Cambio de reinas

Este viernes 15 de febrero se estrena Cambio de Reinas, una nueva película de temática histórica, y en La Historia Heredada hemos tenido el placer de verla antes de su estreno.

Ambientada en el siglo XVIII, nos presenta una trama, que se desarrolla entre el París de Luis XV y el Madrid de Felipe V y Luis I, en la que el eje de Cambio de Reinas será precisamente ese, el intercambio de princesas entre ambas coronas. Este vinculación entre los dos países, se espera que traiga, por fin, la estabilidad para ambos territorios tras largos años de hostilidades.

Y es en este punto en el que se da inicio a la película. Pero antes, pongamos un poco de contexto de por medio.

Guerras entre Francia y España

España y Francia, a pesar de ser vecinas, se han enfrascado infinidad de veces en guerras, provocando una sangría, casi constante, de recursos tanto humanos como de capital.

Con intereses enfrentados de toda índole: religiosos, territoriales, sucesorios o de alianzas, ambos territorios han sufrido una ingente cantidad de choques bélicos. La última, antes de que transcurran los sucesos de Cambio de Reinas, fue la Guerra de la Cuádruple Alianza, en la que España se enfrentó a la coalición formada por Francia, Gran Bretaña, las Provincias Unidas de los Países Bajos y el Sacro Imperio Romano Germánico. No obstante, Francia ya venía de intervenir en la Guerra de Sucesión Española, y en la Guerra de los Nueve Años.

Finalmente, y con el Tratado de Utrech mediante, las aspiraciones regias de ambas coronas sobre el trono opuesto se vieron truncadas, pues el tratado prohibía un mismo monarca para sendos reinos. Esta situación redujo el interés por establecer guerras continuas entre España y Francia, que además, veían como sus arcas reales cada vez se encontraban más vacías.

De esta manera cobró mayor sentido el interés por conformar una alianza que diera cierta estabilidad entre los dos territorios, y en estos casos, una unión dinástica era perfecta. Así pues, Felipe de Orleans, el Regente, proponía el intercambio de una princesa francesa con otra española, para de esta manera establecer una duradera estabilidad política.

Cambio de reinas

Cambio de Reinas, dirigida por Marc Dugain y basada en la novela de L’èchange des princesses de Chantal Thomas, inicia su andadura en el Versalles de 1712, donde se recibe la noticia de que Luis XV será el heredero de la corona francesa.

La trama principal de la película, el intercambio de princesas entre ambas coronas, se desarrolla de manera temprana en la película, pues Felipe de Orleans, el Regente, pronto dispone de la estratagema que, según sus planes, le conducirá a la estabilidad política con España. De esta manera, pronto queda claro al espectador, que Luisa Isabel de Orleans -hija del regente- será intercambiada por Mariana Victoria, la joven hija de Felipe V.

A raíz de este punto, la película se irá desarrollando en torno a las estratagemas políticas que surgen alrededor de ambas princesas. Matrimonios de conveniencia, manipulación política sobre Luis XV, o el marcado carácter antifrancés de la reina Isabel, que le empuja a despreciar, casi desde el principio a la princesa francesa.

Los personajes

En Cambios de Reina, donde la trama está «cerrada» casi desde el inicio, la encarnación de los personajes juega un papel fundamental. Y aún siendo una película, basada en una novela, que se permite sus propias licencias, logra una interpretación cercana al personaje histórico. Además, sumado al carácter intimista de la película, centrada en la vida individual de cada personaje, en vez de todo lo que le rodea, se consigue un acercar el personaje histórico al espectador.

cambio de reinas
Escena de la película donde se representa a la familia real de España, en una conversación durante la hora de la comida.

A lo largo del largometraje podemos observar ciertos aspectos definitorios de los personajes que protagonizan la trama. Así por ejemplo, podemos contemplar a un Felipe V sumido en una permanente melancolía y un profundo fervor religioso, que le lleva constantemente a hablar con Dios. Luisa Isabel de Orleans es representada, no de manera tan radical como lo hacen las crónicas, pero si dejando entrever su poco cariño hacia la corte y hacia su papel de reina, a la vez que se nos muestra con actitudes poco decorosas dentro del ámbito real.

Mariana Victoria de Borbón se muestra como la niña que se ve «obligada» a madurar, para así poder hacer frente a su obligación con respecto a su país. Con tan solo cuatro años, la princesa da muestras de una gran serenidad, y un enorme sentido del deber. En cuanto a su hermano, el futuro Luis I, encarna el papel de un rey al que llega el poder sin previo aviso. Con dificultad para tomar decisiones, se muestra durante toda la película obsesionado por conseguir el amor de su esposa.

Por último, el personaje de Luis XV es proyectado como un joven marcado por la muerte de toda su familia, y en especial la de su madre. Por eso permanece siempre apegado a su institutriz, la duquesa de Ventadour, a quien llega a percibir como su segunda madre, queriendo, a toda costa, marcar las distancias entre la institutriz y la princesa Mariana Victoria.

Conclusiones

Si te gustan las películas de temática histórica, el siglo XVIII, o las intrigas que rodearon a los grandes monarcas, Cambio de Reinas es la película ideal. Teniendo siempre presente que es una película, que debe permitirse ciertas licencias, pero que estas a su vez no son descabelladas, ni enturbian la atmósfera del largometraje, disfrutarás de este episodio entre las coronas de España y Francia.

Luis XV hablando con la duquesa Ventadour en los jardines de Versalles.

Con un desarrollo pausado, bien hilado y claro desde los primeros minutos, Cambio de Reinas consigue transmitir al espectador las intrigas políticas del XVIII, donde unas niñas, por el simple hecho de haber nacido en el seno de la realeza, verán su futuro comprometido con el fin de salvaguardar la paz entre ambos reinos.

Si te gusta el cine histórico, este viernes 15 de febrero tienes una cita con el cine.

