Hacerse nadie: la vida oculta de un religioso

La entrada que os traemos hoy no se ciñe al resto de artículos que solemos publicar en el blog. En esta ocasión vamos a tratar el libro Hacerse nadie. Sometimientos, sexo y silencio en la España de finales del s. XVI, de Ángel Rodríguez Sánchez que trata el curioso caso de Don Alonso Fernández de Herena, un deán que poco se ceñía al estilo de vida que se esperaba de un religioso. No queremos hacer una reseña bibliográfica, sino tratar el curioso tema que aborda el tomo de Rodríguez Sánchez.

En Hacerse nadie, a través de un proceso iniciado por el obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, conoceremos los más oscuros secretos de la sociedad cauriense, quienes, bajo el miedo de la excomunión, no dudarán en denunciarse entre vecinos, sacando a relucir las dobles vidas de los habitantes de Coria. Esta obra, a pesar de centrarse en un caso muy concreto, nos sirve de muestra general de lo que era la sociedad del siglo XVI. El libro es, por tanto, una obra «sociológica» sobre la población y la religión en la Edad Moderna.

¡Vamos allá con Hacerse nadie!

A modo de introducción

Como ya hemos mencionado, el libro trata sobre la sociedad de Coria durante  el siglo XVI, donde se mezclan motivos religiosos, económicos y sociales. La trama se desarrolla a partir de una orden del obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, por la cual instaba a los caurienses, bajo pena de excomunión, a confesar cualquier hecho que fuese en contra de los preceptos religiosos de la época, en los que la Contrarreforma tuvo un peso notorio.

Hacerse nadie
Portada de Hacerse nadie, libro que llegó a mis manos a raíz de un trabajo para la universidad.

De toda Coria, el vecino que peor saldría parado de esta red de denuncias sería, Don Alonso Fernández de Herena, deán de Coria, quien junto a otros religiosos de importancia, fueron acusados de varios hechos considerados poco morales. A Don Alonso se le acusó de mujeriego, jugador y amante del dinero. Mientras que la mayoría de la población hace referencia a los hechos perniciosos durante su cargo como deán, casi nadie resaltó las cualidades que llevaron a Don Alonso Fernández de Herena a ocupar un puesto de tanta importancia en la jerarquía eclesiástica.

 

La mayoría de los testimonios en contra del deán provenían de personas analfabetas, lo que era la tónica general de la sociedad de a pie. Además, muchos vecinos acusaron al religioso bajo testimonios basados en habladurías de otras personas. Los menos fueron los que denunciaron con plena conciencia de los actos de Don Alonso.

Aunque de forma escrita solo haya sesenta y tres testimonios, y el objetivo principal de las denuncias sea el deán, son muchas más las personas que se ven envueltas en esta trama. Por un lado, los principales cargos que siguen en jerarquía al deán también están implicados. Por otro, casi todos los habitantes de Coria los que con unos testimonios, acusando a unos y a otros, los que alimentan los testimonios dados ante el tribunal formado para tal efecto. Al final hubo un total de sesenta y tres ciudadanos de Coria a los que se le registró por escrito la confesión. De ellos, veintidós eran mujeres, casi todas ellas analfabetas, mientras que el resto, los cuarenta y uno restantes, eran hombres, sabiendo la mayoría de ellos leer y escribir.

Casi todas las denuncias estuvieron motivadas por el miedo a la excomunión. Este motivo contaba con una fuerza especial en una sociedad en la que la Iglesia dirigía los preceptos de los hombres.

Análisis

Hacerse nadie está construido en torno a unos legajos que se conservan en los archivos de la Catedral de Coria. Estos recogen el proceso abierto por el obispo Pedro García de Galarza en 1591, para aplicar los preceptos de la Contrarreforma, y así depurar la Iglesia de los malos hábitos que fue adquiriendo a lo largo de los siglos. Como protagonistas, encontramos los vecinos caurienses, quienes serán los que desaten toda esta trama dirigida contra el deán.

El libro refleja a través de los documentos preservados a través de los siglos, como centrándose en el caso de Coria, se podría extrapolar al resto de la sociedad castellana del siglo XVI. Una sociedad que está viviendo una época en que disminuyen, al menos temporalmente, las guerras, las crisis de subsistencia, las epidemias… lo que es señal de bienestar. Este bienestar se traduce en una disminución de la preocupación por parte de la sociedad al miedo a Dios, y por lo tanto una sociedad más mundana, donde los antiguos preceptos se sustituyen por otros que permiten una mayor libertad y disfrute de la vida terrenal.

Las denuncias y las relaciones que mantenían entre sí vecinos caurienses y religiosos, si bien la mayoría de las veces se corresponden con comportamientos fuera del precepto moralmente aceptable, algunos casos son el reflejo de unas relaciones de favores, como podría ser el caso del deán Don Alonso Fernández de Herena con las mujeres de la Casa de las Vandas. Otras veces, tales relaciones, dada la estabilidad y la asiduidad de estas, hacía que se viesen como relaciones normales,

La actuación del obispo de Coria, Pedro García de Galarza, respondía al nuevo movimiento contrarrefomista de la Iglesia Católica, que necesitaba, con urgencia, contrarrestar los efecto de la Reforma de Lutero. En este contexto, escribe una carta en 1591 dirigida a ser leída en todas las iglesias y también en la catedral, con la premisa de sentar el nuevo código establecido por la Contrarreforma. Mediante la misma, el obispo intentaría encauzar dentro de la moralidad católica a la sociedad cauriense.

