El Ejército romano en la organización territorial de Hispania (I)

Tras la II Guerra Púnica y antes de iniciar la provincialización del territorio ocupado durante la contienda, Roma supo atraer a las poblaciones ibéricas del sector oriental y meridional, donde se habían realizado las operaciones militares durante el conflicto con Cartago. El resto de Hispania era prácticamente desconocido para los romanos a comienzos del siglo II a.C., por lo que la penetración romana hacia el interior de la Meseta fue paulatina y muy difícil.

En un primer momento (siglo II a.C.) a efectos de un mejor control Hispania fue dividida en dos provincias: la Citerior, con capital en Cartago Nova, y la Ulterior, con capital en Corduba. Al frente de cada una de ellas había un pretor ayudados por un cuestor.

En tiempos de Augusto la Península fue dividida en tres provincias: la Tarraconense, con capital en Tarraco, laBética, en Corduba, y la Cartaginense. La Bética era provincia senatorial y estaba gobernada por un procónsul. Las otras dos eran provincias imperiales, hallándose a su frente “legati”, máximos responsables en asuntos militares, judiciales y civiles.

Posteriormente en época del emperador Caracalla (1º del s. III d.C.) la zona noroccidental de la Tarraconense se desgajó pasando a constituir la nueva provincia de la Gallaecia. Finalmente, en el siglo III Diocleciano dividió Hispania en seis provincias: Bética, Lusitania, Cartaginense, Gallaecia, Tarraconense y Mauritania Tingitania (N. de África). Las Baleares quedaban englobadas en la Cartaginense hasta que en la segunda mitad del siglo IV llegaron a formar una provincia propia: la Baleárica. Muchos de los nombres de las antiguas provincias han persistido hasta nuestros días.

Provincias romanas de Hispania en el 300 d.C
Provincias romanas de Hispania en el 300 d.C.

Las campañas llevadas a cabo por Augusto contra cántabros y astures el 26-19 a. C. supusieron la sumisión definitiva de los últimos pueblos hispanos independientes y, puso fin a la conquista de la Península Ibérica iniciada dos siglos antes. La fuerte resistencia  ofrecida por estos pueblos obligó a Augusto a desplegar un importante contingente compuesto por siete legiones y  un número proporcional de tropas auxiliares.

La intervención romana en los asuntos internos de los grupos hispánicos se remonta a los comienzos de la conquista. La documentación existente no permite detallar de forma continuada la organización del territorio puesta en práctica por los romanos.

El ejército romano fue uno de los claros agentes de la romanización indígena y será en el aspecto que nos centraremos, hablando del período que comprende desde el siglo I a.C hasta el siglo III d. C. Hasta hace poco tiempo apenas había datos precisos sobre la estrategia que siguieron las tropas romanas y del desarrollo de los acontecimientos sobre el terreno. Las razones de esta situación se deben a la escasez de documentación y su difícil interpretación, porque las únicas fuentes disponibles son las literarias y las arqueológicas.

Referente a la táctica y estrategia, las fuentes literarias aportan escasos datos  e incompletos sobre el desarrollo y el escenario de las operaciones militares. Entre la serie de fuentes de diferentes épocas que se conservan, muestran a grandes rasgos dicho proceso los siguientes: Decreto de L.E. Paulo (189 a. C), Deditio de Alcántara (104 a.C.), Bronce de Contrebia (87 a.C.) y el Bronce del Bierzo ( 15 a.C.). Por eso la mayoría son hipótesis sobre este tema, los intentos por identificar los principales lugares del conflicto y la estrategia del ejército romano, han resultado dispares. Hoy gracias a los avances se puede comprender algo mejor el proceso de conquista de la región de Hispania. La  identificación de una serie de campamentos en la franja norte peninsular, vinculados con las campañas contra los cántabros permitiendo así  conocer la evolución de la conquista romana y la ocupación del territorio. Estos datos parecen indicar que las tropas romanas avanzaban por los cordales de las montañas en dirección norte hacia la costa; dicha táctica suponía una ventaja para los romanos, porque además de dejar en desventaja a los enemigos, les permitía controlar todo el territorio.

En cuanto a los tipos de campamentos relacionados con el territorio tampoco se dispone de datos. Hay que tener en cuenta que existen varios estudios sobre los campamentos en la zona oriental del conflicto, Cantabria, frente a la parte occidental, Asturias. En esta última zona  se ha encontrado un único campamento, El Castillo de la Corisa (Lena, Asturias). Por otro lado, los asentamientos indígenas hasta la actualidad no han recibido la suficiente atención, dificultando el estudio del proceso de conquista.

