La Querella de las Investiduras

En pleno siglo XI, cuando el modelo feudal conducía a la concentración del poder en las manos de nobles y religiosos, el poder terrenal chocó contra el espiritual. Del consentimiento de la Iglesia a que sus mandatarios fuesen elegidos por los señores, y de la aceptación de estos por la supremacía ideológica eclesiástica, se pasó a una pugna abierta entre ambos poderes. Se iniciaba así a la denominada Querella de las Investiduras.

El contexto que rodea a este conflicto entre emperadores y papas, ha de ser vislumbrado desde los diferentes intereses que irán surgiendo a inicios de esta centuria. Por un parte, la necesidad del Imperio de controlar a los cargos eclesiásticos, pues esto suponía la supremacía de la institución imperial. Por otro lado, la Iglesia adolecida por la corrupción, sentía la necesidad de retomar las riendas de su propio seno.

Con estos intereses tan marcados por ambas instituciones, era cuestión de tiempo que Imperio e Iglesia chocasen, y se iniciase las querellas de las investiduras.

El origen del conflicto

Cuando Gregorio VII llegó al solio pontificio en el año 1073, heredó de León IX la vital necesidad de reconducir la Iglesia hacia el camino primigenio del cristianismo: alejada de la corrupción y la opulencia en las que había incurrido la institución católica. Para ello, ideó una ambiciosa remodelación del seno eclesiástico, la célebre reforma gregoriana, lo que supuso el punto de partida en este conflicto.

Con la reforma gregoriana se aspiraba a retomar de nuevo las riendas en la elección de los cargos eclesiásticos, hasta ahora designados por señores feudales, príncipes, o el propio emperador. Esto, en la práctica, suponía una verdadera merma de los poderes imperiales. Era, por tanto, reconocer la supeditación del poder temporal al espiritual, idea que chocaba de frente con la idea de cesaropapismo, del que Enrique III era un fiel creyente.

El estandarte de la fe ¿Iglesia o Imperio?

Gregorio VII estaba dispuesto a recuperar el control total de la institución que él representaba, pues para él, la Iglesia debía ser la cabeza del poder por encargarse de las cuestiones espirituales. No había mejor representante de Dios en la Tierra que el propio papa, por ende, era el legitimado para controlar la fe.

Sin embargo, el emperador, se creía con la misma atribución que el papa. ¿Por qué debía ser el pontífice la cúspide de la cristiandad, si por el contrario era el emperador quien encarnaba la naturaleza real de Cristo? Era una cuestión que derivaría en una dura pugna entre el Sacerdotium y el Imperium, y que acabaría teniendo en la querella de las investiduras su máximo exponente, y en Enrique IV y Gregorio VII sus máximos protagonistas.

La «Querella de las Investiduras»

Enrique IV accedió al trono del Sacro Imperio siendo menor de edad. Esta tesitura fue aprovechada por los grandes poderes del momento para obtener un mayor político. Así, el papado pugnó por tener una mayor autonomía, que había ido perdiendo con Enrique III. Por otra parte, los duques alemanes se mostraron más resistentes ante el poder imperial. Además, los grandes núcleos urbanos también experimentaron un notable fortalecimiento.

Humillación de Canossa
Humillación de Enrique IV ante Gregorio VII en el castillo de Canossa, quizás uno de los momentos claves del conflicto de las investiduras. Fuente

Ya con la mayoría de edad alcanzada, Enrique IV aprovechó dicha tesitura para recuperar el poder perdido durante su minoría de edad. Sus primeros pasos fueron para recuperar su superioridad frente a la aristocracia y la Iglesia. Para ello, y como muestra del poder imperial, largo tiempo transgredido, se mostró decidido a nombrar al nuevo obispo de Milán. La querella de las investiduras ya había dado sus primeros pasos…

Este acto fue percibido por Gregorio VII como una agresión hacia la potestad papal, pues la designación de los obispos obedecía únicamente a la curia romana. El papa, en el año 1075, mediante la bula Dictatus Papae hace valer la preeminencia del papado frente al Imperio, debido al carácter infalible del pontífice. Esto derivó en la excomunión del emperador germano, quien, ante tamaña ofensa, gestó una dura ofensiva contra Gregorio VII.

Las consecuencias de la excomunión

La excomunión de Enrique IV, no solo tenía una significancia religiosa, sino que ocultaba unas graves consecuencias políticas para el emperador. Gregorio VII, no solo deslegitimaba al emperador del Sacro Imperio, sino que además liberaba a todos sus súbditos del contrato de vasallaje. Esta situación provocó una dura merma en su influencia política, ya de por si dañada ante la gran cantidad de adversarios con la que contaba el emperador.

La excomunión de Enrique IV, que se acabaría aboliendo tras la penitencia del emperador en el castillo de Canossa, daría lugar a una amplia sucesión de disputas entre la Iglesia y el Imperio.

querella de las investiduras
Clemente III y Enrique IV expulsan a Gregorio VII de Roma. El intento del emperador por situarse a la cabeza de la cristiandad, le llevó a apoyar a Clemente III, antipapa. Fuente

Por un lado, Enrique IV, en un intento de recapitular todo el apoyo posible para el Imperio, medio en la elección de un antipapa que rivalizase contra Gregorio VII, Clemente III, quien actuó como antipapa desde el año 1080 hasta su muerte en 1100. Otro paso más del emperador germano fue su marcha hacia Roma para acorralar al pontífice, y que este cediese a sus prerrogativas. No obstante, Gregorio VII, que contaba con un amplio apoyo de la aristocracia italiana, consiguió huir hacia Salerno, ayudado por los normandos, donde finalmente murió en 1085.

