Revisionismo histórico, ¿una mala praxis?

La Historia es una disciplina bastante susceptible de generar controversias. Muchas de estas controversias surgen en torno a ciertas hipótesis, que se construyen con unos fines muy delimitados y, normalmente, poco legítimos. Una de estas controversias ha ocupado últimamente un papel bastante destacado, siendo demasiado corriente leerlo o escucharlo asociado a unos determinados temas históricos. Como ya anuncia el título del artículo, nos referimos al revisionismo o revisionismo histórico.

Aunque el término venga de lejos, últimamente se está generando mucho ruido, porque se viene asociando en España, a ciertas cuestiones sobre la Segunda República, la Guerra CIvil, o del Franquismo. No obstante, aunque el término revisionismo se esté asociando a estos acontecimientos, cualquier etapa histórica o suceso es susceptible de encontrarse salpicado por la «sombra revisionista». Y si decimos que la etapa contemporánea es la que más se ve involucrada en este debate, es porque ciertos historiadores (o más bien pseudohistoriadores) y divulgadores están generando una serie de obras relacionadas con esta etapa, la cual se «presta» con demasiada facilidad a la hora de tergiversar la Historia, para obedecer a unas cuestiones políticas, o de cualquier otra índole.

Por tanto, vemos como un término, el de revisionismo, se viene asociando a una mala praxis por parte de un sector, con la Historia como eje vertebrador, que viene generando una serie de ideas totalmente contrarias al dogma histórico establecido. Con la bandera de recomponer la Historia, se genera un contenido a través de unas dudosas fuentes, con una visión marcadamente partidista y subjetiva, mediante los cuales se extienden unas ideas contrapuestas a las oficiales.

Pero, a la hora de hablar de revisionismo, ¿podemos decir que es un método totalmente válido, pero erróneamente asociado a una corriente no científica? o por el contrario ¿es verdaderamente una mala práctica que llevada asociada de manera inexorable una manipulación de la Historia? Intentemos arrojar un poco de luz al respecto…

Confusión en torno al término

Como punto de partida, vamos a recurrir a la definición de la RAE sobre el término revisionismo:

revisionismo
1. m. Tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con el propósito de actualizarlas y a veces de negarlas. Sometieron a revisionismo la teoría de la evolución. En Alemania es ilegal el revisionismo del Holocausto.

Como vemos, la RAE también recoge esta dicotomía existente en torno al término revisionismo, pues lo señala como una práctica que tanto sirve para interpretar de manera metódica (y por lo tanto, de manera científica, legítima y veraz), como para negar ciertas doctrinas establecidas (lo que no suele ir relacionado con nada científico…), como por ejemplo la corriente negacionista.

Pero, si el término, aparte de generar ambigüedad en el círculo académico, lleva implícito en su definición unas vertientes completamente contrarias, ¿cómo podemos analizar el término y discernir si es una metodología acertada o errónea?

Revisionismo, una visión «amable»

La Historia es una ciencia, que a través de múltiples fuentes, va estableciendo unos análisis coherentes y científicos en relación de los acontecimientos pasados. Pero, como es obvio, la interpretaciones del pasado ni pueden ni deben permanecer inmutables, pues siempre pueden ser objetos de revisión. Es algo inherente a la Historia, ir modificando visiones a medida que se van incorporando nuevos elementos de estudios.

De manera constante, la arqueología nos aporta nuevos datos sobre tal o cual cuestión, como la posible modificación de fecha de la erupción del Vesubio. Cuando se desclasifican documentos, se arroja una luz nueva sobre unos acontecimientos que se encuentran limitados en cuanto a la información que les rodea. También es posible que, en la labor de investigación, aparezcan datos relevantes, que hasta el momento habían permanecido ignorados por un motivo u otro.

Como vemos, de forma continua surge nueva información, que puede modificar la base de muchos sucesos. Ante el nuevo material que aparece, los expertos comienzan una labor de revisión, lo que conlleva una acción revisionista. Intentar arrojar nuevas ideas no debe ser pernicioso para la labor histórica, únicamente debemos velar porque el proceso se lleve de manera totalmente científica, y que siempre esté sustentado en pruebas verídicas y contrastables.

Sería por tanto legítimo hablar, según estas ideas, de un revisionismo válido, alejado de ideas dañinas, y que tiene como último fin mejorar el hasta entonces último conocimiento circundante en torno a un dogma establecido. Hablamos, por tanto, de una herramienta más, de la que ha de valerse la labor histórica en cualquiera de sus ramas.

Como defensor de esta corriente encontramos, por ejemplo, a Enrique Moradiellos, quien dice que el historiador no debe juzgar, sino comprender, y para ello debe establecerse cualquier tipo de metodología que nos ayude en esta labor, y el revisionismo es una de ellas.

revisionismo franco

Franco presidiendo desde la tribuna el Desfile de la Victoria, organizado para conmemorar la victoria de las tropas nacionales sobre las republicanas en la Guerra Civil española.

Y es que según el catedrático, no es que el revisionismo sea una mala praxis, sino que los «divulgadores» a los que el círculo de la Historia viene denominando revisionistas, se les adscribe este término «con notoria injusticia y abuso del término». Ya que, y esta vez lo hace replicando la palabras de Enzo Traverso, el revisionismo «es una actitud más que honorable».

Por tanto, según Moradiellos, no es tanto que el revisionismo implique una perversión de la ciencia histórica, sino que autores como Pío Moa, César Vidal o Ángel David Martín Rubio, con un afán muy concreto, que no es otro que el de reescribir el pasado, se dedican a parafrasear de manera indiscriminada los mitos historicistas del Régimen[mfn]En este caso nos referimos al Régimen de Franco, porque lo autores previamente citados se dedican a divulgar sobre dicho periodo de la historia de España, aunque puede extenderse a cualquier etapa histórica sobre la que se pretende ejercer un falso acto de revisionismo.[/mfn]. Además de que siempre en sus obras reinciden en usar argumentos presentistas, tan alejados estos del rigor histórico.

El revisionismo como la antihistoria

Si bien hemos señalado una visión que acepta el revisionismo como una cualidad inherente a la Historia, y que señala que los autores revisionistas, son llamados así de manera errónea, no todos los investigadores reman en la misma dirección.

Para estos últimos, ser revisionista significa incurrir en una desacertada e incoherente revisión de la Historia, que más a la postre implica unas ideas totalmente partidistas. Por lo que para este segunda corriente de autores, hay una clara diferencia entre revisar y revisionismo. El historiador de rigor, se adscribe, como resulta obvio, al primer término, mientras que los que se dedican a utilizar la Historia como un frente de manipulación serían los que practicarían el revisionismo.

Para Javier Tusell, hay una gran brecha entre el historiador y el revisionista, pues mientras que el primero trata siempre de buscar un discurso basado en el análisis hecho con rigor, mientras que el revisionista siempre «parte de seguridades o presunciones. No acude a las fuentes primarias, sino a las secundarias que pretende elaborar con originalidad». Para Tusell, el revisionismo lleva implícito un carácter meramente mediático, por lo que no se busca ceñirse al rigor histórico, sino que única y exclusivamente se persiguen los argumentos populistas.

Otros autores, como Antonio Bernat, van aún más lejos que Tusell, pues llegan a señalar al revisionismo como la «pedagogía de la confrontación y del odio». Además, señala Bernat, se sirven de estrategias tales como dar una información incompleta, no mostrar alternativas a las fuentes citadas, o incluso olvidar el citado de las mismas. Hacen gala de un amplio abanico mediante el cual ofrecer al lector lo que este anda buscando.[mfn]un lector, que lejos de buscar una información contrastada, persigue encontrar medios que respalden sus pensamientos e ideologías.[/mfn]

Es necesario remarcar, que ambos autores, Tusell y Bernat, presentan como legítimo el acto de revisar el pasado, pero marcando las distancias con las costumbres revisionistas. Al fin y al cabo, el revisionismo habría acabado teniendo este carácter peyorativo, no tanto por el término en sí, sino por quienes se mueven en torno al mismo.

Como hemos podido comprobar, el término revisionismo suscita muchos debates incluso dentro del ámbito profesional de la Historia. Mientras que unos defienden que no se trata del término, sino de las autores atribuidos al mismo, otros remarcan que el propio término ya lleva implícito una connotación claramente discriminatoria con la Historia.

Queremos terminar con una frase de Enzo Traverso:

«Revisionismo» es una palabra camaleónica que ha tomado en el transcurso del siglo XX significados diferentes y contradictorios, prestándose a múltiples usos y suscitando a veces malentendidos.[mfn]frase sacada del capítulo VI «Revisión y revisionismo» de su libro El pasado, instrucciones de uso[/mfn]

Y vosotros, ¿qué opináis con respecto al revisionismo?

Vía

  • Enrique Moradiellos, «Revisión histórica crítica y pseudorevisionismo político presentista: el caso de la Guerra Civil española», en Seminario de Historia del Dpto. de Hª del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos, UCM Fundación José Ortega y Gasset, 2009, p. 3.
  • Enzo Traverso, El pasado, instrucciones de uso, Marcial Pons, 2007.
  • Javier Tusell, «El revisionismo histórico español», derechoshumanos.org
  • Antonio Bernat Montesinos, «Estrategias de revisionismo histórico y pedagogía del odio», en Anuario de Pedagogía, n.º 9, 2007, pp. 47-102.

 

 

 

Hacerse nadie: la vida oculta de un religioso

La entrada que os traemos hoy no se ciñe al resto de artículos que solemos publicar en el blog. En esta ocasión vamos a tratar el libro Hacerse nadie. Sometimientos, sexo y silencio en la España de finales del s. XVI, de Ángel Rodríguez Sánchez que trata el curioso caso de Don Alonso Fernández de Herena, un deán que poco se ceñía al estilo de vida que se esperaba de un religioso. No queremos hacer una reseña bibliográfica, sino tratar el curioso tema que aborda el tomo de Rodríguez Sánchez.

En Hacerse nadie, a través de un proceso iniciado por el obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, conoceremos los más oscuros secretos de la sociedad cauriense, quienes, bajo el miedo de la excomunión, no dudarán en denunciarse entre vecinos, sacando a relucir las dobles vidas de los habitantes de Coria. Esta obra, a pesar de centrarse en un caso muy concreto, nos sirve de muestra general de lo que era la sociedad del siglo XVI. El libro es, por tanto, una obra «sociológica» sobre la población y la religión en la Edad Moderna.

¡Vamos allá con Hacerse nadie!

A modo de introducción

Como ya hemos mencionado, el libro trata sobre la sociedad de Coria durante  el siglo XVI, donde se mezclan motivos religiosos, económicos y sociales. La trama se desarrolla a partir de una orden del obispo de Coria, Don Pedro García de Galarza, por la cual instaba a los caurienses, bajo pena de excomunión, a confesar cualquier hecho que fuese en contra de los preceptos religiosos de la época, en los que la Contrarreforma tuvo un peso notorio.

Hacerse nadie

Portada de Hacerse nadie, libro que llegó a mis manos a raíz de un trabajo para la universidad.

De toda Coria, el vecino que peor saldría parado de esta red de denuncias sería, Don Alonso Fernández de Herena, deán de Coria, quien junto a otros religiosos de importancia, fueron acusados de varios hechos considerados poco morales. A Don Alonso se le acusó de mujeriego, jugador y amante del dinero. Mientras que la mayoría de la población hace referencia a los hechos perniciosos durante su cargo como deán, casi nadie resaltó las cualidades que llevaron a Don Alonso Fernández de Herena a ocupar un puesto de tanta importancia en la jerarquía eclesiástica.

 

La mayoría de los testimonios en contra del deán provenían de personas analfabetas, lo que era la tónica general de la sociedad de a pie. Además, muchos vecinos acusaron al religioso bajo testimonios basados en habladurías de otras personas. Los menos fueron los que denunciaron con plena conciencia de los actos de Don Alonso.

Aunque de forma escrita solo haya sesenta y tres testimonios, y el objetivo principal de las denuncias sea el deán, son muchas más las personas que se ven envueltas en esta trama. Por un lado, los principales cargos que siguen en jerarquía al deán también están implicados. Por otro, casi todos los habitantes de Coria los que con unos testimonios, acusando a unos y a otros, los que alimentan los testimonios dados ante el tribunal formado para tal efecto. Al final hubo un total de sesenta y tres ciudadanos de Coria a los que se le registró por escrito la confesión. De ellos, veintidós eran mujeres, casi todas ellas analfabetas, mientras que el resto, los cuarenta y uno restantes, eran hombres, sabiendo la mayoría de ellos leer y escribir.

Casi todas las denuncias estuvieron motivadas por el miedo a la excomunión. Este motivo contaba con una fuerza especial en una sociedad en la que la Iglesia dirigía los preceptos de los hombres.

Análisis

Hacerse nadie está construido en torno a unos legajos que se conservan en los archivos de la Catedral de Coria. Estos recogen el proceso abierto por el obispo Pedro García de Galarza en 1591, para aplicar los preceptos de la Contrarreforma, y así depurar la Iglesia de los malos hábitos que fue adquiriendo a lo largo de los siglos. Como protagonistas, encontramos los vecinos caurienses, quienes serán los que desaten toda esta trama dirigida contra el deán.

El libro refleja a través de los documentos preservados a través de los siglos, como centrándose en el caso de Coria, se podría extrapolar al resto de la sociedad castellana del siglo XVI. Una sociedad que está viviendo una época en que disminuyen, al menos temporalmente, las guerras, las crisis de subsistencia, las epidemias… lo que es señal de bienestar. Este bienestar se traduce en una disminución de la preocupación por parte de la sociedad al miedo a Dios, y por lo tanto una sociedad más mundana, donde los antiguos preceptos se sustituyen por otros que permiten una mayor libertad y disfrute de la vida terrenal.

