La nobleza en la España moderna: cambio y continuidad (II)

Tras escribir la primera parte de la nobleza en la España moderna, donde hablábamos del origen medieval de la misma, y de los rangos en los que se degradaba, vamos a centrarnos ahora tanto en la familia nobiliaria de la España de la Edad Moderna, como en la compra de cargos y la ostentación del poder.

La familia en la Edad Moderna es uno de los elementos más importantes de la sociedad de la época. Como familia no solo se entendía la familia nuclear, sino también la unida por lazos de afectividad o lazos espirituales. Las estirpes nobles buscaban con gran ahínco el beneficio del tronco de la casa, de ahí que siempre se engrandeciese, en la mayoría de los casos, al primogénito, sacrificando al resto de hijos. Se origina así el mayorazgo, y por consiguiente el engrandecimiento de la Casa. Triunfo del conjunto sobre el individuo.

Familia: matrimonios, mayorazgo y segundones

En cuanto al matrimonio, siguiendo siempre los intereses de la estirpe, debía ser entre iguales, pues entre desiguales era considerado un mal terrible, al menos en la teoría, porque en la práctica ninguna familia dudó en hacer casamientos hacia arriba o hacia abajo según las circunstancias. De hecho se va a dar con bastante frecuencia la hipergamia consentida, y por consiguiente la hipogamia. Uno acepta casarse con alguien de menor rango porque le aporta una importante cantidad de dinero, mientras que el otro experimenta un auge en su estatus social.

Los matrimonios podían llevarse a cabo en términos locales, regionales, nacionales o internacionales. Los locales los llevaban a cabo la baja nobleza como los hidalgos, quienes buscaban hacerse fuertes en su propia localidad. Los regionales los hacían la media y capa baja de la alta nobleza, los cuales buscaban tener aliados y así controlar una determinada región. Por último los nacionales e internacionales los realizaban los Grandes de España.

Volviendo al tema del mayorazgo, podemos decir que durante bastante tiempo, no fue otra cosa más que una

mayorazgo

Pleito sobre mayorazgo. Fuente

manera de proteger los patrimonios nobiliarios, de la segura disgregación a que obligaba el paso del tiempo. Era la vinculación de un cuerpo de bienes de carácter inalienable, transmitido de generación en generación. El mayorazgo aunque empieza en el siglo XIV, es en los siglos XVI y XVII cuando tienen mayor importancia.

Pero, si toda la herencia se invertía en el mayorazgo, ¿qué camino debían tomar el resto de hijos e hijas? Pues bien, podemos observar que la Iglesia es la vía para los segundones, tanto para mujeres. Por un lado las mujeres ingresaban en órdenes religiosas para no menoscabar la herencia. Por otro, los varones, que aunque también lo hacían por motivos económicos, la causa principal era la herencia material e inmaterial que aportaba un tío, hermano o primo como eclesiástico de rango medio y alto.

Obtención de títulos nobiliarios

En el entramado nobiliario no todo se conseguía a base de matrimonios, pues una de las mejores formas de obtener un título nobiliario, era estar al servicio de la corona. A los hijos de familias adineradas se les enviaba a la universidad, para estudiar derecho, para  así poder llegar a ser juristas en la corte. Accediendo al ejército también se podía obtener el favor de la corona. Otro método que ofrecía un gran acceso era ser familiar de alguien del Santo Oficio.

Nobleza castellana del siglo XVII

Nobleza castellana del siglo XVII. Fuente

En cuanto a la compra de señoríos, vemos que se da en los siglos XVI y XVII, debido a la enajenación de bienes eclesiásticos y de órdenes militares. Adquirir un señorío, afectó a menos familias que la compra de oficios, aunque a efectos individuales, fue superior, puesto que convertía en nobleza media al comprador y a toda su descendencia. Por otra parte, la venta de hidalguías fracasó, puesto que hacerse pasar por hidalgo era muy fácil, por lo cual, la compra del título era enormemente innecesario. La nobleza supo como engañar para ostentar el título sin comprarlo, pero sin tener derecho a poseerlo.