El fin de la Querella de las Investiduras

La muerte de Gregorio VII, y la llegada de sus sucesores, trajo un talante más conciliador por parte de los papas. A esto también se unió la sucesión en el trono de Enrique IV por su hijo, Enrique V, quien también estaba dispuesto a terminar con la querella de las investiduras.

Con los intentos, fallidos, de Sutri y Ponte Mammolo (1111) y  entre Enrique V y Pascual II por solventar la disputa de las investiduras, hubo de esperar a tiempos de Calixto II para poder ver el final del conflicto. Ante esta nueva mentalidad, Calixto II y Enrique V llegaron a un acuerdo mediante el que poner, por fin, solución al conflicto que venía enfrentando a Iglesia y Estado. El Concordato de Worms, celebrado en la ciudad alemana homónima, se produjo en el año 1122 y trajo una serie de acuerdos entre emperador y pontífice. En este acuerdo, se adoptó una especie de ceremonia entre lo oficial y lo simbólico que satisfacía las pretensiones de ambos dirigentes.

La elección propiamente dicha los obispos, quedaba exenta de todo injerencia laica, aunque la investidura debía recaer, o bien en el emperador, o bien en algún consejero mandado por él. A esta investidura le seguiría la consagración, que quedaba a cargo del arzobispo. Por último, el nuevo obispo debía presentar su juramento de fidelidad al emperador. Lo que venía a ratificar al obispo como vasallo del Sacro Imperio.

Finalmente, un año más tarde, en 1123, el acuerdo tomado en Worms quedó ratificado por el Concilio I de Letrán. Quedaba zanjada, de manera definitiva, la querella de las investiduras. Se reconocía ya de manera abierta la separación de poderes en la cuestión del nombramiento de los nuevos obispos. No obstante, la pugna entre la Iglesia y el Imperio por la supremacía de Occidente, quedaría aún ampliamente cuestionada.

Bibliografía

  • GARCÍA DE CORTÁZAR, J. A.; SESMA MUÑOZ, J. A. Manual de Historia Medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2014.
  • MITRE FERNÁNDES, E. Introducción a la historia de la Edad Media Europea, Ediciones Istmo, 2004.
  • RODRÍGUEZ, G. (Dir.). Manual de Historia Medieval: siglos III al XV, Grupo de Investigación y Estudios Medievales: Universidad Nacional de Mar del Plata, 2015.
  • VINCENT, C. Breve Historia del Occidente medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2001.

La Roma imperial: los emperadores ilirios

Tras el asesinato de Galieno a mano de los hombres de Aureolo, y como ya adelantamos en la entrada anterior, comenzó en Roma una etapa en la que los siguientes emperadores en el trono (salvo contadas ocasiones) serían de origen ilirio. Así mismo, estos gobernantes también compartirían un modesto origen social, así como unas importantes carreras militares.

Los emperadores ilirios, intentarían seguir la senda marcada por el fallecido Galieno, para lo que buscaron el fortalecimiento del poder imperial, reestablecer el Imperio y reimponer el orden perdido ante los problemas con los pueblos bárbaros, y territorios como Egipto o Palmira.

Claudio II el Gótico (268-270)

Apodado el Gótico por la lucha que llevó contra los pueblos del norte, Claudio II había sido designadao por Galieno para ser su sucesor. Bien visto por el Senado, y querido por el ejército tras la donación que realizó entre los soldados, Aurelio Valerio Claudio tuvo una importante base de apoyos.

Como hemos mencionado, su sobrenombre derivó de la fuerte defensa que realizó del Imperio frente a las tribus del norte, quienes se estaban trasladando hacia las fronteras imperiales junto sus mujeres e hijos. Los dos años de su mandato los pasó prácticamente combatiendo a lo alamanes y godos. Los primeros, fueron derrotados en las inmediaciones del lago Garda, no sin antes haber conseguido saquear el norte de Italia. Los segundos, tras lanzar ataques contra la zona oriental, fueron finalmente derrotados en la Naisso. La Hispania Citerior y Britannia también se plegaron ante Claudio II.

Estos fueron los pasos que el primero de los emperadores ilirios tuvo tiempo de realizar para lograr la reunificación imperial, pues en el 270 moría víctima de la peste en Sirmio.

Aureliano (270-275)

Tras la muerte de Claudio II, Aureliano, un exitoso militar que había servido a las órdenes de Claudio II, tuvo que enfrentarse al candidato elegido por el Senado, Marco Aurelio Claudio Quintilio, hermanastro del Gótico. Del enfrentamiento, saldría victorioso Aureliano, tras lo cual, Quintilio decidiría suicidarse.

El mandato de Aureliano se caracterizó por los enormes esfuerzos vertidos en el reestablecimiento del Imperio, logrando grandes éxitos en sus cinco años de mandato. Una de las primeras medidas del nuevo gobernante fue la neutralización de los pueblos bárbaros, quienes buscaban cobrar tributos del Imperio como medida para establecer un proceso pacífico.

No obstante, Aureliano se negó a pagar ningún stipendium, por lo que se dedicó a combatir contra los bárbaros, para lo que en el año 271 emprendió una campaña en el Rin, donde se habían asentado bandas dedicadas al pillaje. Además, para reforzar esta zona, Aureliano estableció el limes en el Danubio -tras verse obligado a evacuar Dacia-, fortificó Roma, con las famosas murallas aurelianas, y fortificó las ciudades italianas. Ante este cúmulos de acciones, las tribus de vándalos y sármatas que habían estado atacando las fronteras, se vieron obligados a emprender la huida.

