Carcasona, plaza fuerte de los cátaros

Los cátaros, los cristianos «puros»

Con el inicio de las Cruzadas, arraigó en Europa un nueva doctrina religiosa, la que profesaban los cátaros. Esta religión, fuente de la que han bebido constantemente pseudohistoriadores, gente del esoterismo y buscadores de tesoros ocultos, está, a día de hoy, marcada por un claro desconocimiento.

Este desconocimiento, que hace volar la imaginación de los que buscan el Santo Grial, es consecuencia de la falta de estudios con respecto a dicha doctrina heterodoxa. Vemos como las fuentes, que estudian este tema con perspectiva histórica, escasean de forma notoria. De ahí, que los falsos historiadores hayan encontrado un filón para sus argumentos sin bases científicas.

Pero ¿quiénes fueron los cátaros? ¿Cuándo nace la Iglesia albigense? ¿Qué originó su férrea persecución? ¿Hubo un final? o por el contrario ¿siguen los cátaros hoy en día preservando el Santo Grial?

Acompáñanos en este viaje al medievo, para conocer una de las comunidades con más halo mistérico de todos los tiempos.

Los primeros siglos del medivo, una etapa «tranquila»

Para hablar sobre el catarismo, el gran movimiento herético de la Europa medieval, es necesario introducir los movimientos heterodoxos que le precedieron, pues sin estos, no sería posible entender como se fue fraguando la sociedad medieval en torno a la religión.

Por tanto, si hablamos de herejías durante la Edad Media, podemos observar como hasta finales del siglo XI y principios del XII, no hubo en Europa movimientos heréticos de gran transcendencia, como el panteísmo de Amaury de Chartres o el speronismo de Hugo Speroni de Piacenza.

Es con llegada de nuevas condiciones de vida, como el desarrollo urbano, la centralización pontificia, etc, cuando se va a originar un escenario favorable, para el desarrollo de doctrinas heréticas desde las perspectiva de la Iglesia católica. Éstas, sin duda, si que llegarán a cobrar bastante más importancia.

Siglos XI y XII, el asentamiento de las herejías

Casi finalizado el siglo XI, la sociedad medieval de la Europa occidental experimentó un auge de los movimientos heterodoxos. Estas manifestaciones religiosas, que la Iglesia católica denominará como herjías, se ven impulsadas por una series de cambios.

Entro estos, podemos citar las nuevas condiciones de vida, pues el comercio empieza a experimentar un auge. Con el comercio, se empiezan a desarrollar las ciudades, las cuales necesitan mano de obra, lo que provocará una gran migración del campo a la ciudad.

Las ciudades, más propensas a los cambios que el ámbito agrario, empiezan a ser más críticas con las condiciones de vida del clero. Todas estas condiciones, confluirán para conformar un caldo de cultivo perfecto para la aparición de nuevas doctrinas heterodoxas.

La pataria milanesa

La pataria fue un movimiento popular contra la corrupción del clero, más en concreto contra Guido de Velatte, noble milanés que fue nombrado arzobispo. En principio permitida por los papas de mediado del XI, pronto tomó un cariz más violento.

Bajo Arnaldo de Brescia, este movimiento se tornó en contra del Papa y de la aristocracia. Entre sus objetivos se encontraban la secularización de los bienes eclesiásticos, y como no, la vuelta a la pobreza que se defendía en la Biblia.

Esta doctrina acabó con el nombramiento de Tedaldo como nuevo arzobispo, quien consiguió erradicar el movimiento de manera definitiva.

Movimiento valdense

«Los pobres de Lyon», surgen tras la fundación de una comunidad por parte de Pedro Valdo. El movimiento valdense, en principio poco tenía de heterodoxo. El propio Papa Alejandro III, se entrevistó de forma amistosa

Pedro Valdo
Pedro Valdo, fundador del movimiento valdense. Fuente

con Valdo. En un principio, el objetivo que perseguía Pedro Valdo, era el de la traducción de las Escrituras y la predicación de una vida de pobreza y penitencia.

El conflicto, entre el movimiento creado por Pedro Valdo y la Iglesia católica, surge cuando los valdenses se negaron a someter su predicación a las directrices eclesiásticas. La crisis estalló en 1184, con la excomunión del movimiento por parte de Lucio III.

Tras este suceso, la parte más moderada se reincorporó a la doctrina católica. Por el contrario, los más radicales cayeron en la pura heterodoxia, pues empezaron a negar temas tales como el purgatorio, el valor de la misa, el sacerdocio, etc.

A finales del siglo XIII el movimiento valdense entró en franca decadencia.

El movimiento albigense

Las tendencias espirituales de signo dualista se habían mantenido, más o menos abiertamente, en Oriente. Las Cruzadas y el desarrollo comercial, establecieron relaciones entre las dos cuencas del Mediterráneo. Esto supuso un canal idóneo para la transmisión de dichas ideas.

