La civilación asiria (IV) Arqueólogos

En esta ocasión le toca el turno a la cuarta parte del especial sobre la civilización asiria. Vamos a tratar el tema de los arqueólogos, aquellos aventureros del siglo XIX que desenterraron una de las culturas mesopotámicas más influyentes, la asiria.

Continuamos…

Arqueólogos y sus excavaciones

Paul Emile Botta

Laa región del Eufrates y el Tigris era completamente llana, solo en algunos lugares se elevaban misteriosas colinas, las cuales  despertaron la curiosidad de los buscaban ruinas enterradas. Fue preciso el impulso de un hombre de Occidente, nacido en Francia, en 1803, lo que dio principio a estas excavaciones. Se trataba de Paul Emile Botta, quien decidió desenterrar las ruinas ocultas en dichas colinas.

En 1840, Botta fue nombrado agente consular en Mosul, ciudad situada en la parte alta del Tigris. Estaba muy interesado en la arqueología. Un día, un hombre se dirigió a él preguntándole si era el francés que se interesaba por los ladrillos con inscripciones, pues en su pueblo natal había muchos de estos. Así, Botta envió una pequeña expedición al lugar, y una semana después regresaba un mensajero, comunicándole que habían encontrado unas murallas con inscripciones y todo tipo de objetos junto a ellas. Botta montó a caballo y se trasladó al lugar de los hallazgos. Pocas horas después de penetrar en una fosa abierta, admiraba las más extrañas figuras: hombres barbudos, animales alados…

Paul Emile Botta, precursor de las excavaciones asirias
Paul Emile Botta, precursor de las excavaciones asirias

Poco tiempo después, Botta comunicaba al mundo: “Creo que soy el primero en haber descubierto esculturas que, con todo fundamento, se pueden atribuir al periodo de apogeo de Niníve“. El descubrimiento del primer palacio asirio, fue novedad de primera categoría para la ciencia. Hasta entonces, se había creído que la cuna de la humanidad estaba en Egipto. Hasta el siglo XIX, del “país de los dos ríos” solo se sabía lo que decía la Biblia, y para la ciencia de la ilustración moderna todo aquello era una “colección de leyendas” con falta de fundamento, excepto en aquellas partes que coincidía con las narraciones y alusiones de los historiadores antiguos, a los que se otorgaba cierta credibilidad. El descubrimiento de Botta significaba que podía haber existido una civilización más antigua que la egipcia, una civilización que había florecido hasta que fue exterminada a sangre y fuego.

Las ruinas halladas por Botta resultaron ser las del palacio de verano del rey Sargón II de Asiría, construido en las cercanías de Nínive después de la conquista de Babilonia. Muro tras muro, surgieron de los escombros patios con arcadas ricamente decoradas, estancias suntuosas, pasillos y cámaras, un harén dividido en tres partes y los restos de una torre con varias terrazas. Además Botta también descubrió, entre 1840 y 1846, palacios de Asurbanipal en Korsbad, al norte de Nínive. Después de Botta otro cónsul francés, Victor Place, se encargó de la misión de continuar las exploraciones en la ciudad de Nínive.

 Austen Henry Layard

 Con veintiocho años, emprendió las excavaciones de Tell Nimrud (la antigua Kalhu, Calah en la Biblia) en 1845, donde encontró otro de los palacios de Asurbanipal II. Un año después, trasladó su interés a Nínive y encontró el palacio de Senaquerib en Kuyunjik, en el que desenterró más de tres kilómetros de relieves esculpidos en piedra. Entre ellos figuraba el de la leona herida.

Austen Henry Layard, verdadero descubridor de Nínive
Austen Henry Layard, verdadero descubridor de Nínive

Sus trabajos fueron continuados por su asistente, Hormuz Rassam (1826 – 1910). Entre sus principales descubrimientos están: el palacio norte de Asurbanipal en Nínive, y las puertas de Balawat. La biblioteca descubierta por Rassam en el palacio de Asurbanipal, ocupaba dos estancias en las que había treinta mil volúmenes, en placas de arcilla, que dieron la clave para el conocimiento de la civilización asirio – babilónica. Allí se halló la “Leyenda de Gilmagesh”.

Creswicke Rawlinson

Sir Henry Creswicke Rawlinson
Sir Henry Creswicke Rawlinson

En 1837, el arqueólogo inglés, sir Creswicke Rawlinson, se deslizó por una pared de roca de un barranco iraní, de unos cincuenta metros de profundidad, para descifrar las inscripciones de un friso esculpido a mitad de altura. Copió las inscripciones y las figuras que lo acompañaban y, mas tarde, las descifró. Decían esto:

Proclama el rey Darayawaush (Darío):
Tú que contemplas en los días futuros estas inscripciones
que hice esculpir en la roca y esas imágenes de seres humanos,
no quites ni destruyas nada.
¡Procura, mientras tengas semillas, mantenerlas intactas!

Para esta traducción, Rawlinson se había apoyado en los primeros estudios de la cuneiforme y en avances posteriores, debidos a la dedicación que muchos científicos europeos prestaron al conocimiento e interpretación de diferentes lenguas muertas, entre las cuales se encontraban las lenguas de los lejanos imperios asirio, babilónico y persa.

Lengua y escritura

Desciframiento

En 1802, el filólogo alemán Georg Friedrich Grotefend decidió descifrar la escritura que llamó cuneiforme. Solo contaba con unas copias deficientes de inscripciones procedentes de Persépolis.

En algunas de las fuentes había tres tipos de escritura distribuida en otras tantas columnas. Partió de las hipótesis de que el signo más repetido fuese el de rey, y que otro signo por su disposición, sería para separar las palabras; otra hipótesis, sería que la lengua de la columna del medio, fuese persa.

La lectura debía hacerse de izquierda a derecha, ya que las cuñas se aplicaban en cuatro

Georg Friedrich Grotefend, descifrador de la escritura cuneiforme
Georg Friedrich Grotefend, descifrador de la escritura cuneiforme

direcciones, la principal, de arriba abajo y de izquierda a derecha. Las puntas se dirigían hacia abajo y derecha, y los ángulos formados por la unión de dos cuñas, se abrían a la derecha.

La palabra rey, debería ser la primera del texto, y la más repetida, dado la exaltación de la realeza, como herencia del pasado. También logró descifrar la palabra hijo, recurriendo al Zend Avesta, el libro sagrado iranio.

El hallazgo de enormes cantidades de tabillas, dio lugar a que en diversas universidades, se formaran grupos de estudio de las inscripciones cuneiformes, y comenzaran a elaborarse repertorios léxicos. Con Grotefend nació una disciplina que con Robinson alcanzó consistencia y madurez y pudo ocupar su lugar en los ámbitos académicos.

Con este post hemos acabado con los aspectos generales que conciernen a esta civilización. Así, en las siguientes entradas empezaremos a ver las grandes ciudades de la civilización asiria. La primera, Assur.

Via |

  • Ascalone, E. Mesopotamia (2005). BarcelonaEd. Electra; Domínguez Pérez.
  • Masó Ferrer, Felip (2007). Historia National Geographic. Nínive, capital del imperio asirio, nº 37, págs 42-53.
  • Grandes civilizaciones. Mesopotamia, primeras civilizaciones históricas (2002). Madrid: Ed. Rueda J. M. 

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