Aureliano
Aureliano, emperador de origen ilirio que vertió enormes esfuerzos en la reintegración del Imperio Romano. Fuente

Siguiendo con la política exterior de Aureliano, el emperador ilirio tuvo que hacer frente a Zenobia y su hijo Vabalato, gorbernantes de Palmira que se habían sublevado contra el Imperio. Zenobia, tras la muerte de su marido, Septimio Odenato, quiso recuperar el control sobre Palmira, y para ello buscó la expansión de su reino. Como medio para lograr este fin, Zenobia conquistó Egipto y Anatolia. Aureliano se tuvo que enfrentar contra el antiguo aliado de Roma, venciendo sobre Palmira en la batalla de Emesa en el año 272. Este choque supondría el fin del prestigio que Palmira había ido acumulando como centro de las rutas caravaneras.

En Occidente Aureliano se dispuso a acabar con el imperio galo, lo cual consiguió en el año 274 en la batalla de Châlons, en la que Tétrico perdió su posición como emperador del imperio galo. Después de este episodio, las provincias occidentales que habían estado bajo el mando galo, pasaron a reincorporarse al Imperio. Hecho que Aureliano celebraría en el 274 con un paseo triunfal por la cabeza imperial, Roma.

Reformas

Más allás de las exitosas campañas militares que Aureliano emprendió para reparar la integridad imperiol, también realizó una serie de reformas que lograron devolver a Roma a un sendero de recuperación. Para ello, elevó la presión fiscal sobre los ciudadanos más acomodados. Retiró al Senado y a las ciudades el derecho de acuñar monedas, pasando a ser únicamente un derecho imperial, buscando con esta medida acabar con el proceso inflacionista que castigaba al Imperio. Dedicó una importante partida para distribuir materias de primera necesidad entre la población más humilde.

Pero quizás, unas de las medidas más destacadas, fue el culto al Sol Invicto. El mismo Aureliano declaraba ser emperador por designio del dios, adcribiéndose el título de deus et dominus -Dios y señor-. Con el respaldo de esta divinidad, apoyada en la supremacia imperial alcanzada por las armas, el emperador ilirio intentó construir una simulación de monarquía absoluta, en donde soldados o senadores no tuvieran capacidad legitimadora. No obstante, sus aspiraciones se verían truncadas en el año 275, mientras preparaba una expedición contra los persas, fue asesinado a manos de un grupo de sus oficiales.

Los últimos ilirios

Tácito (275-276)

Tras la muerte de Aureliano, el ejército pidió al Senado la elección de su sucesor. Este, encumbró al trono imperial a Marco Claudio Tácito, un senador de avanzada edad que se había caracterizado por su integridad y rectitud. Una de sus primeras medidas fue la divinización de Aureliano, el escarmiento a sus asesinos. A su hermanastro, M. Annio Floriano, lo nombró prefecto del pretorio, y a M. Aurelio Probo, dux totius Orientis, para encargarle, de esta manera, la defensa Siria y Egipto.

El anciano emperador, honrando a la institución que le encumbró con la púrpura, le devolvió al Senado el mando del ejército, para de esta manera, reducir su autonomía, y así evitar las continuas rebeliones. También le devolvió la capacidad de acuñar monedas, poder que había sido retirado por Aureliano. Poca más capacidad de acción tuvo, pues al año siguiente de su nombramiento, cuando se disponía a combatir a los godos en Asia Menor, murió en el 276.

Marco Aurelio Probo (276-282)

Tras la muerte de Tácito en Asia Menor, el Senado se dispuso a elegir a un nuevo emperador. Tal dignidad recaería en Floriano, hermanastro del fallecido anciano. No obstante, el ejército apostado en la parte oriental del Imperio, nombró emperador a Marco Aurelio Probo, quien se había encargado de la pacificación de la Galia bajo el mando de Aureliano. Esta nueva escisión imperial se prolongaría tan solo unos meses, al cabo de los cuales Floriano fue asesinado.

A pesar de que el nuevo emperador tuvo que hacer frente a sucesivos intentos de usurpación (como los protagonizados por Próculo y Bonoso en la Galia), y a diversas invasiones (godos, burgundios, alamanes o blemios), el reinado de Probo se caracterizó por manterner una relativa paz. Esta calma la consiguió, en parte, con los acuerdos a los que llegó con las tribus germanas, las cuales eran admitidas dentro de las fronteras imperiales en calidad de foederati. Con esta medida, conseguía, además, paliar la falta de mano de obra campesina, así como contar con un mayor número de tropas auxiliares para defender las fronteras del Imperio.

Marco Aurelio Probo, emperador, que pese a tener que hacer frente a intentos de rebelión e invasión, llevó al Imperio a una etapa de relativa paz. Fuente

En cuanto a las medidas económicas, Probo veía urgente mejorar la situación fiscal del Imperio, por lo que continuó las medidas iniciadas por Aureliano, entre estas, la mejora de la productividad agraria. Para ello, puso nuevas tierras en cultivo, insaturó de nuevo la plantación de viñas en las provincias y promovió la construcción de sistemas de abastecimiento de agua.

Pero de nuevo, las tropas se interpusieron entre el emperador y el Imperio. Aprovechando que Probo estaba preparando una expedición contra el imperio sasánida, fue asesinado.

Caro, Carino y Numeriano

Eliminado Probo, el ejército ofreció la púrpura imperial a Marco Aurelio Probo, quien había sido prefecto del pretorio. Inmediatamente asoció al poder a sus dos hijos, Marco Aurelio Carino y Marco Aurelio Numerio Numeriano, siendo nombrados césares en un primer momento, más tarde lo serían como augustos. Carino, se haría cargo de occidente, mientreas que Numeriano lo haría de oriente junto a su padre.

