La Roma imperial: el final de la República

Nos embarcamos un nuevo especial, tras el primero enfocado en la civilización asiria, nos vamos a centrar ahora en la Roma imperial, periodo que sucede a la República, y que viene precedido por una serie de convulsiones, que a sus vez desembocan en una serie de guerras civiles.

Como ya hemos mencionado, la Roma imperial viene precedida por la republicana, por lo que para entender bien el contexto de la aparición y desaparición respectivamente de estas formas de gobierno, tenemos que hablar en un primer término sobre la República. Por lo tanto en esta primera parte del especial nos vamos a enfocar en ella.

Si nos acercamos a los orígenes de Roma, podemos ver como en un principio tuvo que luchar por su supervivencia, pues se veía amenazada por los pueblos vecinos de la aldea romana. A raíz de ahí, fue conformando un vasto imperio a base de un sistema expansionista.

Para mantener todo este territorio, se forjaron una serie de administraciones e instituciones, las cuales estaban regidas por la colegialidad frente al poder individual. Pero la misma inercia del sistema -apropiación de enormes riquezas, una sociedad clasista con una gran masa de esclavos, y el incremento del poder personal frente a los collegia– desembocó en la sustitución de la oligarquía por el cesarismo, es decir el poder militar representado en una persona que actuaba como monarca (Sila, Pompeyo, César).

Es mediados del siglo I a.C, y Roma se encuentra envuelta en guerras civiles, dirigentes enfrentados por rivalidades, una fuerte crisis social, todo ello aderezado con el descrédito de las instituciones tradicionales y la corrupción de la clase política.

Decadencia política y social en una agónica república

Hacia la segunda mitad del siglo II a.C, la nobleza se empezó a dividir en dos tendencias -tras haberse mostrado incapaz de gestionar el crecimiento que ellos mismos habían fomentado- una intransigente, encarnada por el patriciado tradicional, y otra más flexible, personificada en hombres de negocios que habían conseguido grandes riquezas, y que a la vez eran partidarios de crear reformas.

Si la nobleza se encontraba dividida, no más homogénea iba a ser la plebe, clase social que internamente tenía intereses opuestos. Aquí podemos encontrar a una plebe rural, perjudicada por la ocupación del ager publicus y la competencia de las grandes explotaciones trabajadas por esclavos. Por otro lado, estaba la plebe urbana, que tenía sus problemas particulares. Vivían en un cómodo parasitismo provocado por la delegación del trabajo en la clase esclava, a la vez que dedicaban al tráfico de votos y al clientelismo político.

Desde la implantación de la dictadura de Sila, y más aún desde el 70 a.C, la figura del tribuno de la plebe, quedó definitivamente vacía de poder, pues de las instituciones representativas, se pasó a la época de los generales victoriosos. La representación de la República, iba quedando de forma inexorable atrás en beneficio del poder personal.

La personificación del poder: guerras, primer triunvirato y dictadura

Cneo Pompeyo, conquistador y organizador del Próximo Oriente, Cayo Julio César,

Julio César
Julio César. Fuente

político perteneciente a una familia patricia, que empezaba a hacerse notorio, y Marco Licinio Craso, que obstaculizaba, por envidioso, constantemente los planes de Pompeyo, unieron fuerzas para dominar Roma y restar poder a la clase aristócrata.

De esta manera, y a través del dinero de Craso, la fama y el ejército obediente de Pompeyo, y la buena fama de César entre las clases medias,  se fraguó un gran poder, que se materializó en un pacto secreto, el primer triunvirato. César, elegido cónsul en el año 59 a.C, gobernó Roma, dominando el Senado, y desplazando a su figura más ilustres, Cicerón. De esta manera desapareció de la escena política un fuerte adversario.

César, que ya había mostrado su valor político, debía sin embargo demostrar todavía su poder militar, que salvo en las guerras cántabras, no se había hecho aún patente. De esta guisa, se trasladó a la Galia, conjunto de pueblos minoritarios, pero que contaban con una cultura muy influyente, lo que provocaba grandes diferencias entre estos pueblos. Cada tribu estaba regida por una aristocracia terrateniente, que a su vez estaba encabezada por un jefe, cuyos poderes eran moderados por una asamblea de notables.

César, aprovechando estas diferencias, y la ayuda que algunos pueblos le pedían -como los eduos– fue sometiendo de forma sucesiva a los pueblos galos.  Pero desde el año 52 a.C, la situación empeoró, pues los pueblos galos se levantaron con Vercingetórix a la cabeza. Tras la caída de éste, César introdujo la administración romana en las regiones bajo dominio romano, y aunque fue una romanización desigual, vivieron una larga etapa de estabilidad.

Tras una serie de cuestiones que fueron mermando poco a poco el acuerdo entre los triunviros -Craso perdió la vida en la batalla de Carres; las manipulaciones que Publio Clodio, tribuno de la plebe, llevó a cabo; el intento de Pompeyo de convertirse en cónsul único; y César considerado enemigo público por parte del Senado- el choque entre César y Pompeyo era ya inevitable.

Relieve en sarcófago representando batalla de la guerra de las Galias
Relieve en sarcófago representando batalla de la guerra de las Galias. Fuente

Con el famoso paso del Rubicón, César tomó la iniciativa bélica, obligando a Pompeyo a huir a Grecia, donde pretendía reunir un ejército. Habiendo dominado también Hispania, César marchó hacia Grecia para enfrentarse a Pompeyo, quien fue derrotado en Tesalia, pero huyó a Egipto, donde fue asesinado por los partidarios de Tolomeo XIV.

Aun así los pompeyanos se reorganizaron en África e Hispania, bajo los hijos de Pompeyo. En África, Sexto, en Hispania, Cneo. Sofocados nuevamente estos levantamientos regresó a Roma, donde pudo llevar a cabo la reorganización deseada.

Pintura neocláseica de Vicenzo Camuccini representando la muerte de César
Pintura neocláseica de Vicenzo Camuccini representando la muerte de César. Fuente

Nombrado César dictador, primero por diez años y más tarde de forma vitalicia, promovió la romanización en muchas provincias, dispuso la distribución gratuita de trigo entre la plebe, reorganizó los municipios y protegió el trabajo libre. Así hasta su muerte el 15 de marzo del año 44 a.C, encabezada por Marco Junio Bruto y Cayo Casio, quienes se pensaban que tras su muerte se restaurarían las estructuras republicanas tradicionales, aunque los acontecimientos no fluyeron por esos cauces, si no que los hombres de César, Marco Antonio y Marco Emilio Lépido, se hicieron con el poder.

Vía:

  • Coord., Sayalero, M. Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la caída del Imperio. Ediciones Susaeta. Madrid.
  •  Roma en el origen de Occidente. Ediciones Rueda (2002). Madrid.

 

 

A %d blogueros les gusta esto: