Guerra y tecnología: más allá de las armas

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En el último artículo que publicamos en el blog, hablábamos sobre la repercusión que ha tenido la guerra en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Si nos paramos a analizar el impacto que han tenido los diferentes conflictos bélicos a lo largo de la Historia, debemos centrarnos en materias como política, sociedad, economía o la tecnología y la ciencia.

Y es que, aunque contravenga las ideas negativas que tenemos sobre la guerra, estas no solo han aportado destrucción, muerte y miseria, sino que han funcionado como un elemento impulsor del saber tecnológico y científico. Instrumentos que hoy tenemos por cotidianos, tales como el radar, la radio o el avión, o bien tienen su origen en tiempos de conflicto, o se desarrollaron de manera notoria tras el transcurso de cualquier guerra.

La tecnología como necesidad

Desde que el ser humano ha tenido conciencia, ha buscado mejorar su tecnología para poder presentar ventajas sobre sus enemigos, no fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial cuando la relación entre ciencia, tecnología y producción industrial se vio fortalecida a una enorme escala. Desde el conflicto mundial se experimentó un auge en toda la tecnología bélica, que se vería aún más impulsada con la Guerra Fría.

Pero, no obstante, desde la Prehistoria y los primeros cantos rodados, el ser humano se ha visto en la necesidad de crear ciertos artilugios que permitiesen desarrollar el trabajo de manera más eficiente, y, por ende, hacer más llevadera así las duras condiciones de vida. Es, con la aparición de los conflictos entre diferentes grupos y clanes, cuando se produce una simbiosis entre el material de trabajo y el de guerra. ¿Por qué no utilizar el arco si permitía no exponerse cuerpo a cuerpo? ¿Si el metal ofrecía una gran dureza, por qué no usarlo en escudos, petos y armas?

Nacía de esta manera el interés del ser humanos por ir desarrollando herramientas cada vez más eficientes y duraderas, que permitiesen, no solo una buena capacidad laboral, sino también bélica.

Los elementos que suelen destacar, tanto en el estudio de la guerra, como en elementos de entretenimiento o divulgación, son las armas. Quizás por ser elementos muy característicos, quizás porque levantan una gran curiosidad, o tal vez porque es lo único que relacionamos con la guerra.

Pero la tecnología que se ha ido implementado y desarrollando a raíz de los primeros conflictos, va muchos más allá de las armas. Elementos de última tecnología como los drones o piezas tan sencillas como una simple bisagra, proceden del interés humano por desarrollar cada vez una tecnología más eficaz.

Mucho más que armas

Prehistoria y Antigüedad

La intensificación de la faceta guerrera en las sociedades neolíticas, trajo como consecuencia la necesidad de una mejora en las técnicas constructivas, momento en que se empezó a dotar de humildes murallas a las primigenias poblaciones. Con el paso del tiempo, los muros se fueron haciendo cada vez más sólidos, por lo que traspasarlos, y con ello acceder al interior de los poblados, se tornó en una tarea cada vez más compleja. Incluso se comenzó a realizar pequeñas saeteras en los muros. El carácter defensivo que tenían estas construcciones era obvio.

Pero todo sistema defensivo tiene su contrapartida ofensiva. Es por eso que el surgimiento de estas primeras fortificaciones estimuló la aparición de las primeras máquinas de asedio, tales como torres de asalto o arietes. Estas armas se fueron a su vez mejorando a medida que se iba perfeccionando el trabajo de los metales.

Trirreme romano representado en un mosaico. La evolución de las primigenias embarcaciones de la Prehistoria logró que, a partir de la Antigüedad, tanto el comercio como la guerra sufriesen un enorme desarrollo. Fuente.

Gracias a la metalurgia, las embarcaciones pudieron experimentar una notable evolución. Las primigenias embarcaciones, meras balsas ensambladas con cuerdas y utilizadas para una mera acción de pesca, sin la capacidad de poder alejarse de la costa ni adentrarse en mar abierto, evolucionarían hacia complejos barcos, ahora sí utilizados para la navegación marítima, y que tan importante fue para los pueblos de la antigüedad. La capacidad de construir estas renovadas embarcaciones se dio gracias, entre otras cosas, a la innovación del clavo, que hizo posible una construcción más duradera gracias a anclajes más robustos.

