La prensa durante la República: Los sucesos de Castilblanco

Durante la Segunda República, la prensa funcionó como un fiel reflejo de la convulsa época de este periodo del siglo XX. Prensa de izquierdas, republicana, monárquica, o de corte católico luchaban por el trozo de pastel de la información popular. Expresión de esta dicotomía entre la prensa del momento, es el distinto tratamiento que se le dio a los sucesos de Castilblanco y Casas Viejas.

Cada diario, vinculado a una ideología política, tenía una manera particular de interpretar unos mismos hechos. La prensa funcionaba como una fuerte herramienta propagandística para los distintos actores de la Segunda República. Mientras unos se enfocaban más en el ámbito social, la protección del pueblo, e incluso en el sindicalismo más radical, otros, defendían unos ideales conservadores claramente contrapuestos a los primeros.

República, prensa y polarización de opiniones es lo que nos ocupa en el artículo de hoy. Vamos a intentar mostrar, a través de unos sucesos concretos, la diferencia de percepción entre la diversa prensa de la República. Los sucesos a los que haremos mención, en las dos entradas que dedicaremos al tema, son los hechos acontecidos en Castilblanco y Casas Viejas.

Un breve repaso a los fatídicos acontecimientos

La Segunda República fue una época de fuerte tensión política. Una etapa de la Historia que de inicio a fin, estuvo marcada por fuertes conflictos sociales, de hecho, finalizó con una guerra civil. Pero aparte de grave conflicto, la República vivió duros enfrentamientos populares. Los sucesos de Arnedo, insurrecciones anarquistas, o la Revolución de 1934. entre otros, fueron movimientos que sacudieron a la sociedad republicana.

Entre todos estos acontecimientos, hay dos que presentan grandes semejanzas, tanto por su contexto, como por su tratamiento en la prensa. Se trata de los episodios acontecidos en las localidades de Castilblanco (Badajoz) y Casas Viejas (Cádiz).

En esta primera entrega sobre la prensa republicana, «obligados» por la extensión, nos vamos a centrar en los sucesos de Castilblanco. Los acontecimientos de Casas Viejas los dejaremos para la segunda entrega.

Los hechos de Castilblanco

En la localidad pacense de Castilblanco, los trabajadores del campo tenían unas condiciones laborales y vitales demasiado precarias. Debido a esta mala situación en torno al campo, comienza a arraigar con demasiada fuerza el sindicato FNTT (Federación Nacional de los Trabajadores de la Tierra), brazo de UGT. Esto posibilitó que los partidos de izquierdas empezasen a equipararse en fuerza de voto a las poblaciones colindantes.

Castilblamco
La Guardia civil deteniendo a los vecinos de Castilblanco

Pero la situación laboral insoportable en torno al campo no era exclusiva de Castilblanco, si no que casi toda la región extremeña se encontraba azotada por la precariedad. En respuesta a estas condiciones, la Unión General de Trabajadores convocó, para los días 30 y 31 de diciembre de 1931, una huelga general.

El día 11, unas 3000 personas se disponen a manifestarse. Para ello, salen de la Casa del Pueblo, y marchan de manera pacífica. En la jornada del día 12, el número de congregados sube hasta la cifra de los 500 manifestantes.

Pese a contar con la negativa del alcalde de la localidad, militante del Partido Radical, los manifestantes marchan hacia el Ayuntamiento. Encabezada la congregación campesina por las autoridades socialistas, la manifestación llega al Ayuntamiento.

Pero el tono pacífico del día anterior dejará paso a un ambiente más encendido. La Guardia Civil, movilizada por orden del alcalde, se dispuso a disolver la manifestación, aunque sin éxito. Los informes sobre lo acontecido no sin unánimes, pero la versión más popular es que un forcejeo, a un guardia civil se le disparó el arma. Aquí tenemos el detonante de lo que acabaría sucediendo.

La muchedumbre cayó de repente sobre los cuatro guardia civiles, quienes acabarían siendo linchados y asesinados Así narraba lo sucedido el comunicado oficial del ministro de la Gobernación, Casares Quiroga: «Badajoz. Gobernadores civil a ministro de Gobernación. Ocasión huelga planteada en esta provincia, esta mañana, en el pueblo de Castilblanco, ha ocurrido una colisión entre los huelguistas y la Guardia Civil, a consecuencia de lo cual han resultado muertos el cabo y los tres guardias del puesto, y, además, un huelguista muerto y otro herido. El choque ocurrió al tratar de disolver la manifestación tumultuosa. Salieron fuerzas para dicho pueblo, y el teniente coronel, primer jefe de la Guardia civil. Se han pedido noticias al juez de instrucción de Herrera del Duque, para saber si actúa, sin haber obtenido contestación. Los informes con dicho pueblo se hacen difíciles, por el alejamiento y la dificultad de las comunicaciones que tiene con la capital…».

En las jornadas posteriores, fueron detenidos 45 vecinos de Castilblanco. Pese a lo duro del interrogatorio al que fueron sometidos, no se pudo identificar judicialmente a los culpables. No obstante, seis vecinos acabarían siendo condenados.

La prensa ante los acontecimientos

Toda la prensa nacional se hizo eco de los acontecimientos de la población pacense. No sería para menos por lo especial de la situación, en la que un pueblo, no solo se enfrentaba a la Guardia Civil, si no que también asesinaba a sangre fría a esos guardias. La prensa, como un fiel reflejo de la opinión española, se posicionó a un lado y a otro de la balanza. Por un lado, los defensores de la República veían todavía rescoldos del Antiguo Régimen, lo que acabaría por mermar la paciencia de un pueblo lastrado por la situación laboral. Por otro, quienes opinaban que la República no era capaz de gestionar el poder.