Poder y ostentación: las apariencias

En la sociedad, se es lo que se parece, por eso la forma de vestir, las joyas, los escudo en las mansiones, los sirvientes, las sillas de mano, son elementos que ayudan a aparentar lo que se quiere llegar a ser, o lo que es.

escudo de armas

Escudo de armas de Fernando Álvarez de Toledo. Fuente

No sólo era ostentar y aparentar, era también perdurar a través de los tiempos. Para este objetivo, la posesión de una iglesia o una sepultura, era símbolo inequívoco de poder, símbolo que se utilizan para perpetuar el poder a lo largo de las generaciones. Por otro lado, pocos elementos simbolizan mejor la nobleza familiar que los escudos de armas, símbolos de poder y nobleza, elementos que muchos usurpan para pasar por nobles.

Otra muestra de poder era el retrato, que se colocaba en sitios estratégicos de la mansión, o en las iglesias, para crear un gran impacto en el observador, dando una imagen de poder y de ser una casa antigua, puesto que muchos retratos son de antepasados. También se conseguía la transcendencia social mediante la ocupación de lugares privilegiados: subir a estrados en las audiencias, ocupar un lugar preferente en iglesia o en una procesión. Estas muestras de poder, al contrario que las anteriores, no se consigue con dinero, sino con el paso de las generaciones.

Movilidad social

En lo relativo a la movilidad social, los apellidos fue un factor que la favoreció de forma muy notable, puesto que no estaba regulada la forma de heredar los apellidos, por lo que se podían colocados en el orden preferido, para así recalcar la mejor posición materna o paterna, o en memoria de algún antepasado.

Los tratamientos honoríficos como el don, son formas de resaltar la insigne personalidad del portador. Pero con el paso del tiempo se va haciendo tan corriente su uso, que en el siglo XVIII, cualquier persona portaba el don, por lo que su uso honorífico se fue quedando en desuso. Era más usual encontrar el doña en las mujeres, que el don en los hombres, puesto que en el caso de las mujeres, se usaba como forma de respeto.

Las imitaciones de documentos se llevaban a cabo por todos aquellos que querían conseguir un objetivo, como podía ser un hábito de la Orden de Santiago, ocultar su ascendencia conversa o morisca, etc. Los principales implicados fueron los escribanos públicos, quienes eran los encargados de crear los documentos.

En definitiva, la nobleza se supo adaptar a los cambios acontecidos en los siglos de la Edad Moderna, recibiendo una constante renovación y forjando vínculos que asegurasen su mantenimiento dentro del estamento nobiliario español. Desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII experimentación un constante cambio y continuidad.

Publicado originalmente en | Intrahistoria

Vía |

  • García Hernán, David (1992). La nobleza en la España moderna. Ediciones Istmo, Madrid.
  • Soria Mesa, Enrique (2007). La nobleza en la España moderna: Cambio y continuidad. Marcial Pons Editorial, Madrid.

 

La nobleza en la España moderna: cambio y continuidad (I)

La semana pasada hablábamos sobre la ascendencia social en la Edad Moderna, una sociedad tripartita heredera de la medieval, donde veíamos, que pese a los visto generalmente en los libros de Historia, el ascenso social era posible, existiendo para ello varios caminos. En esta entrada vamos a profundizar más en este aspecto, concretamente la nobleza durante la Edad Moderna, donde vamos a ver el cambio y continuidad que sufrió esta clase social.

La nobleza siempre nos ha sido presentada como un estamento rígido dentro de la sociedad moderna española, a la cual se accedía de manera exclusiva por nacimiento. Nada más lejos de la realidad, ya que la nobleza experimentó una constante renovación por la base, llena de judeoconversos y moriscos a pesar de sus estatutos de limpieza de sangre. Va a ser un estamento que cuide con mucho recelo su estatus, va a generar vínculos imposibles entre si, va a generar un sistema que conserve su patrimonio, etc. Al contrario de lo que estamos acostumbrados a leer y oír, la nobleza va a ser un estamento en continuo cambio.

Miniatura medieval representando la sociedad estamental

El fenómeno nobiliar en España parece arrancar en el siglo XIV, que si bien ya existían condes y caballeros, no tenían la misma concepción que en la Edad Moderna. En el siglo XIV grandes nobles son encumbrados en Castilla y en Navarra, en Aragón lo harán con una medida mucho menor. En Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía se advierte como muchos de estos linajes, encumbrados en el siglo XIV, van a ser de orígenes pecheros y conversos.

