El caso Galileo: Inquisición y ciencia

En la anterior entrada, dedicada a la relación entre ciencia y religión en la Edad Moderna, pudimos ver como Galileo, a través de la reformulación de la teoría copernicana, rompió los paradigmas de la ciencia medieval, anclada en las propuestas de Aristóteles. Por aquel entonces, la ciencia se encontraba completamente subordinada a la religión. Ante lo cual, toda teoría científica debía pasar los filtros eclesiásticos, además de respetar lo plasmado en las Santas Escrituras. Es por esto que Inquisición y ciencia chocaron de lleno.

Galileo, aquel científico de Pisa que estudiaba la configuración del Universo con el Sol como centro, saltó por encima de los cánones católicos, lo que provocó el enfado de la Iglesia. Esta, veía como iba perdiendo legitimidad científica a través de las nuevas formulaciones, y como es obvio, no estaba dispuesta a permitirlo, no quería dejar de ser la guardiana del saber científico.

Y es aquí donde nos quedamos en la entrada anterior, en el inicio de la persecución que sufrió Galileo Galilei por la Inquisición.

Inquisición y ciencia: los ataques hacia Galileo

La vida del científico pisano parece una historia de choques con la Iglesia. Ya en el año 1604, el que fuese su alumno, Silvestro Pagnoni, le denunció ante el Santo Oficio, acusándole de que nunca lo había visto acudir a misa. Por suerte para Galileo, la Iglesia en Padua no gozaba con el poder con el que contaba en el resto de territorios. La ciudad veneciana contaba con una gran libertad religiosa. Este hecho hizo que la acusación quedase en una simple anécdota.

No obstante, cuando Galileo Galilei publica en el año 1610 el tratado Sidereus Nuncius, la situación se tornó mucho más seria. Con la aparición de la nueva teoría cosmológica, los defensores del geocentrismo comienzan a ver como su posición en el mundo de la ciencia empieza a estar mermada, puesto que los descubrimientos de Galileo sitúan en una posición muy ventajosa a la teoría copernicana. La falta de estudios que amparasen a la teoría geocéntrica tampoco ayudaba a los partidarios de esta. Mientras que la teoría heliocéntrica estaba fundamentada en descubrimientos empíricos, los aristotélicos solo se basaban en los escritos de este autor clásico. Por esto mismo, los que apostaban por la teoría inspirada por Aristóteles y Ptolomeo, veían como de manera paulatina se iban quedando sin argumentos ante los nuevos postulados científicos.

Una prueba de los celos que estaba despertando Galileo entre los seguidores de Aristóteles, la podemos recoger en las cartas que Giovanni Francesco Sagredo le escribió a su amigo Galileo:

«El poder y la generosidad de vuestro príncipe permiten esperar que él sepa reconocer vuestra dedicación y vuestro mérito; pero en los mares agitados actuales, ¿quién puede evitar de ser, yo no diría hundido, pero sí al menos duramente agitado por los vientos furiosos de los celos?».

Inqusición y ciencia
Sidereus Nuncius, texto en el que Galileo hablaba sobre la naturaleza de la Luna, las estrellas, y las lunas de Júpiter. Su publicación conllevó el rechazo de los geocentristas, y por consiguiente, su persecución científica. Fuente

No obstante, los ataques que recibió Galileo, tales como los de Martin Horky, solo lograron que los seguidores del astrónomo pisano lo ridiculizasen. Horky acabó siendo el hazmerreír de la universidad. Francesco Sizi acabó corriendo la misma suerte que Horky, puesto que sus ataques hacia Galileo tampoco acabaron en buen puerto.

Pese a que las teorías de Galileo son aprobadas por el Colegio Romano y los ataques de sus opositores en el plano astronómico son fácilmente burlados, los ataques en el plano religioso comienzan a ser cada vez más virulentos. Galileo es atacado de forma casi constante por personajes del ámbito eclesiástico. Religiosos como Niccolo Lorini, el padre Caccini, o el cardenal Belarmino se dedican a desprestigiar y atacar de forma abierta a Galileo. Tal son los ataques hacía su persona, que Galileo Galilei se ve «obligado» a explicar en una carta a Cristina de Lorena la naturaleza de los ataques.

Rechazo al heliocentrismo: más religión que ciencia

Como ya hemos señalado, la postura de la Iglesia era totalmente opuesta al nuevo modelo astronómico. La Iglesia había confiado muchos siglos atrás su concepción del Universo a los postulados de Aristóteles y Ptolomeo. Pero lo cierto era que se carecía de pruebas fehacientes que respaldasen el modelo geocéntrico. Este se sustentaba más por la cobertura religiosa católica que por pruebas científicas.