El Mediodía francés, una zona con bastante prosperidad y escaso arraigo de la reforma gregoriana, pues los habitantes de dicha zona no se identificaban con los misioneros dominicanos y franciscanos, fue el lugar ideal para el arraigo del catarismo. Esta zona de Francia se caracterizaba por un fuerte marco cultural y político, ya que tenía independencia política con respecto a la corona.

Occitania
Mapa aproximado del Mediodía francés, región donde se asienta el catarismo con gran fuerza. Fuente

Pero ¿cuando se crea la Iglesia como tal propiamente dicha? Atendiendo a un texto, (de cuya originalidad aún se duda) encontrado en el siglo XVII por Guillaume Besse, un archivero francés, fue en mayo del año 1167 Según Besse, en esta fecha se llevó a cabo un concilio en la ciudad francesa de Saint Félix de Caraman (actualmente Saint Félix de Lauragais), el Concilio de Saint Félix.

Dicho concilió estuvo organizado y presidido por Nicetas, cabeza del bogomilismo. En el concilio, guiándonos una vez más por los escritos de Guillaume, se otorgó el «consolamentum» a una multitud de personas. A su vez, fueron ordenados seis obispos, y se delimitaron las diócesis de Albi, Tortosa, Carcasona y Argon.

Así, nacería la creencia heterodoxa más fuerte de la Edad Media occidental, el catarismo, la religión de los hombres puros.

El catarismo, la «Glesia de Dio»

cruz cátara
Cruz cátara. Fuente

El cristianismo que profesaban los cátaros (cuyo término significa «puro» en la lengua griega), considerada una herejía por la Iglesia católica, distaba mucho de ser ortodoxo. Esta herejía se basaba en una visión dualista del mundo, importada del mundo oriental como hemos visto unas líneas más arriba.

La enseñanza religiosa albigense, por tanto, era incompatible con el catolicismo, el cual dictaba que todo estaba regido por una única entidad, Dios. Por el contrario, los cátaros creían en dos entidades, el dios del bien, y el dios del mal. El primero, sería el creador de las fuerzas del orden, los ángeles, quienes tendrían una naturaleza espiritual. El segundo, regiría todo lo concerniente a la materia.

La sociedad cátara

En lo que a la sociedad se refiere, no parece que las distinciones de los perfectos y los creyentes supusiese diferencias de clase. Tampoco parece que los albigenses fuesen masas de pobres, que utilizaran la herejía como medio de protesta ante las condiciones de vida difíciles. Por el contrario, entre la masa del movimiento cátaro, podemos encontrar todos los estamentos de la sociedad medieval, descontentos todos con la nueva evolución social.

Las explicaciones, que podemos encontrar en que la sociedad en general estuviese representada en el catarismo, básicamente son:

  • Por un lado, el catarismo se trataría de una doctrina fácil de asimilar. Hombres y mujeres que realmente predicaban y vivían en la más absoluta austeridad. En frente, se encontraría el clero católico, cuya vida opulenta se alejaba del dogma bíblico, sumado a la poca cercanía con respecto al pueblo a la hora de predicar.
  • La ausencia del cobro del diezmo, hacía que los señores no viesen tan mermados sus derechos frente al poder espiritual.
  • Predicaban dentro de las ciudades, y lo más importante para el pueblo, en su misma lengua.
  • La mujer, consideraba por los clérigos católicos como impura, a la vez que origen de todos los males, podía recibir el «consolamentum», sacramento que limpiaba todas los pecados e impurezas, por lo que la mujer se situaba a la misma altura que el hombre en cuanto a pureza de espíritu.

La organización de la comunidad

En primer plano, encontraríamos a los miembros propiamente dichos de la Iglesia albigense, los perfectos. Estos eran denominados así, porque habían pasado un periodo de noviciado, entre uno y tres años. Tras este periodo, recibían en vida el «consolamentum», que servía como sacramento de ordenación. Los perfectos buscaban la supremacía del dios del bien, para lo que renunciaban a todo comercio carnal: ni comían carne, ni practicaban relaciones sexuales.

Albi
Panorámica de Albi, uno de los principales focos de los cátaros, de esta ciudad proviene albigense. Fuente

En el plano inferior de la estructura se encontraban los creyentes. Estos eran seguidores de la doctrina, pero que aún no habían recibido el «consolamentum». A pesar de no haber recibido dicho sacramento, seguían con devoción las predicaciones albigenses. Todo ello, con la esperanza de recibir el «consolamentum» antes de morir. Con ello conseguirían liberarse de la prisión carnal, que era el cuerpo, para poder llegar al paraíso. Los creyentes no llevaban la vida de renuncia de los perfectos.