Puesto que la nobleza no estaba definida interna ni externamente, solo se diferenciaba entre si por su estado socioeconómico, podemos encontrar cuatro grandes diferencias:

  • Baja nobleza: hay muy pocas fuentes para estudiar este grado de la nobleza, pero podemos encuadrar a los hidalgos. Son los nobles de la base, sin más distinción, títulos ni honores. Son abrumadoramente los más numerosos.
Caballero de la golilla - Murillo

Caballero de la golilla – Murillo

  • Media nobleza: los advenedizos que ingresan en el cabildo, lo que genera un enfrenamiento contra el patriciado urbano, que ve como deja de controlar la entrada en el cabildo. Esto favorece la proliferación de los Estatutos de Limpieza de Sangre, para frenar la entrada a los judeoconversos, para volver a controlar el poder del cabildo.
  • Alta nobleza: es la nobleza titulada. Aparecen como compensación del rey Enrique II de Trastámara (de ahí le viene el sobrenombre del de las Mercedes), son títulos que no tienen nada que ver con los de la Edad Media. Desde los Reyes Católicos hasta los años treinta del siglo XIX, con Fernando VII, la cifra de títulos creció asombrosamente. En este apartado de la nobleza tenemos que encuadrar a los condes y marqueses, siendo prácticamente equivalentes en jerarquía en los siglos XVI al XVIII. La dignidad de barón no perteneció a la nobleza titulada, solo en el caso aragonés, y como herencia medieval. Solo pertenecerá a la nobleza titulada a partir del siglo XVIII, y lo hará como la capa más baja.
  • Grandeza de España: es la cúspide del sistema en la España moderna, siempre debajo del rey, del que todos eran súbditos. Muy pocas cosas separaban a un Grande de España de un conde o un marqués. Todos los duques eran de la Grandeza de España, aunque también algunos condes y marqueses lo fueron. No se sabe cuando fue creada esta definición (se cree que por Carlos V en 1520), ni cuantos eran reconocidos como Grandes al principio de su creación.
Alonso Pérez de Guzmán y Sotomayor, Duque de Medina Sidonia, Grande de España

Los extranjeros forman una parte importante de la nobleza española moderna. Esto es debido al comercio y contactos con el patriciado urbano y la nobleza. Apellidos como Bécquer, O’Donell, O’Neill, Espinola, Fitz James Estuart son un ejemplo de los extranjeros que accedieron  a la clase privilegiada española. Los más renombrados de Italia serán los genoveses. Portugal aportará linajes tan importantes como Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli. Los  moriscos, al contrario que los judeoconversos, son menos los que acceden al estamento nobiliar, pero su ingreso va a ser conocido. Gran parte de la nobleza indígena sobrevive al contraer matrimonio con los conquistadores españoles, dotados de títulos nobiliarios tras la conquista. En el caso de los judíos en la nobleza española, han abundado en cargos importantes, pero han intentado ser ocultados por la historiografía.

Publicado originalmente en | Intrahistoria

Vía |

  • García Hernán, David (1992). La nobleza en la España moderna. Ediciones Istmo, Madrid.
  • Soria Mesa, Enrique (2007). La nobleza en la España moderna: Cambio y continuidad. Marcial Pons Editorial, Madrid.

Ascendencia social en la Edad Moderna

En el periodo moderno nos encontramos con una sociedad tripartita, heredera de la Edad Media: nobles, eclesiásticos y un heterogéneo Tercer Estado, aunque surgirán algunas peculiaridades fruto de las circunstancias históricas, que van a producir un cambio de valores: guerras de descubrimiento, enriquecimiento súbito de una parte de la población, promoción por el estudio, educación del Renacimiento, ideología de la Contrarreforma, burocracia, etc.

El concepto de movilidad social, a través de diferentes mecanismos, va a permitir la perpetuación del sistema, que gracias a ellos se está adaptando a nuevas realidades políticas y económicas. El Tercer Estado carece de conciencia de grupo, tiene como meta final alcanzar el estamento noble. Esta penetración en el estamento privilegiado no afecta por tanto al ideal nobiliario, y no hace otra cosa más, que fortalecer el sistema. Por otro lado, el sistema político debía apoyarse en una jerarquía social adecuada y en una red de servidores (burócratas, financieros, letrados) que van tomando el relevo o ampliando las filas de la aristocracia feudal, para formar lo que será la monarquía absoluta.

La organización social descansaba en tres principios. El nacimiento, el estado y la riqueza. A esos tres principios, la sociedad española agregó un cuarto, la limpieza de sangre. Se pertenece a un grupo por nacimiento, aunque también influirá ser eclesiástico o laico.