Además, como otro elemento se alzó en defensa del geocentrismo: la Contrarreforma. La Iglesia, a raíz del Concilio de Trento, vio la necesidad de cerrar filas en torno a las Sagradas Escrituras. El concilio condenaba la interpretación de los versículos bíblicos. Y, por tanto, se podía dejar entrever que el nuevo modelo cosmológico hacía una lectura libre de los mismo.

La Iglesia no podía permitir tal ataque a la piedra angular del catolicismo, pues sería ceder ante los embistes de la de los preceptos protestantes…

1616, la condena al heliocentrismo

El 16 de febrero de 1616 marca el inicio del periplo de Galileo Galilei con la Santa Inquisición. Dicho día fue convocado a Roma por el Santo Oficio. Esta primera visita serviría para condenar la teoría copernicana. Unos días más tarde, Pablo V ratificaría la condena eclesiástica a la nueva corriente astronómica. La teoría de Galileo era «totalmente contraria a la Escrituras».

Pero, mientras tanto, Galileo aún podía seguir manteniendo sus posturas más o menos de manera abierta, a pesar de que el Santo Oficio ya había condenado la teoría. Desde el mismo núcleo de la Iglesia, empezaban a entender que la naturaleza de los cuerpos celestes, era como se estaba defendiendo a través de las investigaciones del Galileo. Las propuestas del geocentrismo se estaban quedando ya anticuadas con los saberes aportados por la nueva astronomía.

Inquisición y ciencia
Retrato de Urbano VIII, quien en su época de cardenal, mantuvo bajo su protección a Galileo, aunque ya como papa no le quedó más opción que retirarle su apoyo, y condenarlo por sus teorías. Fuente

No obstante, si por algo el astrónomo pisano seguía en los círculos intelectuales, a pesar de haber sido reprendido por la Inquisición, fue por su íntima amistad con el cardenal Barberini, quien más adelante ocuparía el solio pontificio como Urbano VIII. Entre sus protectores, también se encontraban otros poderosos hombres de la época, como Fernando II de Médicis, gran duque de Toscana.

Bajo el auspicio de estos dos influyentes personajes, más el apoyo de la Academia de los Linces, Galileo Galilei pudo rebatir el De tribus cometis ani 1618 disputatio astronomic, del jesuita Horazio Grassi. En esta publicación, Grassi hablaba de los cometas como meras alteraciones visuales producidas por la intervención de otros factores. Obviamente, Galileo acabó ridiculizando al jesuita, lo que parece que incluso hizo gracia al mismo Urbano VIII. Galileo salió victorioso de este choque contra el poder de los jesuitas, no obstante, este hecho, a la larga, le saldría bastante caro. 

La condena de la Inquisición: los errores de Galileo

La publicación de Galileo: Dialogo sopra i due massimi sistema

Como ya hemos comentado, Galileo se supo rodear de personas influyentes, y pudo formar parte de importantes círculos intelectuales. Este hecho le facilitó la posibilidad de hacer una nueva publicación, Dialogo sopra i due massimi sistema, en el cual quedaba patente su actitud contra la teoría geocéntrica. Galileo se toma como una tomadura de pelo el sistema aristotélico. Este hecho suponía, por un lado ratificar su teoría heliocentrista, y por otro desacatar la orden inquisitorial de 1616, que recordamos que condenaba de manera contundente la nueve corriente astronómica. A todo esto, hay que subrayar que el texto se publicó en lengua vulgar, y no en el idioma culto. Esta manera de escribir un texto científico se tomó como una afrenta, pues se consideró que no había pasado el filtro académico, si no que llegó directamente, y sin refutar, a toda la masa popular.

Poca solidez en sus argumentos

Pero no solo fue la publicación de su Diálogo lo que terminó de provocar la ira del Santo Oficio. Galileo, cometió una serie de errores que hicieron difícil salir airoso del proceso inquisitorial. El astrónomo se vio rebatido en su hipótesis sobre las mareas. Mientras que él las achacaba erróneamente a las sacudidas de la Tierra, los inquisidores, con total certeza, supieron ver que eran provocadas por la influencia de la Luna. A pesar de todo, Galileo aún pensaba que estaba en lo cierto, lo que demostró que él ya daba por válidas sus propias hipótesis.