Padre e hijo, siguiendo la estela de Aureliano, emprendieron una nueva ofensiva contra los persas. Para ello iniciaron el camino hacia Mesopotamia. Accedieron a través de la vía danubiana, derrotando en el camino a los cuados. Atravesaron Asia Menor hasta alcanzar Ctesifonte, lugar en el que Caro encontraría la muerte y Numeriano se vio obligado a emprender la retirada. En su regreso, sería asesinado en Asia Menor, en su campamento del Bósforo.

En occidente, Carino hubo de hace frente a un nuevo adversario que se postulaba como sucesor de Numeriano, Diocles. El choque entre ambos se producía en Mesia en el año 285. No está realmente claro quien fue el verdadero vencedor de choque, lo que si es certero es que Carino fue asesinado por su hombres. El resultado, Diocles, quien posteriormente sería Diocleciano, terminaría siendo emperador de Roma. Terminaría, de esta manera, el periodo en el que predominaron gobernantes de origen ilirio a los mandos del Imperio.

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Bibliografía

  • Gómez Pantoja, J., (Coord.), Historia Antigua, Grecia y Roma, Ariel ediciones (2003), Barcelona.
  • Sayalero, M., (Coord.), Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio, Ediciones Susaeta, Madrid.
  • Roma en el origen de Occidente, Ediciones Rueda (2002), Madrid.


La expansión de Europa medieval: el Drang nach Osten

Durante la Edad Media, una serie de movimientos demográficos y bélicos buscaron la ampliación de las fronteras de la Europa medieval. Uno de ellos, y del que nos vamos a ocupar en este artículo, fue el Drang nach Osten -Marcha hacia el Este-. La ampliación de estos territorios, tuvo siempre como excusa la evangelización cristiana de aquellos pueblos que aún permanecían siendo paganos. Por eso, esta expansión germana fue a costa de los pueblos paganos del este europeo.

En la Plena Edad Media, la búsqueda de la ampliación de las fronteras fue una constante en el ideario cristiano. En la Península Ibérica, por ejemplo, este proceso se llevó a cabo a través de la Reconquista, mediante la cual, los nuevos reino cristianos del norte fueron arrebatando a los musulmanes los territorios de Al-ándalus. De esta manera, el territorio peninsular cristiano se fue creando de norte a sur.

Los demás reinos cristianos de la Europa occidental también buscaron la ampliación de sus fronteras. Tal es el caso de las Cruzadas, expediciones militares que trataron de conquistar los territorios musulmanes en Oriente. Tras cuatro grandes cruzadas, y otras cinco de menor calado, los reinos cristianos tuvieron que desistir en su empeño por hacerse con el mando de la antigua Jerusalén.

Carlomagno
Retrato idealizo de Carlomagno, quien en el siglo VIII ya hizo grandes esfuerzos por asegurar la zona oriental de Imperio. Fuente

Pero aparte de estos dos acontecimientos, hubo otras dos grandes acciones mediante la que expandir las fronteras: el Drang nach Osten, que ya hemos mencionado, y la expansión a través del Atlántico y mar Mediterráneo. Pero ahora, nos vamos a centrar en la expansión germánica, la Marcha hacia el Este.

Los antecedentes de la expansión germana

A pesar de que la expansión alemana hacia el este tuvo sus inicios en el siglo XII, el primer  emperador del Sacro Imperio, Carlomagno, ya realizó unos importantes esfuerzos por asegurar, y ampliar, la frontera oriental. Así, con este propósito, consiguió someter a los sajones, quienes acabarían abrazando el cristianismo, mientras que los ávaros, un pueblo de las estepas, quedó neutralizado cuando realizó una incursión hacia las fronteras imperiales. Además, en el siglo X, sajones, misioneros, nobles y laicos expandieron la cristiandad hacia el este a costa de eslavos y húngaros.

Por tanto, la mecha expansionista alemana había prendido ya en los siglos precedentes al XII. Con la excusa de evangelizar en el cristianismo a los vecinos paganos, el Sacro Imperio puso especial hincapié en ampliar sus territorios hacia zona eslava. El Drang nach Osten, por tanto, era ya una realidad a finales del siglo XI.

Drang nach Osten

Auge de la expansión hacia el este

Con la maquinaria expansionista en marcha, fue durante el primer tercio del siglo XII cuando se dio inicio a la política de conquista de los territorios eslavos situados al otro lado del río Elba. De esta manera, y escudados en la evangelización de los pueblos que aún mantenían el paganismo, los alemanes se lanzaron a la conquista de las tierras bañadas por el Báltico. Conseguían así, ampliar las fronteras del Sacro Imperio, y además, fortalecer su presencia en los pueblos que ya se habían convertido al cristianismo.

Pero es a mediados del siglo XII cuando el Drang nach Osten empieza a obtener mayores recompensas. Es en estas fechas, cuando dos importantes personajes para la expansión alemana hacen acto de presencia. Uno de estos nobles fue Alberto «el Oso», quien conquistó Brandeburgo. En esta región creó la marca homónima, y de la que se proclamó margrave en el año 1150. Los hijos de Alberto se dedicarían a ampliar la marca, otorgando así un mayor prestigio al margraviato de Brandeburgo.

El segundo personaje clave en esta fecha fue Enrique «el León». El duque de Baviera y Sajonia conquistó territorios vendos que se hallaban entre las costas de los ríos Elba y Oder. En estas nuevas conquistadas instauró los ducados de Mecklemburgo, Pomerania y Silesia, zonas que inmediatamente serían entregadas a nobles locales y sometidas a vasallaje. Además, Enrique también fundó la ciudad de Lübeck en el año 1158. Dicho núcleo sería fundamental tanto para la colonización del territorio, como para el desarrollo de la Liga Hanseática.