El factor que alteró con más fuerza las categorías sociales, oficialmente reconocidas, fue la riqueza, que se abrirá

mayorazgo Alburquerque

Escritura de la fundación del mayorazgo de Alburquerque

paso con gran fuerza, moldeando un nuevo tipo de relaciones entre los hombres El Quijote, Sancho: «dos linajes solo hay en el mundo, el tener y el no tener». La ocupación también determinará el puesto social, el mando es un factor de superioridad, no pocos miembros del Tercer Estado accedieron hacia la nobleza comprando cargos municipales, introduciéndose en la alta burocracia del Estado o accediendo a la categoría de señor de vasallos, mediante la compra de algún lugar. Las tentativas gubernamentales que pretendían congelar unas situaciones más teóricas que reales, estaban destinadas al fracaso en una sociedad muy dinámica, con muchas oportunidades de promoción, con una acusada capilaridad, como la que el propio Estado favoreció con las ventas de cargos, empleos y títulos honoríficos, con lo cual destruía su papel de guardián del orden establecido.

Dentro de la nobleza hay una fuerte jerarquización interna. Los hombres llanos aspiraban a ser hidalgos por vanidad y por las ventajas legales y reales que suponía el cambio de estado. La Real Hacienda pensó aprovechar esta apetencia vendiendo hidalguías, aunque se consideraba de segundo grado y era más satisfactorio procurarse testigos favorables, manipular escrituras, cambiar apellidos, etc. Como se plasma en la obra de Calderón El Alcalde de Zalamea: «¿hay alguien que no sepa que yo soy, si bien de limpio linaje, hombre llano? La gente diría que soy noble por cinco o seis mil reales y eso es dinero y no es honra, que honra no la compra nadie».

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Miniatura representando a Carlos I en una ejecutoría de hidalguía

Los 60 títulos de Castilla que había con Carlos V pasaron a 152 con Felipe III. Esta nueva nobleza fue, en un principio, admitida con recelo, luego, por el juego de las alianzas matrimoniales, fue aceptada como igual por la antigua. La multiplicación de los títulos fue haciéndolos cada vez menos apetecibles. Los linajes más distinguidos pusieron todo su empeño en lograr la Grandeza, el rango superior. Sin embargo no pudieron impedir que en sus filas fueran también filtrándose advenedizos y hasta se vendieron algunas grandezas por dinero. Las instituciones conectadas con la nobleza eran el señorío, el mayorazgo y las órdenes militares. El mayorazgo era una institución medieval, que resultó más accesible desde que las Cortes de Toro (1505) establecieron una normativa muy abierta, como si quisieran facilitar el acceso a los que, sin ser nobles, quisieran seguir las reglas de la vida nobiliar: un nivel de vida decoroso, no procedente de un trabajo manual o asalariado, y continuidad de un patrimonio que asegurase la categoría de la familia durante un periodo indefinido de tiempo.

Como conclusión, podemos decir que parte de la burguesía, aprovechará la coyuntura económica para enriquecerse, y la falta de conciencia de grupo la llevará a querer formar parte de la nobleza, dando lugar a una movilidad social ascendente, que utiliza diversos métodos como la compra de cargos, oficios o matrimonios, en los inicios del capitalismo. Son las propias grietas del sistema, las que van a permitir su regeneración, adaptándola a nuevas circunstancias «el más importante hombre de negocios de Castilla la Vieja no quería ser mercader sino caballero». Todo esto va a originar que en el periodo moderno se produzca un fortalecimiento de la idea de linaje, como parte de una preocupación creciente por asentar una sociedad ordenada y una política estable.

Publicado originalmente en | Qué Aprendemos Hoy

Vía |

  • Casey, James (2001): España en la Edad Moderna: una historia social. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid.
  • Domínguez Ortiz, Antonio (1999): El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias. Alianza Editorial, Madrid.
  • Soria Mesa, Enrique (2007): La nobleza en la España moderna. Cambio y continuidad. Marcial Pons Editorial, Madrid.

La Roma imperial: el Principado

Continuamos con una nueva entrega del especial sobre la Roma imperial. Después de haber visto el final de la República en dos partes –I y II-, nos embarcamos ahora en el Principado, fase que sucede a la República, tras una etapa bastante convulsa entre cambios sociales y guerras civiles.

