El caso Galileo: ciencia y religión en la Edad Moderna

El periodo de la Edad Moderna fue una época en la cual dominó el espíritu de la Reforma de Lutero, y la Contrarreforma de la Iglesia Católica. En este contexto, a pesar de empezar a ser cuestionado, el dogma cristiano seguía imperando en la sociedad europea. Por eso, no es de extrañar que el «saber científico» se basara en la filosofía y la ciencia de los autores clásicos, tomando como base científica a autores clásicos como Aristóteles, Ptolomeo, Platón. Las nuevas teorías que iban a hacer acto de presencia, como las de Galileo Galilei, no iban a ser bien recibidas en el seno católico.

Por tanto, si todo giraba en torno a la concepción cristiana, no iba a ser menos todo lo concerniente al Universo. Siguiendo la teoría geocentrista de Aristóteles, aún eran pocos los que osaban a rebatir la posición central de la Tierra.  De esta manera, el Universo lo conformaba el «mundo sublunar», del cual formaba parte la Tierra, la Luna y lo existente entre dos cuerpos, donde todo es imperfecto y mutable. Por otro lado estaba el «mundo supralunar», extensible desde la Luna hasta el infinito, donde todos son formas geométricas perfectas y movimientos regulares inmutables.

La Iglesia, pese a no contar con el poder del que disfrutaba en el medievo, seguía siendo una institución demasiado poderosa que velaba por el cumplimiento de la ortodoxia, ya que el aceptamiento de su doctrina, significaba reconocer el poder de dicha institución. Si la Iglesia quería seguir manteniendo su poder sobre la fe, que se empezase a cuestionar la validez de la idea geocentrista no ayudaba ante tal propósito.

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Galileo enseñando al dux de Venecia el uso del telescopio, fresco de Giuseppe Bertini.

El nuevo paradigma abría un escenario desconocido para la Iglesia, la extensión del saber científico frente al tradicional saber cristiano. El nuevo contexto científico hizo que la Iglesia, dispuesta a preservar el poder del que disfrutaba, combatiese con todos sus esfuerzos los envites del mundo científico.

Es en este panorama cuando hace acto de presencia Nicolás Copérnico con su teoría heliocéntrica. Copérnico, en su obra De Revolutionibus Orbium Coelestium, reformuló la teoría propuesta por Aristarco de Samos, allá por el siglo III a.C. Con esta teoría, Copérnico rompía con el sistema tradicional defendido por la Iglesia Católica, el geontrencismo. Se iniciaba así la Revolución científica, con la que se pondría fin al modelo aristotélico, a favor de la teoría heliocéntrica.

Aunque Nicolás Copérnico revolucionó el panorama  europeo con la formulación de su teoría, el verdadero choque entre Iglesia y ciencia vendría con la llegada de Galileo Galilei. Se abría, ahora de manera contundente, el debate entre ciencia y religión con la llegada de las teorías de Galileo. La Iglesia intentaría, con todos los medios posibles, que su doctrina siguiese imperando. Inquisición mediante, el mundo católico luchó con fiereza por la supresión de la teoría heliocéntrica, pero la semilla ya estaba germinando…

La Iglesia frente a la revolución científica

Para la Iglesia, unas de las primeras consecuencias fue la pérdida de potestad en el ámbito científico. Para el mundo católico suponía abandonar las ideas tradicionales sobre el Universo. La concepción de un mundo creado por Dios, debía dejar paso a la observación y experimentación que proponía el ámbito científico.

Pasemos a señalar las distintas consecuencias de la Revolución Científica que afectaron a la relación entre ciencia y religión:

Consecuencias filosóficas

  • Se derrumba la autoridad de Aristóteles. Se percibe que el filósofo griego se equivocó al afirmar el sistema geocéntrico de esferas, la incorruptibilidad de los astros, el cese del movimiento cuando cesa la causa, etc. El desprestigio de Aristóteles aumentó también por considerársele defensor a ultranza del método deductivo y la especulación pura.
  • Cambia el concepto de ciencia. Ya no interesa lo óntico, sino lo fenoménico; la realidad subyacente, sino el comportamiento aparente. Algunos científicos como Galileo y Kepler solo se interesan por establecer las leyes matemáticas de los movimientos.

