El “presentismo” histórico, un error de análisis

pasado presente

A la hora de analizar un suceso histórico, tratamos de compararlo casi de forma inconsciente con la época que nos toca vivir. Es una reacción natural, que nos lleva a cometer errores en el análisis histórico, puesto que dejamos de lado el contexto en el que sucedieron los hechos.

Este error en el análisis se produce por una causa, tendemos a comparar cualquier estilo de vida, ya sea pasado o actual, con nuestro modo de vida occidental y contemporáneo. Esta visión anacrónica supone un estudio del pasado en términos del presente, ignorando así cualquier indagación en el contexto original.

Cuando una persona no estudiosa de la Historia realiza un juicio anacrónico, puede ser irrelevante, primero porque de verdad desconoce el contexto cultural en el que se formó el hecho juzgado; y segundo porque es casi improbable que su análisis “presentista” tenga transcendencia dentro del mundo académico. El problema se produce cuando provienen de historiadores de oficio.

En el momento en que la Historia y los intereses propios se dan la mano, se produce una manipulación consciente para la consecución de un objetivo. Puede ser que se obedezca a un interés político, económico, social, o incluso académico. El caso es el daño que se produce a la investigación histórica, fragmentada ya de por si por otros muchos motivos.

A la hora de analizar la actuación inquisitorial por ejemplo, nos olvidamos de la coyuntura cultural y social implantada en la Europa medieval y moderna. Nos abstraemos (de forma premeditada o no) de la ideología imperante. Era una época donde predominaba lo divino por encima de lo humano, y por ello se vivía con un constante temor a no actuar de forma cristiana. Esto conllevaba aceptar los preceptos católicos, y por extensión, el brazo inquisitorial.

Esto se debe a un error de base, puesto que incluso desde el colegio, se presentan estos sucesos como hechos desconsiderados con la humanidad, sin prestar la menor atención a factores más profundos como los señalados anteriormente. Observamos como la educación tiene carácter anacrónico, haciendo continuamente referencia al presente.

Debido a este hecho, tomamos conciencia de la Historia como algo anacrónico, la Historia siempre se repite, nos dicen una y otra vez, cuando esa afirmación es totalmente falsa, pero ya se sabe, cuando una mentira se repite mucho, se convierte automáticamente en verdad.

Debido a esta amalgama de intereses, mala pedagogía y un sinfín de motivos, la Historia está condenada a ser observada desde el prisma contemporáneo, lo que nos lleva a una continúa comparación entre pasado y presente, que no hace otra cosa que llevarnos al error analítico.

El anacronismo nos hace ver como un sinsentido, aunque no seamos conscientes de ello, tanto las sociedad pretéritas como las actuales, debido a que cada una actúa en torno a unos parámetros socio-culturales.

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