Reorganización política y territorial

La creación de la institución del principado, supuso para Octavio la acumulación de todos los poderes en su persona. De este modo, fue sumando títulos hasta acabar con el poder absoluto sobre

Octavio Augusto velado

Octavio Augusto velado (imagen propia)

Roma. Además de princeps -primero entre los romanos- e imperator -jefe supremo del ejército- fue añadiéndose diversas magistraturas como: cónsul, presidente del Senado, y tras la muerte de Lépido, sumo pontífice. Más todavía le quedaba un título por sumar, el de Augusto, y lo consiguió en el año 27 a.C, cuando el Senado le pidió que siguiese diez años más en el poder, esto a su vez desembocó en el nacimiento de lo que conocemos como Imperio Romano.

Una vez ascendido a la máxima estancia romana, Augusto emprendió la reorganización de los territorios y de la vida romana en general. Entre las reformas que llevó a cabo, fue la restauración del Senado con 600 senadores -si bien es cierto que lo purgo de elementos hostiles-. Le confió la administración del tesoro público, el gobierno de las provincias pacificadas y la administración de justicia, en casos de especial relevancia o gravedad.

Octavio Augusto reestructuró y dividió en 14 barrios la ciudad de Roma, que hasta entonces sólo era una mera ampliación de la aldea primitiva, mostrando un aspecto

pobre, sucio y desordenado. Con la intervención de Augusto, Roma se embelleció y monumentalizó. Además dividió Italia en doce regiones, promovió la colonización e impulsó la construcción de grandes obras públicas.

Pero no sólo se caracterizó por el impulso de grandes obras o el embellecimiento de Roma, sino que supo rodearse de los mejores representantes de la cultura romana, como Virgilio, Horacio, Tito Livio y Mecenas. También impulsó la religión y la familia. En cuanto a la primera, impulsó los ritos, sobre todos los de base latina, para que sirviese como base para su creación imperial. Con respecto a la segunda, promovió leyes que favorecían el matrimonio y la familia numerosa, a la vez que dificultaban el divorcio y penaban el adulterio.

Mosaico Virgilio

Mosaico de Susa que representa al poeta Virgilio. Fuente

Reformas militares

Octavio Augusto necesitaba un ejército con el que sostener y defender el imperio, pero era primordial que éste no representase un peligro para su posición, pues ya en el pasado más reciente, el ejército tuvo un papel fundamental en la vida política.

Con esta premisa, Augusto se encaminó a reformarlo. Para ello, redujo el número de hombres a los estrictamente necesarios, de 60 legiones al final de la guerra civil, pasaron a 25-28 operativas, pasando el resto a la reserva. Estaban al mando de legados del emperador con rango senatorial. Las legiones se encontraban distribuidas a lo largo y ancho del imperio, de modo que en Italia no quedaba ninguna legión acantonada -así se evitaban rebeliones indeseadas-.

El Imperio: fronteras y provincias

La preocupación de Augusto en este aspecto fue el de asegurar las conquistas y fronteras en lugar de emprender nuevas acciones militares. Así en Oriente, la acción de Augusto –frente al peligro parto- fue esencialmente diplomática. Se limitó a liberar rehenes, recuperar unas insignias sustraídas a Craso por el rey Fraates, e impuso a al rey de Armenia, que estaba en contienda contra los partos. Todo esto fue celebrado por Augusto como victorias en el campo de batalla.

En cuanto a Occidente, Augusto se encontraba con varios frentes abiertos. Por un lado Hispania, donde la resistencia de astures y cántabros imposibilitó la plena romanización de la península.

Arminio

Estatua de Arminio junto al bosque de Teutoburgo. Fuente

Aun así, consiguió la pacificación de Hispania sobre el 19-18 a.C, la cual fue dividida en tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania. En Egipto, Augusto fue reconocido como sucesor de los Ptolomeo. En el norte de África se anexionó Numidia.

Los pueblos germanos, en sus continuos movimientos, amenazan las fronteras de las Galias, por lo que Augusto decidió crear una zona de seguridad. Entre el 16 y 8 a.C, Druso y Tiberio, hijastros de Augusto, sometieron Retia, Nórico y Panonia. De esta manera Roma logró el dominio sobre el Rin, el Danubio y el Elba. En el año 9 d.C entra en escena Arminio, hijo de un jefe de la tribu de los queruscos, que había luchado al lado de los romanos en anteriores campañas, unifica bajo su mando a tribus germanas. Publio Quinto Varón, con el objetivo de someter por la fuerza a estas tribus, se adentra en la selva de Teutoburgo, donde la alianza de germanos encabezada por Arminio los embosca y extermina, obligando a los supervivientes a retirarse. Así, los territorios del Rin hasta el Elba no se volvieron a dominar.