Prensa de izquierdas

Ante los acontecimientos de Castilblanco, la prensa caracterizada por ser ideológicamente de izquierda, se centro en defender una versión pro-huelguista. La población española se había mantenido en una situación de abandono y explotación desde el Antiguo Régimen. Y según la prensa, la actuación de la Guardia Civil, no era si no la consecuencia de esta explotación.

El Estado será también centro de las críticas, pues lo van a presentar como un ente perezoso, e inválido para gestionar el nuevo rumbo de España. El caciquismo y la corrupción se mantienen de forma abierta en un régimen político, en principio más abierto que el Antiguo Régimen.

Castilblanco
Detenidos por la muerte de los guardia civiles.

Autoridades locales, fuerzas de seguridad y todo el conglomerado que conformaban las esferas de poder, son abiertamente tachadas como culpables de los hechos acontecidos en Castilblanco. La Segunda República no había sabido borrar el caciquismo de las tierras españolas, y el asesinato de los guardias civiles no era más que una expresión del hastío del pueblo. La muestra de este pensamiento se expresa en un párrafo del diario Crónica: «El alcalde de Castilblanco, siniestra figura de ese cacique del Antiguo Régimen, que el nuevo no ha podido desterrar aún, y cuya intervención, ordenando a la Guardia Civil que disolviese la manifestación organizada por los vecinos de Castilblanco, dio lugar a la tragedia que, de otro modo, se hubiera podido evitar» (Crónica, nº 113, 10 enero de 1932, pág. 2).

La prensa de tendencia de izquierdas se mostró siempre defensora de la población frente a las autoridades y Guardia Civil. Una población oprimida, por quienes se suponía que debía velar por ella, se veía obligada a sublevarse, pues de lo contrario, sus calamidades seguirían de manera inmutable en el tiempo. «Los sucesos de Castilblanco pueden tener explicación en los excesos que por aquella tierra había cometido la autoridad durante años y a la influencia caciquil» (Diputado Celestino García, La Voz, 1 enero de 1932, pág. 8).

Tal es la defensa de la prensa hacia el pueblo, que incluso expone abiertamente que los detenidos por los sucesos, fueron trasladados tratados de manera vejatoria, una situación que no debería permitirse en la nueva época que se estaba viviendo. «expuestos a una temperatura de seis grados bajo cero, obligándoseles a estar en pie y con los brazos en alto […]. Creemos que el estos procedimientos no son compatibles con la justicia de la República» (Crónica, nº 113, 10 enero de 1932, pág. 3).

Prensa conservadora

El tratamiento de los sucesos de Castilblanco va a ser radicalmente diferente en la prensa conservadora. Ahora no se va a presentar a los huelguistas como víctimas de un sistema opresor, si no que este caso, será la Guardia Civil la única víctima de estos hechos.

El único interés de este sector periodístico era obviar las condiciones en las que se hallaban inmerso el campesinado, que sólo actuaba movido por la barbarie y la sin razón. «En la manifestación de huelguistas, los guardias, sin recelo, se mezclaron a los grupos aconsejándoles prudencia. No tomaron precaución alguna, a su creer, se hallaban entre amigos, que atenderían sus consejos para disolverse» (Nuevo Mundo, 8 enero de 1932, pág. 20).

Castilblanco
Juicio a los sospechosos de participar en los sucesos de Castilblanco.

La prensa conservadora no mostraba ojos críticos hacía el caciquismo, pues era un mal casi inexistente. Si no que se centraba en la quiebra del país que estaba llevando a cabo la Segunda República. «De ningún modo puede achacarse lo ocurrido a la cuestión agraria, ya que el paro no existe en Castilblanco, donde ahora ni nunca hubo crisis» (La Vanguardia, 3 enero de 1932, pág. 25). A la vez que predicaba el mal que se avecinaba con el asentamiento de la República: «pero si un día, por desgracia, vencen (la izquierda republicana), les faltaría tiempo para implantarnos su Guardia Roja, una Checa como esa que tiene sometida a Rusia bajo el terror» (Acción Española, nº 2, 1 enero de 1932, pág. 173).

Ideales enfrentados

Queda patente que cada ideología, representada en los periódicos de turno, se enzarzaba en una dura guerra por hacer valer su opinión por encima del resto. Donde unos veían la lacra del caciquismo, otros perseveraban en la idea que tanto República como huelguistas, de corte anarcosindicalista, eran los únicos causantes de estos duros acontecimientos.

Prensa conservadora y prensa de izquierdas, dos polos opuestos de la realidad político-social de la República. Mientras unos aún observaban los fantasmas del Antiguo Régimen, otros se aterrorizaban ante la idea de que se extendiese el ideario comunista del este europeo. Una prensa totalmente sectaria, que bebió del sufrimiento de un pueblo para dar forma a su lucha política.

Castilblanco se convirtió en la escenificación perfecta de la polarización política de todo un país.

Fuentes y Bibliografía:

  • Acción Española, nº 2, 1 enero de 1932.
  • Comín Colomer, E.: “DE CASTILBLANCO A CASAS VIEJAS”, Temas Españoles,
    nº 89. Publicaciones Españolas, 1959.
  • Diputado Celestino García, La Voz, 1 enero de 1932.
  • La Vanguardia, 3 enero de 1932.
  • Nuevo Mundo, 8 enero de 1932.

 

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