Ficha

Ficha artística


FELIPE V………………………………………………….LAMBERT WILSON
LUISA ISABEL…………………………………………..ANAMARIA VARTOLOMEI
FELIPE DE ORLEANS…………………………………OLIVIER GOURMET
MADAME DE VENTADOUR……………………………..CATHERINE MOUCHET
DON LUIS………………………………………………..KACEY MOTTET KLEIN
LUIS XV…………………………………………………..IGOR VAN DESSEL
MARIANA VICTORIA…………………………………….JULIANE LEPOUREAU
MARISCAL DE VILLEROY…………………………..PATRICK DESCAMPS
DUQUE DE CONDÉ…………………………………..THOMAS MUSTIN
LA QUADRA……………………………………………GWENDOLYN GOURVENEC

Cambio de reinas

Ficha técnica

DIRIGIDA POR…………………………………………MARC DUGAIN
ESCRITA POR…………………………………………..MARC DUGAIN Y CHANTAL THOMAS
PRODUCTOR……………………………………………PATRICK ANDRÉ Y GENEVIEVE LEMAL
PRODUCTORES EJECUTIVOS……………………..JULIEN LOEFFLER, STEFAN RIESSER , FABRICE SMADJA
DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA………………………GILLES PORTE
DISEÑO DE PRODUCCIÓN…………………………PATRICK DECHESNE, ALAIN-PASCAL HOUSIAUX
MONTAJE……………………………………………….MONICA COLEMAN
VESTUARIO…………………………………………….FABIO PERRONE
MÚSICA DE……………………………………………..ERIC CHEVALLIER

Título original : L’ÉCHANGE DES PRINCESSES
Año : 2017
Duración : 100 min.
Francia


Hacerse nadie: la vida oculta de un religioso

La entrada que os traemos hoy no se ciñe al resto de artículos que solemos publicar en el blog. En esta ocasión vamos a tratar el libro Hacerse nadie. Sometimientos, sexo y silencio en la España de finales del s. XVI, de Ángel Rodríguez Sánchez que trata el curioso caso de Don Alonso Fernández de Herena, un deán que poco se ceñía al estilo de vida que se esperaba de un religioso. No queremos hacer una reseña bibliográfica, sino tratar el curioso tema que aborda el tomo de Rodríguez Sánchez.

En Hacerse nadie, a través de un proceso iniciado por el obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, conoceremos los más oscuros secretos de la sociedad cauriense, quienes, bajo el miedo de la excomunión, no dudarán en denunciarse entre vecinos, sacando a relucir las dobles vidas de los habitantes de Coria. Esta obra, a pesar de centrarse en un caso muy concreto, nos sirve de muestra general de lo que era la sociedad del siglo XVI. El libro es, por tanto, una obra «sociológica» sobre la población y la religión en la Edad Moderna.

¡Vamos allá con Hacerse nadie!

A modo de introducción

Como ya hemos mencionado, el libro trata sobre la sociedad de Coria durante  el siglo XVI, donde se mezclan motivos religiosos, económicos y sociales. La trama se desarrolla a partir de una orden del obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, por la cual instaba a los caurienses, bajo pena de excomunión, a confesar cualquier hecho que fuese en contra de los preceptos religiosos de la época, en los que la Contrarreforma tuvo un peso notorio.

Hacerse nadie

Portada de Hacerse nadie, libro que llegó a mis manos a raíz de un trabajo para la universidad.

De toda Coria, el vecino que peor saldría parado de esta red de denuncias sería, Don Alonso Fernández de Herena, deán de Coria, quien junto a otros religiosos de importancia, fueron acusados de varios hechos considerados poco morales. A Don Alonso se le acusó de mujeriego, jugador y amante del dinero. Mientras que la mayoría de la población hace referencia a los hechos perniciosos durante su cargo como deán, casi nadie resaltó las cualidades que llevaron a Don Alonso Fernández de Herena a ocupar un puesto de tanta importancia en la jerarquía eclesiástica.

 

La mayoría de los testimonios en contra del deán provenían de personas analfabetas, lo que era la tónica general de la sociedad de a pie. Además, muchos vecinos acusaron al religioso bajo testimonios basados en habladurías de otras personas. Los menos fueron los que denunciaron con plena conciencia de los actos de Don Alonso.

Aunque de forma escrita solo haya sesenta y tres testimonios, y el objetivo principal de las denuncias sea el deán, son muchas más las personas que se ven envueltas en esta trama. Por un lado, los principales cargos que siguen en jerarquía al deán también están implicados. Por otro, casi todos los habitantes de Coria los que con unos testimonios, acusando a unos y a otros, los que alimentan los testimonios dados ante el tribunal formado para tal efecto. Al final hubo un total de sesenta y tres ciudadanos de Coria a los que se le registró por escrito la confesión. De ellos, veintidós eran mujeres, casi todas ellas analfabetas, mientras que el resto, los cuarenta y uno restantes, eran hombres, sabiendo la mayoría de ellos leer y escribir.

Casi todas las denuncias estuvieron motivadas por el miedo a la excomunión. Este motivo contaba con una fuerza especial en una sociedad en la que la Iglesia dirigía los preceptos de los hombres.

Análisis

Hacerse nadie está construido en torno a unos legajos que se conservan en los archivos de la Catedral de Coria. Estos recogen el proceso abierto por el obispo Pedro García de Galarza en 1591, para aplicar los preceptos de la Contrarreforma, y así depurar la Iglesia de los malos hábitos que fue adquiriendo a lo largo de los siglos. Como protagonistas, encontramos los vecinos caurienses, quienes serán los que desaten toda esta trama dirigida contra el deán.

