un fuerte incremento de los efectivos del funcionariado.
  • Fuerte fiscalidad.
  • Racionalización de la recaudación de impuestos, lucha contra la inflación y el latifundio.
  • Así como una marcada tendencia a la igualdad social.

A grandes rasgos, estos serían los elementos definitorios de la dinastía de los Severo.

Septimio Severo (193-211)

De origen africano, y con amplio bagaje político y militar, llegó al poder el 14 de abril del año 193, aunque no se libró de su último enemigo, Clodio Albino, hasta el 197.

Para Septimio Severo una de las cosas más importante era asegurarse la fidelidad del ejército. Con este premisa en mente, se dedicó a mejorar las condiciones de los militares, quienes vieron con gran satisfacción como mejoraba sustancialmente su estatus socio-económico. Licenció a los pretorianos que se habían posicionado al lado de Didio Juliano, a la vez que nombró a una nueva guardia pretoriana, más digna de la confianza imperial.

Septimio Severo
Busto de Septimio Severo, primer emperador de la dinastía Severa. Fuente

Otras de las medidas, aunque efímera, fue el reconocimiento del papel del Senado, estamento que acabó muy dañado con Cómodo. Pero decimos que efímera, pues tras las represalias que tomó contra los senadores partidarios de Clodio Albino, la relación entre el emperador y el Senado no volvió a ser la misma.

En cuanto a la política interior de Septimio Severo, podemos hablar de un emperador que ejerció con actitud férrea la administración del imperio. Acumulando grandes poderes civiles, militares y religiosos, y asumiendo las máximas competencias legislativas, Severo dio un gran paso hacia el absolutismo. A raíz de esta marcada tendencia absolutista vinieron las desavenencias entre emperador y Senado, sumando obviamente que una parte de este último se posicionó al lado de rivales directos del emperador. El reconocimiento obtenido con los antoninos, sería simplemente un grato recuerdo para el Senado, pues con los Severo esta situación cambiaría drásticamente.

Si el Senado, una institución de enorme prestigio en la historia de Roma sufrió una gran perdida de influencia, no pasó así con la clase ecuestre. Con el primero de la dinastía Severa, los ecuestres notaron un notable aumento de poderes. Así, esta ascendente élite pasó a desempeñar las funciones administrativas hasta ahora reservadas al Senado.

Ctesifonte
Palacio de Ctesifonte, capital parta que Septimio Severo atacó y arrasó como represalia a los ataques partos. Fuente

Cuestiones internas aparte, Severo se embarcó en varias empresas militares. Al margen de la pugna por el trono, se vio involucrado en luchas en Oriente y Britania. En Oriente tuvo que luchar contra los partos de Vologeso IV, quienes estaban intentando ganar terreno al oeste del Éufrates. Septimio, venció a los partos, y saqueó su capital Ctesifonte, quedando así pacificada la zona del Éufrates.

De la zona oriental, Severo hubo de marchar hacia Britania, donde los escotos presentaban una actitud muy belicosa hacia el imperio. El emperador ya no volvería a Roma, pues permaneció allí hasta que le sorprendió la muerte en Eburaracum (actual York), en el año 211.

Para dejar atado la sucesión al trono imperial, y que este tema no presentase problemas una vez desaparecido él, dejó nombrado un augusto y un césar: Caracalla y Septimio Geta respectivamente, ambos, hijos suyo.

Caracalla (211-217)

Nacido bajo el nombre de Septimio Basiano, aunque cuando se asoció al poder, su padre le cambió el nombre por Marco Aurelio Antonino, en un intento de legitimar un vinculo ficticio con la dinastía de los antoninos. No obstante, ha pasado a la Historia por su sobrenombre, Caracalla, término con que se designaba a un tipo de capa de origen galo que el emperador acostumbraba usar.

Vinculados al poder tanto Caracalla como su hermano Geta, parece que la intención de ambos fue la de dividir en dos el imperio. Este desmembramiento intencionado condujo a la madre de ambos, Julia Domna, a enemistar a los hermanos. Y como ya era recurrente entre las familias imperiales, se gestó una nueva conjura. Caracalla acababa con la vida de su coemperador y hermano, Septimio Geta, siendo abocado a olvido mediante la damnatio memoriae.

Caracalla
Busto de Caracalla, sucesor de Septimio Severo, y cuyo legado más importante fue la Constitutio Antoniniana. Fuente

Las fuentes retratan a Caracalla como un emperador megalómano, aunque sin llegar a las pretensiones de Cómodo. No obstante, en su conjunto se le consideró un buen emperador.

Caracalla quería erigirse como el continuador de la obra de Alejandro Magno, y ante tal deseo, su mayor aspiración era acabar con los partos. Por contra, nunca pudo llevar a cabo tal objetivo, pues, de forma sorprendente, fue víctima de una conjura tras cruzar el río Tigris. En sus acciones en el exterior, Caracalla tuvo que actuar también en la Galia y en la frontera de Germania Superior, donde alamanes y

dinastía Severa
Tondo con la familia de Septimio Svero, en el que se ve los efectos de la damnatio memoriae sobre Geta. Fuente

otras tribus germánicas presionaban la frontera imperial. Caracalla terminó fortificando el limes germánico, amén de pactar con los líderes germanos.

Aunque el legado mas conocido de Caracalla, es sin duda el edicto al que dio vida en el año 212, la Constituio Antoniniana, mediante la cual se concedía la ciudadanía romana a todos aquellos hombres libres que habitaban dentro de las fronteras del imperio.