Las denuncias y las relaciones que mantenían entre sí vecinos caurienses y religiosos, si bien la mayoría de las veces se corresponden con comportamientos fuera del precepto moralmente aceptable, algunos casos son el reflejo de unas relaciones de favores, como podría ser el caso del deán Don Alonso Fernández de Herena con las mujeres de la Casa de las Vandas. Otras veces, tales relaciones, dada la estabilidad y la asiduidad de estas, hacía que se viesen como relaciones normales,

La actuación del obispo de Coria, Pedro García de Galarza, respondía al nuevo movimiento contrarrefomista de la Iglesia Católica, que necesitaba, con urgencia, contrarrestar los efecto de la Reforma de Lutero. En este contexto, escribe una carta en 1591 dirigida a ser leída en todas las iglesias y también en la catedral, con la premisa de sentar el nuevo código establecido por la Contrarreforma. Mediante la misma, el obispo intentaría encauzar dentro de la moralidad católica a la sociedad cauriense.

El obispo de Coria instaba a la población a poner su conciencia en paz, haciendo las declaraciones pertinentes ante el tribunal que el obispo había formado por jueces, provisores y notarios, se manifestaba de la siguiente manera. García de Galarza, tenía una doble preocupación en mente: por una parte, juzgaba que el clero debía cumplir escrupulosamente con sus preceptos religiosos, por otra, no quería que estas personas sirviesen de ejemplo a seguir por los ciudadanos caurienses.

Está claro que el clero, por su oficio, debía ser el que rigiese la vida social y moral de la ciudadanía, pero sólo lo podían ser cumpliendo con su deber, para que el pueblo no se desvirtuase imitando unas conductas que no eran apropiadas de la mano de los que debían ser sus pastores, puesto que el clero debía ser «luz y espejo del pueblo cristiano».

Para que la aplicación de la Contrarreforma fuese total, no solo había que acabar con las malas conductas de los eclesiásticos, también había de parar los actos impuros de los laicos, pues estos eran los portadores de la fe católica. Por ello, aquellos laicos que no llevasen un vida de acuerdo a la fe cristiana debían ser denunciados, pues de lo contrario, la Contrarreforma no sería efectiva.

En este conjunto de denuncias, después de los religiosos, los vecinos de Coria que más denuncias recibieron fueron las mujeres. Este hecho no es de extrañar, cuando en esta época, las mujeres siempre han sido marcadas como las causantes de los problemas que achacaban a la sociedad, eran las brujas y las embaucadoras, mientras que los hombres contaban con una mayor impunidad.

Hacerse nadie

Catedral de Coria, población en la que tienen lugar los hechos del libro Hacerse nadie

 

En cuanto al proceso contra el deán, en las sesenta y tres denuncias puestas por los vecinos caurienses, es definido como un vicioso que dispone de una tablajería de juegos, que es negociante, que habla y frecuenta la compañía de mujeres de dudosa conducta, que sale por las noches en traje seglar con capa y espada, que es sospechoso de haber dado a algunas mujeres abortivos. Se le acusa además por servirse de alcahuetas, de organizar orgías y de vivir amancebado. Pero hay otros comportamientos que se conocen sobre el deán, pero que no se denuncian, como el incumplimiento de sus deberes como Presidente del Cabildo.

Como ya hemos hecho mención, las denuncias vienen dadas por miedo a la excomunión, puesto que antes del edicto del obispo, los motivos de las denuncias eran de sobra conocidas, pero sin embargo no fueron denunciados. Además se demuestra que sólo se denuncia los hechos expuestos por el obispo, dejando de lado otros motivos tan importantes como los morales. Esto viene a ser una explicación de que las denuncias sólo eran un mero método para limpiar las conciencias, ya que la mayoría de los denunciantes, son a su vez mencionados en otras denuncias por estar implicados en los asuntos que se denunciaban.

¿Por qué entonces no se denunciaron antes estas irregularidades? Pues porque esto funcionaba como una red clientelar, en la que todos los denunciantes eran participes de los hechos que denunciaban. De esta manera, una amplia parte de los vecinos caurienses se mantenía alejada de salvaguarda moral cristiana. Esto se traducía en que ninguno de los denunciantes se encontraban sin pecado en el momento de hacer las declaraciones, lo que pone de manifiesto la doble moral que reinaba en la sociedad moderna. En esta, se beneficiaba la amplia mayoría social de la permisividad de sus conciudadanos, pero que a la hora de «pulgar su mente», eran los primeros que denunciaban, con tal de ganarse la gracia de las autoridades eclesiásticas y civiles en general.

El libro cuando se va acercando a su final, nos muestra que este proceso de «reforma socio-moral» fue poco o nada efectivo, pues el principal acusado, el deán Don Alonso Fernández de Herena y los demás cargos eclesiásticos, no fueron ni castigados ni amonestados, simplemente reemplazados en sus cargos, situación que tampoco se llevó a cabo tras el procedimiento, sino con el paso de los años…

En el libro Hacerse Nadie, a través del proceso iniciado por Pedro García de Galazar el 1 de febrero de 1591, analizamos con que criterios se regía la sociedad moderna. Descubrimos, a través de un proceso real, en el que una amplia parte de la población estuvo implicada, como se movían los engranajes a través de las mercedes con que se favorecían quienes se movían a la sombra del ideal católico.

Vemos, como al fin y al cabo, la sociedad mantenía comportamientos tremendamente humanos, tales como jugar, tener amantes, tener una vida indecorosa… estilos de vida, que se siguen manteniendo impertérritos ante el paso del tiempo.

La Roma imperial: la Anarquía Militar

Con la muerte de Alejandro Severo, último emperador de la dinastía de los Severos, y hasta la llegada al poder de Diocleciano, se instauró un periodo que se caracterizó por una gran decadencia del Imperio Romano. Este periodo es conocido como la Anarquía Militar, caracterizado por una serie de cuestiones que pusieron al Imperio al borde del abismo.

Lo que ya fuese habitual en la dinastía anterior, el predominio de la clase militar, va a suponer el elemento central de la Anarquía Militar. Los emperadores, elevados al trono por las milicias, van a ser también derrotados por las mismas. El reinado de estos va a ser efímero, y su sucesión, violenta. A esta cuestión hay que sumarle las continuas incursiones bárbaras, el empuje del Imperio Persa, el enorme agujero en las finanzas, o la cada vez mayor autonomía de los distintos territorios del imperio. Una serie de circunstancias que alejaron a Roma de su antigua estabilidad política, económica y social.

Maximino el Tracio (235-238)

Al joven Alejandro Severo le sucederá Cayo Vero Maximino, apodado el Tracio. Maximino será el segundo emperador de Roma procedente de la clase ecuestre, y no del orden senatorial como era tradición. El Tracio, comandante de las tropas asentadas en Panonia en el momento del nombramiento, tenía especial antipatía por los ricos, era de carácter tosco, y escriben sobre él, que era más bárbaro que buen militar.

Anarquí militar

f=»https://lahistoriaheredada.com/wp-content/uploads/2018/09/Max_thrax.jpg»> Maximino el Tracio, emperador con el que se inicia el periodo de la Anarquía Militar. Fuente[/capt

Maximino, casi desde el momento del nombramiento como emperador, tuvo que hacer frente a una serie de dificultades. Entre ellas, la poca simpatía que procesaba el Senado hacía él, que le llevó a ser nombrado enemigo público de Roma. Al mismo tiempo, era nombrado otro emperador, Gordiano, aunque, junto a su hijo Gordiano II fueron muerto poco tiempo después. No obstante, no se despejaba el camino para el Tracio, pues el Senado volvió a nombrar otros emperadores. En este caso, nombró augustos a Balbino y Pupieno. El cuerpo senatorial pretendía hacer este nombramiento legítimo, frente al de los pretorianos, considerando ilegítimo a Maximino. Balbino y Pupieno recibieron la orden de acabar con el emperador de los pretorianos. Así, Balbino permanecería en Roma, mientras que Pupieno se enfrentaría, y finalmente vencería, a Maximino el Tracio.