El libro refleja a través de los documentos preservados a través de los siglos, como centrándose en el caso de Coria, se podría extrapolar al resto de la sociedad castellana del siglo XVI. Una sociedad que está viviendo una época en que disminuyen, al menos temporalmente, las guerras, las crisis de subsistencia, las epidemias… lo que es señal de bienestar. Este bienestar se traduce en una disminución de la preocupación por parte de la sociedad al miedo a Dios, y por lo tanto una sociedad más mundana, donde los antiguos preceptos se sustituyen por otros que permiten una mayor libertad y disfrute de la vida terrenal.

Las denuncias y las relaciones que mantenían entre sí vecinos caurienses y religiosos, si bien la mayoría de las veces se corresponden con comportamientos fuera del precepto moralmente aceptable, algunos casos son el reflejo de unas relaciones de favores, como podría ser el caso del deán Don Alonso Fernández de Herena con las mujeres de la Casa de las Vandas. Otras veces, tales relaciones, dada la estabilidad y la asiduidad de estas, hacía que se viesen como relaciones normales,

La actuación del obispo de Coria, Pedro García de Galarza, respondía al nuevo movimiento contrarrefomista de la Iglesia Católica, que necesitaba, con urgencia, contrarrestar los efecto de la Reforma de Lutero. En este contexto, escribe una carta en 1591 dirigida a ser leída en todas las iglesias y también en la catedral, con la premisa de sentar el nuevo código establecido por la Contrarreforma. Mediante la misma, el obispo intentaría encauzar dentro de la moralidad católica a la sociedad cauriense.

El obispo de Coria instaba a la población a poner su conciencia en paz, haciendo las declaraciones pertinentes ante el tribunal que el obispo había formado por jueces, provisores y notarios, se manifestaba de la siguiente manera. García de Galarza, tenía una doble preocupación en mente: por una parte, juzgaba que el clero debía cumplir escrupulosamente con sus preceptos religiosos, por otra, no quería que estas personas sirviesen de ejemplo a seguir por los ciudadanos caurienses.

Está claro que el clero, por su oficio, debía ser el que rigiese la vida social y moral de la ciudadanía, pero sólo lo podían ser cumpliendo con su deber, para que el pueblo no se desvirtuase imitando unas conductas que no eran apropiadas de la mano de los que debían ser sus pastores, puesto que el clero debía ser «luz y espejo del pueblo cristiano».

Para que la aplicación de la Contrarreforma fuese total, no solo había que acabar con las malas conductas de los eclesiásticos, también había de parar los actos impuros de los laicos, pues estos eran los portadores de la fe católica. Por ello, aquellos laicos que no llevasen un vida de acuerdo a la fe cristiana debían ser denunciados, pues de lo contrario, la Contrarreforma no sería efectiva.

En este conjunto de denuncias, después de los religiosos, los vecinos de Coria que más denuncias recibieron fueron las mujeres. Este hecho no es de extrañar, cuando en esta época, las mujeres siempre han sido marcadas como las causantes de los problemas que achacaban a la sociedad, eran las brujas y las embaucadoras, mientras que los hombres contaban con una mayor impunidad.

Hacerse nadie

Catedral de Coria, población en la que tienen lugar los hechos del libro Hacerse nadie

 

En cuanto al proceso contra el deán, en las sesenta y tres denuncias puestas por los vecinos caurienses, es definido como un vicioso que dispone de una tablajería de juegos, que es negociante, que habla y frecuenta la compañía de mujeres de dudosa conducta, que sale por las noches en traje seglar con capa y espada, que es sospechoso de haber dado a algunas mujeres abortivos. Se le acusa además por servirse de alcahuetas, de organizar orgías y de vivir amancebado. Pero hay otros comportamientos que se conocen sobre el deán, pero que no se denuncian, como el incumplimiento de sus deberes como Presidente del Cabildo.

Como ya hemos hecho mención, las denuncias vienen dadas por miedo a la excomunión, puesto que antes del edicto del obispo, los motivos de las denuncias eran de sobra conocidas, pero sin embargo no fueron denunciados. Además se demuestra que sólo se denuncia los hechos expuestos por el obispo, dejando de lado otros motivos tan importantes como los morales. Esto viene a ser una explicación de que las denuncias sólo eran un mero método para limpiar las conciencias, ya que la mayoría de los denunciantes, son a su vez mencionados en otras denuncias por estar implicados en los asuntos que se denunciaban.

¿Por qué entonces no se denunciaron antes estas irregularidades? Pues porque esto funcionaba como una red clientelar, en la que todos los denunciantes eran participes de los hechos que denunciaban. De esta manera, una amplia parte de los vecinos caurienses se mantenía alejada de salvaguarda moral cristiana. Esto se traducía en que ninguno de los denunciantes se encontraban sin pecado en el momento de hacer las declaraciones, lo que pone de manifiesto la doble moral que reinaba en la sociedad moderna. En esta, se beneficiaba la amplia mayoría social de la permisividad de sus conciudadanos, pero que a la hora de «pulgar su mente», eran los primeros que denunciaban, con tal de ganarse la gracia de las autoridades eclesiásticas y civiles en general.

El libro cuando se va acercando a su final, nos muestra que este proceso de «reforma socio-moral» fue poco o nada efectivo, pues el principal acusado, el deán Don Alonso Fernández de Herena y los demás cargos eclesiásticos, no fueron ni castigados ni amonestados, simplemente reemplazados en sus cargos, situación que tampoco se llevó a cabo tras el procedimiento, sino con el paso de los años…

En el libro Hacerse Nadie, a través del proceso iniciado por Pedro García de Galazar el 1 de febrero de 1591, analizamos con que criterios se regía la sociedad moderna. Descubrimos, a través de un proceso real, en el que una amplia parte de la población estuvo implicada, como se movían los engranajes a través de las mercedes con que se favorecían quienes se movían a la sombra del ideal católico.

Vemos, como al fin y al cabo, la sociedad mantenía comportamientos tremendamente humanos, tales como jugar, tener amantes, tener una vida indecorosa… estilos de vida, que se siguen manteniendo impertérritos ante el paso del tiempo.