Forma de vida

Los albigenses estaban organizados en comunidades, no trabajaban de otra manera más que con sus manos, y estaban acogidos a normas severas de contención alimentaria y sexual.

Por regla general, todos los componentes de la Iglesia vivían en comunidad, estando separados hombres y mujeres, en una casa religiosa u ostal. Estas casas siempre se encontraban dentro de los pueblos.  Los ostales podían funcionar también como hospedajes. Eran por tanto, comunidades bastante más abiertas que las católicas.

La forma con la que vestían en tiempos tranquilos era bastante austera, pues la vestimenta no iba más allá de un hábito negro de burel, pelo largo y barba. Las mujeres vestían de oscuro y ocultaban sus melenas con una toca, algo común en la Edad Media.

A la cabeza de todas las comunidades había siempre un anciano en caso de los hombres. Al frente de las mujeres, una anteposita, es decir, una priora. Tanto el anciano como la anteposita solían ser las personas más antiguas de la comunidad. Entre sus funciones se encontraba, entre otras, presidir los ritos o administrar la comunidad.

La jerarquía albigense

Según la función religiosa o administrativa que desempeñasen, podemos encontrar varias rangos en la jerarquía albigense:

  • Creyentes.
  • Miembros ordenados.
  • Anciano o anteposita.
  • Diácono: responsable de tutelar la disciplina y la administración de las casas religiosas.
  • Hijo mayorhijo menor, sustituto del obispo el primero, y del hijo menor el segundo.
  • Obispo, máxima figura entre los cátaros. Responsable de su diócesis y de la ordenación de nuevos religiosos.

Sacramentos y ritos de la Iglesia cátara

Lo que convertía al catarismo en un movimiento herético, era la negación de importantes pilares católicos. Así por ejemplo, no reconocían la naturaleza física de Cristo, pues un ente material, sólo podía

ser una  creación perteneciente al dios del mal, pues por el contrario, el dios del bien sólo es creador de naturaleza espiritual.

Por el mismo motivo no creían en la encarnación de Jesús en la hostia consagrada, aunque si compartían el pan en memoria de Cristo.

Tampoco veneraban el símbolo de la cruz, porque para los seguidores albigenses, esta no era otra cosa más que un instrumento de suplicio. Así, por tanto, si perseguían la búsqueda de la felicidad, no podían venerar un símbolo de dolor.

Al igual que no compartía el catarismo pilares fundamentales de la Iglesia católica, tampoco lo harían con los sacramentos. Para los seguidores de la «Iglesia de Dios», sólo tendría importancia un sacramento: el «consolamentum»

«Consolamentum», el sacramento cátaro

El «consolamentum» era un tipo de bautismo y extremaunción unificados. Para su realización, sólo se necesitaba recitar el Evangelio de San Juan. No se necesitaba para ello agua, lo que suponía una diferencia palpable con respecto a los sacramentos católicos.

consolamentum
perfectos cátaros otorgando el «consolamentum» a un fiel. Fuente

Este sacramento sólo era administrado de manera temprana a los perfectos, pues eran quienes entregaban su vida de forma plena a la Iglesia cátara.

En contraposición a los perfectos, la mayoría de los creyentes de la «Iglesia de Dios», se conformaban con recibir el «consolamentum» a las puertas de la muerte, y no aspiraban a ser miembros de facto de la Iglesia.

El melhorier y la convenensa

En cuanto a los ritos que realizaban los cátaros, encontramos esencialmente dos: el melhorier y la convenensa.

Por un lado, el melhorier se trataba de una práctica, mediante la cual los creyentes presentaban sus respetos a los miembros de la Iglesia. El ritual constaba de tres prosternaciones, de forma pública, por parte del creyente. Esto hacía del ritual un práctica peligrosa, pues se hacía publica la adoración a la Iglesia cátara. El ritual también incorporaba un diálogo junto con dos invocaciones finales:

 -Feligrés: «Señor, ruega a Dios por este pecador y que Él me conduzca a buen fin»

-Cátaro: «Dios te bendiga, te convierta en un buen cristiano y te conceda un buen fin»

En cuanto a la convenensa, era una promesa por la que los seguidores del catarismo, prometían respetar las reglas de la Iglesia albigense.

La Iglesia de Roma contra «la Iglesia de Dios»

La Iglesia católica, el pilar que sustentaba la vida medieval, ignorante de la fuerza que cogería el movimiento en la región del Mediodía francés, dejó un principio, hacer a los cátaros. Cuando con el paso del tiempo, el movimiento estaba bien consolidado, y las «armas pacíficas» de la Iglesia ya no eran suficientes, la Iglesia actuó de «oficio» contras los albigenses.