Desde mediados del siglo XII y hasta inicios del XIII, se produjo un exponencial auge de la colonización. Para colonizar los nuevos territorios que se fueron añadiendo a los límites del este del Sacro Imperio, hubo una serie de factores que hicieron de esta colonización un rotundo éxito. Por un lado estuvieron los príncipes alemanes y polacos, quienes fomentaron la instalación de campesinos flamencos y holandeses, quienes, siendo expertos en la desecación de terrenos, se instalaron en las tierras anexas a los ríos Elba y Oder. También se favoreció la instalación de monasterios, tanto cistercienses como premostratenses, lugares desde lanzaron diferentes campañas de evangelización de colonos. Así, mientras Federico I Barbarroja hacía la cruzada en Oriente, los alemanes hacían su cruzada particular contra los paganos de las tierras del este. Y por último, Hamburgo, Lübeck y el río Elba se convirtieron en núcleos imprescindibles para el comercio a través del Báltico, que a su vez devendría en la creación de la institución económica más importante de la Alemania medieval, la Liga Hanseática.

Drang nach Osten
El puerto de Lúbeck, ciudad fundada por Enrique «el León», fue fundamental para el desarrollo de la Liga Hanseática. Fuente

Desde mediados del siglo XII y hasta inicios del XIII, se produjo un exponencial auge de la colonización. Para colonizar los nuevos territorios que se fueron añadiendo a los límites del este del Sacro Imperio, hubo una serie de factores que hicieron de esta colonización un rotundo éxito. Por un lado estuvieron los príncipes alemanes y polacos, quienes fomentaron la instalación de campesinos flamencos y holandeses, quienes, siendo expertos en la desecación de terrenos, se instalaron en las tierras anexas a los ríos Elba y Oder. También se favoreció la instalación de monasterios, tanto cistercienses como premostratenses, lugares desde lanzaron diferentes campañas de evangelización de colonos. Así, mientras Federico I Barbarroja hacía la cruzada en Oriente, los alemanes hacían su cruzada particular contra los paganos de las tierras del este. Y por último, Hamburgo, Lübeck y el río Elba se convirtieron en núcleos imprescindibles para el comercio a través del Báltico, que a su vez devendría en la creación de la institución económica más importante de la Alemania medieval, la Liga Hanseática.

Siglo XIII, fin de los éxitos germanos

En la centuria del XII el Drang nach Osten había ido acumulando éxito tras éxito. Mediante la colonización a través de campesinos, la imposición de vasallaje de los nuevos feudos, el comercio y la Liga Hanseática, los alemanes habían conseguido anexionar importantes territorios sin apenas oposición. Lograban de esta manera sus objetivos de evangelizar a los paganos del este y se asegurar las fronteras orientales del Sacro Imperio.

Ya en el siglo XIII, más concretamente en el año 1214, se produjo la determinante batalla de Bouvines. Con la derrota germana a manos de los franceses de Felipe Augusto, las pretensiones alemanas en el oeste de Europa se daban por finalizadas. Quedaba por tanto, como única vía, el este.

Ante el descalabro de Bouvines, y con la gracia del papa Honorio III, los caballeros teutones lograron una gran expansión a los largo de la costa báltica. El paganismo, que aún pervivía en pueblos como lituanos, prusianos o letones, permitió legitimar una cruzada contra estos pueblos. Además hay que señalar otra circunstancia: en el año 1226 los teutones fueron en auxilio de Conrado I de Mazovia, duque de Polonia. El polaco, temiendo una nueva incursión prusiana contactó con la orden militar en busca de apoyo. A cambio de una serie de territorios, que más tarde se ratificaría en la Bula de Oro de Rímini, los teutones sofocaron una nueva revuelta de los prusianos. Sin embargo, este sería uno de los últimos éxitos germanos.

Orden teutónica
Hermann von Salza, maestre de la Orden Teutónica, actor fundamental en la expansión germana por el Báltico. Fuente

En 1241 los mongoles asolaron el reino de Hungría. Entraba así en escena un nuevo enemigo, que consiguió neutralizar a teutones, húngaros, polacos y un largo etc. Se empezaban a suceder las derrotas, y por tanto el afán expansionista empezó a mostrarse debilitado. La expansión a costa de los territorios eslavos finalizaría en el año 1242. En esta fecha, Alejandro Nevsky, príncipe de Nóvgorod, se enfrentaba a los caballeros teutones en la batalla del Lago Peipus, resultando derrotados los caballeros germanos. Tras esta batalla, Rusia  quedaría finalmente fuera de los planes expansionistas de los teutones. A esta derrota se fueron sumando otras en territorios eslavos, como la sufrida contra los lituanos en el año 1260 en la batalla de Durbe.. En medio de toda estas debacles, los prusianos se irían levantando en revueltas de manera periódica. Acababa de esta manera un periodo en el que se sucedieron las continuas victorias y conquistas.

Pese a que el siglo XIII se presentó, ya a finales, como el final de los logros expansionistas de los germanos, esta centuria aportó enormes frutos desde el punto de vista urbano, pues se fundaron unas ochenta nuevas poblaciones, entre ellas Elblag -1237-, Memel -1252- o Konigsberg -1255-. Todas estas ciudades fueron fundadas por la Orden Teutónica, que le sirvió como una forma de asentar su poder a través de todo el territorio germano, así como para colonizar el terreno que se iba anexionando en su cruzada báltica.

Bibliografía

  • GARCÍA DE CORTÁZAR, J. A.; SESMA MUÑOZ, J. A. Manual de Historia Medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2014.
  • MITRE FERNÁNDES, E.; Introducción a la historia de la Edad Media Europea, Ediciones Istmo, 2004.
  • RODRÍGUEZ, G. (Dir.). Manual de Historia Medieval: siglos III al XV, Grupo de Investigación y Estudios Medievales: Universidad Nacional de Mar del Plata, 2015.

