La Ilustración española (II)

Si en la primera entrada vimos como se instauró la Ilustración en España, en esta nos vamos a centrar en los principales promotores de la misma, aquellos personajes que hicieron posible la moderada Ilustración española. Entre estos personajes encontramos a Carlos III, una de las figuras más representativas de la Ilustración española, pues introdujo novedades en su gobierno, promoviendo una administración ocupada por gente preparada, personas con talentos naturales y con capacidad de reflexión. De esta manera, la tradicional ocupación de puestos por personas con privilegios vinculados a la nobleza y el clero, se dejaba de lado en favor a la preparación y las cualidades. Como comenta Alfredo Floristán: 

“Como en este siglo los monarcas se rodearon de ministros, generales, jueces, incluso obispos, de extracción social tan modesta, aunque bien preparados para el desempeño de su misión.” [1]

Carlos III

La política ilustrada de Carlos III puso en marcha grandes innovaciones, que estuvieron muy condicionadas por el estancamiento de las estructuras. No obstante, las reformas de los ilustrados no condujeron a la abolición de los problemas, como fueron el atraso económico, la superstición religiosa, estancamiento político… solo prosperaron las reformas que reforzaban el poder del Estado, sin alterar los intereses de las clases privilegiadas.

Como menciona José Luis Abellán, es necesaria una socialización de la cultura, donde la tradición es incompatible con la Ilustración, adquiriendo interés las iniciativas de los grupos, mientras que disminuye el factor individual. Es en este ámbito  de dar importancia al grupo, en el que aparecen, al amparo del movimiento ilustrado, Sociedades Económicas de Amigos del País, organismos no estatales que tenían como propósito el desarrollo de España promoviendo la economía y dando solución a los posibles problemas existentes. Aparece también  prensa como “El Pensador” (1761-1767) o “El Censor” (1781-1787), prensa crítica con el poder y las instituciones establecidas.

Los personajes más influyentes del movimiento ilustrado español, aparte de Carlos III, van a ser figuras como Feijoo, Campomanes o Jovellanos. El primero de estos, Benito Jerónimo Feijoo, va a tratar temas en los que predomina la necesidad de desengañar a la sociedad de la superstición. Creía en la necesidad de eliminar las ideas que estaban admitidas por verdaderas, siendo perjudiciales para la sociedad.

Ley agraria de Jovellanos

Pedro Rodríguez de Campomanes cree en la necesidad de modernizar los oficios, necesario para que prosperase España, puesto que se encontraba en un “estado actual de abatimiento y rudeza que padecen los oficios en España”. Por otro lado estará la figura de Gaspar Melchor de Jovellanos con sus ensayos de economía, agricultura, filosofía… En su “Informe sobre la ley agraria”, Jovellanos es partidario de eliminar los obstáculos a la libre iniciativa, también profundiza en una reforma educativa, para dar más importancia a las materias científicas, así como la inversión por parte del Estado en obras públicas.

Como toda oposición que nace al compás de un nuevo movimiento, la Ilustración también tuvo su oposición y censura. La Iglesia encabezó esta oposición, pues temía perder su poder, de hecho, estaba siendo relegada en instituciones como la enseñanza, campo histórico de la Iglesia. A parte de ésta, la nobleza también mostró su descontento, pues veía como tomaban protagonismo las personas preparadas, lo cual chocaba contra sus privilegios. Esto va a desembocar en una crisis política, en la que las reformas ilustradas no pudieron aplicarse, porque la monarquía del Antiguo Régimen no podía prescindir del apoyo de la nobleza y el clero, lo que supuso un frenazo a las reformas.

Pintura barroca. El Barroco fue la oposición de la Ilustración.

La burguesía experimentará en esta época un gran desarrollo, puesto que alcanza una gran importancia social, vinculada al progreso económico que experimenta este grupo social. Esto provocará que se desarrolle una moral propia basada en valores, que ensalzan el trabajo y la riqueza frente a la moral de la nobleza tradicional.

Por lo tanto podemos decir que con la Ilustración se produce una apertura de España a la cultura, ciencia, economía, filosofía, arte, pedagogía, etc.

“La Ilustración significó para la tibetanizada España su tardía incorporación a la marcha de la cultura europea (…). Sí, España se abre a Europa en el siglo XVIII” [2]

Supone también el desarrollo de la razón frente a la oscuridad barroca, en la que predominaba la conciencia religiosa, en vez de la conciencia del individuo.

 

Vía |

  • Fernández Sanz, Amable. La Ilustración española: Entre el reformismo y la utopía. Anales del seminario de historia de la filosofía, nº 10, págs. 57-72.
  • Lynch, John (1999). La España del siglo XVIII. Editorial Crítica, Barcelona.

Citas |

  • [1] Floristán, Alfredo: “Críticas ilustradas y cambios en la sociedad española”. Ya, 18 de junio de 1988.
  • [2] López Aranguren, José Luis: “La Ilustración en España. La tarea pendiente”. El País, 31 de julio de 1988.

 

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