El caso Galileo: Inquisición y ciencia

En la anterior entrada, dedicada a la relación entre ciencia y religión en la Edad Moderna, pudimos ver como Galileo, a través de la reformulación de la teoría copernicana, rompió los paradigmas de la ciencia medieval, anclada en las propuestas de Aristóteles. Por aquel entonces, la ciencia se encontraba completamente subordinada a la religión. Ante lo cual, toda teoría científica debía pasar los filtros eclesiásticos, además de respetar lo plasmado en las Santas Escrituras. Es por esto que Inquisición y ciencia chocaron de lleno.

Galileo, aquel científico de Pisa que estudiaba la configuración del Universo con el Sol como centro, saltó por encima de los cánones católicos, lo que provocó el enfado de la Iglesia. Esta, veía como iba perdiendo legitimidad científica a través de las nuevas formulaciones, y como es obvio, no estaba dispuesta a permitirlo, no quería dejar de ser la guardiana del saber científico.

Y es aquí donde nos quedamos en la entrada anterior, en el inicio de la persecución que sufrió Galileo Galilei por la Inquisición.

Inquisición y ciencia: los ataques hacia Galileo

La vida del científico pisano parece una historia de choques con la Iglesia. Ya en el año 1604, el que fuese su alumno, Silvestro Pagnoni, le denunció ante el Santo Oficio, acusándole de que nunca lo había visto acudir a misa. Por suerte para Galileo, la Iglesia en Padua no gozaba con el poder con el que contaba en el resto de territorios. La ciudad veneciana contaba con una gran libertad religiosa. Este hecho hizo que la acusación quedase en una simple anécdota.

No obstante, cuando Galileo Galilei publica en el año 1610 el tratado Sidereus Nuncius, la situación se tornó mucho más seria. Con la aparición de la nueva teoría cosmológica, los defensores del geocentrismo comienzan a ver como su posición en el mundo de la ciencia empieza a estar mermada, puesto que los descubrimientos de Galileo sitúan en una posición muy ventajosa a la teoría copernicana. La falta de estudios que amparasen a la teoría geocéntrica tampoco ayudaba a los partidarios de esta. Mientras que la teoría heliocéntrica estaba fundamentada en descubrimientos empíricos, los aristotélicos solo se basaban en los escritos de este autor clásico. Por esto mismo, los que apostaban por la teoría inspirada por Aristóteles y Ptolomeo, veían como de manera paulatina se iban quedando sin argumentos ante los nuevos postulados científicos.

Una prueba de los celos que estaba despertando Galileo entre los seguidores de Aristóteles, la podemos recoger en las cartas que Giovanni Francesco Sagredo le escribió a su amigo Galileo:

«El poder y la generosidad de vuestro príncipe permiten esperar que él sepa reconocer vuestra dedicación y vuestro mérito; pero en los mares agitados actuales, ¿quién puede evitar de ser, yo no diría hundido, pero sí al menos duramente agitado por los vientos furiosos de los celos?».

Inqusición y ciencia

Sidereus Nuncius, texto en el que Galileo hablaba sobre la naturaleza de la Luna, las estrellas, y las lunas de Júpiter. Su publicación conllevó el rechazo de los geocentristas, y por consiguiente, su persecución científica. Fuente

No obstante, los ataques que recibió Galileo, tales como los de Martin Horky, solo lograron que los seguidores del astrónomo pisano lo ridiculizasen. Horky acabó siendo el hazmerreír de la universidad. Francesco Sizi acabó corriendo la misma suerte que Horky, puesto que sus ataques hacia Galileo tampoco acabaron en buen puerto.

Pese a que las teorías de Galileo son aprobadas por el Colegio Romano y los ataques de sus opositores en el plano astronómico son fácilmente burlados, los ataques en el plano religioso comienzan a ser cada vez más virulentos. Galileo es atacado de forma casi constante por personajes del ámbito eclesiástico. Religiosos como Niccolo Lorini, el padre Caccini, o el cardenal Belarmino se dedican a desprestigiar y atacar de forma abierta a Galileo. Tal son los ataques hacía su persona, que Galileo Galilei se ve «obligado» a explicar en una carta a Cristina de Lorena la naturaleza de los ataques.

Rechazo al heliocentrismo: más religión que ciencia

Como ya hemos señalado, la postura de la Iglesia era totalmente opuesta al nuevo modelo astronómico. La Iglesia había confiado muchos siglos atrás su concepción del Universo a los postulados de Aristóteles y Ptolomeo. Pero lo cierto era que se carecía de pruebas fehacientes que respaldasen el modelo geocéntrico. Este se sustentaba más por la cobertura religiosa católica que por pruebas científicas.

Además, como otro elemento se alzó en defensa del geocentrismo: la Contrarreforma. La Iglesia, a raíz del Concilio de Trento, vio la necesidad de cerrar filas en torno a las Sagradas Escrituras. El concilio condenaba la interpretación de los versículos bíblicos. Y, por tanto, se podía dejar entrever que el nuevo modelo cosmológico hacía una lectura libre de los mismo.

La Iglesia no podía permitir tal ataque a la piedra angular del catolicismo, pues sería ceder ante los embistes de la de los preceptos protestantes…

1616, la condena al heliocentrismo

El 16 de febrero de 1616 marca el inicio del periplo de Galileo Galilei con la Santa Inquisición. Dicho día fue convocado a Roma por el Santo Oficio. Esta primera visita serviría para condenar la teoría copernicana. Unos días más tarde, Pablo V ratificaría la condena eclesiástica a la nueva corriente astronómica. La teoría de Galileo era «totalmente contraria a la Escrituras».