La momificación en el Antiguo Egipto

En el Antiguo Egipto, un buen mantenimiento del cuerpo siempre fue fundamental, pues de ello dependía el éxito o el fracaso de la vida de ultratumba en el Reino de Osiris. Para ello, por tanto, fue imprescindible la correcta conservación del cadáver, el jal de los antiguos egipcios. De esta necesidad surgiría, con el cambio de enterramientos, la importante labor de momificación, dando lugar a una próspera industria funeraria, el arte de la momificación.

Como hemos apuntado, esta necesidad de conservar el cuerpo de manera artificial surgió cuando se cambió el tipo de enterramiento, pasando de agujeros excavados en el suelo árido del desierto, a majestuosas tumbas elevadas sobre la superficie o complejos funerarios situados bajo tierra. En el Egipto predinástico, que abarca desde la etapa neolítica hasta la unión del Alto y Bajo Egipto en torno al 3200 a.C, sin embargo, los enterramientos se practicaban directamente en el suelo, en hoyos realizados en el cálido terreno del desierto. Prueba de estos son las primeras momias egipcias conocidas, datan del IV milenio a. C, que mediante la acción del desierto, se han conservado de manera natural.

Anubis
El dios Anubis cuidando la momia del funcionario Senedhem. Fuente Wikicommons

El calor que emanaba este terreno producía que el cuerpo, mediante la desecación del cadáver, se conservase en unas más que buenas condiciones. Pero estas sencillas sepulturas presentaban un grave problema. Algunos cuerpos, por causas de animales carroñeros, por derrumbes de las excavaciones, o por la acción de los buscadores de tesoros, acababan desenterrados, lo que terminaba descomponiendo el cadáver.

Ante esta situación hubo de buscar un nuevo tipo de enterramiento, donde el cuerpo estuviese más protegido, y no estuviese expuesto con tanta facilidad. Pero surgía así un nuevo problema. Con la ausencia de la acción del clima seco del desierto, la descomposición ya no encontraba barreras naturales, y el cuerpo acababa por desaparecer. Si eras un antiguo egipcio, querrías una solución eficiente para no perder tu jal.

Con esta emergencia espiritual surgió el proceso de la momificación, una costosa elaboración del cuerpo para su vida de ultratumba. El embalsamamiento, primero solo apto para la familia real, y más tarde extendida a todos los egipcios, fue mejorado de manera paulatina, hasta que terminó por alcanzar una gran maestría, consiguiendo que el difunto, al fin pudiese reencontrarse con su cuerpo terrenal.

La industria de la momificación, terminó siendo una de las más poderosas del Antiguo Egipto, en la que el clero asociado a este proceso acabó amasando una gran fortuna, a través de importantes donaciones, destinadas por los familiares a asegurar la vida del difunto en el Reino de Osiris.

Hombre de Gebelein
Hombre de Gebelein, unna de las momias más antiguas de Egipto, producida de manera natural, IV milenio a.C

Pero, ¿cómo era el proceso desde que fallecía el difunto hasta que finalmente recibía sepultura? Veamos cómo se llevaba a cabo este complejo proceso.

La momificación

Cuando el fallecido era llevado hasta el taller para ser embalsamado, lo primero que hacían los encargados del proceso era enseñar una especie de catálogo de momias. Este consistía en varios modelos, a tamaño natural, de madera, debidamente representada como una momia real.

Dependiendo del presupuesto de la familia, así sería el proceso de momificación que se llevase a cabo con el familiar fallecido. Aunque todos tenían el mismo fin, la conservación del cuerpo para el más allá, no todos los resultados eran iguales. Nosotros, para ejemplificar un embalsamamiento de primera clase, nos centraremos en el proceso más complejo y caro, el destinado a faraones, familia real, nobleza y sacerdotes de más elevado rango.

Inicio del proceso

La primera acción que se le realizaba al cadáver era lavarlo y perfumarlo, para eliminar los primeros olores, que en una zona árida como Egipto se producían pronto, que anunciaba la descomposición. Lavado, pues, el cadáver, los embalsamadores de dedicaban a eviscerar al fallecido.

El primer órgano que se le retiraba al cuerpo era el cerebro, a través de un largo gancho que se introducía por la nariz. El cerebro, era desechado, pues no se le atribuía valor alguno. Posteriormente se introducía cierta cantidad de natrón, para que este disolviese los restos que quedaban de cerebro. Por último, el cráneo era rellenado con resina, que al solidificarse, daban consistencia al cráneo.

Evisceración

Libre el cuerpo de órganos innecesarios, comenzaba el verdadero proceso de conservación de las partes fundamentales para el egipcio. Aquí entraba en juego el parasquita, el sacerdote encargado de realizar la incisión, previamente marcada por un escriba, y eviscerar el cadáver.

Con un afilado cuchillo de sílex, el parasquita realizaba la incisión por la cual se extraerían todos los órganos, a excepción del corazón, que era vital mantenerlo unido al cuerpo y los riñones. De todos los órganos retirados, cuatro recibían especial atención, pues eran debidamente embalsamados, introducidos en vasos canopos y colocados junto al sarcófago en la tumba. Estos eran el hígado, el estómago, pulmones e intestinos.

vaso canopo
Vaso canopo de gran tamaño destinado a contener las vísceras de un toro Mnevis

Vaciado pues el cuerpo del fallecido, tocaba lavar y rellenar el abdomen. De esta tarea se encargaba el taricota, quien procedía a dicho lavado con vino y sustancias aromáticas, destinadas a eliminar el olor a putrefacción. Ahora ya podía ser cerrada la incisión, lo cual se hacía de una manera tosca, y posteriormente era tapada con una placa, en la que se grababa el ojo de Horus y los cuatro genios funerarios: Amset, Duamutef, Kebehsenuf y Hapi. Estas cuatro deidades eran las encargadas de custodiar los órganos que eran introducidos en los cuatro vasos canopos.

