La expansión de la Europa medieval: la Reconquista

Entre los siglos XI y XIII, Europa experimentó la ampliación de sus fronteras. Esta expansión se produjo a través de diversas empresas bélicas, entre ellas, la que nos atañe en este artículo, la Reconquista de la península Ibérica. En los siglos precedentes, la expansión del suelo europeo se realizó con la implantación de fronteras humanas, establecidas con la labor de los campesinos, quienes, con su esfuerzo, fueron colonizando nuevos espacios. A partir del siglo XI, a los esfuerzos de los campesinos, debemos sumar el afán de los guerreros cristianos, que se encargaron de aumentar las fronteras de la Europa cristiana.

La expansión territorial de la Europa medieval se llevó a cabo principalmente a través de cuatro grandes empresas: la «Reconquista», las «Cruzadas», el «Drang nach Osten» y el dominio marítimo en el Atlántico y el Mediterráneo. La primera de ellas, la «Reconquista», fue llevada a cabo por los hispanocristianos; las «Cruzadas», principalmente por francos; la Marcha hacia el Oeste, por los alemanes; mientras que del dominio de los mares fueron protagonistas escandinavos  e italianos.

La Reconquista

La Reconquista de la península Ibérica supuso el arrebato de los territorios hasta los entonces pobladores, los musulmanes de Al-Ándalus. Esta empresa militar se llevó a cabo por los ejércitos cristianos del norte de la península. Además, contaban con el apoyo, por un lado, de caballeros franceses y de las órdenes militares, y por otro, de la Iglesia, quien, a través del culto a Santiago Matamoros, sostuvo el proceso contra el «enemigo musulmán». La Reconquistadesarrollada desde comienzos del XI y finales del XIII, supuso una serie de cambios económicos, demográficos, militares, ideológicos y políticos. Estos cambios, implantados a través de las cuatro etapas que duró esta acción militar, configuraron de manera definitiva la península Ibérica como un territorio cristiano.

Contexto político, social e ideológico

A medida que iban surgiendo nuevos reinos a lo largo y ancho de la Península Ibérica (reino de León, reino de Navarra, reino de Portugal, reino de Aragón…), la ideología de los nuevos reinos iba cambiando con respecto a los invasores musulmanes. Según se iba abriendo paso el cristianismo a través del norte peninsular, iba apareciendo una conciencia de unidad con respecto a los vecinos europeos. A este sentimiento de «unidad cristiana» se unía la idea de algunos reinos hispanos, quienes defendían ser herederos de los reinos visigodos. Mientras que al principio incluso se vio la invasión como cierto «alivio» a la situación social, la unidad cristiana se encargaría de volver a los hispanocristianos en contra de los musulmanes.

Don Pelayo
Don Pelayo fue una figura crucial en el freno de la fuerza musulmana en el norte peninsular, pues venció a un contingente musulmán en la batalla de Covadonga. Fuente

En gran parte, la consolidación del ideal cristiano se debió al establecimiento de numerosos monasterios en el norte de la península. Estos lugares de culto sirvieron como puntos estratégicos para mantener el ideal cristiano. Tanto Alfonso II como Alfonso III propiciaron la aparición de estos centros religiosos, pues el reino Astur se asentaba en el ideal cristiano. La aparición del sepulcro del Apóstol Santiago también ayudó a este fin, pues vinculó a la Europa cristiana con el pequeño reino del norte. Norte cristiano frente a un sur islamizado.

Junto a la intención de establecer el cristianismo por todo el territorio, se sumaba la necesidad expansionistas de estos territorios. Como es obvio, esta necesidad de territorios, se tradujo en la legitimación perfecta para establecer un enfrentamiento religioso.

Estos condicionantes políticos, sociales y religiosos, sirvieron como refuerzo y legitimación para la población hispanocristiana, respecto a la idea de reconquistar el territorio peninsular a los musulmanes. La Reconquista cristiana de la Península Ibérica fue un proceso largo y complejo, debido a la naturaleza política y social de la península.

Desarrollo de la Reconquista

Sometida la Península Ibérica al dominio musulmán, empezó casi de manera simultánea una resistencia en el norte peninsular. El primer enfrentamiento significativo fue la Batalla de Covadonga, en la que Don Pelayo venció a un contingente musulmán. De esta victoria, saldría reforzado el reino Astur, pues no volvería a ser atacado por los musulmanes de Al-Ándalus. Otro muro de contención fue la llamada Marca Hispánica, frontera entre el Imperio carolingio y Al-Ándalus.

No obstante, no será hasta inicios del siglo XI cuando se inicie la Reconquista propiamente dicha. De esta manera, entre los años 1010 y 1040, se desarrolla la primera etapa. En esta, aprovechándose de la caída del califato de Córdoba, las fuerzas hispanocristianas afianzaron sus posiciones. En esta primera etapa, se procedió a ocupar los territorios que se encontraban deshabitados en torno a la ribera del Duero. De manera simultánea los campesinos iban tomando dichas tierras en propiedad, lo que aseguró el asentamiento fijo de población hispanocristiana en estas zonas deshabitadas.