Pero, mientras tanto, Galileo aún podía seguir manteniendo sus posturas más o menos de manera abierta, a pesar de que el Santo Oficio ya había condenado la teoría. Desde el mismo núcleo de la Iglesia, empezaban a entender que la naturaleza de los cuerpos celestes, era como se estaba defendiendo a través de las investigaciones del Galileo. Las propuestas del geocentrismo se estaban quedando ya anticuadas con los saberes aportados por la nueva astronomía.

Inquisición y ciencia

Retrato de Urbano VIII, quien en su época de cardenal, mantuvo bajo su protección a Galileo, aunque ya como papa no le quedó más opción que retirarle su apoyo, y condenarlo por sus teorías. Fuente

No obstante, si por algo el astrónomo pisano seguía en los círculos intelectuales, a pesar de haber sido reprendido por la Inquisición, fue por su íntima amistad con el cardenal Barberini, quien más adelante ocuparía el solio pontificio como Urbano VIII. Entre sus protectores, también se encontraban otros poderosos hombres de la época, como Fernando II de Médicis, gran duque de Toscana.

Bajo el auspicio de estos dos influyentes personajes, más el apoyo de la Academia de los Linces, Galileo Galilei pudo rebatir el De tribus cometis ani 1618 disputatio astronomic, del jesuita Horazio Grassi. En esta publicación, Grassi hablaba de los cometas como meras alteraciones visuales producidas por la intervención de otros factores. Obviamente, Galileo acabó ridiculizando al jesuita, lo que parece que incluso hizo gracia al mismo Urbano VIII. Galileo salió victorioso de este choque contra el poder de los jesuitas, no obstante, este hecho, a la larga, le saldría bastante caro. 

La condena de la Inquisición: los errores de Galileo

La publicación de Galileo: Dialogo sopra i due massimi sistema

Como ya hemos comentado, Galileo se supo rodear de personas influyentes, y pudo formar parte de importantes círculos intelectuales. Este hecho le facilitó la posibilidad de hacer una nueva publicación, Dialogo sopra i due massimi sistema, en el cual quedaba patente su actitud contra la teoría geocéntrica. Galileo se toma como una tomadura de pelo el sistema aristotélico. Este hecho suponía, por un lado ratificar su teoría heliocentrista, y por otro desacatar la orden inquisitorial de 1616, que recordamos que condenaba de manera contundente la nueve corriente astronómica. A todo esto, hay que subrayar que el texto se publicó en lengua vulgar, y no en el idioma culto. Esta manera de escribir un texto científico se tomó como una afrenta, pues se consideró que no había pasado el filtro académico, si no que llegó directamente, y sin refutar, a toda la masa popular.

Poca solidez en sus argumentos

Pero no solo fue la publicación de su Diálogo lo que terminó de provocar la ira del Santo Oficio. Galileo, cometió una serie de errores que hicieron difícil salir airoso del proceso inquisitorial. El astrónomo se vio rebatido en su hipótesis sobre las mareas. Mientras que él las achacaba erróneamente a las sacudidas de la Tierra, los inquisidores, con total certeza, supieron ver que eran provocadas por la influencia de la Luna. A pesar de todo, Galileo aún pensaba que estaba en lo cierto, lo que demostró que él ya daba por válidas sus propias hipótesis.

Inquisición y ciencia

Galileo ante el Santo Oficio, pintura de Josep-Nicolas Robert-Fleury. Fuente

La reinterpretación de las Santas Escrituras

Sumado a esto, hay que hablar sobre las incursiones del científico en el campo de la teología. Galileo, no contento con intentar rebatir los argumentos de la Iglesia a través del campo de la ciencia, se atrevió además con la interpretación de la Biblia. Como es obvio, el campo de la teología le quedaba a Galileo fuera de sus competencias. Pero aun así, el astrónomo se atrevió a plantear una nueva visión del libro sagrado, porque según él, a través de sus hipótesis, ciertos pasajes bíblicos habían quedado obsoletos. Este movimiento por parte de Galileo fue demasiado arriesgado, pues incluso su gran defensor, Urbano VIII le recomendó que no se metiera en esa materia tan poco recomendable para un hombre de ciencia.

Sumando todos estos precedentes, podemos observar que Galileo Galilei no solo se enfrentó a la Santa Inquisición por cuestiones científicas, si no que sus continuos desafíos, unidos a sus «incursiones» en el plano teológico, conformaron un pretexto demasiado sólido para ser llevado frente al Santo Oficio. Era más que obvio, que Galileo no había sabido manejar la situación. Finalmente Inquisición y ciencia colisionaron en un juicio que marcaría el devenir de la ciencia.

1633: la condena a Galileo

Ante las cuestiones mencionadas en los párrafos anteriores, sumado a las recriminaciones de la Liga Católica a Urbano VIII por su alianza con Richelieu, el papa no vio más solución que la de llamar al científico a Roma, para prestar confesión ante el tribunal de la Santa Inquisición. La misiva para que se presentase en Roma le llegó en octubre del año 1632. Pero Galileo, que ya contaba con una edad avanzada, 68 años, no se encontraba en un buen momento para poder asumir el viaje hacia la capital italiana. Finalmente se presentó en 1633.

El proceso contra el científico pisano dio comienzo el 9 de abril del año 1633. Galileo fue interrogado en este primer contacto. El juicio estuvo marcado por la falta de unas pruebas sólidas que demostrasen que el científico era culpable. No obstante, bajo coacciones de tortura, el de Pisa se proclamó así mismo culpable. Galileo Galilei tuvo que retractarse de sus hipótesis, argumentando que no había sabido ver lo errores de propuesta científica. Hay que señalar también, que no hay evidencias para afirmar que Galileo, en el momento de recibir la sentencia, pronunció la célebre frase: Eppur si muove («y sin embargo se mueve»).

Finalmente, unos meses más tarde, el 21 de junio, Galileo recibe la sentencia en el convento dominicano de Santa María sobre Minerva, en Roma. El científico es condenado a cárcel de por vida. Aunque su otrora protector, Urbano VIII le conmuta de manera casi inmediata la condena por arresto domiciliario. Además, su obra fue totalmente prohibida.