El siguiente paso era retirar los ojos de sus correspondientes cuencas, las cuales eran rellenadas con lino, y podían ser también tapados por vidrio, hueso o piedras, imitando los ojos del fallecido. Reemplazados los ojos, se taponaba la nariz del difunto, para lo que se usaba resina.

Una vez que el proceso de evisceración había finalizado, el cadáver era sometido a un baño de natrón, y se le aplicaba una serie de productos como cera de abeja, resinas o leche. Este proceso buscaba fundamentalmente la desecación del cuerpo y evitar que se enmoheciera la piel, logrando así su longeva conservación.

Preparado todo el cuerpo del difunto, tan solo quedaba ya el maquillaje y el vendado, para así poder finalizar el largo y costoso proceso de momificación.

Vendaje

Maquillado pues, era el momento de cubrir con largas vendas al fallecido. Estas, llegaban a ser extremadamente largas, y de una gran calidad. Las vendas, antes de rodear el cuerpo, eran impregnadas con resina, lo que facilitaba la adherencia a la piel y la mejor conservación de esta. En algunas ocasiones, debido al elevado coste de las telas usadas para embalsamar, el difunto era vestido con sus ropas, lo que lograba abaratar los costes de la momificación.

momificación
Momias y sarcófagos expuestos en una de las salas del British Museum

Este proceso era llevado en todo momento por los coaquitas, quienes iban intercalando entre las vendas una serie de amuletos, como el escarabeo, que representaba la resurrección. Además, el coaquita iba recitando una serie de fórmulas mágicas para que el difunto pudiese escapar de los múltiples peligros que implicaba el viaje al Reino de Osiris.

Es por esto, que todo el proceso de vendaje se llevaba a cabo de manera minuciosa, pues se debía salvaguardar la vida eterna del difunto, para lo que era imprescindible aplicar una serie de protecciones contra los seres malignos que acechaban en las tinieblas del Duat y el Amenti.

Fin del embalsamamiento

Como un complejo proceso que era el embalsamamiento, este podía conllevar una serie de riesgos, entre los que se encontraba el deterioro excesivo del cadáver, o peor aún, su pérdida. Para estos casos, para que el alma del difunto no corriese ningún tipo de peligro, idearon una técnica. Esta consistía en realizar una estatua, a la que se transfería las cualidades del difunto mediante una serie de formulaciones mágicas. Así, el espíritu siempre tendría un cuerpo al que volver.

Eviscerado, desecado, perfumado, maquillado y vendado, se podía dar por finalizado el proceso de momificación. Este largo proceso solía durar unos 70 días, aunque hay constancia de embalsamamientos que se prologaron hasta 274 días[i].

Ya el difunto podía ser introducido en el sarcófago, y esperar a que se concluyese el enterramiento que le condujese a la vida eterna. Aunque todavía debía conseguir traspasar el Mundo Intermedio, y superar el juicio de Osiris.

[i] Álvarez Sosa, Milagros (2016), «Momias, el arte más secreto del antiguo Egipto», Historia National Geographic nº 152, p. 26.


Bibliografía

  • Álvarez Sosa, Milagros (2016), «Momias, el arte más secreto del antiguo Egipto», Historia National Geographic nº 152, pp. 22 – 35.
  • Grandes civilizaciones. Egipto, el imperio de los faraones, Ediciones Rueda (2002), Madrid.
  • Walker, Martin (2003), Historia del Antiguo Egipto, Madrid, Edimat Libros.

Cambio de reinas

Este viernes 15 de febrero se estrena Cambio de Reinas, una nueva película de temática histórica, y en La Historia Heredada hemos tenido el placer de verla antes de su estreno.

Ambientada en el siglo XVIII, nos presenta una trama, que se desarrolla entre el París de Luis XV y el Madrid de Felipe V y Luis I, en la que el eje de Cambio de Reinas será precisamente ese, el intercambio de princesas entre ambas coronas. Este vinculación entre los dos países, se espera que traiga, por fin, la estabilidad para ambos territorios tras largos años de hostilidades.

Y es en este punto en el que se da inicio a la película. Pero antes, pongamos un poco de contexto de por medio.

Guerras entre Francia y España

España y Francia, a pesar de ser vecinas, se han enfrascado infinidad de veces en guerras, provocando una sangría, casi constante, de recursos tanto humanos como de capital.

Con intereses enfrentados de toda índole: religiosos, territoriales, sucesorios o de alianzas, ambos territorios han sufrido una ingente cantidad de choques bélicos. La última, antes de que transcurran los sucesos de Cambio de Reinas, fue la Guerra de la Cuádruple Alianza, en la que España se enfrentó a la coalición formada por Francia, Gran Bretaña, las Provincias Unidas de los Países Bajos y el Sacro Imperio Romano Germánico. No obstante, Francia ya venía de intervenir en la Guerra de Sucesión Española, y en la Guerra de los Nueve Años.

Finalmente, y con el Tratado de Utrech mediante, las aspiraciones regias de ambas coronas sobre el trono opuesto se vieron truncadas, pues el tratado prohibía un mismo monarca para sendos reinos. Esta situación redujo el interés por establecer guerras continuas entre España y Francia, que además, veían como sus arcas reales cada vez se encontraban más vacías.

