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Pseudohistoria. La manipulación del conocimiento

La pseudohistoria es el falseamiento de las evidencias históricas con el fin de lograr un objetivo. Es una «disciplina» totalmente subjetiva, que sólo aparece como forma de legitimación política, o como una fuente inconmensurable de dinero.

En el lado opuesto se encuentra la Historia, que al igual que el resto de las ciencias, está asentada en unos métodos y teorías aceptadas en su conjunto. En estas disciplinas científicas, abundan de la misma manera hipótesis, las cuales pueden o no cambiar unos conceptos establecidos, originando un cambio de paradigma.

Como ciencia, la Historia está siempre en constante revisión, y es que, siempre busca la objetividad, dejando atrás trasfondos de otro tipo, tales como políticos o económicos.

Pseudohistoria, la manipulación de los hechos 

La pseudohistoria y la pseudociencia son corrientes de base moderna, puesto que empezaron a tener un mayor desarrollo a partir del siglo XIX, aunque con anterioridad también hubiese ideas pseudohistóricas y pseudocientíficas. Si bien nacen en el siglo XIX, es hoy en día cuando cuentan con mejores armas de difusión, puesto que como dice Ronald H. Fritze en su libro Conocimiento inventado. Falacias históricas, ciencia amañada y psuedo-religiones, «el sistema de propagación de los pseudohistoriadores y pseudocientíficos pone hoy en día al servicio de los charlatanes los recursos del cine, la televisión, la radio, las revistas e internet».

Historia frente a pseudohistoria

A la hora de distinguir entre Historia y pseudohistoria se nos presenta un problema, pues primero deberíamos poder ofrecer una definición clara de estas disciplinas, misión no siempre sencilla. A la hora de definir que es la Historia, posiblemente la definición más sencilla sería que se trata de una disciplina científica, por tanto objetiva, que busca estudiar el pasado del hombre, y que asienta sus bases en métodos, recursos e instrumentos contrastados.

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Representación de un guerrero vikingo, portando un casco con cuernos. Fuente

En cuanto a la pseudohistoria podemos ofrecer dos visiones: por un lado, la de los propios pseudohistoriadores, que definen a la misma como si de la Historia se tratase, un estudio objetivo del pasado del hombre. Por otro lado, una definición más seria, y que se ajusta más a la realidad, el falseamiento histórico para ponerlos al servicio de unos fines.

El estudio de la Historia, al igual que el resto de ciencias, requiere de unos profesionales, quienes tratan de desentrañar el pasado de la humanidad. Estos profesionales somos los historiadores, quienes, sin ideas preconcebidas, buscamos pruebas y las contrastamos. Así intentamos buscar una explicación objetiva para los sucesos históricos. En el lado opuesto tenemos a los otros «profesionales», los pseudohistoriadores, quienes,  partir de ideas preconcebidas, y sirviendo a unos intereses determinados, utilizan pruebas manipuladas, y las que no le son útiles para sus propósitos, son pasadas por alto.

Se puede observar como los pseudohistoriadores no distinguen entre mito y leyenda, confunden los términos de posibilidad y probabilidad, sus debates se centran en discutir los propios hechos y personajes históricos, y no en torno a las discrepancias de los hechos, debate que si llevan a cabo los historiadores de oficio. Aún así, los pseudohistoriadores se empeñan en afirmar que la pseudohistoria es «un relato verídico del pasado del hombre», hecho que solo se puede aplicar a la Historia.

La pseudohistoria, la Historia al servicio de los intereses

Es importante señalar un aspecto fundamental de la pseudohistoria, su uso como arma política, nacionalista y económica.  Esto provoca que se ponga la Historia al servicio de los intereses de unos pocos. Mediante el empleo de estas disciplinas, se intenta dar una visión completamente tergiversada de la realidad, con el único propósito de hacer llegar unos valores radicalizados. «La pesudohistoria se presta fácilmente a ser una herramienta del racismo, el fanatismo religioso y el extremismo nacionalista».

Como hemos señalado, la pseudohistoria se pone muy frecuentemente de lado de la política, y más concretamente junto a los nacionalismos. Así, la pseudohistoria, se ha alineado en incontables ocasiones con regímenes que buscaban medios para legitimarse. Por ejemplo, hay corrientes que niegan el Holocausto, suceso que ningún historiador con algo de rigor niega hoy en día.

La misma vertiente racista tiene la hipótesis del origen blanco de Norteamérica. Según esta hipótesis, los constructores de túmulos funerarios de América del Norte, fueron los primitivos pobladores del norte del país. Estos desaparecerían tras la presión y eliminación a las que fueron sometidos por los indios americanos. Curiosamente, este fue un argumento que se esgrimió como defensa del exterminio amerindio en el siglo XIX…

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Recreación de como sería la ciudad hundida de La Atlántida, piedra angular de la pseudohistoria. Fuente

Desviándonos de los intereses políticos de la pseudohistoria, nos topamos con que también es un importante recurso económico. Así, encontramos como el tema de la Atlántida se enriquece cada vez más con publicaciones sin ningún tipo de rigor científico ni histórico. Cientos de pseudohistoriadores, quienes argumentan que cuentan con fuentes documentadas y fiables, se enriquecen escribiendo sobre el tema. De sobra es sabido que no hay ninguna evidencia al respecto.

Los medios de masas, los aliados de la pseudohistoria

Como aliados de lujo para los pseudohistoriadores encontramos la televisión, el cine o los libros.

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El Código Da Vinci, novela de Dan Brown, obra que muchos pseudohistoriadores toman como base de sus «investigaciones»

Desde estos medios de masas se exporta una idea ficticia, que consigue cuanto menos, crear una legión de fieles creyentes de esa nueva realidad.

Como ejemplo, podemos señala el libro El Código Da Vinci de Dan Brown. Esta obra de ficción, en la que el autor no ha puesto ninguna intencionalidad histórica, dicho sea de paso, ha servido para que surjan nuevos argumentos para evidenciar el supuesto linaje perdido de Jesús de Nazaret y María Magdalena.

En el cine y la televisión también se han propagado ideas pseudohistóricas, tales como los esclavos egipcios que se encargaban de la construcción de pirámides; vikingos portadores de cascos con cuernos; arqueólogos que buscan calaveras de cristal. Y así una lista, que se alarga más de lo deseado.

Conclusión

A modo de conclusión, podemos observar como la Historia, una disciplina imprescindible para el conocimiento humano, se puede convertir en un arma de doble filo cuando cae en manos de fanáticos.

Hoy en día, a diferencia de siglos anteriores, hay disciplinas y métodos que nos sirven para discernir que sucesos podemos catalogar como históricos, y cuales no. Pero, para ello hay que utilizar las pruebas sin percepciones preconcebidas. También hay que usar todas las pruebas, incluso las que nos separan del camino que seguimos, pues sólo así dotaremos a la Historia de un carácter objetivo.

La pseudohistoria, lejos de servir como herramienta divulgativa rigurosa, fomenta la expansión de ideas erróneas y alimenta los argumentos extremos de quienes persiguen un fin poco legítimo.

Vía:

  • H. FRITZE, RONALD, Conocimiento inventado. Falacias históricas, ciencia amañada y pseudo-religiones, Madrid, Turner Publicaciones S. L, 2010,

 

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