Inquisición y ciencia

Villa Il Gioiello, Florencia, residencia donde Galileo Galilei, tras ser condenado por la Inquisición, terminó sus días. Fuente

Galileo se retiró a Florencia, donde seguiría trabajando en su obra. Pero no fue en Florencia donde el científico acabó sus días, sino que lo hizo en su casa de Arcetri, la Villa Il Gioiello. En este lugar terminó su última obra, Discurso y demostración matemática, en torno a dos nuevas ciencias, la cual se publicaría en Holanda.

Finalmente, Galileo, anciano y ciego, falleció el 8 de enero de 1642, a los 77 años de edad. Aunque se hubiese retractado de su hipótesis científica ante la presión del Santo Oficio, quedó sentadas las bases de la ciencia moderna. Galileo logró que ciencia y religión acabasen finalmente separadas. Él, fiel creyente de que la ciencia se debía reescribir, consiguió allanar el camino para los científicos del futuro.

 

Vía:

  • BELTRAN MARI, A.: Galileo. Ciencia y religión, Barcelona, 2001.
  • BELTRÁN MARI, A.: «La Iglesia contra la ciencia. Galileo y la Inquisición», National Geographic Historia, núm. 14, 2005, pp. 82-89.
  • GALILEO GALILEI: Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión, Madrid, 1987.
  • KEARNEY, H.: Orígenes de la ciencia moderna, 1500-1700, Madrid, 1977.
  • SELLES, M. Y SOLIS, C.: La Revolución científica, Madrid, 1991.

 

El caso Galileo: ciencia y religión en la Edad Moderna

El periodo de la Edad Moderna fue una época en la cual dominó el espíritu de la Reforma de Lutero, y la Contrarreforma de la Iglesia Católica. En este contexto, a pesar de empezar a ser cuestionado, el dogma cristiano seguía imperando en la sociedad europea. Por eso, no es de extrañar que el «saber científico» se basara en la filosofía y la ciencia de los autores clásicos, tomando como base científica a autores clásicos como Aristóteles, Ptolomeo, Platón. Las nuevas teorías que iban a hacer acto de presencia, como las de Galileo Galilei, no iban a ser bien recibidas en el seno católico.

Por tanto, si todo giraba en torno a la concepción cristiana, no iba a ser menos todo lo concerniente al Universo. Siguiendo la teoría geocentrista de Aristóteles, aún eran pocos los que osaban a rebatir la posición central de la Tierra.  De esta manera, el Universo lo conformaba el «mundo sublunar», del cual formaba parte la Tierra, la Luna y lo existente entre dos cuerpos, donde todo es imperfecto y mutable. Por otro lado estaba el «mundo supralunar», extensible desde la Luna hasta el infinito, donde todos son formas geométricas perfectas y movimientos regulares inmutables.

La Iglesia, pese a no contar con el poder del que disfrutaba en el medievo, seguía siendo una institución demasiado poderosa que velaba por el cumplimiento de la ortodoxia, ya que el aceptamiento de su doctrina, significaba reconocer el poder de dicha institución. Si la Iglesia quería seguir manteniendo su poder sobre la fe, que se empezase a cuestionar la validez de la idea geocentrista no ayudaba ante tal propósito.

Galilelo

Galileo enseñando al dux de Venecia el uso del telescopio, fresco de Giuseppe Bertini.

El nuevo paradigma abría un escenario desconocido para la Iglesia, la extensión del saber científico frente al tradicional saber cristiano. El nuevo contexto científico hizo que la Iglesia, dispuesta a preservar el poder del que disfrutaba, combatiese con todos sus esfuerzos los envites del mundo científico.

Es en este panorama cuando hace acto de presencia Nicolás Copérnico con su teoría heliocéntrica. Copérnico, en su obra De Revolutionibus Orbium Coelestium, reformuló la teoría propuesta por Aristarco de Samos, allá por el siglo III a.C. Con esta teoría, Copérnico rompía con el sistema tradicional defendido por la Iglesia Católica, el geontrencismo. Se iniciaba así la Revolución científica, con la que se pondría fin al modelo aristotélico, a favor de la teoría heliocéntrica.

Aunque Nicolás Copérnico revolucionó el panorama  europeo con la formulación de su teoría, el verdadero choque entre Iglesia y ciencia vendría con la llegada de Galileo Galilei. Se abría, ahora de manera contundente, el debate entre ciencia y religión con la llegada de las teorías de Galileo. La Iglesia intentaría, con todos los medios posibles, que su doctrina siguiese imperando. Inquisición mediante, el mundo católico luchó con fiereza por la supresión de la teoría heliocéntrica, pero la semilla ya estaba germinando…

La Iglesia frente a la revolución científica

Para la Iglesia, unas de las primeras consecuencias fue la pérdida de potestad en el ámbito científico. Para el mundo católico suponía abandonar las ideas tradicionales sobre el Universo. La concepción de un mundo creado por Dios, debía dejar paso a la observación y experimentación que proponía el ámbito científico.

Pasemos a señalar las distintas consecuencias de la Revolución Científica que afectaron a la relación entre ciencia y religión:

Consecuencias filosóficas

  • Se derrumba la autoridad de Aristóteles. Se percibe que el filósofo griego se equivocó al afirmar el sistema geocéntrico de esferas, la incorruptibilidad de los astros, el cese del movimiento cuando cesa la causa, etc. El desprestigio de Aristóteles aumentó también por considerársele defensor a ultranza del método deductivo y la especulación pura.
  • Cambia el concepto de ciencia. Ya no interesa lo óntico, sino lo fenoménico; la realidad subyacente, sino el comportamiento aparente. Algunos científicos como Galileo y Kepler solo se interesan por establecer las leyes matemáticas de los movimientos.