De esta manera cobró mayor sentido el interés por conformar una alianza que diera cierta estabilidad entre los dos territorios, y en estos casos, una unión dinástica era perfecta. Así pues, Felipe de Orleans, el Regente, proponía el intercambio de una princesa francesa con otra española, para de esta manera establecer una duradera estabilidad política.

Cambio de reinas

Cambio de Reinas, dirigida por Marc Dugain y basada en la novela de L’èchange des princesses de Chantal Thomas, inicia su andadura en el Versalles de 1712, donde se recibe la noticia de que Luis XV será el heredero de la corona francesa.

La trama principal de la película, el intercambio de princesas entre ambas coronas, se desarrolla de manera temprana en la película, pues Felipe de Orleans, el Regente, pronto dispone de la estratagema que, según sus planes, le conducirá a la estabilidad política con España. De esta manera, pronto queda claro al espectador, que Luisa Isabel de Orleans -hija del regente- será intercambiada por Mariana Victoria, la joven hija de Felipe V.

A raíz de este punto, la película se irá desarrollando en torno a las estratagemas políticas que surgen alrededor de ambas princesas. Matrimonios de conveniencia, manipulación política sobre Luis XV, o el marcado carácter antifrancés de la reina Isabel, que le empuja a despreciar, casi desde el principio a la princesa francesa.

Los personajes

En Cambios de Reina, donde la trama está «cerrada» casi desde el inicio, la encarnación de los personajes juega un papel fundamental. Y aún siendo una película, basada en una novela, que se permite sus propias licencias, logra una interpretación cercana al personaje histórico. Además, sumado al carácter intimista de la película, centrada en la vida individual de cada personaje, en vez de todo lo que le rodea, se consigue un acercar el personaje histórico al espectador.

cambio de reinas
Escena de la película donde se representa a la familia real de España, en una conversación durante la hora de la comida.

A lo largo del largometraje podemos observar ciertos aspectos definitorios de los personajes que protagonizan la trama. Así por ejemplo, podemos contemplar a un Felipe V sumido en una permanente melancolía y un profundo fervor religioso, que le lleva constantemente a hablar con Dios. Luisa Isabel de Orleans es representada, no de manera tan radical como lo hacen las crónicas, pero si dejando entrever su poco cariño hacia la corte y hacia su papel de reina, a la vez que se nos muestra con actitudes poco decorosas dentro del ámbito real.

Mariana Victoria de Borbón se muestra como la niña que se ve «obligada» a madurar, para así poder hacer frente a su obligación con respecto a su país. Con tan solo cuatro años, la princesa da muestras de una gran serenidad, y un enorme sentido del deber. En cuanto a su hermano, el futuro Luis I, encarna el papel de un rey al que llega el poder sin previo aviso. Con dificultad para tomar decisiones, se muestra durante toda la película obsesionado por conseguir el amor de su esposa.

Por último, el personaje de Luis XV es proyectado como un joven marcado por la muerte de toda su familia, y en especial la de su madre. Por eso permanece siempre apegado a su institutriz, la duquesa de Ventadour, a quien llega a percibir como su segunda madre, queriendo, a toda costa, marcar las distancias entre la institutriz y la princesa Mariana Victoria.

Conclusiones

Si te gustan las películas de temática histórica, el siglo XVIII, o las intrigas que rodearon a los grandes monarcas, Cambio de Reinas es la película ideal. Teniendo siempre presente que es una película, que debe permitirse ciertas licencias, pero que estas a su vez no son descabelladas, ni enturbian la atmósfera del largometraje, disfrutarás de este episodio entre las coronas de España y Francia.

Luis XV hablando con la duquesa Ventadour en los jardines de Versalles.

Con un desarrollo pausado, bien hilado y claro desde los primeros minutos, Cambio de Reinas consigue transmitir al espectador las intrigas políticas del XVIII, donde unas niñas, por el simple hecho de haber nacido en el seno de la realeza, verán su futuro comprometido con el fin de salvaguardar la paz entre ambos reinos.

Si te gusta el cine histórico, este viernes 15 de febrero tienes una cita con el cine.

Ficha

Ficha artística


FELIPE V………………………………………………….LAMBERT WILSON
LUISA ISABEL…………………………………………..ANAMARIA VARTOLOMEI
FELIPE DE ORLEANS…………………………………OLIVIER GOURMET
MADAME DE VENTADOUR……………………………..CATHERINE MOUCHET
DON LUIS………………………………………………..KACEY MOTTET KLEIN
LUIS XV…………………………………………………..IGOR VAN DESSEL
MARIANA VICTORIA…………………………………….JULIANE LEPOUREAU
MARISCAL DE VILLEROY…………………………..PATRICK DESCAMPS
DUQUE DE CONDÉ…………………………………..THOMAS MUSTIN
LA QUADRA……………………………………………GWENDOLYN GOURVENEC

Cambio de reinas

Ficha técnica

DIRIGIDA POR…………………………………………MARC DUGAIN
ESCRITA POR…………………………………………..MARC DUGAIN Y CHANTAL THOMAS
PRODUCTOR……………………………………………PATRICK ANDRÉ Y GENEVIEVE LEMAL
PRODUCTORES EJECUTIVOS……………………..JULIEN LOEFFLER, STEFAN RIESSER , FABRICE SMADJA
DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA………………………GILLES PORTE
DISEÑO DE PRODUCCIÓN…………………………PATRICK DECHESNE, ALAIN-PASCAL HOUSIAUX
MONTAJE……………………………………………….MONICA COLEMAN
VESTUARIO…………………………………………….FABIO PERRONE
MÚSICA DE……………………………………………..ERIC CHEVALLIER

Título original : L’ÉCHANGE DES PRINCESSES
Año : 2017
Duración : 100 min.
Francia