La Roma imperial: la Anarquía Militar

Con la muerte de Alejandro Severo, último emperador de la dinastía de los Severos, y hasta la llegada al poder de Diocleciano, se instauró un periodo que se caracterizó por una gran decadencia del Imperio Romano. Este periodo es conocido como la Anarquía Militar, caracterizado por una serie de cuestiones que pusieron al Imperio al borde del abismo.

Lo que ya fuese habitual en la dinastía anterior, el predominio de la clase militar, va a suponer el elemento central de la Anarquía Militar. Los emperadores, elevados al trono por las milicias, van a ser también derrotados por las mismas. El reinado de estos va a ser efímero, y su sucesión, violenta. A esta cuestión hay que sumarle las continuas incursiones bárbaras, el empuje del Imperio Persa, el enorme agujero en las finanzas, o la cada vez mayor autonomía de los distintos territorios del imperio. Una serie de circunstancias que alejaron a Roma de su antigua estabilidad política, económica y social.

Maximino el Tracio (235-238)

Al joven Alejandro Severo le sucederá Cayo Vero Maximino, apodado el Tracio. Maximino será el segundo emperador de Roma procedente de la clase ecuestre, y no del orden senatorial como era tradición. El Tracio, comandante de las tropas asentadas en Panonia en el momento del nombramiento, tenía especial antipatía por los ricos, era de carácter tosco, y escriben sobre él, que era más bárbaro que buen militar.

Anarquí militar
f=”https://lahistoriaheredada.com/wp-content/uploads/2018/09/Max_thrax.jpg”> Maximino el Tracio, emperador con el que se inicia el periodo de la Anarquía Militar. Fuente[/capt
Maximino, casi desde el momento del nombramiento como emperador, tuvo que hacer frente a una serie de dificultades. Entre ellas, la poca simpatía que procesaba el Senado hacía él, que le llevó a ser nombrado enemigo público de Roma. Al mismo tiempo, era nombrado otro emperador, Gordiano, aunque, junto a su hijo Gordiano II fueron muerto poco tiempo después. No obstante, no se despejaba el camino para el Tracio, pues el Senado volvió a nombrar otros emperadores. En este caso, nombró augustos a Balbino y Pupieno. El cuerpo senatorial pretendía hacer este nombramiento legítimo, frente al de los pretorianos, considerando ilegítimo a Maximino. Balbino y Pupieno recibieron la orden de acabar con el emperador de los pretorianos. Así, Balbino permanecería en Roma, mientras que Pupieno se enfrentaría, y finalmente vencería, a Maximino el Tracio.

En medio de este intrincado reinado, Maximino tuvo tiempo para acabar con los bárbaros con los que pactó Alejandro Severo. Derrotó a germanos, sármatas y dacios, ganándose así las simpatías del ejército. Maximiano fomentó las campañas militares, haciendo honor a su condición militar, pero esto repercutió gravemente en las finanzas imperiales. Para sufragas las operaciones militares, tuvo que subir los impuestos. Esta medida llevó a levantamientos como los del África proconsular, donde se nombró emperador a un nuevo Gordiano.

Gordiano III (238-244)

Los pretorianos, quienes elevaron al trono a Maximino, asesinaron a Balbino y Pupieno, pues los dos emperadores no contaban con el beneplácito de la élite militar. Una vez muertos, proclamaron emperador a Gordiano III, nieto e hijo de Gordiano y Gordiano II respectivamente. Este, a diferencia del Tracio, será rápidamente recocido por el Senado.

El reinado de Gordiano, aparte de lo breve (una característica común en el periodo de la Anarquía Militar), se puede destacar por la lucha que mantuvo con el Imperio Persa. Este, encarnado en el íder de turno, Sapor I, tenía las pretensiones de restaurar las antiguas fronteras persas. Aunque en un principio consiguió detener el empuje sasánida, las tropas romanas fueron derrotadas con una enorme contundencia cuando se encontraron en Asia Menor. En cuanto al contexto el europeo, Gordiano III derrotó a carpos, godos y yázigas, que se encontraban hostigando las fronteras del Imperio.

No gozó de mucho tiempo para su desarrollo como emperador, pues fue víctima de una conjura cerca de Duras Europos, tan solo seis años después de su investidura como cabeza del imperio.