En medio de este intrincado reinado, Maximino tuvo tiempo para acabar con los bárbaros con los que pactó Alejandro Severo. Derrotó a germanos, sármatas y dacios, ganándose así las simpatías del ejército. Maximiano fomentó las campañas militares, haciendo honor a su condición militar, pero esto repercutió gravemente en las finanzas imperiales. Para sufragas las operaciones militares, tuvo que subir los impuestos. Esta medida llevó a levantamientos como los del África proconsular, donde se nombró emperador a un nuevo Gordiano.

Gordiano III (238-244)

Los pretorianos, quienes elevaron al trono a Maximino, asesinaron a Balbino y Pupieno, pues los dos emperadores no contaban con el beneplácito de la élite militar. Una vez muertos, proclamaron emperador a Gordiano III, nieto e hijo de Gordiano y Gordiano II respectivamente. Este, a diferencia del Tracio, será rápidamente recocido por el Senado.

El reinado de Gordiano, aparte de lo breve (una característica común en el periodo de la Anarquía Militar), se puede destacar por la lucha que mantuvo con el Imperio Persa. Este, encarnado en el íder de turno, Sapor I, tenía las pretensiones de restaurar las antiguas fronteras persas. Aunque en un principio consiguió detener el empuje sasánida, las tropas romanas fueron derrotadas con una enorme contundencia cuando se encontraron en Asia Menor. En cuanto al contexto el europeo, Gordiano III derrotó a carpos, godos y yázigas, que se encontraban hostigando las fronteras del Imperio.

No gozó de mucho tiempo para su desarrollo como emperador, pues fue víctima de una conjura cerca de Duras Europos, tan solo seis años después de su investidura como cabeza del imperio.

Filipo el Árabe (244-249)

Marco Julio Filipo, apodado el Árabe por su vínculo familiar con la península arábiga, ascendió al asiento imperial tras el asesinato de Gordiano III. Buscó el apoyo en el Senado, en cuyo cuerpo político delegó cargos de suma importancia. También estableció en puestos vitales a varios de sus familiares. Su hermano Julio Prisco fue nombrado prefecto del pretorio y rector Orientis, Severiano, cuñado suyo, gobernador de Mesia, y por último, su hijo Filipo el Joven, en un primer momento fue nombrado César, y más tarde lo sería como Augusto.

Filipo el Árabe, emperador que permitió la libertad de culto. Fuente

Filipo, en cuanto al problema persa, debió recurrir a un pacto económico para poder lograr la paz. La tregua con los sasánidas llegó a cambio de medio millón de denarios. Con respecto a los pueblos germanos, se dedicó a asegurar la frontera del Danubio, límite que era constantemente traspasado por los bárbaros. Mientras tanto, las legiones establecidas en el Danubio, proclamaron emperador a Claudio Pacaciano, quien solamente duró unas semanas. Este conflicto político fue aprovechado por godos y vándalos, quienes lograron establecerse en las cercanías del río. De nuevo, las legiones proclamaron otro emperador, Mesio Decio, quien había llegado hasta el Danubio para hacer frente al problema bárbaro. Este suceso terminó por generar un conflicto entre los dos emperadores, concluyendo con la muerte del Árabe.

Una cuestión que también ha «perseguido» a Filipo el Árabe, ha sido el tema de la tolerancia religiosa. Filipo instauró la tolerancia hacia los cristianos, movimiento que algunos autores como Eusebio de Cesarea aprovecharon para colgar a Filipo el título de primer emperador cristiano. Este hecho parece no ser cierto, pues como señala Enrique Melchor Gil, 1 «celebró los actos conmemorativos del milenario de Roma investido como pontifex maximus».

Decio (249-251)

C. Mesio Decio fue un destacado militar que resaltó por que querer acabar con la anarquía militar que imperaba en Roma, Decio contaba con devolver al imperio sus antiguas tradiciones, para lo que buscó granjearse el favor del Senado. El nuevo emperador asoció al poder a sus dos hijos, Q. Herennio Etrusco y C. Valente Hostiliano, nombrándoles césares.

Decio terminó con la tolerancia hacia los cristianos y comenzó una nueva persecución contra estos. Dicho acto se debió a que el Decio quería obtener el favor divino, para lo cual debía fomentar la religión tradicional romana. Muchos cristianos se sometieron a los rituales romanos, pero muchos otros optaron por desobedecer, lo que desencadenó en una feroz persecución entre los año 250 y 251.

Decio debió enfrentarse también a los germanos, entre ellos, los godos, quienes más persistente y eficazmente se enfrentaban a los romanos. De hecho, aprovechando la situación política en Roma, los godos llegaron hasta Mecia y Tracia, en los Balcanes. Aunque Decio logró que se replegasen, finalmente acabó cayendo en combate junto a su ejército en Abrito. Su hijo Herennio también pereció en batalla contra los godos, mientras que Hostiliano fallecía a causa de la peste.

Ante esta situación, la sucesión imperial de nuevo cayó en manos del ejército. Esta vez los pretorianos investían con la púrpura a Treboniano Galo.

Galo (251-253)

Elegido emperador por los pretorianos, Treboniano pactó con los godos la retirada de estos al norte del Danubio. Pero a pesar de esta tregua, la situación del imperio no mejoró, pues una serie de catástrofes se cernieron contra Roma.

En primer lugar, una epidemia de peste asoló el imperio (en la que murió Hostiliano), que tuvo unas consecuencias nefastas, pues mermó notablemente la población. Por otro lado, el empuje persa no cesaba, llegando incluso a conquistar el reino de Armenia. Además, los pueblos del norte, alamanes, carpos, sármatas, godos y burgundios hostigaban constantemente el limes del Danubio. Ante los godos tuvo que actuar Marco Emilio Emiliano, quien logró frenarles.

Con esta victoria militar, los pretorianos decidieron investir a Emiliano, ante lo cual se formó una nueva lucha entre emperadores. Ambos se enfrentaron definitivamente en Italia, donde tanto Galo como su hijo perecieron en la batalla de Forum Flamun. Emiliano quedaba así como emperador único de Roma, pero por poco tiempo, pues los militares se conjuraron contra él, y acabaron asesinándole.

Diarquía de Valeriano y Galieno (253-268)

Publio Licinio Valeriano había luchado junto a Galo para combatir a Emiliano. Tras el asesinato de este, el ejército decidió investir a Valeriano como nuevo emperador de Roma. El nuevo dirigente del imperio, debido a su avanzada edad -contaba con 70 años cuando fue proclamado emperador-, asoció al poder a su hijo, Publio Licinio Galieno, nombrándole Augusto. Se formó así una diarquía que duraría hasta la muerte de Valeriano, en el año 260.

Los dos emperadores buscaron establecer una forma de gobierno más acorde con la tradición romana, procurando la cooperación con el Senado. También, para hacer más efectivo el control imperial, cada emperador se asoció a un territorio. Valeriano controlaría Oriente, mientras Galieno haría lo propio con Occidente.

Valeriano decretó una nueva persecución contra los cristianos, lo que se saldó en un primer momento con la prohibición de celebrar los ritos cristianos, además de que obispos, sacerdotes y diáconos venerasen a los dioses paganos. Con un segundo edicto, Valeriano condenaba a muerte a los dirigentes cristianos, también se confiscaron todos sus bienes. También sufrieron los efectos de esta persecución senadores y caballeros que profesasen la fe cristiana, quienes perdieron su posición social y todas sus posesiones. Finalmente, Galieno terminaría con la persecución hacia los cristianos, estableciendo la libertada de culto y devolviendo los bienes confiscados. 2

En cuanto a los enemigos de Roma, Galieno tuvo que hacer frente a alamanes y francos, mientras que Valeriano debía intentar frenar a godos y persas. Aunque consiguieron frenar momentáneamente las pretensiones de estos pueblos, la calma política no iba a ser muy duradera. Pues a nuevos intentos de estos pueblos por comer terreno a Roma, se sumaron varios intentos de usurpación del poder de Ingenuo y Regaliano. Francos, alamanes y godos comenzaron las incursiones más profundas hasta el momento, y los persas de Sapor I derrotaron finalmente a las tropas romanas, capturando a Valeriano, quien finalmente moriría en cautividad.

Ante la muerte de su padre, Galieno tuvo que hacer frente a soledad al control del imperio. Con la situación que

Relieve persa en el que se representa al emperador Valeriano arrodillado ante Sapor I. Fuente

reinaba en Oriente, con continuas sublevaciones y el peligro persa acechando, Galieno necesitó un aliado en el que apoyarse. Esta figura la encontró en Odenato, rey de Palmira, quien conseguiría la victoria sobre los sasánidas. A la muerte de este, sería su esposa, Zenobia, quien seguiría la seguridad en Oriente.

Si en Oriente la situación se logró estabilizar, no sería igual en Occidente, donde el emperador tuvo que hacer frente a otro levantamiento. Esta vez se trataba de Póstumo, quien se proclamó emperador, y estableció en las Galias un estado independiente el Imperium Galliarum, estableciendo instituciones, incluso acuñando moneda. Póstumo logró limpiar el territorio de invasores y reestableció el limes renano, por eso Galieno optó por permitir que Póstumo gobernase en las Galias.

Una nueva rebelión se estaba gestando, esta vez a manos de Aureolo, jefe de la caballería acantonada en Milán. Aureolo se proclamó emperador en el año 268, momento en que sus tropas aprovecharon para acabar con Galieno. No obstante este no perduraría en el trono, pues la púrpura la vestiría Claudio II el Gótico, quien dará inicio al mandato de los llamados emperadores ilirios.

Antes de ser asesinado, Galieno tuvo tiempo para mejorar el sistema de defensa de las fronteras, instalando campamentos en el interior del territorio, de manera que siempre quedaba opción de maniobra una vez los bárbaros traspasasen el limes. También sustituyó a los senadores por miembros del orden ecuestre, para que estos estuviesen a cargo de las tropas y las provincias, profesionalizando así la carrera militar.

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Bibliografía:

  • Gómez Pantoja, J., (Coord.), Historia Antigua, Grecia y Roma, Ariel ediciones (2003), Barcelona.
  • Sayalero, M., (Coord.), Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio, Ediciones Susaeta, Madrid.
  • Roma en el origen de Occidente, Ediciones Rueda (2002), Madrid.

Notas:

  1. Melchor Gil, E., «La anarquía militar (235-285)» en Gómez Pantoja, J., (Coord.), op. cit. p. 772.
  2. Como apunta Enrique Melchor Gil en La anarquía militar, op. cit., p. 774, se ha visto en esta persecución hacia la Iglesia un fin económico, con el que poder aliviar la crítica situación por la que estaba pasando el Imperio Romano

Paseando por Roma

Hoy os traemos la segunda parte de las entregas dedicada a la ciudad de Roma. Dada la extensión del primer borrador, decidimos dividir en dos partes este publicación. Por una parte, la que podemos llamar los reclamos de Roma, donde repasamos todos aquellos monumentos, conjuntos y museos que forman parte fundamental del itinerario de cualquier turista en la capital italiana. Por otra parte, la que nos ocupa hoy. En esta entrada vamos a hablar de aquellos sitios de Roma, que aunque sean famosos en exceso, pueden ser visitados, contemplados, admirados, y todos aquellos adjetivos que se nos ocurran, dentro de paseos y caminatas amenas por la ciudad. Por eso, hemos llamado a esta entrega, paseando por Roma.

Fontana de Trevi

Lo dicho, Roma es mucho más que Anfiteatro y Vaticano, y la Fontana de Trevi es un claro ejemplo, por eso es uno de los emblemas de la ciudad. No obstante, la hemos dejado para esta parte por la razón expuesta más arriba. Es un monumento cuya visita se puede enmarcar dentro de un agradable paseo romano. Caminar por las calles estrechas y empedradas, mientras empiezas a sentir el bullicio de la gente agolpada en torno a la fuente, es sin lugar a dudas una experiencia para grabarla en el recuerdo. Y ya cuando llegas al lugar, y ves el conjunto que forma la Fontana de Trevi, entiendes porque es uno de los iconos de Roma.

Fontana de Trevi, paseando por Roma

Fontana de Trevi, uno de los iconos de la ciudad de Roma

La fuente, durante la noche, y gracias a la iluminación, toma un cariz totalmente diferente al diurno. Si tienes la posibilidad, y te apetece, acércate a Trevi, y maravíllate con el espectáculo nocturno que ofrece el conjunto monumental de Nicola Salvi. Aunque se pueda ver en poco tiempo, te sorprenderás al ver como pasa el tiempo en este inigualable escenario.

¡Ah! no te olvides de arrojar una moneda al agua si quieres volver a Roma…

Panteón de Agripa

Panteón de Agripa, Roma

Pórtico del Panteón de Agripa.

Siguiendo las estrechas calles que parten de la Fontana, si continuamos paseando por Roma, puedes llegar a una joya de la ingeniería romana. El Panteón de Agripa, que en realidad el actual fue mandado a construir por Adriano, impresiona por la vista que ofrece su enorme cúpula. De una simple pero hermosa factura exterior, no deja entrever lo que su interior alberga.

Cuando pones un pie en el interior del templo, la mirada, casi de manera inconsciente, se dirige hacia la cúpula. De proporciones épicas, la cúpula dota al Panteón de un impresionante halo de perfección constructiva. La luz que entra por su óculo, irá dotando al templo de distintas luces y sombras, que hacen del conjunto un espectáculo para el visitante.