En la segunda etapa, enmarcada entre los años 1040 y 1150, se ocupó el reino taifa de Toledo (1085) y se expulsó a los almorávides de las zonas de los ríos Ebro y Tajo. En las zonas del Duero y el Tajo, se establecieron concejos, a los que se encargaron la repoblación de los lugares. Mientras tanto, en la zona del Ebro, se dispuso a la explotación agraria de la población musulmana. En esta segunda etapa de la Reconquista, los reinos cristianos se iban ya consolidando como auténticas potencias.

Rendición de Granada
La entrega de la ciudad de Granada por parte del rey Boabdil a los Reyes Católicos, supuso el fin de la Reconquista. Finalizaban así ocho siglos de dominio musulmán en la Península Ibérica. «La rendición de Granada» de Francisco Pradilla. Fuente

En el año 1212, ya durante la tercera etapa, se libró la transcendental batalla de Las Navas de Tolosa, victoria que supuso para los cristianos un nuevo avance territorial sobre los almohades, puesto que abría las puertas de Andalucía. Esta batalla fue sinónimo del derrumbe musulmán en la península, pues a excepción de Granada, el sur peninsular fue recuperado con bastante agilidad.

En la última etapa de la Reconquista, la cuarta (1220 – 1264) se configuró de manera definitiva el nuevo dominio peninsular. Se conquistaron los reinos de Valencia y Murcia y el valle del Guadalquivir. A excepción del extremo sudoriental de Andalucía, que más tarde sería el reino de Granada, los territorios musulmanes peninsulares ya habían pasado a manos de los hispanocristianos. En manos musulmanas ya sólo quedaba Granada, que perduró en manos nazaríes hasta 1492, cuando fue entregada a los Reyes Católicos.

Las consecuencias de la Reconquista

De esta empresa militar, salieron reforzados los reinos de Castilla, Aragón y Navarra. Reconquistado el territorio musulmán, aún quedaba la repoblación de los territorios. Los reyes, para esta empresa, se valieron de las pautas que se habían marcado en los fueros en el siglo XII y los repartimientos del siglo XIII. Estos instrumentos permitieron, que se recompensase con territorios en régimen de «libertades» a todos aquellos que participaron en la Reconquista. En la Corona de Aragón, se mantuvieron los campesinos mudéjares, configurando, a través del regadío, la producción de la zona. Mientras tanto, en la Corona de Castilla, se abogó por la emigración de la población musulmana al reino de Granada o al norte de África.

Mapa de la Reconquista de la península Ibérica
Mapa de la Reconquista en la península Ibérica. Fuente: GARCÍA DE CORTÁZAR, J. A.; SESMA MUÑOZ, J. A. Manual de Historia Medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2014.

Las tierras conquistadas, pese a promover la emigración como en el caso de Castilla, contaron con un importante número de minorías de judías y musulmanas. La sociedad medieval de los reinos hispanocristianos oscilaba constantemente entre la asimilación o rechazo de estas minorías.

Con la Reconquista, Europa veía ampliada sus fronteras por el extremo oeste, zona que había sucumbido de forma estrepitosa a manos de los musulmanes, quienes aprovecharon la coyuntura vivida por la política visigoda, inmersa en una serie de luchas intestinas. Con la necesidad de nuevos territorios por parte de los reinos emergentes, y la obtención de los mismos en perjuicio de lo musulmanes, podemos decir que Occidente vivió allí su primera «cruzada»¹.

 

Nota: Aunque el inicio de la Reconquista  se suele marcar aproximadamente en el año 722 (Batalla de Covadonga), fijándose así el inicio de la primera etapa en el siglo VIII, nosotros preferimos utilizar la cronología de José Ángel García Cortázar y José Ángel Sesma Muñoz en su manual abajo citado. La razón de esto, es que hasta inicios del siglo XI, los reinos cristianos tienen que conformarse con ir consolidando posiciones. No existen grandes avances territoriales, y el poder preponderante seguirá siendo el del Califato. No será hasta la caída del mismo, y el surgimiento de los reinos taifas, cuando los hispanocristianos obtienen por primera vez una ventaja real sobre el enemigo. Por tanto, podemos decir que el inicio real de la Reconquista es a partir del inicio del siglo XI.


Vía:

  • GARCÍA DE CORTÁZAR, J. A.; SESMA MUÑOZ, J. A. Manual de Historia Medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2014.
  • RODRÍGUEZ, G. (Dir.). Manual de Historia Medieval: siglos III al XV, Grupo de Investigación y Estudios Medievales: Universidad Nacional de Mar del Plata, 2015.
  • VINCENTE, Catherine. Breve historia del Occidente medieval, Madrid, Alianza Editorial, 2001.

Citas:

  • 1: VICENTE, Catherine, op. cit., p. 154.

 

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