Filipo el Árabe (244-249)

Marco Julio Filipo, apodado el Árabe por su vínculo familiar con la península arábiga, ascendió al asiento imperial tras el asesinato de Gordiano III. Buscó el apoyo en el Senado, en cuyo cuerpo político delegó cargos de suma importancia. También estableció en puestos vitales a varios de sus familiares. Su hermano Julio Prisco fue nombrado prefecto del pretorio y rector Orientis, Severiano, cuñado suyo, gobernador de Mesia, y por último, su hijo Filipo el Joven, en un primer momento fue nombrado César, y más tarde lo sería como Augusto.

Filipo el Árabe, emperador que permitió la libertad de culto. Fuente

Filipo, en cuanto al problema persa, debió recurrir a un pacto económico para poder lograr la paz. La tregua con los sasánidas llegó a cambio de medio millón de denarios. Con respecto a los pueblos germanos, se dedicó a asegurar la frontera del Danubio, límite que era constantemente traspasado por los bárbaros. Mientras tanto, las legiones establecidas en el Danubio, proclamaron emperador a Claudio Pacaciano, quien solamente duró unas semanas. Este conflicto político fue aprovechado por godos y vándalos, quienes lograron establecerse en las cercanías del río. De nuevo, las legiones proclamaron otro emperador, Mesio Decio, quien había llegado hasta el Danubio para hacer frente al problema bárbaro. Este suceso terminó por generar un conflicto entre los dos emperadores, concluyendo con la muerte del Árabe.

Una cuestión que también ha «perseguido» a Filipo el Árabe, ha sido el tema de la tolerancia religiosa. Filipo instauró la tolerancia hacia los cristianos, movimiento que algunos autores como Eusebio de Cesarea aprovecharon para colgar a Filipo el título de primer emperador cristiano. Este hecho parece no ser cierto, pues como señala Enrique Melchor Gil, 1 «celebró los actos conmemorativos del milenario de Roma investido como pontifex maximus».

Decio (249-251)

C. Mesio Decio fue un destacado militar que resaltó por que querer acabar con la anarquía militar que imperaba en Roma, Decio contaba con devolver al imperio sus antiguas tradiciones, para lo que buscó granjearse el favor del Senado. El nuevo emperador asoció al poder a sus dos hijos, Q. Herennio Etrusco y C. Valente Hostiliano, nombrándoles césares.

Decio terminó con la tolerancia hacia los cristianos y comenzó una nueva persecución contra estos. Dicho acto se debió a que el Decio quería obtener el favor divino, para lo cual debía fomentar la religión tradicional romana. Muchos cristianos se sometieron a los rituales romanos, pero muchos otros optaron por desobedecer, lo que desencadenó en una feroz persecución entre los año 250 y 251.

Decio debió enfrentarse también a los germanos, entre ellos, los godos, quienes más persistente y eficazmente se enfrentaban a los romanos. De hecho, aprovechando la situación política en Roma, los godos llegaron hasta Mecia y Tracia, en los Balcanes. Aunque Decio logró que se replegasen, finalmente acabó cayendo en combate junto a su ejército en Abrito. Su hijo Herennio también pereció en batalla contra los godos, mientras que Hostiliano fallecía a causa de la peste.

Ante esta situación, la sucesión imperial de nuevo cayó en manos del ejército. Esta vez los pretorianos investían con la púrpura a Treboniano Galo.

Galo (251-253)

Elegido emperador por los pretorianos, Treboniano pactó con los godos la retirada de estos al norte del Danubio. Pero a pesar de esta tregua, la situación del imperio no mejoró, pues una serie de catástrofes se cernieron contra Roma.

En primer lugar, una epidemia de peste asoló el imperio (en la que murió Hostiliano), que tuvo unas consecuencias nefastas, pues mermó notablemente la población. Por otro lado, el empuje persa no cesaba, llegando incluso a conquistar el reino de Armenia. Además, los pueblos del norte, alamanes, carpos, sármatas, godos y burgundios hostigaban constantemente el limes del Danubio. Ante los godos tuvo que actuar Marco Emilio Emiliano, quien logró frenarles.

Con esta victoria militar, los pretorianos decidieron investir a Emiliano, ante lo cual se formó una nueva lucha entre emperadores. Ambos se enfrentaron definitivamente en Italia, donde tanto Galo como su hijo perecieron en la batalla de Forum Flamun. Emiliano quedaba así como emperador único de Roma, pero por poco tiempo, pues los militares se conjuraron contra él, y acabaron asesinándole.