El Panteón, es quizás, el monumento que más me haya sorprendido de Roma, y eso, en esta ciudad, es poner el listón demasiado alto. Seguramente ir sin tanta expectativas, hace que te quites imágenes preconcebidas, y puedas realmente disfrutar, de manera viva, los sitios que visitas. Casi 2000 años después de ser levantado, La  Rotonda, gracias a su uso casi continuado, puede ser contemplado en un formidable estado.

Como curiosidad, aquí se encuentra sepultado Víctor Manuel II, el primer rey de la Italia unificada.

Plazas y parques

Roma, como ciudad que se remodeló durante los siglos de la Edad Moderna, cuenta con emblemáticos espacios abiertos, entre los que se encuentran parques y plazas. Estos lugares contrastan con la Roma antigua, pues están concebidos como espacios armoniosos y amplios, frente a los espacios más reducidos e irregulares de la Roma medieval.

Plaza Venezia

Situada a los pies del Capitolio, y cercana al Foro Romano, se sitúa la Plaza Venezia. Dada su ubicación, es un importante punto para la comunicación de la ciudad, encontrándose en la misma todo tipo de transporte para moverte a cualquier punto de Roma.

El protagonista indiscutible de esta plaza, y por el que seguramente todo turista pare aquí -siempre y cuando no se haya cruzado con la misma de manera fortuita- es el monumento al rey Victor Manuel II, el primer rey de la Italia unificada. Il Vitoriano, como se le conoce, es un mastodóntico monumento construido con un mármol blanco impoluto, el cual emite un destello casi cegador cuando el sol italiano brilla con contundencia.

Plaza Venezia, Roma

Monumento a Víctor Manuel II, situado en la Plaza Venezia.

Este monumento contiene una iconografía variada, destacando, en el centro, la estatua ecuestre del mismo Víctor Manuel II. Aquí se ubica también la Tumba del Soldado desconocido. Como memoria de los soldados participantes en la Primera Guerra Mundial, su llama siempre se mantiene encendida y custodia por dos guardias.

La Plaza Venezia es un lugar curioso, sobre todos por cuanto destaca dentro de las construcciones clásicas romanas. Un lugar que no requiere mucho tiempo para su contemplación, y al que seguramente lleguéis de forma casi obligada dada su ubicación.

Plaza de Navona

Levantada sobre el estadio de Domiciano, del cual adopta su espacio y forma, esta plaza es un punto de encuentro social y cultura. Concebida como un gran espacio abierto, en esta plaza podemos disfrutar de diferentes

Plaza Navona, Roma

Vista nocturna de la Plaza Navona

edificios y fuentes monumentales. Empezando por el plano religioso, se encuentra la iglesia de Sant’Agnese in Agone (San Inés en Agonía), donde la tradición marca que San Inés fue mandada a desnudarse en un lupanar. La iglesia, de estilo barroco, ocupa un lugar predominante en la plaza.

Elementos llamativos de esta plaza son también sus fuentes, las cuales están concebidas como auténticos grupos escultóricos. De las tres que contiene la plaza, seguramente la que más os llame la atención sea la Fuente de los Cuatro Ríos, obra del escultor Bernini. Ya no solo es la más llamativa porque ocupé la zona central de la plaza, sino por como está concebida dicha fuente, cuyas esculturas sirven de alegorías de los ríos Nilo, Ganges, Danubio y Río de la Plata. No obstante, las otras dos fuentes, aunque de menor tamaño, también están esculpidas con maestría. Estas son las fuentes de la Fuente de Neptuno y la Fuente del Moro.

La Plaza Navona es un espacio rebosante de actividad, pero lejos de estar abarrotado, por lo que es un lugar ideal para relajarte, admirando sus monumentos o escuchando sus fuentes.

Plaza de España

La famosa de Plaza de España, donde se encuentra la embajada española ante la Santa Sede, se configura también en torno a un gran espacio abierto.

De una factura mucho más sencilla que la Plaza de Navona, como principal atractivo tenemos la gran escalinata, de 135 peldaños, que une la plaza con Iglesia de Trinità dei Monti. La Piazza di Spagna, cuenta también con una fuente, la Fuente de la Barcaza, mucho más sencilla que las fuentes de la Plaza Navona, pero de innegable belleza.

Villa Borghese

La Villa Borghese, es un extensísimo parque que funciona a su vez como una galería de arte abierta. A lo largo de todo el recorrido del parque, puedes ir encontrándote con multitud de edificios con gran variedad de estilos. Templos circundados por agua, esculturas adornando los pasajes del jardín, o la Galería Borghese, hacen de este espacio, una muestra de arte al aire libre. Relajárte mientras das un agradable paseo, a la vez que contemplas multitud de estilos artísticos, es posible en esta villa.

Basílica de Santa María la Mayor

Basilica di Santa Maria Maggiore, uno de los templos más antiguos de la capital italiana, una de las cuatros basílicas mayores, y la iglesia más grande de Roma dedicada al culto de la Virgen María.

Erigida sobre un templo mandado construir por el papa Liberio -de ahí que también se conozca como basílica liberiana-, su construcción actual es de origen paleocristiano, conservando múltiples vestigios de este estilo. La basílica, cuenta con una dilata historia constructiva. Este hecho se debe entre otros factores, a su nombramiento como basílica papal, y también como residencia pontificia.

Santa María la Mayor, Roma

Fachada barroca de Santa María la mayor con el campanario románico al fondo.

Por todo esto, y sumado al apego de los romanos a dicha basílica, el templo se encuentra ricamente decorado, contando con múltiples capillas papales y nobiliarias. Por eso, las maravillas de este templo son innumerables: mosaicos del siglo V, una esbelta decoración en mármol, el techo adornado con casetones, o el sitio de descanso eterno de la familia Bernini. Cuenta en el exterior también con otro elemento a destacar, el campanario más alto de Roma, de estilo románico.

Como veis, una basílica que, dada su larga historia, cuenta con una gran tesoros, los cuales puedes ir descubriendo con total serenidad mientras disfrutas del ambiente que transmite este lugar. Y si con suerte coincide tu visita con una eucaristía, independientemente de tu concepción sobre la religión, quédate, deja a un lado la visita, y disfruta del rito. Sentirás como la atmósfera se transforma, trasladando al visitante a los tiempos pretéritos.

Hasta aquí nuestro recorrido por la otrora capital del Imperio romano. ¿Qué os ha parecido nuestro repaso a Roma? ¿Habéis echado en falta algún sitio? Déjanos en los comentarios que sitio de Roma es vuestro preferido. ¡Saludos!

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Roma, la Historia hecha ciudad

Estrenamos un nuevo formato en La Historia Heredada. Con esta nueva entrada vamos a dejar un poco aparcado los hechos históricos, y los sustituiremos, de manera puntual, por una publicación viajera. Para ello, aprovechando la reciente visita que hicimos a Roma, vamos a hablar de la Historia vista desde el punto de vista del turista. Porque sí amigos, la Historia y la cultura se pueden vivir de muchas formas, y el turismo, como no, es una de las más gratificantes.

Pero no obstante, aunque hablemos de Roma desde el lado turístico, no pretendemos con ello convertirnos en una página de viajes. Simplemente, os queremos transmitir las sensaciones que hemos vivido visitando una de las ciudades con más solera en el plano histórico-cultural. Por eso, no pretendáis encontrar en estas líneas la guía definitiva de Roma, ni esperes un detalle pormenorizado de cada monumento. Solamente os vamos a hablar de aquellos que visitamos, porque por tiempo, hay que priorizar unas visitas sobre otras. Por este motivo observarás que muchos sitios destacables no se encuentran en esta entrada. Habrá que solucionarlo con un segundo viaje  😆

Roma, mucho más que Historia

Pensar en Roma, es pensar en el Coliseo, imaginarse el Vaticano, o desear tirar una moneda en la Fontana di Trevi. Y aunque como es lógico, estas ideas sobre Roma son las que probablemente nos vengan primero a la cabeza, no es ni mucho menos lo único característico de la ciudad italiana. Cuando das tus primeros paseos por la ciudad, ya vas percatándote de que Roma te va a impresionar más de lo esperado. Mientras paseas, vas descubriendo paso a paso esa «ciudad desconocida», esa Roma alejada de las postales ideales, que sin embargo, cuando las vas recorriendo, enriquecen sobremanera tu percepción sobre la ciudad.

El Coliseo de Roma, sin duda, una de las imágenes más representativas de la ciudad.

Experiencias tales como pasear a la caída del sol, por las incontables calles estrechas y empedradas, esas que unen las enormes plazas romanas. Moverte entre el bullicio de turistas que buscan la mejor foto de este o aquel monumento. Irte sorprendiendo con la magnitud y belleza de los iconos romanos. O simplemente escuchar a un artista en una plaza llena de colores, hacen que Roma sea mucho más que esa imagen arquetipo que todos hemos tenido en la cabeza. Y si ya mientras paseas, lo haces degustando uno de sus famosos helados, la experiencia ya es…

La Roma alejada «de los focos»

Si vas a conocer Roma, lo primero que deber saber, a menos que tengas todo el tiempo del mundo -cosa poco probable a la par que envidiable- es que vas a dejarte por ver innumerables sitios. Es imposible, siempre que se visite con detenimiento, obviamente, no dejarte nada en el tintero. La antigua línea del tiempo de la ciudad ha legado al mundo un riquísimo patrimonio. Lo bueno de no poder visitarlo todo, ¡que tienes que volver! Y como nosotros no íbamos a ser menos, también nos hemos perdido muchos sitios, pero hemos disfrutado de muchos otros.

Ahora pasaremos a dividir el contenido en dos entradas, debido a que una vez finalizado, el mismo ocupó una gran extensión, pudiendo llegar a cansar al lector. Por eso, vamos a separarlas con el siguiente criterio: por un lado, los grandes monumentos de Roma, los más «destacables» desde el punto de vista arqueológico e histórico. Coinciden también, en que son sitios en los que hay que abonar una entrada. Por otro lado, los monumentos y lugares que se pueden incluir en un mismo recorrido. Aquellos con los que te vas topando mientras paseas por la antigua Caput mundi.

¿Nos acompañas en el recorrido por la capital del Imperio?

Coliseo, Foro y Palatino

La primera visita que programamos, fue la de este conjunto arqueológico, formado por el Coliseo -Anfiteatro Flavio-, Foro Romano y el Monte Palatino. Que realmente no conforman un mismo yacimiento, sino que estos tres lugares se pueden visitar con una entrada conjunta.

Foro Romano

Nosotros empezamos la visita por el Foro Romano, a través del cual se accede al Monte Palatino, y del cual hay que salir para entrar en el Coliseo. El Foro Romano pervive como memoria de lo que fue la vida social de Roma desde la República. Sede de la Curia Julia, hogar de las Vestales, o paso de procesión de los emperadores, el Foro Romano fue el epicentro de la vida política, religiosa y social. En este yacimiento, podéis observar desde numerosos templos, a diversos arcos del triunfo erigidos por los emperadores para conmemorar sus victorias militares.

Roma El Foro Romano visto desde un mirador del Museo Palatino.

De una considerable extensión, el Foro Romano te permite disfrutar de un paseo ameno mientras vas descubriendo, paso a paso, como fue el epicentro de la vida política y religiosa de la antigua Roma. Conocerlo en detalle te llevará bastante tiempo, puesto que cuenta con cantidad de lugares de vital relevancia. Entre estos, encontrarás los arcos de Septimio Severo y Tito, el templo de Antonino y Faustina, el templo de Venus y Roma, o el Tabularium.

Sin duda, el Foro Romano es una visita obligada para comprender la intrincada vida romana, donde lo religioso, civil y políticos, muchas veces se difuminaba en una fina línea. Y estas ruinas, son fieles testigos de ello.

Monte Palatino

A través de una gran escalinata, se accede al Monte Palatino, cuna de la civilización romana. Esta colina, donde la mitología sitúa a la Roma de la loba Capitolina, fue lugar de residencia de los emperadores hasta el siglo III, momento en el cual los emperadores prefirieron trasladar su residencia fuera del Palatino. También de una considerable extensión, en el Palatino podremos contemplar edificios tales como la Domus Flavia, la Casa de Augusto, o el Hipódromo de Domiciano. Además, desde este lugar tendremos una impresionante panorámica del Foro Romano.

Aunque no forme parte de lo estrictamente arqueológico, es agradable cobijarse en las zonas arboladas, mientras descansas, y rellenas tu botella en una de las innumerables fuentes públicas de Roma. Una vez que has descansado bajo la sombra de los árboles, puedes continuar tu visita con fuerzas renovadas.

Coliseo

Una vez contempladas la cuna de la civilización romana, y la plaza pública, es momento de dirigirse a lo que sin duda alguna es uno de los emblemas de Roma, el Anfiteatro Flavio, o como es más conocido, el Coliseo, una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno.

A pesar de ser un edifico de bastante simpleza constructiva, pues no deja de ser una superposición de círculos, no deja de maravillar a todo aquel que lo visita. Lugar donde los instintos más sádicos de los romanos cobraban vida, el Coliseo muestra, con su imponente tamaño, la importancia que la sociedad romana otorgaba a estos espectáculos. Bastante bien conservado, el Anfiteatro Flavio muestra a la sociedad contemporánea como se divertían nuestros antepasados imperiales.

Vista general del Coliseo, donde se puede apreciar tanto la arena y sus galerías subterráneas, como las arcadas que conformaban el graderío.

Es un lugar laberíntico, donde perderse e imaginar como fue el anfiteatro en pleno apogeo. Podemos ver como se dividía la sociedad romana observando las gradas. Si pisas la tabla arena, puede, por un instante, sentirte en papel del pobre gladiador que en ese momento se jugaba la vida. Además, el Coliseo te permite disfrutar de diferentes esculturas y restos arqueológicos mientras vas recorriendo sus vomitorios.

No es de extrañar que este conjunto sea de lo más visitado en Roma, pues es un perfecto resumen de lo que fue Roma, desde sus orígenes, hasta su caída.

Museos Capitolinos

Nuestra siguiente parada fueron los Museos Capitolinos, situados en la Plaza del Campidoglio, una maravillosa plaza diseñada por Miguel Ángel. Estos edificios albergan una enorme y variada muestra de arte, que abarca desde escultura etrusca, hasta pinturas barrocas. Sin duda, un museo imprescindible en tu visita a Roma.

Marco Aurelio, la loba Luperca, Cómodo y su tocado de Hércules, o Urbano VIII tienen una cita contigo en los Museos Capitolinos, el principal museo cívico de Roma, el museo más antiguo del mundo. Clic para tuitear

Museo Capitolino, Roma Réplica de la estatua ecuestre de Marco Aurelio, situada en pleno centro de la Plaza del Campidoglio.

El museo se compone de dos palacios, unidos por una galería subterránea, donde se ubica una exposición sobre el mundo funerario, el Palacio de los Conservadores, y el Palacio Nuevo. Este museo alberga obras muy destacas, tanto del arte romano, como medieval y moderno. Entre ellas, la estatua ecuestre de Marco Aurelio, la Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo, el busto de Cómodo representado como Hércules, o el cuadro barroco de Urbano VIII.

En el transcurso de la visita, mientras vamos recorriendo las distintas galerías, nos topamos con un magnifico mirador. Desde este lugar, se pueden apreciar de una de las mejores panorámicas del Foro Romano. Sin duda alguna, merece la pena hacer una parada en esta impresionante galería, que nos regala una estupenda estampa de las ruinas imperiales.

Lo dicho, sin duda alguna, uno de los mejores museos de Roma, donde disfrutar de una amplia gama de muestras de arte. Si quieres contemplar importantes esculturas, mosaicos, o una fantástica pinacoteca, los Museos Capitolinos son tu sitio.

Museos Vaticanos y Basílica de San Pedro

Como no, una de las paradas obligadas que hay que hacer en Roma, es sin duda la Ciudad del Vaticano. Este enorme complejo es una de las muestras más importantes del arte renacentista y barroco, además, posee unas colecciones de obras de arte únicas.

Museos vaticanos

Los Museos Vaticanos, por donde nosotros empezamos la visita, están conformados por una extensa red de edificios, palacios y galerías. Lo primero que hay que tener es paciencia para poder acceder a los museos, pues la cola suele ser de varias horas de espera. Nosotros, al ir con un bebé, pudimos saltárnosla, pero lo más normal es que tengas que esperar, así que paciencia, que merece realmente la pena.

Vaticano, Roma Bóveda de la Sala de los Mapas Cartográficos.

Aunque vengas a este museo solo con el deseo de contemplar la Capilla Sixtina, en tu visita te vas a llevar muchos más, pues este museo, ampliado siglos tras siglos por la Iglesia, contiene importantes restos arqueológicos, pictóricos y arquitectónicos. Es sin duda, un bello recorrido por la Historia, desde donde disfrutar del hermoso pasado artístico europeo.

Desde el inicio del recorrido empiezas a darte cuenta del interés de los papas del renacimiento y del barroco por hacerse con las mejores colecciones de arte. Todos los espacios del museo, desde los patios a las salas que unen las diferentes galerías, sirven como expositores de arte. Tan pronto puedes encontrar una piña romana de cobre en un patio, como el Laooconte y sus hijos en otro. Este museo está articulado de tal manera que no queda un solo espacio que no sirva de exposición.

Durante el recorrido que lleva a los famosos frescos de Miguel Ángel, puedes ir deleitándote con las diferentes salas papales decoradas con infinidad de obras y motivos. Entre estas, se encuentran la Sala de los Mapas Cartográficos, donde se representan cuarenta mapas de los territorios italianos, o las Estancias de Rafael, donde puedes observar, entre otras obras, La Escuela de Atenas.

Aunque vayas a los Museos Vaticanos únicamente por contemplar la Capilla Sixtina, durante la visita podrás ir descubriendo paso a paso, como el museo tiene una extensa muestra de arte mucho más allá de Miguel Ángel. Clic para tuitear

Pero sin duda alguna, la joya de la corona, donde todo visitante ansia llegar es la Capilla Sixtina, y la verdad que no defrauda. La capilla Sixtina, nombrada así en honor al papa Sixto IV, alberga una impresionante muestra de pintura renacentista. Toda la sala, desde las paredes hasta la bóveda, están decoradas con una técnica exquisita y precisa. La magia de los pintores del renacimiento te hacen ver cortinas donde solo hay paredes, o escenas en 3d, donde no hay más que una simple boveda.

En esta zona está totalmente prohibido hacer fotos, lo que es lógico tanto desde el punto de vista logístico -la sala siempre está repleta- como de la conservación de las pinturas. La parte buena de no poder hacer fotos, es que puedes contemplar, sin un objetivo de por medio, el famoso Juicio Final de Miguel Ángel. Pero no solo de Miguel Ángel «vive» la Capilla Sixtina, sino que también podrás contemplar pinturas de Pietro Perugino, o Sandro Boticelli entre otros.

Como puedes ver, llegas al museo por la Capilla Sixtina, pero este te recompensa con una exquisita y amplia exposición de arte. Disfruta de cada rincón de este museo, pues cada esquina del mismo está repleta de historias.

Basílica de San Pedro

Terminada la larga a la par que interesante visita de los Museos Vaticanos, toca el turno de dirigirse a la Basílica de San Pedro, icono catolicismo. Si accedes desde los museos, puedes evitar la larga cola de espera que se forma para acceder al interior de la basílica, sino, siempre puedes disfrutar de la Plaza de San Pedro mientras imploras que la fila llegue a su fin.

Piedad de Miguel Ángel, Vaticano, Roma Piedad del Vaticano, obra de Miguel Ángel, situada en la Basílica de San Pedro.

Una vez en su interior, ya vislumbras el poder que transmite este templo. De una enorme dimensión, la Basílica de San Pedro también sirve como una imponente exposición de arte. En este lugar, si quieres hacer una visita de calidad, debes emplear bastante tiempo. Porque aparte de que ya hemos señalado que es enorme, tiene cientos de esculturas, tumbas y pinturas dignas de admiración. La basílica es el templo -valga la redundancia- del arte moderno. Renacimiento y Barroco se dan la mano de una manera sutil. Estos dos estilos conviven de manera armónica. Pues puede contemplar desde la serenidad de la Piedad del Vaticano, de Miguel Ángel, como vislumbrar las retorcidas columnas del Baldaquino de San Pedro, obra de Bernini.

La Basílica de San Pedro, aunque también es visitada por numerosos turistas, no da la sensación de agobio, que quizás si puedan trasmitir los museos. Por este motivo, la visita al templo resulta más sosegada, lo que te permite que puedas disfrutar sin prisas de todas las maravillas con las que cuenta la basílica. Su cúpula, sus grupos escultóricos, las pinturas, o las grutas vaticanas, te permiten ver como el arte ha ido siempre de la mano de la religión.

Y para finalizar en el Vaticano, al salir de la basílica, párate y disfruta de la panorámica que te ofrece la Plaza de San Pedro, la plaza barroca que ideó el genio Gian Lorenzo Bernini.

En la siguiente entrada veremos que nos reserva Roma mientras recorremos sus calles. Plazas, parques, fuentes y templos, hacen que andar por sus calles, sea una experiencia más de las que disfrutar en Roma.

Fontana de Trevi, Roma ¡Nos vemos aquí en la segunda parte!

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