La Roma imperial: el Principado

Continuamos con una nueva entrega del especial sobre la Roma imperial. Después de haber visto el final de la República en dos partes –I y II-, nos embarcamos ahora en el Principado, fase que sucede a la República, tras una etapa bastante convulsa entre cambios sociales y guerras civiles.

Reorganización política y territorial

La creación de la institución del principado, supuso para Octavio la acumulación de todos los poderes en su persona. De este modo, fue sumando títulos hasta acabar con el poder absoluto sobre

Octavio Augusto velado
Octavio Augusto velado (imagen propia)

Roma. Además de princeps -primero entre los romanos- e imperator -jefe supremo del ejército- fue añadiéndose diversas magistraturas como: cónsul, presidente del Senado, y tras la muerte de Lépido, sumo pontífice. Más todavía le quedaba un título por sumar, el de Augusto, y lo consiguió en el año 27 a.C, cuando el Senado le pidió que siguiese diez años más en el poder, esto a su vez desembocó en el nacimiento de lo que conocemos como Imperio Romano.

Una vez ascendido a la máxima estancia romana, Augusto emprendió la reorganización de los territorios y de la vida romana en general. Entre las reformas que llevó a cabo, fue la restauración del Senado con 600 senadores -si bien es cierto que lo purgo de elementos hostiles-. Le confió la administración del tesoro público, el gobierno de las provincias pacificadas y la administración de justicia, en casos de especial relevancia o gravedad.

Octavio Augusto reestructuró y dividió en 14 barrios la ciudad de Roma, que hasta entonces sólo era una mera ampliación de la aldea primitiva, mostrando un aspecto

pobre, sucio y desordenado. Con la intervención de Augusto, Roma se embelleció y monumentalizó. Además dividió Italia en doce regiones, promovió la colonización e impulsó la construcción de grandes obras públicas.

Pero no sólo se caracterizó por el impulso de grandes obras o el embellecimiento de Roma, sino que supo rodearse de los mejores representantes de la cultura romana, como Virgilio, Horacio, Tito Livio y Mecenas. También impulsó la religión y la familia. En cuanto a la primera, impulsó los ritos, sobre todos los de base latina, para que sirviese como base para su creación imperial. Con respecto a la segunda, promovió leyes que favorecían el matrimonio y la familia numerosa, a la vez que dificultaban el divorcio y penaban el adulterio.

Mosaico Virgilio
Mosaico de Susa que representa al poeta Virgilio. Fuente

Reformas militares

Octavio Augusto necesitaba un ejército con el que sostener y defender el imperio, pero era primordial que éste no representase un peligro para su posición, pues ya en el pasado más reciente, el ejército tuvo un papel fundamental en la vida política.

Con esta premisa, Augusto se encaminó a reformarlo. Para ello, redujo el número de hombres a los estrictamente necesarios, de 60 legiones al final de la guerra civil, pasaron a 25-28 operativas, pasando el resto a la reserva. Estaban al mando de legados del emperador con rango senatorial. Las legiones se encontraban distribuidas a lo largo y ancho del imperio, de modo que en Italia no quedaba ninguna legión acantonada -así se evitaban rebeliones indeseadas-.

El Imperio: fronteras y provincias

La preocupación de Augusto en este aspecto fue el de asegurar las conquistas y fronteras en lugar de emprender nuevas acciones militares. Así en Oriente, la acción de Augusto –frente al peligro parto- fue esencialmente diplomática. Se limitó a liberar rehenes, recuperar unas insignias sustraídas a Craso por el rey Fraates, e impuso a al rey de Armenia, que estaba en contienda contra los partos. Todo esto fue celebrado por Augusto como victorias en el campo de batalla.

En cuanto a Occidente, Augusto se encontraba con varios frentes abiertos. Por un lado Hispania, donde la resistencia de astures y cántabros imposibilitó la plena romanización de la península.

Arminio
Estatua de Arminio junto al bosque de Teutoburgo. Fuente

Aun así, consiguió la pacificación de Hispania sobre el 19-18 a.C, la cual fue dividida en tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania. En Egipto, Augusto fue reconocido como sucesor de los Ptolomeo. En el norte de África se anexionó Numidia.

Los pueblos germanos, en sus continuos movimientos, amenazan las fronteras de las Galias, por lo que Augusto decidió crear una zona de seguridad. Entre el 16 y 8 a.C, Druso y Tiberio, hijastros de Augusto, sometieron Retia, Nórico y Panonia. De esta manera Roma logró el dominio sobre el Rin, el Danubio y el Elba. En el año 9 d.C entra en escena Arminio, hijo de un jefe de la tribu de los queruscos, que había luchado al lado de los romanos en anteriores campañas, unifica bajo su mando a tribus germanas. Publio Quinto Varón, con el objetivo de someter por la fuerza a estas tribus, se adentra en la selva de Teutoburgo, donde la alianza de germanos encabezada por Arminio los embosca y extermina, obligando a los supervivientes a retirarse. Así, los territorios del Rin hasta el Elba no se volvieron a dominar.

La sucesión de Augusto, un problema

Augusto, tras su muerte en el año 14 d.C, deja un Imperio pacificado y próspero. Esto generó en Roma la sensación de que la restauración de la República, no reportaría cambios y mejoras tangibles. Había quedado patente que el poder personal, unido a un Senado con autoridad recortada, era el mejor binomio para la prosperidad romana.

Pero ante la sucesión, había un problema, no estaba constituido el mecanismo para efectuar la misma, puesto que en la República no se ejercía de tal manera. Otro problema añadido, era la ausencia de hijos varones por parte de Augusto, ante lo cual, tuvo que buscar su sucesor entre los componente de su familia, en la que confluían dos gentes: la Julia y la Claudia.

Tiberio
Busto de Tiberio, segundo emperador de Roma

 

De entre todos, la sucesión recayó en Tiberio, ahijado de Augusto, que ya gozaba con el imperium y la potestad tribunicia, por lo que el traspaso de poderes se hizo de manera suave. Apoyado por el ejército por su campaña en Germania, fue nombrado sucesor por el Senado.

En el año 14 d.C, Tiberio Julio César Augusto se convierte en el segundo emperador de Roma.

Vía |

  • Coord., Sayalero, M. Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio. Ediciones Susaeta. Madrid.
  •  Roma en el origen de Occidente. Ediciones Rueda (2002). Madrid.

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