El cambio en la indumentaria durante la Baja Edad Media

Durante los últimos siglos del Medievo, a raíz de una serie de transformaciones, se produjo un cambio de mentalidad a gran escala que se reflejó en muchos aspectos de la vida cotidiana de las gentes que vivieron en la Baja Edad Media. Fue especialmente evidente en la indumentaria que caracterizaba a cada uno de los diferentes estamentos, ya que a pesar de que la vestimenta siguió siendo un símbolo que denotaba la situación socio-económica de aquellos que la portaban, a partir del siglo XIV los ropajes adquirieron una connotación totalmente distinta a la que había tenido hasta el momento. ¿Qué fue aquello que produjo este cambio? ¿En qué consistió?

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El cambio en la vestimenta medieval fue perceptible especialmente entre la aristocracia y la alta burguesía. Las gentes más humildes siguieron usando indumentaria de colores naturales y tejidos pobres pero fáciles de conseguir.

Durante la Alta Edad Media la indumentaria había experimentado un cambio muy tenue. Los estamentos privilegiados eran los que apostaban por una vestimenta opulenta, rica en detalles y en adornos. Los monarcas usaban una indumentaria notoriamente lujosa, en donde eran habituales las telas de seda importadas (en esencia de color dorado o púrpura) con brocados de plata y oro, joyas deslumbrantes, forros preciosos y pieles de armiño, ardilla y zorro. La nobleza, dentro de sus posibilidades, se vestía con atuendos similares a los empleados por los reyes medievales: las pieles, las sedas, los ricos tejidos teñidos de rojo y azul, las perlas y los guantes perfumados fueron ganando cada vez más protagonismo. En contraposición a los privilegiados, el estamento menos favorecido vestía comúnmente de manera más humilde, empleando tejidos mucho más básicos que buscaban, en esencia, cubrir el cuerpo y obtener libertad de movimiento para los duros trabajos a los que dedicaban casi la totalidad de su tiempo. Las camisas y camisones sin color, los zuecos, cofias, las sayas y algunos abrigos eran, por lo general, habituales entre artesanos y criados, mientras que campesinos y pastores solían vestir con ropajes cortos, empobrecidos, con grandes sombreros o capas con capucha para protegerse de las inclemencias climáticas.

A partir del siglo XIV, y gracias al impacto del Humanismo, la indumentaria de hombres y mujeres, en esencia de los estamentos más pudientes y privilegiados, cambió. Favorecidos por una corriente de pensamiento alejada de los dictados morales y estéticos de la Iglesia, los varones comenzaron a emplear prendas más funcionales que mostraban su silueta masculina. A pesar de que los hombres de mayor edad siguieron vistiendo trajes más largos, los más jóvenes adoptaron el jubón, corta y ajustada, y la jaqueta, que se colocaba encima de la anterior. Para acomodar ambas piezas al cuerpo, tanto el jubón como la jaqueta eran sujetos al tronco por un cinturón articulado. Las piernas, símbolo de hombría, eran cubiertas únicamente con unas calzas prietas, introduciéndose como gran innovación la bragueta. A finales de esa misma centuria y en el siglo XV la hopalanda y el balandrán (dos trajes de encima o sobretodo) confeccionados en paño fino, terciopelo o piel se hicieron muy populares. Como complemento esencial comenzaron a usarse los sombreros picudos de gran tamaño y las caperuzas, que cubrían la cabeza y los hombros en caso de lluvia.

Reivindicando la belleza del cuerpo femenino y la armonía de las formas, el vestuario femenino fue, no sin polémica, en donde mayores innovaciones se llevaron a cabo. Los vestidos y sayas grandes que escondían los atributos femeninos fueron sustituidos por otros ceñidos al cuerpo hasta la cadera, muchos dejando al descubierto el cuello y una parte de los hombros gracias a los generosos escotes redondos que tan célebre se hicieron. Debajo de esta prenda las mujeres, especialmente las pertenecientes a la nobleza, solían portar camisas, faldillas o faldetas, corpiños, sayas y gonelas, e incluso calzas que, al igual que a los hombres, cubrían sus piernas hasta la cintura. Durante el siglo XIV se generalizaron los flecos, las mangas perdidas y los botones (que, adoptados también por el sexo masculino, venían a sustituir a los cordones especialmente en los puños), mientras que en la siguiente centuria se comenzó a adornar el escote con unas telas muy finas llamadas gorgueras. Para decorar la cabeza, las mujeres optaron por recoger el cabello. Si bien antaño era usual dejarlo a la vista, durante el siglo XIV se hicieron célebres los tocados de mariposa, de aguja y de cuernos, en donde era necesario enroscar el cabello a complicadas estructuras de alambre o cartón cubiertas por terciopelo y velos de seda.