Edad Media y Edad Moderna

Tanto en la Tardoantigüedad como en el periodo medieval, otras pequeñas innovaciones de la metalurgia, como los estribos y las herraduras, se fueron perfeccionando y extendiendo su uso, lo que conllevó el máximo desarrollo de la caballería medieval. Tal fue el aporte de estos elementos, que, hasta la expansión de la pólvora, entre finales del medievo y principios de la modernidad, este cuerpo militar supuso la élite de los campos de batalla, suponiendo en la mayoría de los casos la diferencia entre la victoria y la derrota.

En el siglo XV, la expansión de la pólvora trajo consigo el desarrollo de ciencias como la química, la ingeniería o las matemáticas, que impulsaron todo tipos de mejoras: se desarrollaron unas mejores armaduras, destinadas a contener las armas emergentes. La pólvora experimentó una mejora en su desarrollo y uso. Cada vez se obtenía con mayor facilidad y presentaba una potencia mayor, lo que suponía el incremento en la construcción de armas, y, por consiguiente, de la fuerza de ataque.

Fuerte de Nuestra Señora de Gracia, Elvas. La aparición de la pólvora, y , por tanto, de las armas de fuego, propició el abandono de las antiguas fortalezas medieval. Estas, con los nuevos estudios balísticos y de ingeniería, fueron sustituidas por nuevas construcciones defensivas, como los fuertes. Fuente

La aplicación y mejora de estas ciencias, comenzaba a ilustrar el paso de época que se iba a producir, el medievo iba dejando paso a la modernidad. Iniciada la Edad Moderna, el siglo XVI vio cómo se acometían una serie de revoluciones técnicas, entre ellas, la naval. 

Los viajes ultramarinos, impulsados por los grandes descubrimientos y las rutas comerciales, demandaron una serie de mejoras en unas embarcaciones que se iban quedando obsoletas para tales fines. Por un lado, se precisaba de una navegación más fluida, ligera y que pudiese transportar más hombres y mercancías. Por otro, requería una mejora en la potencia de defensa y de ataque, pues el mar cada vez estaba más competido. Este desarrollo permitió construir velas de mayores dimensiones, que facilitaban la maniobrabilidad de las embarcaciones y el mejor aprovechamiento de los vientos. También se consiguieron unos cascos mejor adaptados a las aguas del océano.

El impacto de las armas de fuego obligó a realizar mejores estudios de ingeniería, pues las fortificaciones medievales se estaban mostrando desfasadas. Las edificaciones, destinadas ahora a contener el poder de las armas de fuego, distaban mucho de las fortalezas medievales. La ingeniería tomaba un cariz más militar, de ahí que se creasen, junto a los astilleros, las escuelas de ingeniería.

El campo de la guerra se vio también claramente favorecido, y a posteriori desarrollado, gracias a elementos como el telescopio, que en época moderna estaba siendo mejorado técnicamente gracias a los avances en astronomía. Bien, pues esta herramienta de los cielos, junto que la mejora en los planos terrestres, hizo posible llevar a cabo un mejor despliegue de las tropas, haciendo más eficiente y seguro el movimiento de las huestes.

Edad Contemporánea

Si en las primeras centurias de la era moderna el protagonista fue el barco, en el siglo XIX lo sería el ferrocarril. Este nuevo medio de transporte, nacido al albor de la Revolución Industrial, supondría una mejora exponencial en el campo militar. La necesidad de transportar tropas, cada vez más numerosas, y cada vez más lejos, desembocó en una infraestructura ferroviaria que acabaría siendo el motor de los intercambios comerciales durante varias centurias.

Otra innovación, que acabaría siendo imprescindible en el ámbito de la guerra, sería el desarrollo del Código Morse. Este telégrafo consiguió que la comunicación entre las tropas fuese instantánea, quedando ya lejos esos tiempos en los que la comunicación dependía del factor tiempo. Estas innovaciones, en comunión, consiguieron que la guerra se convirtiese en elemento inmediato, suponiendo este factor, la diferencia entre el éxito y el fracaso de las diferentes acciones bélicas.

Junto a estas innovaciones tecnológicas, hicieron también su aparición una serie de elementos que mejoraron enormemente la calidad del soldado, lo que desembocó, a su vez, en una menor tasa de fallecimiento por causas ajenas al campo de batalla. Elementos como las latas de conservas, junto a alimentos como la leche condensada, facilitaron una mejor nutrición del soldado en el frente de batalla. A la mejora de la alimentación hay que añadir el desarrollo de la medicina de guerra, que, con la mejora de las técnicas quirúrgicas y el aumento de la higiene en los hospitales de campaña, lograron reducir de manera drástica el fallecimiento de los soldados heridos. Se lograba así una mejora en la esperanza de vida de los soldados que luchaban en las cada vez más sangrientas guerras.

