La Milicia General (I) Cisneros y Rengifo

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La historia militar no ha encontrado su posición dentro de la historiografía hasta fechas recientes. Hace no tantos años, se la veía como parte de una denostada historia positivista, cuyos análisis, en muchos casos, se limitaba a enumerar una serie de guerras acompañadas de notas sobre líderes del campo de batalla.

En Inglaterra surgió, gracias a los trabajos de Rogers, un debate analizando el término Revolución Militar, que este autor había acuñado en el libro The Military Revolution, (1956). Este estudio, y otros tantos coetáneos analizan el despliegue militar con la creación del Estado Moderno. De hecho, se aprovechó la moda de estudios sobre el estado moderno, para retomar el discurso de la historia militar, pero esta vez dándole un enfoque distinto. La historia militar fue sumando adeptos entre los que sobresalen autores como René Quatrefages, G. Parker o I. A. A. Thompson.

Precisamente el último autor, Thompson, creó una obra de gran valor titulada Guerra y decadencia, gobierno y administración en la España de los Austrias. En la citada obra se menciona un sistema militar defensivo de la península denominado «Milicia General». Debemos recordar, lejos de lo que podríamos pensar, que la península e incluso los reinos que la componen no tuvieron un sistema defensivo homogéneo; aunque sí es cierto que todo el litoral contaba con unas ciertas similitudes: defensa en primera instancia de las milicias locales y soldados profesionales pagados por el monarca (si bien éstos eran restringidos a puestos geoestratégicos importantes como por ejemplo Cartagena). En caso de no ser suficiente la contundencia de las comunidades locales, se pediría apoyo a las guardas de Castilla, cuerpo conocido como el primer ejército permanente de la Corona. La ausencia del cuerpo de defensa se relaciona con la política de exportación de la guerra, y con la relativa paz que se vivía en Castilla, cuyos altercados fueron mínimos frente a los que en otros estados se daban.

Pero…¿Qué es la milicia general? Es bastante complicada su definición por la multiplicidad de variantes (regionales, locales…) a las que se adapta el concepto milicia. No obstante con las palabras de Thompson nos podemos hacer una ligera idea. Él la define como:

“Una medida legítima y sensata de defensa nacional cuyos objetivos eran formalizar las acostumbradas obligaciones de las ciudades de ayudar a su propia defensa y dotar a estas fuerzas locales de algún tipo de organización permanente”

En definitiva, es una fórmula para retomar el principio de la obligatoriedad del servicio defensivo de todos los habitantes del reino, recogido en las Partidas, en momentos de inestabilidad. Lo interesante del sistema es que se da en un momento en el que el oficio militar iba abandonando el carácter medieval. En otras palabras, es un sistema militar a caballo entre la modernidad y lo medieval.

El inicio del desarrollo de la Milicia General nace con Cisneros, el regente quiso crear en 1516 una milicia compuesta por 31.800 infantes extraídos de la población de Castilla, Andalucía y Extremadura con la intención de servir de base frente al agotamiento de los reservistas. La creación de este cuerpo semi-profesional, responde al interés despertado por el regente, para imponer la autoridad de la monarquía en un momento de inestabilidad. Aunque el verdadero artífice intelectual de la milicia fue el General Rengifo. La propuesta pretende eliminar el servicio de 3 años de una doceava parte de la población, e instaurar una cofradía permanente con hombres con estatus de «vecino o hijo de vecino», con edades comprendidas entre los 20-40 años. El escribano de cada concejo elaboraría las listas. El corregidor junto con el capitán  elegirían a los «más hábiles», para desempeñar el oficio atendiendo a los cupos que el Consejo Real otorgaba a cada ciudad. Una vez tomada la decisión, se les comunicaba mediante una carta de asiento su nuevo estatus y los privilegios asociados a su nueva condición tales como: exención de determinados impuestos, no realizar servicio de guardas… así como las obligaciones que tenía como miembro de la milicia entre la que destaca pasar revista «a Caracol» un domingo al mes, no participar en amotinamientos, no robar, colaborar con los mandos…

El sistema, a pesar de las buenas intenciones con la que nació, recibió una oposición feroz por parte de la nobleza. Los privilegiados veían en la norma un peligro a sus dignidades y una clara fórmula para limitar su poder. De igual modo las oligarquías urbanas veían peligroso armar a la población.

Con la llegada del Emperador Carlos este sistema defensivo se abandonó, pero siempre se mantuvo en el recuerdo, siendo recuperado en los años finales del reinado de Felipe II, ante los ataques de los ingleses a las más de 1000 millas de litoral que la corona gestionaba desde 1580 con la incorporación de Portugal.

Vía | Clonard, conde de. (1851-1862): Historia orgánica de las armas de infantería y caballería españolas, Madrid: 16 volúmenes; Thompson, I. A. A. (1981): Guerra y decadencia. Gobierno y administración en la España de los Austrias, Barcelona: Crítica; Martínez Ruiz, E. (2008): Los soldados del rey: los ejércitos de la Monarquía Hispánica (1480-1700), San Sebastián de los Reyes: Actas.

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