El obispo de Coria instaba a la población a poner su conciencia en paz, haciendo las declaraciones pertinentes ante el tribunal que el obispo había formado por jueces, provisores y notarios, se manifestaba de la siguiente manera. García de Galarza, tenía una doble preocupación en mente: por una parte, juzgaba que el clero debía cumplir escrupulosamente con sus preceptos religiosos, por otra, no quería que estas personas sirviesen de ejemplo a seguir por los ciudadanos caurienses.

Está claro que el clero, por su oficio, debía ser el que rigiese la vida social y moral de la ciudadanía, pero sólo lo podían ser cumpliendo con su deber, para que el pueblo no se desvirtuase imitando unas conductas que no eran apropiadas de la mano de los que debían ser sus pastores, puesto que el clero debía ser «luz y espejo del pueblo cristiano».

Para que la aplicación de la Contrarreforma fuese total, no solo había que acabar con las malas conductas de los eclesiásticos, también había de parar los actos impuros de los laicos, pues estos eran los portadores de la fe católica. Por ello, aquellos laicos que no llevasen un vida de acuerdo a la fe cristiana debían ser denunciados, pues de lo contrario, la Contrarreforma no sería efectiva.

En este conjunto de denuncias, después de los religiosos, los vecinos de Coria que más denuncias recibieron fueron las mujeres. Este hecho no es de extrañar, cuando en esta época, las mujeres siempre han sido marcadas como las causantes de los problemas que achacaban a la sociedad, eran las brujas y las embaucadoras, mientras que los hombres contaban con una mayor impunidad.

Hacerse nadie
Catedral de Coria, población en la que tienen lugar los hechos del libro Hacerse nadie

 

En cuanto al proceso contra el deán, en las sesenta y tres denuncias puestas por los vecinos caurienses, es definido como un vicioso que dispone de una tablajería de juegos, que es negociante, que habla y frecuenta la compañía de mujeres de dudosa conducta, que sale por las noches en traje seglar con capa y espada, que es sospechoso de haber dado a algunas mujeres abortivos. Se le acusa además por servirse de alcahuetas, de organizar orgías y de vivir amancebado. Pero hay otros comportamientos que se conocen sobre el deán, pero que no se denuncian, como el incumplimiento de sus deberes como Presidente del Cabildo.

Como ya hemos hecho mención, las denuncias vienen dadas por miedo a la excomunión, puesto que antes del edicto del obispo, los motivos de las denuncias eran de sobra conocidas, pero sin embargo no fueron denunciados. Además se demuestra que sólo se denuncia los hechos expuestos por el obispo, dejando de lado otros motivos tan importantes como los morales. Esto viene a ser una explicación de que las denuncias sólo eran un mero método para limpiar las conciencias, ya que la mayoría de los denunciantes, son a su vez mencionados en otras denuncias por estar implicados en los asuntos que se denunciaban.

¿Por qué entonces no se denunciaron antes estas irregularidades? Pues porque esto funcionaba como una red clientelar, en la que todos los denunciantes eran participes de los hechos que denunciaban. De esta manera, una amplia parte de los vecinos caurienses se mantenía alejada de salvaguarda moral cristiana. Esto se traducía en que ninguno de los denunciantes se encontraban sin pecado en el momento de hacer las declaraciones, lo que pone de manifiesto la doble moral que reinaba en la sociedad moderna. En esta, se beneficiaba la amplia mayoría social de la permisividad de sus conciudadanos, pero que a la hora de «pulgar su mente», eran los primeros que denunciaban, con tal de ganarse la gracia de las autoridades eclesiásticas y civiles en general.

El libro cuando se va acercando a su final, nos muestra que este proceso de «reforma socio-moral» fue poco o nada efectivo, pues el principal acusado, el deán Don Alonso Fernández de Herena y los demás cargos eclesiásticos, no fueron ni castigados ni amonestados, simplemente reemplazados en sus cargos, situación que tampoco se llevó a cabo tras el procedimiento, sino con el paso de los años…

En el libro Hacerse Nadie, a través del proceso iniciado por Pedro García de Galazar el 1 de febrero de 1591, analizamos con que criterios se regía la sociedad moderna. Descubrimos, a través de un proceso real, en el que una amplia parte de la población estuvo implicada, como se movían los engranajes a través de las mercedes con que se favorecían quienes se movían a la sombra del ideal católico.

Vemos, como al fin y al cabo, la sociedad mantenía comportamientos tremendamente humanos, tales como jugar, tener amantes, tener una vida indecorosa… estilos de vida, que se siguen manteniendo impertérritos ante el paso del tiempo.

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