Inquisición y ciencia
Galileo ante el Santo Oficio, pintura de Josep-Nicolas Robert-Fleury. Fuente

La reinterpretación de las Santas Escrituras

Sumado a esto, hay que hablar sobre las incursiones del científico en el campo de la teología. Galileo, no contento con intentar rebatir los argumentos de la Iglesia a través del campo de la ciencia, se atrevió además con la interpretación de la Biblia. Como es obvio, el campo de la teología le quedaba a Galileo fuera de sus competencias. Pero aun así, el astrónomo se atrevió a plantear una nueva visión del libro sagrado, porque según él, a través de sus hipótesis, ciertos pasajes bíblicos habían quedado obsoletos. Este movimiento por parte de Galileo fue demasiado arriesgado, pues incluso su gran defensor, Urbano VIII le recomendó que no se metiera en esa materia tan poco recomendable para un hombre de ciencia.

Sumando todos estos precedentes, podemos observar que Galileo Galilei no solo se enfrentó a la Santa Inquisición por cuestiones científicas, si no que sus continuos desafíos, unidos a sus «incursiones» en el plano teológico, conformaron un pretexto demasiado sólido para ser llevado frente al Santo Oficio. Era más que obvio, que Galileo no había sabido manejar la situación. Finalmente Inquisición y ciencia colisionaron en un juicio que marcaría el devenir de la ciencia.

1633: la condena a Galileo

Ante las cuestiones mencionadas en los párrafos anteriores, sumado a las recriminaciones de la Liga Católica a Urbano VIII por su alianza con Richelieu, el papa no vio más solución que la de llamar al científico a Roma, para prestar confesión ante el tribunal de la Santa Inquisición. La misiva para que se presentase en Roma le llegó en octubre del año 1632. Pero Galileo, que ya contaba con una edad avanzada, 68 años, no se encontraba en un buen momento para poder asumir el viaje hacia la capital italiana. Finalmente se presentó en 1633.

El proceso contra el científico pisano dio comienzo el 9 de abril del año 1633. Galileo fue interrogado en este primer contacto. El juicio estuvo marcado por la falta de unas pruebas sólidas que demostrasen que el científico era culpable. No obstante, bajo coacciones de tortura, el de Pisa se proclamó así mismo culpable. Galileo Galilei tuvo que retractarse de sus hipótesis, argumentando que no había sabido ver lo errores de propuesta científica. Hay que señalar también, que no hay evidencias para afirmar que Galileo, en el momento de recibir la sentencia, pronunció la célebre frase: Eppur si muove («y sin embargo se mueve»).

Finalmente, unos meses más tarde, el 21 de junio, Galileo recibe la sentencia en el convento dominicano de Santa María sobre Minerva, en Roma. El científico es condenado a cárcel de por vida. Aunque su otrora protector, Urbano VIII le conmuta de manera casi inmediata la condena por arresto domiciliario. Además, su obra fue totalmente prohibida.

Inquisición y ciencia
Villa Il Gioiello, Florencia, residencia donde Galileo Galilei, tras ser condenado por la Inquisición, terminó sus días. Fuente

Galileo se retiró a Florencia, donde seguiría trabajando en su obra. Pero no fue en Florencia donde el científico acabó sus días, sino que lo hizo en su casa de Arcetri, la Villa Il Gioiello. En este lugar terminó su última obra, Discurso y demostración matemática, en torno a dos nuevas ciencias, la cual se publicaría en Holanda.

Finalmente, Galileo, anciano y ciego, falleció el 8 de enero de 1642, a los 77 años de edad. Aunque se hubiese retractado de su hipótesis científica ante la presión del Santo Oficio, quedó sentadas las bases de la ciencia moderna. Galileo logró que ciencia y religión acabasen finalmente separadas. Él, fiel creyente de que la ciencia se debía reescribir, consiguió allanar el camino para los científicos del futuro.

 

Vía:

  • BELTRAN MARI, A.: Galileo. Ciencia y religión, Barcelona, 2001.
  • BELTRÁN MARI, A.: «La Iglesia contra la ciencia. Galileo y la Inquisición», National Geographic Historia, núm. 14, 2005, pp. 82-89.
  • GALILEO GALILEI: Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión, Madrid, 1987.
  • KEARNEY, H.: Orígenes de la ciencia moderna, 1500-1700, Madrid, 1977.
  • SELLES, M. Y SOLIS, C.: La Revolución científica, Madrid, 1991.

 

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