Pero será con la llegada de las guerras contemporáneas, y su nueva forma de combatir, cuando la tecnología militar experimente un más que notorio grado de perfeccionamiento e innovación.

Con la búsqueda de armas ofensivas cada vez más potentes, se pusieron en marcha los gases tóxicos. Para poder internarse en el campo de batalla, se hizo necesaria la pertinente protección ante dichos gases, con este propósito aparecían las máscaras antigás. Fuente.

A finales del XIX y a lo largo de la primera mitad del XX, la revolución tecnológica se va plasmando en nuevas maravillas de la ingeniería. La aplicación del globo aerostático al campo de batalla trajo consigo la mejora de observación en el campo de batalla, lo que favorecía una mayor planificación y estrategias aprovechando las particularidades del terreno. Ya, durante la Gran Guerra, el globo sería sustituido por el avión, que, tras una intensa remodelación, sería clave en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

Esto fue posible gracias al desarrollo de elementos como el motor de explosión, el cual no solo se aplicaría a este medio, sino que el transporte terrestre como ambulancias, camiones o tanques, también se verían beneficiados por esta tecnología. La Primera Guerra Mundial también se beneficiaría de otro elemento que experimentaría en estos años una profunda renovación: el submarino. Elementos como la máscara antigás o el uniforme de camuflaje se incorporaban también al escenario bélico.

Al finalizar la Gran Guerra, y ante la vertiginosa transformación que estaba padeciendo el desarrollo de la guerra, todas las grandes potencias pusieron a trabajar a sus científicos e ingenieros en nuevas tecnologías de guerra. Dominar la tecnología suponía dominar al enemigo. Es así como tecnologías, que resultan cotidianas para nosotros, hicieron su aparición en el contexto de los conflictos militares. Hablamos de elementos tan cotidianos hoy en día como el radar o la radio, instrumentos que surgieron para mejorar la comunicación entre los batallones, así como para rastrear al enemigo.

Con la irrupción de la Segunda Guerra Mundial, aparecía también una nueva tecnología que desembocó en una guerra más eficiente en términos de poder, pero también mucho más perjudicial para la población civil. Herramientas como el sonar, la evolución de los tanques, o el desarrollo de instrumentos guiados como los misiles balísticos o la introducción a gran escala de la criptografía, provocó que este conflicto, la II Guerra Mundial, llegase a unas cotas de desarrollo tecnológico inauditos.

Finalizado el conflicto mundial y levantado el telón de acero, las grandes potencias, entiéndase EE. UU y la URSS, se volcaron en la exploración de nuevas vías sobre las que ejercer el dominio global. La continuación de los estudios nucleares, el desarrollo de la informática y las comunicaciones, la búsqueda de armas biológicas fueron algunas de las bazas con las que jugaron los países occidentales. Pero si algo se lleva la palma de este periodo, es, sin duda, la emergente carrera espacial.

Tras la Guerra Fría, la tecnología destinada al uso bélico, dio un salto exponencial, dando como resultado el gran salto hacia la profesionalización de los ejércitos contemporáneos. Todos estos avances aplicados al ámbito de la guerra, han hecho posible que los ejércitos cada vez, con menos efectivos, sean mucho más eficaces.

Si nos paramos a observar con un poco de atención, podemos ver como muchas de las cosas que nos rodean han tenido su origen, o han estado relacionados, con el mundo de la guerra, el cual ha propiciado una gran explotación tecnológica y científica de todos los recursos con los que se ha ido topando el ser humano.

Es por eso que, a pesar del rechazo que generan los conflictos bélicos, es inevitable pensar que, sin ellos, no se hubiese dado, casi con toda seguridad, el tan elevado desarrollo técnico y científico con el contamos en la sociedad actual.

Bibliografía

  • Gajate Bajo, M., González Piote, L., (Eds.). (2017). Guerra y tecnología. Interacción desde la Antigüedad al Presente. Madrid: Editorial Centro de Estudios Ramón Areces S.A.
  • National Geographic Historia Edición Especial (2026). «Las guerras mundiales. 1900-1945: las raíces del mundo actual».
  • Vallejo naranjo, C. (2007). «El ocaso de la caballería medieval y su supervivencia iconográfica en la Edad Moderna» en Laboratorio de Arte, nº 20, pp. 31-53.

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