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Arcón Adimari (pintura a témpera atribuída a Giovanni di ser Giovanni) muestra la riqueza de la que hacían gala los privilegiados en la Florencia del siglo XV.

La expansión del Humanismo por buena parte de Europa a través de los contactos comerciales, y la transformación del vestuario como signo inequívoco de una nueva conciencia alejada de los férreos preceptos dictados por la Iglesia, supusieron una revolución sin precedentes. La utilización de prendas ajustadas al cuerpo que mostraban la silueta favorecieron la aparición de numerosas críticas que, con el tiempo, pondrían las bases para los tratados hechos por destacados miembros del clero. En estos textos se intentaba promulgar cuales eran las indumentarias correctas en un intento vano por recuperar una indumentaria mucho más afín al supuesto decoro cristiano. Siendo especialmente feroces las opiniones sobre el nuevo vestuario femenino, se atacarían tanto los escotes como los vestidos ajustados con amplias faldas y los suntuosos peinados y tocados, equiparándose a las mujeres que los usaban con seres diabólicos de naturaleza licenciosa.

La controversia en torno a una vestimenta masculina que dejaba mostrar sus vergüenzas, y a una indumentaria femenina que, según los moralistas del momento, incitaba al pecado, hizo que fuera habitual la promulgación de unas leyes, dirigidas principalmente a las mujeres de la nobleza y alta burguesía, con las que se censuraban las nuevas modas. Aceptándose que la mujer era un ser dado a las frivolidades y a la lujuria, las leyes suntuosas promulgadas por los monarcas estuvieron centradas en contrarrestar la espectacularidad del atuendo femenino promoviéndose la sencillez. Las leyes suntuosas también estuvieron dirigidas a hacer más evidente la diferenciación existente en el Medievo al marcar la vestimenta de hombres y mujeres según su condición social y económica. Así, sólo los más ricos podían vestir tejidos costosos adornados con joyas y otros complementos, mientras que los pertenecientes al pueblo llano debían utilizar prendas mucho más bastas de acuerdo a su estatus.

Aunque las prohibiciones sistemáticas por parte de los monarcas y las críticas de la Iglesia favorecieron en algunos reinos la adopción de una moda mucho más austera, en otras zonas siguieron vigentes las modas en donde pieles, sedas, paños de calidad y adornos muy lujosos cubrían los cuerpos de hombres y mujeres sin tratar de esconder sus respectivos atributos, algo que sería potenciado con posterioridad durante el Renacimiento.

Vía| Bühler J. (2005). La cultura en la Edad Media: el primer renacimiento de Occidente, Círculo Latino, Barcelona; Wade Labarge, M. (2001). La mujer en la Edad Media, Nerea S.A, San Sebastián

Más información| Pastoureau, M. (2006). Una historia simbólica de la Edad Media Occidental, Katz Editores, Buenos Aires

Imágenes| Celebración, Vestimenta masculina y femenina

2 comentarios en “El cambio en la indumentaria durante la Baja Edad Media

  1. Esos cambios se produjeron no en la baja edad media,sino antes, finales del siglo XI y XII, aparejado al crecimiento de las ciudades, gremios-corporaciones. También ligados a la literatura de los trovadores, el amor “cortes”. En una zona muy concreta se pueden observar el inicio de este cambio cultural y “social” que tendrá su expresión en la moda; el Languedoc.
    Antonio J García @AntonioJulioGar
    Licenciado en Historia UAM, Master Dirección de RRHH, Master Consultaría Estratégica Empresarial, Master MBA (Especialidad Dirección de Hoteles y Empresas Turísticas.

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