Consecuencias religiosas

  • Autonomía de la ciencia frente a cualquier autoridad. La última palabra corresponde a la razón, que parte de la experiencia científica y vuelve a ella para verificar sus conclusiones.
  • El científico moderno suprime las explicaciones prenaturales de los fenómenos físicos, y busca sólo las causas inmanentes, intramundanas.

Galileo, formación y aportes a la ciencia

Galileo, empujado por su padre, se inició en la vida universitaria con el propósito de hacerse médico. Sin embargo, no se encontraba del todo cómodo con los estudios médicos, pues no eran su verdadera vocación. Si lo serían, por contra, las matemáticas, con las cuales tomó contacto en su vida de estudiante. Opositor decidido de Aristóteles, se decantó más por otros autores clásicos como Pitágoras, Platón o Arquímedes, quien le valió como modelo en el estudio de los pesos específicos, y la consiguiente invención de la balanza hidrostática. Otro importante avance en el campo de la física fue el descubrimiento el isocronismo de las oscilaciones del péndulo.

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Ilustración elaborada por Galileo, en la que el astrónomo italiano detalla las distintas fases de la Luna.

En 1592 Galileo Galilei se trasladó a Padua, donde transcurriría una de las etapas más fecundas del astrónomo. Pese a que fue una época de largas penurias económicas, Galileo materializó unos importantes avances en la mecánica. Surge en este periodo su primera obra impresa, Operaciones del compás geométrico y militar. Un dispositivo, empleado en un principio para resolver problemas de artillería, sería aplicado en muy diversos campos. En estos años también retomó sus estudios sobre el movimiento, el péndulo y su aplicación al plano inclinado.

No obstante, su mayor aportación, y lo que más éxitos le aportaría sería el telescopio, con el cual se dedicará a estudiar el Universo, estableciendo. con una sólida base, la teoría heliocéntrica. Con el establecimiento de la misma, la concepción tradicional, reflejada en las Santas Escrituras, y en los textos de Aristóteles, cambiará para siempre en favor de la observación y la experimentación.

El telescopio de Galileo

La refutación de las teorías de Galileo no podrían haberse dado sin un instrumento clave para el mundo de la astronomía, el telescopio. En el año 1609, el italiano presentó un nuevo instrumento que serviría para observar con más detalle el Universo. Mejorando prototipos ya existentes, Galileo dotó a su telescopio veinte aumentos, consiguiendo un observar objetos, cuerpos y fenómenos obviados hasta el momento.

A través del telescopio, Galileo consiguió detallar las fases de la Luna. Estudia las manchas solares, la naturaleza de la Vía Láctea, observa los anillos de Saturno, cuenta las estrellas de Orión. Como se puede ver, fue bastante prolífico a la hora de estudiar el Universo. Pero de entre todos estos descubrimientos, uno será el que le permita demostrar la teoría heliocéntrica, el descubrimiento de las fases de Venus.

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Boceto de las fases del planeta Venus. Observación que permitió a Galileo afirmar la teoría copernicana.

Con las observaciones de este planeta, Galileo observó, que Venus, de la misma forma que la Luna, presentaba distintas fases. La variación en el tamaño del planeta, era imposible de defender mediante la teoría geocéntrica, mientras que era facilmente sostenible a través de la teoría copernicana.

El telescopio supuso la clave para el desarrollo moderno de la astronomía. Pero sin embargo, a pesar de suponer la cima del científico toscano, le supuso también su peor arma frente a la Iglesia. Un instrumento que contradecía la teoría sustentada por el catolicismo, le valdría a Galileo un largo periplo en manos de la Inquisición.

En la siguiente entrada veremos la posición beligerante de la Iglesia frente a Galileo. La Iglesia se quedaba sin legitimidad en el campo de la ciencia, pero la Santa Sede no estaba dispuesta a permitirlo…

Vía:

  • BELTRAN MARI, A.: Galileo. Ciencia y religión, Barcelona, 2001.
  • GALILEO GALILEI: Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión, Madrid, 1987.
  • KEARNEY, H.: Orígenes de la ciencia moderna, 1500-1700, Madrid, 1977.
  • SELLES, M. Y SOLIS, C.: La Revolución científica, Madrid, 1991.

 

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