Bernard Délicieux
Bernard Délicieux juzgado por denunciar los abusos de la Inquisición contra los cátaros. Fuente

Ante esta nueva situación, la Iglesia empezó a tomar medidas, que sirviesen para desarraigar al movimiento herético, que se estaba haciendo fuerte en el Mediodía francés. Optó así entre otros métodos, por predicar en masa en contra del catarismo, y hacer coloquios con los dirigentes albigenses para que desistiesen de seguir predicando esta nueva fe.

Ante la ineficacia de los métodos diplomáticos, los pontífices de la Iglesia de Roma, impusieron dos métodos represivos en el Midi francés: por un lado, la Cruzada albigense, por otro, tribunales de la Inquisición. Estas medidas represivas se llevaron a cabo con el apoyo de los nobles católicos, sobre los cuales, la Iglesia aún tenía capacidad de presión.

La Cruzada albigense

Fallidos los métodos anteriores, la Iglesia dio un paso más allá para conseguir su objetivo, convocar una cruzada. Para la «Cruzada albigense», reclutó un ejército de señores del norte francés. A la cabeza de la expedición, estaba situado Simon de Montfort.

Las operaciones sobre el Midi, se iniciaron con un acto totalmente salvaje e indiscriminado, «la matanza de

cruzada cátaros
Caballeros cruzados combatiendo el catarismo. Fuente

Beziers» (1209). En esta acción, los cruzados pasaron a cuchillo tanto a cátaros como católicos, lo que supuso una maniobra totalmente arbitraria.

La cruzada llevó a miles de cátaros a la hoguera, a la vez que supuso un importante papel en los planos político y militar. Pero no obstante, no consiguió el objetivo marcado por Roma, la eliminación de la herejía. Todo lo contrario, pues, los cátaros, presentados como mártires, y alineados con las tierras invadidas por los cruzados, salieron reforzados, en el sentido de que la herejía cobró notoriedad por su tenacidad a la hora de defender sus ideales alejados de la Iglesia católica.

La Inquisición

hoguera inquisición
La hoguera, destino para cientos de cátaros en el proceso inquisitorial. Fuente

Si hemos visto que la cruzada no consiguió el objetivo marcado, no va a ser el caso de la Inquisición. Ésta institución, creada de facto para combatir el catarismo, fue implacable por un motivo, el ataque a las bases sociales cátaras. No sólo se dedicó a arrasar con los

bons homes, si no que su brazo se extendió por todos los rincones de la «Glesia de Dio».

Instaurados los tribunales de la Inquisición, se instauraron también nuevos hábitos de vida entre los cátaros. Ya no podían hacer vida en el interior de las ciudades como hasta ahora venían haciendo. De este modo, empezaron a realizar los ritos en los claros de los bosques, o en las eras de las casas de labranza.

Fin del catarismo

Llegados al siglo XIII, la Cruzada albigense, la Inquisición y la retirada de apoyo de los nobles del sur francés, provocó que la Iglesia cátara estuviese condenada a la desaparición. A todas esto, hay que sumar otra causa, la pérdida de independencia política del Languedoc frente al dominio real.

Por lo tanto, más allá del siglo XIII, sólo algunos fieles, refugiados en los Alpes o en los Pirineros, conservaron la fe en esta herejía. Fuera de Francia, tuvo algunos intentos de restauración, como la iniciativa de los hermanos Authié, pero finalmente terminó por desaparecer, puestos que la Inquisición no dejó de ejercer una vigilancia férrea ante los conatos de revivir esta doctrina.

Los cátaros en el imaginario actual

Como hemos señalado al principio, tanto la religión cátara como sus seguidores, han pasado la Historia con bastantes elementos místicos y esotéricos.

En el imaginario actual, y de manera casi idéntica a los templarios, los cátaros están rodeados de un halo esotérico, que no hace más que desvirtuar este movimiento heterodoxo, aparte de engrandecer un misticismo ya de por si bastante agrandado.

Y es que como pasa con todos los elementos de la Historia con un final repentino, o falto de documentación, es aprovechado para buscar otros fines. Esto, sin ir más lejos, es lo que pasó con los cátaros. En el siglo XIX, la asociación lingüística Félibrige, para proteger la lengua occitana, tomaron el catarismo como elemento identificativo de los occitanos.

A raíz de esto, escribieron e inventaron leyendas y misterios alrededor de los seguidores de esta religión. Estas leyendas han perdurado hasta nuestros días, adquiriendo una imagen que nada tenía que ver con la religión albigense.

La realidad, por muy poco romántica que suene, no es otra que, los cátaros vieron su final en el siglo XIII (siglo XV en Italia).

 

Vía:

  • Dalmau, Antoni, «Los cristianos perseguidos. La Iglesia de los cátaros», National Geographic Historia, núm. 58, 2008, pp. 78 – 89.
  • Martínez Valero, José Luis, Los cátaros.
  • Vincente, Catherine, Breve historia del Occidente medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2001.

Para saber más:

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: