La guerra como motor del desarrollo tecnológico

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Que la guerra está constantemente ante nuestros ojos es una evidencia, ya sea en noticias, documentales, series, libro o cualquier otro tipo de información o pasatiempo. De la guerra, el elemento más destacable es la destrucción que genera a su paso. Miles de víctimas, ciudades enteras arrasadas, columnas de refugiados, y así una larga enumeración de execrables consecuencias, que tanto nos impactan cuando somos espectadores de tan demencial espectáculo.

Pero si bien es cierto que la guerra deja una temida huella de desolación, también lo es el hecho de que permite que la tecnología y la ciencia evolucionen, pues, de hecho, es uno de los grandes impulsores del desarrollo tecnológico.

Que esta «consecuencia» de la guerra sea menos conocida, o seguramente, menos mencionada, puede ser debido a la poca atención que se ha dado hasta hace relativamente poco a la Historia Militar. Y es que esta disciplina ha versado, en su mayor volumen, en el estudio concienzudo de ciertas batallas notorias. Unido a esto hay que mencionar la mala divulgación que ha rodeado, en parte, esta corriente de la Historia, resaltando mentiras y exageraciones con fines poco amigos de la veracidad histórica.

Es por ello que este artículo lo vamos a dedicar al estrecho vínculo que ha existido, existe y -por desgracia- existirá entre guerra y tecnología.

De la herramienta al arma

Desde que la especie humana vaga a lo largo y ancho de la Tierra, ha ido sintiendo la necesidad de inventar útiles que le facilitasen las labores del día a día, tales como la caza, la recolección o la agricultura cuando se produjo su expansión. Herramientas que en principio fueron simples cantos rodados, más adelante toda una industria lítica y ósea, y por último el uso intensivo de los metales, llevó al humano a dominar el entorno.

Con el crecimiento de los grupos humanos, lo que al principio eran contactos esporádicos y fortuitos, se fueron convirtiendo en cada vez más habituales, pues se comenzaba a comerciar, intercambiar individuos, y a querer ocupar ciertas zonas habitadas, pues presentaban mejores recursos o resultaban más fácil de defender. Es, estos primeros enfrentamientos intencionados, cuando surge la necesidad de imponerse al enemigo mediante los útiles usados para el trabajo. Arcos y flechas, lanzas, útiles líticos o lanzaderas, empezaban a compartir uso entre lo doméstico y lo bélico.

Con la aparición de la técnica de fundición con la Edad de los Metales, se dio un salto cualitativo en la técnica bélica, en la que el dominio de estas nuevas herramientas ofrecía una enorme ventaja sobre la banda o clan contrario. Nacían así armas con un filo cada vez más duradero y cortante, mejores protecciones como escudos o cascos, así como también hacía aparición una desconocida fragmentación social, basada en la posesión de estos elementos.

Abandonada la Prehistoria y dando comienzo la Edad Antigua, las civilizaciones e imperios que existieron a través de esos siglos -Roma, Grecia, Cartago, Sumeria, Egipto o Persia entre otros- fueron herederos de este tipo de tecnología militar basada en los metales, con la diferencia que tantos las armas como los sistemas defensivos experimentaron un alto grado de especialización. Así, por ejemplo, los macedonios inventaron una lanza de enormes dimensiones llamada sarisa. Su enorme tamaño y peso hace relucir la hipótesis de que sería desmontable, pues, de lo contrario, su transporte sería una ardua tarea. Notorios fueron también los arcos persas, que dotaron a su ejército de una poderosa fuerza a distancia.

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Una de las primeras herramientas transformadas en armas fue el arco. Pasó de ser un arma de caza, a tener un gran potencial ofensivo. Ilustración del Museo de Prehistoria de Valencia. Fuente

La Edad Media siguió siendo heredera de esta tecnología militar, si bien es cierto que se fueron dando los primeros pasos hacia la diversificación de las técnicas de guerra, las cuales comenzaron a evidenciarse hacia finales del periodo medieval, como fue el caso de la pólvora, que terminaría definiendo un nuevo concepto de guerra por si misma. Otro ilustre elemento del periodo medieval fue el denominado fuego griego, una innovación de origen bizantino, que determinó el control del Mediterráneo gracias a que supuso la superioridad naval bizantina. Muchos fueron los intentos por reproducirlo, pocos consiguieron siquiera acercarse.

Otra evolución que se dio en la Edad Media fue en el campo de la indumentaria. La armadura medieval fue perfeccionándose hasta el punto lograr una alta eficiencia de protección el campo de batalla, tanto ante golpes contundentes, como ante elementos lacerantes o armas arrojadizas. Hacia el final del medievo existían unas armaduras totalmente estilizadas y completamente funcionales.

El uso de la química: la guerra a distancia

Como ya hemos anticipado, en el siglo XV se extendió el uso bélico de la pólvora. Si bien es cierto que se conocía en China al menos desde el siglo IX, su uso en armas de fuego tardó un poco más en extenderse.

Con la pólvora cambió de manera radical la concepción de la guerra, pues ya no presentaba tan primordial el combate campal. La artillería se fue perfeccionando, de manera que fue posibilitando poder atacar desde cada vez más lejos y de manera más potente, por eso fue imprescindible que los sistemas defensivos evolucionasen al mismo tiempo que lo hacía la artillería.