César y su ejército
César y su ejército

La sumisión de cántabros y astures inició una nueva etapa en las relaciones entre el ejército romano y los territorios peninsulares. El ejército de conquista pasó a ser un ejército experimental en palabras de Le Roux y se abrió un período que A. Morillo Cerdán ha denominado de “Paz armada”. Es a partir de este momento cuando se asientan las bases de la política militar romana en los territorios hispanos, que se mantendrá durante todo el Alto Imperio.  Uno de los cambios que se produjeron fue la reducción de los efectivos destinados en la península Ibérica, que pasaron de siete a tres legiones. Fue el primer paso para el nuevo papel que el ejército llevaría a cabo en Hispania. En la fase de conquista era necesaria la presencia de un contingente importante de legiones, con la etapa de control de los territorios  ya no era necesarios dichos dispositivos. Los territorios hispanos albergaron la segunda guarnición más importante del Imperio, después de la frontera renana. No se conoce muy bien el periodo de transición de un momento a otro debido a los problemas ya mencionados, incluso hay una falta de acuerdo entre los autores modernos en dicha cuestión.

Debido al escaso desarrollo político alcanzado por  estos pueblos no se pondrá en práctica la experiencia romana de otros territorios en los que sí había sido posible  el desarrollo de estados clientes. La única forma de asegurar la paz y la estabilidad era el empleo de la violencia y la vigilancia armada. Para conseguirlo se distribuyó las legiones en el piedemonte de la cordillera Cantábrica en una formación en arco que se extenderá por casi 400 km. Tal dispositivo conllevó el establecimiento de bases militares permanentes al sur del escenario del conflicto, destinado al control y supervisión de territorios recientemente conquistados y la puesta en marcha del sistema de organización y explotación romanas.

El grueso de ese dispositivo estuvo compuesto por tres legiones (Legio IIII Macedonica, la VI Victrix y la X Gemina) que se distribuyeron entre la parte occidental (VI Victrix en León y la X Gemina en Astorga-Rosinos) y la parte oriental (IIII Macedonica en Herrera de Pisuerga). La distribución resulta curiosa si se compara con la etapa de conquista, momento en que el escenario de los conflictos era la zona de los cántabros, y a partir de este momento pasa a estar controlada por una legión, mientras que la parte astur lo estuvo por dos. Lo cierto es que estos recintos legionarios se complementaron con los fueres de las correspondientes tropas auxiliares dependientes de las legiones, aunque resulta difícil su identificación y localización. Existen indicios que parecen apuntar a la región oriental (atención al conventus cluniensis – conventus significa asamblea o reunión, se designaba a las reuniones conjuntas de romanos e indígenas, que aconsejaban al gobernador en la administración de justicia y al valle del Ebro) zona donde pudieron asentarse un número importante de auxilia.  Es posible que en la Lusitania hubiese albergado también efectivos de este tipo, aunque de momento no se puede confirmar esta hipótesis.

Legio VI Victrix
Estandarte de la Legio VI Victrix

Además de los campamentos, debió desarrollarse todo un sistema de castella, torres y otros recintos menores utilizados por destacamentos desgajados de las legiones y unidades auxiliares. Las fuentes literarias a nivel imperial nos informan, que en época de Augusto y Tiberio, se pusieron en marcha dispositivos formados por pequeñas guarniciones emplazadas en lugares estratégicos, y destinadas al control y supervisión del territorio  para evitar problemas. Los testimonios alusivos a ello son escasos y la mayoría pertenecen a un período posterior. Su identificación tampoco resulta sencilla debido a la escasez de su registro arqueológico, posibles son los fortines o torres de este período la Torre de Castellví de Rosanes (Barcelona), construcción de origen romano que en la actualidad está integrada en el castillo medieval. Sus funciones parecen estar relacionadas con la vigilancia de la zona y el control del río Llobregat. Es probable que las guarniciones romanas se distribuyeran por los diferentes núcleos indígenas. La identificación de dichas guarniciones resulta todavía más difícil que la de los campamentos.

Continuáremos en una segunda parte hablando de los yacimientos y documentos hallados…

Vía:

  • Bravo Castañeda, G. “Hispania”. Ed. La Esfera de los libros, 2007.
  • Morillo Cerdán. A. “El ejército romano en Hispania. Guía arqueológica.”  Ed. Universidad de León, 2007.
  • Santos Yanguas, J. y Cruz Andreotti, G. (eds): “Romanización, fronteras y etnias en la Roma Antigua: el caso Hispano. Revisiones de Historia Antigua VII”. Ed. Universidad del País Vasco, 2012. Artículo concreto de Palao Vicente, J.J.  “El ejército romano y la ordenación del territorio en Hispania”.

 

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