El legado mas conocido de Caracalla es la Constituio Antoniniana, del año 212. Clic para tuitear

Anteriormente hemos remarcado el carácter social que impregnó la obra de los Severo. Ante estas políticas sociales, es fácil concebir tal medida. Pero también existieron voces, como las de Dión Casio, que argumentaban que todo estaba construido con fines fiscales. Nada extraño en un imperio que estaba pasando por severas dificultades económicas.

Macrino (217-218)

Marco Opelio Macrino, como prefecto del pretorio, fue el alma de la conjura que acabó con la vida de Caracalla en el año 217. Macrino fue el primer emperador que no procedía del orden senatorial, si no que era de la clase ecuestre. Al momento de ser designado emperador, no invitó al acto al Senado, aunque a este no le quedó más remedio que reconocerle como emperador de Roma.

Macrino
Busto de Macrino, quien perduró apenas un año en el solio imperial. Fuente

En tan corto periodo de mandato, su problema más grande fueron los partos, con quienes tuvo que pactar el fin de las hostilidades a base una importante suma de dinero. El pacto acordado con el rey Artabano IV fue visto como una medida deshonrosa por el ejército, pues fue el principal agraviado por la situación. El dinero pagado a los partos salió del recorte hecho al cuerpo militar.

Este fue el principio del fin del emperador, pues ya sin el apoyo del ejército, se empezó a planear su sustitución. Como principal artífice encontramos a Julia Domna, esposa de Severo y madre de Caracalla y Geta. La mujer de Severo intentó sublevar, aunque sin éxito a las tropas de Oriente. Pero aunque falleció antes de ver cumplidos sus planes, dejó el camino libre de obstáculos a su sobrino nieto Heliogábalo. El golpe de gracia al emperador se lo dieron Julia Maesa, junto a sus sobrinas Julia Soemias y Julia Mamea.

Derrotado y acorralado cerca de Antioquía, Macrino acabaría suicidándose en el 218, dejando vía libre a un joven emperador.

Heliogábalo (218-222)

Vario Avito Basiano, llegó al poder tras la pérdida de apoyos del anterior emperador. A través de Julia Domna, y sobre todo de Julia Mesa, las legiones se pusieron de parte del joven Vario, quien fue proclamado emperador a la corta edad de 14 años, adoptando el nombre de Marco Aurelio Antonino.

Heliogábalo
busto de Heliogábalo, el extravante emperador que rendía culto al sol. Fuente

En su ciudad natal, Emesa, había servido como sacerdote del dios El-Gabal (Elagabal), divinidad solar. De su afición por al culto de este dios, se le conoció a posteriori con el sobrenombre de Heliogábalo. Esto le llevó a lo largo de todo su mandato a intentar imponer el culto solar. A través de sus excentricidades se granjeó un inexorable vínculo con Calígula y Cómodo, de quienes el pueblo de Roma no tenía precisamente buenos recuerdos.

Heliogábalo asoció a su primo Julio Gesio Basiano Alexiano al poder, nombrándole césar. De la misma edad que su primo emperador, Alexiano es citado por las fuentes como la única persona respetable y honrada de toda la corte. Conscientes de esta situación, su madre y abuela le habían preparado para poder hacerse con el poder.

De esta tesitura también era consciente el excéntrico emperador, quien intentó llevar a cabo una conjura contra su primo, utilizando para ello a los pretorianos. Fue realmente un intento baldío, pues los militares se volvieron en contra del propio Heliogábalo, asesinándolo a él y a su madre, y arrojando a ambos a las cloacas. El Senado decretó contra él la damnatio memoriae.

Alejandro Severo (222-235)

El joven Alexiano era honrado y contaba con buenas intenciones, lo que hizo decantar la balanza de los pretorianos hacia su lado. Con el nombre de Alejandro Severo, llegó al poder con solo 14 años. Heredó la admiración hacia Alejandro Magno, de ahí que él mismo adoptase el nombre de Alejandro. Al contrario que su primo, hizo una gran gala de tolerancia religiosa.

Aún así, era un joven sin ninguna experiencia de carácter político ni militar. La realidad del imperio demandaba alguien que ya estuviese curtido en estos campos, motivo por el cual se rodeó de consejeros. A su vez también se esforzó por devolver al Senado la preeminencia que había perdido con los anteriores emperadores. Se restituía así la supremacía civil sobre la militar, situación para la que Roma no ajustaba a la realidad institucional de Roma.

Alejandro Severo
Alejandro Severo, nombrado césar por su primo Heliogábalo, a quien acabó sustituyendo en trono tras la intervención de su madre, Julia Mamea. Fuente

En cuanto a sus campañas en el exterior, Alejandro Severo se tuvo que trasladar a Oriente, donde el renacido imperio persa, ahora a manos de Artabán, empezó a forjar un nuevo imperio. El joven emperador luchó contra los persas, aunque finalmente tuvo que abandonar la contienda a causa de las condiciones meteorológicas. En cuanto a la fronte del Danubio y del Rin, Alejandro se vio obligado a comprar la paz. Esta medida disgustó enormemente a la clase militar, y acabó rompiendo una relación ya de por si maltrecha.

Viendo perdidas el ejército sus pretensiones con respecto al poder, decidió poner fin al mandato de Alejandro Severo. De esta manera el último de la dinastía Severa fue asesinado, junto a su madre, a manos de los legionarios. Con el fin de Alejandro, el ejército encumbró a Maximo el Tracio, un jefe militar con escasos méritos.

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Vía:

  • Coord., Gómez Pantoja, J. Historia Antigua, Grecia y Roma. Ariel ediciones (2003). Barcelona.
  • Coord., Sayalero, M. Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio. Ediciones Susaeta. Madrid.
  • Roma en el origen de Occidente. Ediciones Rueda (2002). Madrid.

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