Este hecho, supuso el declive de la caballería medieval como la principal fuerza ofensiva en el campo de batalla. Empezaba a cobrar más protagonismo la infantería, quien sería la encargada de manipular las nuevas armas de fuego. La caballería se mostraba ya ineficiente ante el nuevo modelo de guerra. También se empezaban a sustituir armas míticas como la pica, pues la aparición del mosquete con bayoneta aportaba una mayor maniobra y seguridad para la infantería.

La introducción de la pólvora como elemento detonador, cambió de manera definitiva el desarrollo de la guerra. Ilustración de Jacob de Gheyn II. Fuente

Iniciado ya el siglo XIX, la artillería experimentó otro gran avance gracias a los avances en el cañón y la munición, permitió a las nuevas armas tener un alcance inaudito hasta el momento. Armas cada vez más potentes, precisas y con un importante alcance, produjo un significativo incremento en el número de víctimas mortales. Cosa que se agravó a través de la introducción de los nuevos agentes químicos.

Ya en durante la Gran Guerra, a los potentes fusiles Mauser, Dreyse o la Gallin, hubo que sumar unas nuevas armas de carácter químico, los gases. La incipiente industria química, desarrollada con la Segunda Revolución Industrial, introdujo en el campo de batalla gases como el lacrimógeno, mostaza, iperita, fosgeno o cloro. En 1914, los franceses hacían uso por primera vez de estas nuevas armas. El rumbo de la guerra ya había cambiado de manera exponencial. Se hicieron necesarios sistemas para protegerse de los gases, uniformes que proporcionasen camuflaje, o trincheras que rompiesen el fuego enemigo.

La Segunda Guerra Mundial: la devastación hecha armas

Si durante la Primera Guerra Mundial se tornó hacia una guerra de carácter defensivo, durante la nueva contienda se cambiará hacia la ofensiva total, dando como lugar la desaparición en el frente tradicional, pues la nueva tecnología permitía llevar la guerra a todo el campo enemigo. La población civil sería ahora una víctima más de la guerra.

Conocidos son los avances en armamento militar que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial: sobre el resto de los demás destacarían los blindados, la aviación y los submarinos y portaaviones, porque, como ya hemos mencionado, la nueva contienda se convirtió en un conflicto puramente ofensivo. Para contrarrestar estas enormes moles de acero surgieron a su vez cañones antitanques, ametralladoras antiaéreas o las cargas de profundidad. Pero, si hubo un antes y un después en el armamento militar, el punto de inflexión lo pusieron las sendas bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

La Guerra Fría y los conflictos modernos, la especialización del ejército

La tensión que se formó tras la guerra entre las dos grandes potencias, EE. UU y la URSS, se manifestó en el temor a una más que inminente guerra nuclear, pues ambas potencias compitieron por el desarrollo de una cada vez más potente y eficaz armamento nuclear. Misiles de larga distancia, satélites espaciales y la mejora continua de un armamento cada vez más técnico y especializado, llevaron el ámbito de la guerra a una alta cualificación, que exigía una preparación cada vez mayor por parte del ejército, pues la nueva tecnología exigía una alta preparación para el dominio de una nueva y compleja tecnología, ya fuese en forma de armamento o tecnología auxiliar.

Desde las guerras mundiales, tanto el armamento como la indumentaria han evolucionado de manera notable. Aquí podemos ver a un soldado estadounidense con armamento y uniforme modernos. Fuente

Tras la caída del telón de acero, la guerra se ha ido tornando en un elemento cada vez más estratégico y enfocado en objetivos específicos. Resultado de esto es la reducción que han ido experimentando los ejércitos hasta la actualidad. Una mayor tecnología y una manera diferente de entender la guerra, han provocado que la necesidad de mano militar no sea tan alta, sino más especializada y preparada. Añadiendo, además, que las amenazas en el mundo actual vienen desde otros nuevos protagonistas, como el terrorismo de corte islámico, o las tensiones nucleares que vienen de países como Irán o Corea del Norte.

Tras este análisis por la evolución del armamento bélico, es innegable que el desarrollo de la guerra ha ido asociado a un fuerte desarrollo tecnológico, científico, industrial o económico, pues casi toda la innovación que tenemos hoy en día frente a nuestros ojos procede de la necesidad de modernizar la guerra.  

Nota: habrás podido observar a través de estos párrafos que nos hemos centrado únicamente en el armamento. Lo hemos enfocado así porque salía un artículo muy extenso, poco apropiado para una lectura amena y rápida. Es por eso que dedicaremos una segunda publicación para hablar del resto de avances científicos y tecnológicos en el ámbito bélico.

Bibliografía

  • Gajate Bajo, M., González Piote, L., (Eds.). (2017). Guerra y tecnología. Interacción desde la Antigüedad al Presente. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces S.A.
  • National Geographic Historia Edición Especial (2026). «Las guerras mundiales. 1900-1945: las raíces del mundo actual».
  • Vallejo naranjo, C. (2007). «El ocaso de la caballería medieval y su supervivencia iconográfica en la Edad Moderna» en Laboratorio de Arte, nº 20, pp. 31-53.

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