La sucesión de Augusto, un problema

Augusto, tras su muerte en el año 14 d.C, deja un Imperio pacificado y próspero. Esto generó en Roma la sensación de que la restauración de la República, no reportaría cambios y mejoras tangibles. Había quedado patente que el poder personal, unido a un Senado con autoridad recortada, era el mejor binomio para la prosperidad romana.

Pero ante la sucesión, había un problema, no estaba constituido el mecanismo para efectuar la misma, puesto que en la República no se ejercía de tal manera. Otro problema añadido, era la ausencia de hijos varones por parte de Augusto, ante lo cual, tuvo que buscar su sucesor entre los componente de su familia, en la que confluían dos gentes: la Julia y la Claudia.

Tiberio

Busto de Tiberio, segundo emperador de Roma

 

De entre todos, la sucesión recayó en Tiberio, ahijado de Augusto, que ya gozaba con el imperium y la potestad tribunicia, por lo que el traspaso de poderes se hizo de manera suave. Apoyado por el ejército por su campaña en Germania, fue nombrado sucesor por el Senado.

En el año 14 d.C, Tiberio Julio César Augusto se convierte en el segundo emperador de Roma.

Vía |

  • Coord., Sayalero, M. Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio. Ediciones Susaeta. Madrid.
  •  Roma en el origen de Occidente. Ediciones Rueda (2002). Madrid.

Demografía en la Europa bajomedieval

Entre los siglos XIV y XV se produce el desgaste de las estructuras materiales y mentales formadas los siglos anteriores, lo que a su vez provoca que se origine el puente hacia la «Modernidad», claro está, tras la recuperación progresiva de esta crisis. En estos dos siglos podemos ver una crisis global (en cuanto a ámbitos nos referimos): política, con la famosa «Guerra de los Cien Años» (o mejor dicho, de los 116); espiritual, Cisma de Occidente, conciliarismo, etc.; y por último, la que nos atañe en este especial, las vertientes económica y social. Citando a Henri Pirenne: «Se puede considerar el principio del siglo XIV como el término del periodo de la expansión de la economía medieval».

GUERRAS, HAMBRE Y PESTE

El hambre, la peste y la guerra constituyeron hechos catastróficos, para una demografía europea especialmente sensible a todo tipo de embestidas. Aunque si bien es cierto que no fueron fenómenos novedosos, si lo fue la intensidad con la que se manifestaron en estos dos siglos. Se calcula que, entre 1347 y 1350, Europa pierde un tercio de la población con la que contaba a principios de siglo.

Respecto a las condiciones que llevaron a esta crisis demográfica, la crisis de subsistencias, será la primera en hacer acto de presencia en el panorama bajomedieval. Esta aparece debido a una serie de accidentes climáticos, en los primeros años del XIV. Dichos cambios incidieron de forma estrepitosa en la producción cerealista, base de la alimentación medieval. Los efectos más sensibles se dejaron notar en el medio urbano, donde aparece una auténtica obsesión por el abastecimiento, y entre las capas más humildes del campesinado. A dichos cambios climáticos, debemos unir otro factor, el agotamiento de los suelos más fructíferos, debido a prácticas agrícolas demasiados rudimentarias, por lo que las roturaciones se agotan, o solo pueden ser aplicadas a tierras abandonadas por su mala calidad. A su vez, las parcelas se empiezan a dividir entre multitud de herederos, lo que conlleva a que estos sean incapaces de mantener a sus familias, lo que desemboca por último en una reducción de la natalidad.

Campesinos arando bajo el yugo del señor

Ante estos síntomas, es sólo cuestión de tiempo la inevitable la (re)aparición de las hambrunas, solo presentes anteriormente en Occidente de manera local. Así podemos ver una primera gran hambruna entre 1315 y 1317 en la  Europa del noroeste. Las ciudades flamencas se van a ver duramente afectadas por esta hambruna, donde por ejemplo, la ciudad de Ypres, va a perder el 10% de su población en menos de seis meses. En la Europa del sur, los síntomas se van a dejar notar a partir de 1330.