Consecuencias religiosas

  • Autonomía de la ciencia frente a cualquier autoridad. La última palabra corresponde a la razón, que parte de la experiencia científica y vuelve a ella para verificar sus conclusiones.
  • El científico moderno suprime las explicaciones prenaturales de los fenómenos físicos, y busca sólo las causas inmanentes, intramundanas.

Galileo, formación y aportes a la ciencia

Galileo, empujado por su padre, se inició en la vida universitaria con el propósito de hacerse médico. Sin embargo, no se encontraba del todo cómodo con los estudios médicos, pues no eran su verdadera vocación. Si lo serían, por contra, las matemáticas, con las cuales tomó contacto en su vida de estudiante. Opositor decidido de Aristóteles, se decantó más por otros autores clásicos como Pitágoras, Platón o Arquímedes, quien le valió como modelo en el estudio de los pesos específicos, y la consiguiente invención de la balanza hidrostática. Otro importante avance en el campo de la física fue el descubrimiento el isocronismo de las oscilaciones del péndulo.

Galileo

Ilustración elaborada por Galileo, en la que el astrónomo italiano detalla las distintas fases de la Luna.

En 1592 Galileo Galilei se trasladó a Padua, donde transcurriría una de las etapas más fecundas del astrónomo. Pese a que fue una época de largas penurias económicas, Galileo materializó unos importantes avances en la mecánica. Surge en este periodo su primera obra impresa, Operaciones del compás geométrico y militar. Un dispositivo, empleado en un principio para resolver problemas de artillería, sería aplicado en muy diversos campos. En estos años también retomó sus estudios sobre el movimiento, el péndulo y su aplicación al plano inclinado.

No obstante, su mayor aportación, y lo que más éxitos le aportaría sería el telescopio, con el cual se dedicará a estudiar el Universo, estableciendo. con una sólida base, la teoría heliocéntrica. Con el establecimiento de la misma, la concepción tradicional, reflejada en las Santas Escrituras, y en los textos de Aristóteles, cambiará para siempre en favor de la observación y la experimentación.

El telescopio de Galileo

La refutación de las teorías de Galileo no podrían haberse dado sin un instrumento clave para el mundo de la astronomía, el telescopio. En el año 1609, el italiano presentó un nuevo instrumento que serviría para observar con más detalle el Universo. Mejorando prototipos ya existentes, Galileo dotó a su telescopio veinte aumentos, consiguiendo un observar objetos, cuerpos y fenómenos obviados hasta el momento.

A través del telescopio, Galileo consiguió detallar las fases de la Luna. Estudia las manchas solares, la naturaleza de la Vía Láctea, observa los anillos de Saturno, cuenta las estrellas de Orión. Como se puede ver, fue bastante prolífico a la hora de estudiar el Universo. Pero de entre todos estos descubrimientos, uno será el que le permita demostrar la teoría heliocéntrica, el descubrimiento de las fases de Venus.

Galileo

Boceto de las fases del planeta Venus. Observación que permitió a Galileo afirmar la teoría copernicana.

Con las observaciones de este planeta, Galileo observó, que Venus, de la misma forma que la Luna, presentaba distintas fases. La variación en el tamaño del planeta, era imposible de defender mediante la teoría geocéntrica, mientras que era facilmente sostenible a través de la teoría copernicana.

El telescopio supuso la clave para el desarrollo moderno de la astronomía. Pero sin embargo, a pesar de suponer la cima del científico toscano, le supuso también su peor arma frente a la Iglesia. Un instrumento que contradecía la teoría sustentada por el catolicismo, le valdría a Galileo un largo periplo en manos de la Inquisición.

En la siguiente entrada veremos la posición beligerante de la Iglesia frente a Galileo. La Iglesia se quedaba sin legitimidad en el campo de la ciencia, pero la Santa Sede no estaba dispuesta a permitirlo…

Vía:

  • BELTRAN MARI, A.: Galileo. Ciencia y religión, Barcelona, 2001.
  • GALILEO GALILEI: Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión, Madrid, 1987.
  • KEARNEY, H.: Orígenes de la ciencia moderna, 1500-1700, Madrid, 1977.
  • SELLES, M. Y SOLIS, C.: La Revolución científica, Madrid, 1991.

 

El complicado día a día a bordo de un galeón español

Aunque el cine y la literatura han contribuido a generalizar el pensamiento de que la vida en ultramar era apasionante, lo cierto es que muchos de los que se aventuraron a realizar algún viaje hasta tierras inhóspitas tuvieron una travesía que hizo de su experiencia algo sumamente desapacible. No fueron pocos los que iniciaron auténticos periplos en busca de nuevas oportunidades que les hicieran prosperar económicamente, o aquellos que se arrojaron a la aventura buscando, debido a su espiritualidad, nuevas tierras en donde expandir su religión. La vida diaria en un galeón español era de todo menos plácida, a sabiendas del grave peligro que corrieron durante años al recorrer las diversas rutas que les conducían a las colonias americanas o asiáticas. Pero ¿cómo era un galeón español? ¿Cómo se desarrollaba la vida en su interior?

Un galeón español era una embarcación de cierto empaque, ya que comúnmente pesaba entre unas 500 a 1.300 toneladas. Con un máximo de 60 metros de eslora, la vida a bordo solía realizarse en las cubiertas del navío. Y es que si bien una embarcación de esas dimensiones disponía de un amplio espacio en el interior, era habitual que éste estuviera ocupado por todas las mercancías de primera necesidad que fueran útiles para la travesía, además de animales que proporcionaran alimentos frescos. Si a la mala ventilación de ese espacio se le sumaba el excesivo contacto con la tripulación y pasajeros, los víveres acumulados podían contaminarse y echarse a perder, perjudicando gravemente a unos y otros. Es así como un galeón español de dimensiones corrientes podía llegar a transportar un mínimo de 100 personas, entre los que se encontraban tanto la tripulación (organizada jerárquicamente en base a su rango y profesión) como los pasajeros de diverso origen y estatus social que por fuerza estaban obligados a convivir en el mismo espacio después del «tiro de leva».

galeón español

Independientemente de los naufragios por temporales, era habitual la destrucción por fuego enemigo de los galeones españoles. El hundimiento del galeón San José es un claro ejemplo de ello, puesto que el célebre navío español acabó devastado por embarcaciones ingleses en la Península de Barú. Ilustración de Samuel Scott. Fuente

La coexistencia entre los pasajeros resultaba a veces harto complicada. El hacinamiento al que eran sometidos los que viajaban en el galeón suponía, a la postre, un verdadero problema. Y es que las travesías, que solían prolongarse en el tiempo a causa de la distancia y de algún que otro impedimento, favorecía que hubiera un peligro real de contraer enfermedades. La cercanía de los animales domésticos y la presencia de otros suponía la rápida propagación de pijos y de pulgas. Asimismo, la lógica falta de higiene personal y la podredumbre de algunos alimentos implicaba que con el paso del tiempo los pasajeros sufrieran gastroenteritis, tifus o el temido escorbuto, enfermedad causada por no consumir fruta fresca u hortalizas. Los esfuerzos por mantener limpios los navíos y las batidas sistemáticas para erradicar las plagas de ratas y ratones ayudaban a mitigar los daños, si bien parecían insuficientes. Si alguien que viajaba en el galeón fallecía, su cuerpo se cubría con una tela basta, se ataba a algún tipo de lastre y, luego de una pequeña ceremonia de cierta solemnidad, se tiraba al mar.

Aunque se tenía prohibido cometer algún delito o atropello a bordo, no siempre las reglas se respetaban. Algunos pasajeros, funcionarios y mercaderes principalmente, iban portando pequeñas fortunas y objetos muy valiosos. Ésto propiciaba que aquellos menos disciplinados pudieran cometer algún hurto que debía ser castigado por el capitán del galeón. La celeridad con la que las condenas se hacían efectivas, además de la dureza del castigo según lo establecido en el Libro del Consulado del Mar, eran puntos a favor para él mismo, que con ello conseguía apaciguar ánimos y evitar especialmente cualquier tentativa de desobediencia. En cuanto a otros actos que podían ser objeto de corrección para el causante, estaban desnudarse, jurar, blasfemar y amancebarse. Mal visto también estaba el implicarse sexualmente con mujeres que viajaban con su familia o solas al reencuentro de un esposo que previamente había partido para labrarse un futuro en algún territorio allende los mares. Todo ello podía penarse en alta mar con unos azotes, suspensión de salario o pérdida de bienes, o el ingreso en prisión y el destierro una vez llegados a puerto. Las ejecuciones únicamente se reservaban en casos muy graves.

Mapa de las rutas comerciales en donde se aprecian los recorridos realizados por las embarcaciones españolas durante varios siglos.

Mapa de las rutas comerciales en donde se aprecian los recorridos realizados por las embarcaciones españolas durante varios siglos. Fuente

A la tranquilidad y rutina que acompañaban los días que duraba la travesía se les sumaba las propias limitaciones para distraerse. Además de las faenas a las que dedicaban parte de su día los tripulantes del galeón, es sabido que el único instante en el que disponían de cierta relajación de sus quehaceres era durante las comidas. Dicho momento, que rompía perfectamente con la monotonía diaria, era el preferido de una tripulación que contaba únicamente con dos raciones diarias y, por tanto, de dos momentos al día para mantenerse ociosos. La comida, más bien escasa, estaba basada en una dieta en donde lo más usual era el arroz, las pasas, el tocino, la carne y el pescado (que se consumía semanalmente), y la harina, con la que se realizaban las tortas o los bizcochos. Y, por supuesto, mucho vino o vinagre con agua cuando ésta, por la dureza de la travesía, empezaba a estropearse. A esta dieta exigua se debía sumar las limitaciones de espacio, ya que al caer la noche, y mientras el galeón surcaba los mares, pasajeros y tripulantes iban a descansar eligiendo los mejores sitios que pudieran. No se dormía totalmente a la intemperie pero sí costaba organizarse, más aún cuando las comodidades estaban reservadas a algunos ilustres pasajeros, al capitán y a oficiales de alto rango.

Los pasajeros (y muy ocasionalmente la tripulación) solían emplear su tiempo en leer, conversar y jugar, y si bien estas eran actividades aceptadas y llevadas a la práctica, la última no era bien vista. A pesar de que en algunas ocasiones las prohibiciones intentaron erradicar el juego ante el peligro que suponía, los dardos y los naipes eran actividades dinámicas que hacían más llevadero el viaje. Y a su vez, derivado de éstas, otras en donde fundamentalmente los pasajeros apostaban su dinero y posesiones. Estas ocupaciones, que hacían que las personas interactuaran entre sí, favorecían que también se llevaran a cabo otras actividades en compañía. A la pesca que se practicaba también se le sumaban las narraciones de historias de diversa índole además de los cantos que amenizaban los momentos de excesivo aburrimiento.

Tal y como hemos dicho, las travesías en los galeones no fueron placenteras en ningún caso y siempre conllevaron muchos sacrificios. Aunque siempre había momentos de distracción que ayudaban a amenizar su día a día, tripulantes y pasajeros debían lidiar con momentos de soledad, de sopor y de miedo ante los ataques y las adversidades que de forma abrupta podían poner punto final a su vida muy lejos de su hogar y de los suyos.

 

Vía:

  • Mira Caballos, E. (2005). Las Armadas Imperiales. La Guerra en el mar en los tiempos de Carlos V y Felipe II, La Esfera de los Libros.
  • Pérez, P.E., (1992). Los hombres del Océano, Diputación Provincial, Sevilla.

En colaboración con La Historia Heredada | Tempus Fugit