Diarquía de Valeriano y Galieno (253-268)

Publio Licinio Valeriano había luchado junto a Galo para combatir a Emiliano. Tras el asesinato de este, el ejército decidió investir a Valeriano como nuevo emperador de Roma. El nuevo dirigente del imperio, debido a su avanzada edad -contaba con 70 años cuando fue proclamado emperador-, asoció al poder a su hijo, Publio Licinio Galieno, nombrándole Augusto. Se formó así una diarquía que duraría hasta la muerte de Valeriano, en el año 260.

Los dos emperadores buscaron establecer una forma de gobierno más acorde con la tradición romana, procurando la cooperación con el Senado. También, para hacer más efectivo el control imperial, cada emperador se asoció a un territorio. Valeriano controlaría Oriente, mientras Galieno haría lo propio con Occidente.

Valeriano decretó una nueva persecución contra los cristianos, lo que se saldó en un primer momento con la prohibición de celebrar los ritos cristianos, además de que obispos, sacerdotes y diáconos venerasen a los dioses paganos. Con un segundo edicto, Valeriano condenaba a muerte a los dirigentes cristianos, también se confiscaron todos sus bienes. También sufrieron los efectos de esta persecución senadores y caballeros que profesasen la fe cristiana, quienes perdieron su posición social y todas sus posesiones. Finalmente, Galieno terminaría con la persecución hacia los cristianos, estableciendo la libertada de culto y devolviendo los bienes confiscados. 2

En cuanto a los enemigos de Roma, Galieno tuvo que hacer frente a alamanes y francos, mientras que Valeriano debía intentar frenar a godos y persas. Aunque consiguieron frenar momentáneamente las pretensiones de estos pueblos, la calma política no iba a ser muy duradera. Pues a nuevos intentos de estos pueblos por comer terreno a Roma, se sumaron varios intentos de usurpación del poder de Ingenuo y Regaliano. Francos, alamanes y godos comenzaron las incursiones más profundas hasta el momento, y los persas de Sapor I derrotaron finalmente a las tropas romanas, capturando a Valeriano, quien finalmente moriría en cautividad.

Ante la muerte de su padre, Galieno tuvo que hacer frente a soledad al control del imperio. Con la situación que

Relieve persa en el que se representa al emperador Valeriano arrodillado ante Sapor I. Fuente

reinaba en Oriente, con continuas sublevaciones y el peligro persa acechando, Galieno necesitó un aliado en el que apoyarse. Esta figura la encontró en Odenato, rey de Palmira, quien conseguiría la victoria sobre los sasánidas. A la muerte de este, sería su esposa, Zenobia, quien seguiría la seguridad en Oriente.

Si en Oriente la situación se logró estabilizar, no sería igual en Occidente, donde el emperador tuvo que hacer frente a otro levantamiento. Esta vez se trataba de Póstumo, quien se proclamó emperador, y estableció en las Galias un estado independiente el Imperium Galliarum, estableciendo instituciones, incluso acuñando moneda. Póstumo logró limpiar el territorio de invasores y reestableció el limes renano, por eso Galieno optó por permitir que Póstumo gobernase en las Galias.

Una nueva rebelión se estaba gestando, esta vez a manos de Aureolo, jefe de la caballería acantonada en Milán. Aureolo se proclamó emperador en el año 268, momento en que sus tropas aprovecharon para acabar con Galieno. No obstante este no perduraría en el trono, pues la púrpura la vestiría Claudio II el Gótico, quien dará inicio al mandato de los llamados emperadores ilirios.

Antes de ser asesinado, Galieno tuvo tiempo para mejorar el sistema de defensa de las fronteras, instalando campamentos en el interior del territorio, de manera que siempre quedaba opción de maniobra una vez los bárbaros traspasasen el limes. También sustituyó a los senadores por miembros del orden ecuestre, para que estos estuviesen a cargo de las tropas y las provincias, profesionalizando así la carrera militar.

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Bibliografía:

  • Gómez Pantoja, J., (Coord.), Historia Antigua, Grecia y Roma, Ariel ediciones (2003), Barcelona.
  • Sayalero, M., (Coord.), Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio, Ediciones Susaeta, Madrid.
  • Roma en el origen de Occidente, Ediciones Rueda (2002), Madrid.

Notas:

  1. Melchor Gil, E., «La anarquía militar (235-285)» en Gómez Pantoja, J., (Coord.), op. cit. p. 772.
  2. Como apunta Enrique Melchor Gil en La anarquía militar, op. cit., p. 774, se ha visto en esta persecución hacia la Iglesia un fin económico, con el que poder aliviar la crítica situación por la que estaba pasando el Imperio Romano

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