El segundo factor, la guerra, debe ser analizada como un factor familiar dentro de la vida medieval, la novedad en esta crisis, es la continuidad con la que aparecen los conflictos armados. La guerra aparece en todos los estados de la Europa Occidental, guerra que se torna cada vez más devastadora, puesto que acabada una campaña, se inicia casi de inmediato una nueva. A la continuidad, hay que sumarle otro factor, los soldados la adoptan como una forma de vida, por lo que están interesados en que la misma se alargue lo máximo posible en el tiempo.

Es un nuevo oficio el de soldado, pero un oficio mal retribuido por los señores, lo que conlleva a los cultivos sean devastados, se arrase con el ganado, a la vez que la búsqueda de botín quede todo esquilmado. En este aspecto, los que más sufrieron las guerras podemos decir que fueron los grandes señores rurales, por el hecho de que las urbes estaban bien defendidas mediante tropas y murallas, y el campesinado se refugiaba en los bosques a la espera del fin del conflicto, aparte de que asumían pocas pérdidas, al tener un instrumental primitivo, y por lo tanto de fácil arreglo, y pocas o ninguna pertenencia que defender. Así, las grandes residencias señoriales fueron las más expuestas debido a sus grandes riquezas, con todo lo que llevaba anexado como sus molinos, hornos, cercados y vergeles.

Batalla de la Guerra de los Cien Años

En medio de este panorama bélico, podemos ver como afectó al occidente europeo. Alemania e Italia se mantuvieron casi permanentemente en estado de anarquía y guerra civil hasta bien entrado el Cuatrocientos. La «Guerra de los Cien Años»agotó Inglaterra y arruinó amplias regiones de Francia, a su vez en este conflicto, se injertaron otras luchas anexas en Flandes, Escocia, Castilla y Bretaña.

El último factor, pero más dañino para la población desnutrida europea, fue la peste negra. Esta epidemia llegó a través delMediterráneo, transportada por marineros genoveses procedentes de la colonia de Caffa, Crimea. Si bien esta enfermedad no era desconocida para Occidente, en esta ocasión se tornó más catastrófica, al actuar sobre una población debilitada. Bocaccio nos ofrece una imagen de la misma en las primeras páginas del Decamerón: la enfermedad se manifestaba con la aparición de unos bulbos en ingles y axilas «que la gente vulgar llamaba bubas y podían adquirir el tamaño de una manzana», y como «para curar tal enfermedad no parecían servir consejos de médicos ni mérito de medicina alguna […] pues al tercer día de la aparición de los sobredichos signos los enfermos morían sin fiebre alguna ni otro accidente».

Pasada la primera embestida de la enfermedad (1348-1349) y ya extendida por todo Occidente, la peste se deja sentir de forma esporádica en diversas regiones cada diez o veinte años, acompañada a su vez por otras enfermedades contagiosas como tifus o cólera.

El triunfo de la muerte. Representación del panorama que dejó la Peste Negra

Ante este panorama, la situación es plenamente apocalíptica. Los cadáveres se amontonan en las calles, hecho que aumentaba de forma considerable la posibilidad de contagio, por lo que es imposible dar sepultura a todos los fallecido. Esta situación provoca que los cadáveres tengan que ser enterrados en fosas comunes, solo tapados por una fina capa de cal, con toda celeridad y ante la falta del debido rito para el descanso de las almas.

Las consecuencias tan calamitosas de estos dos siglo actúan como «germen» para la «Modernidad». Se buscan nuevas técnicas y métodos agrícolas y mercantiles; la guerra se especializa cada vez se encuentra más especializada; y la crisis de la fe provoca que la mentalidad bascule desde el trágico teocentrismo, hacia la reivindicación del homocentrismo.

 

Vía |

  • Duby, George, Economia rural y vida campesina en el occidente medieval. La mutación del siglo XIV (Libro cuarto), Atalaya, 1999.
  • Oakley, Francis, Los siglos decisivos: la experiencia medieval, Madrid, Alianza Editorial, 1995.
  • Vincent, Catherine, Breve historia del Occidente medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2001.

Publicado originalmente por La Historia Heredada en | Que Aprendemos Hoy: La crisis Bajomedieval en los siglos XIV y XV (Demografía)

Imagen | Campesino arando – Guerra de los Cien Años – El triunfo de la muerte